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domingo, 11 de diciembre de 2022

Fantasía... 3 (1966)




Director: Eloy de la Iglesia
España, 1966, 80 minutos

Fantasía... 3 (1966) de Eloy de la Iglesia


Quién lo había de decir... El mismo director cuyo nombre se asocia indefectiblemente con el cine quinqui, aquel Eloy de la Iglesia que marcó una época gracias a películas tan transgresoras como Navajeros (1980) o las dos partes de El pico (1983-1984), comenzó sin embargo su carrera adaptando tres cuentos para niños. En realidad, el motivo de tan sorprendente elección hay que buscarlo en el particular contexto histórico que se vivía en la España franquista de mediados de los sesenta, con una censura implacable en lo tocante a sexo y política, pero, en cambio, mucho más permisiva con una cinta teóricamente destinada al público infantil.

Es el propio cineasta quien, al inicio de Fantasía... 3 (1966), se coloca ante los espectadores para presentar las historias que conforman el tríptico: "Nosotros hemos intentado colocar una cámara enfrente de la fantasía, porque la fantasía no entiende de edades: es lo que hace sentirse hombre al niño y hace que el más hombre quiera ser niño...".



Rodado en las agrestes playas de Zarauz, "La doncella del mar" retoma el personaje creado por el danés Hans Christian Andersen para narrar cómo la delicada sirena Coralina (Dyanik Zurakowska) se enamora perdidamente de un príncipe marinero que no la corresponde.



"Los 3 pelos del diablo", a partir del relato de los hermanos Grimm, está protagonizado por un jovencísimo Juan Diego en el papel del audaz Tomasín, dispuesto a enfrentarse al mismísimo Demonio (Tomás Blanco) con tal de casarse con la hija del Rey pese a las muchas trabas que lo impiden.



Se reserva para el final la personalísima lectura que de "El Mago de Oz" lleva a cabo un cineasta dotado de extraordinaria sensibilidad artística. Según de la Iglesia, Silvia (una Maribel Martín de apenas doce años) tiene tres amigos imaginarios (el León Cobarde, el Hombre de Hojalata y el Hombre de Paja) junto a los que viaja hasta la Ciudad de las Esmeraldas a la espera de que el sabio Mago que allí habita (Luis Prendes) haga realidad sus deseos.



Aparte de la excelente banda sonora del maestro Fernando García Morcillo, son destacables la vivacidad de la fotografía en color de Santiago Crespo, así como los decorados diseñados por Eduardo Torre de la Fuente. Toda una joya por descubrir, ya que por desgracia jamás llegó a estrenarse en salas comerciales.

sábado, 28 de marzo de 2020

El coleccionista de cadáveres (1970)




Título internacional: Cauldron of Blood
Directores: Santos Alcocer y Edward Mann
España/EE.UU., 1967-1970, 95 minutos

El coleccionista de cadáveres (1970)


Bikini-horror no parece, a priori, la etiqueta más afortunada para catalogar una cinta de terror, si bien es cierto que El coleccionista de cadáveres se rodó en la malagueña Costa del Sol, a principios de 1967, con la despampanante Dyanik Zurakowska luciendo palmito ya desde las escenas iniciales. Sin embargo, el verdadero reclamo de la película era y es un octogenario Boris Karloff que falleció un año antes de que el filme viera la luz.

Badulescu es un cotizado escultor que, junto a su esposa y representante Tania (Viveca Lindfors), vive retirado en una fortaleza a orillas del mar desde que se quedó ciego a consecuencia de un gravísimo accidente. Paradojas de la vida, al anciano no le queda más remedio que trabajar a destajo para concluir un grupo escultórico que le han encargado, pese a que el artista, igual que Beethoven, no podrá admirar su propia creación.



Lo singular de su modo de darle forma al conjunto es que Badulescu moldea las estatuas a partir del esqueleto de animales e incluso seres humanos, razón por la que Tania, que es el verdadero agente maligno de la trama, pondrá en marcha sus maléficas artes para suministrarle la materia prima que necesita...

Que un medio reportero/medio detective francés (Jean-Pierre Aumont) se interponga en su camino jugándose el pellejo (o, más bien, la osamenta) en compañía de la pintora Valérie (Rosenda Monteros); que los gitanos del lugar desfilen en procesión o que vaticinen el porvenir; en fin: que los turistas alternen en un bar de moda llamado Shanghái, donde se organizan fiestas de disfraces en homenaje a Goya, son sólo algunos de los dispares ingredientes que se dan cita en una de las muestras más desconcertantes del intento (fallido) de aclimatar el giallo por estas latitudes.


miércoles, 4 de enero de 2017

El triangulito (1972)




Director: José María Forqué
España, 1970-72, 88 minutos

El triangulito (1972) de J.M. Forqué


El triangulito es una de esas atrevidas películas que dio a luz el cine español a partir de los años setenta inspiradas en el morbo de alguna fantasía machista y que sólo se pueden entender en el contexto de una sociedad enfermizamente reprimida durante décadas. Debería, por tanto, alinearse junto a producciones como Tamaño natural (1974), rodada en Francia por Luis García Berlanga, o El anacoreta (1976) de Juan Estelrich.

Escrita por Jaime Silas, los referentes de esta película son, sin embargo, americanos. En concreto, salta enseguida a la vista la impronta de El apartamento (The Apartment, 1960) de Billy Wilder. Estaríamos, por tanto, ante un intento de adaptar a la realidad nacional ese tipo de comedia ácida en la que se cuestionan determinados convencionalismos sociales (de un modo especial los que afectan a la sexualidad) al tiempo que se ridiculiza la hipocresía que a menudo preside las relaciones humanas. Aunque hay también algún homenaje a Chaplin: la escena en la que Laura, Sabino y Lázaro pernoctan en el interior de los almacenes disfrutando de sus instalaciones es una alusión directa a Tiempos modernos.



Probablemente la censura debió imponer muchas trabas a un proyecto como éste. De hecho, El triangulito tardó dos años en estrenarse. O tal vez la sociedad española de aquel entonces era en exceso mojigata como para asimilar una película que plantea abiertamente la relación consentida a tres bandas de los ejecutivos de ventas de unos almacenes de muebles llamados irónicamente "La felicidad". Aun así, hay que admitir lo impecable de la puesta en escena, con una Barcelona radiante de telón de fondo fotografiada en color por Cecilio Paniagua y unos decorados de Juan Alberto Soler que transmiten a la perfección la idea de modernidad. Algo a lo que también contribuye en buena medida la banda sonora de Adolfo Waitzman (y su tema central, cantado por Ana Belén).

¿Kim Novak? ¡No: es Dyanik Zurakowska!

Ciertamente, el paso del tiempo le ha sentado bien a El triangulito. A día de hoy, después de tantas transformaciones que ha vivido el país, después del cine de Almodóvar, lo supuestamente escandaloso que hubiese en ella pasa a un segundo plano para dejar vía libre a la belleza exótica de Dyanik Zurakowska, la vis cómica de Fernando Fernán Gómez y Gérard Barray y el diseño entre pop y futurista de algunos de los muebles y decorados. Y, sobre todo, al verdadero tema que planea sobre las vidas de los tres protagonistas: la profunda soledad de unos seres inmersos en una rutina que les desagrada y de la que no saben muy bien cómo escapar.

¿Tony Curtis? ¡No: es Gérard Barray!