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lunes, 29 de julio de 2024

Superman III (1983)




Director: Richard Lester
EE.UU./Reino Unido, 1983, 125 minutos

Superman III (1983) de Richard Lester


A diferencia de las dos entregas previas de la saga, Superman III (1983) se caracteriza por un sentido del humor mucho más constante e histriónico. No hay más que fijarse en la escena inicial, coreografiada al más puro estilo slapstick, para corroborarlo. Asimismo, la presencia del actor Richard Pryor en el reparto, quien encarna a Gus Gorman, un granujilla de medio pelo experto en vivir del cuento, contribuye enormemente a que el tono general de la película difiera del de las anteriores en lo que a comicidad se refiere.

A este respecto, se podría incluso señalar que el guion de David y Leslie Newman apuesta decididamente por la autoparodia, convirtiendo al superhéroe en un tipo cuya peor versión de sí mismo aflora por culpa de una muestra de kriptonita fabricada en laboratorio y en la elaboración de la cual se ha incluido alquitrán.



Por otra parte, el leitmotiv de la cinta gira en torno al auge de la informática y a los posibles peligros que de ello se derivan. Así pues, la presencia de computadoras en la práctica totalidad de secuencias que revierten algún tipo de amenaza grave contra el protagonista o contra la humanidad en su conjunto sugieren una crítica velada hacia la creciente tecnificación de un mundo cada vez más controlado por máquinas.

Además de relegar a Lex Luthor en el rol de villano, el multimillonario Ross Webster (Robert Vaughn) aspira a controlar el planeta valiéndose de la complicidad de su hermana Vera (Annie Ross) y de una rubia platino (Pamela Stephenson) que, pese a su apariencia de casquivana, lee las obras de Kant cuando se encuentra a solas. Aunque no son éstos los únicos cambios respecto al elenco de personajes de las partes I y II. De hecho, el papel de Margot Kidder como Lois Lane fue en esta ocasión bastante residual en favor de Annette O'Toole, quien interpreta a Lana Lang, antigua compañera de instituto de Clark Kent con la que éste se reencuentra en su regreso a Smallville. Reajustes que podrían deberse a algún tipo de represalia tras el apoyo mostrado públicamente por la actriz, tres años antes, con motivo del despido del director Richard Donner.



domingo, 18 de diciembre de 2022

El mago (1978)




Título original: The Wiz
Director: Sidney Lumet
EE.UU., 1978, 134 minutos

El mago (1978) de Sidney Lumet


Ya en 1936 una leyenda de la talla de Orson Welles se atrevió a reclutar un elenco por completo afroamericano para la particular adaptación de Macbeth que llevó a cabo sobre el escenario del Teatro Lafayette de Harlem. Toda una proeza, no exenta de controversia, que, al cabo de muchos años, emularían los responsables de otra sala neoyorquina, el Majestic, a partir de enero de 1975. Protagonizado por Stephanie Mills, The Wiz (adaptación de El Mago de Oz con música y letra, entre otros, de Charlie Smalls y libreto de William F. Brown) alcanzó 1.672 funciones y obtuvo siete premios Tony, incluidos los de Mejor Banda Sonora y Mejor Musical.

Dado el éxito de la propuesta, su correspondiente versión cinematográfica no se hizo esperar, siendo Sidney Lumet, tras el despido de John Badham, el encargado de dirigirla. Los papeles protagonistas fueron a parar a dos estrellas de la Motown: Diana Ross, una insólita Dorothy de 24 años (en la ficción, porque en la vida real la actriz y cantante ya había cumplido los 33), y Michael Jackson como Espantapájaros. La supervisión musical corrió a cargo de Quincy Jones, mientras que el guion (bastante libre, por cierto, respecto al musical de Broadway) fue obra de Joel Schumacher.



Con frecuencia, se ha solido describir a The Wiz (1978) como una recreación urbana de la célebre historia que el novelista L. Frank Baum había originariamente situado en Kansas. Así pues, la ciudad de los rascacielos pasa a ser la nueva Emerald City para unos personajes que, en su accidentado periplo en busca de un hogar, cerebro, corazón y coraje, se verán obligados a descender a las agitadas profundidades del metro antes de lograr ser recibidos por el espeluznante Mago en el World Trade Center.

No obstante, y a pesar del enorme presupuesto invertido en la producción (24 millones de dólares de la época), el resultado final se saldó con un rotundo fracaso de crítica y público, tal vez por tratarse de una película excesivamente oscura, innecesariamente larga y hasta cierto punto desconcertante. En todo caso, o precisamente por ello, terminaría convirtiéndose en un título de culto, canto de cisne de la blaxploitation, repleto de canciones, como por ejemplo "If You Believe in Yourself", en torno a la idea de superación personal.



domingo, 18 de noviembre de 2018

Carretera perdida (1997)




Título original: Lost Highway
Director: David Lynch
EE.UU./Francia, 1997, 134 minutos

Carretera perdida (1997) de David Lynch


De todas las películas de Lynch, Carretera Perdida es la más asombrosa en virtud de la confusión de las pistas narrativas y del modo en que permite acumular las hipótesis de interpretación. En ella, el cineasta demuestra un talento consumado a la hora de distribuir señales ambiguas, para crear un clima de conspiración permanente y modelar las atmósferas.

Thierry Jousse
Cahiers du cinéma
Traducción de Antonio Francisco Rodríguez

Avanzamos a toda velocidad sobre la línea discontinua de una autopista en plena noche. De fondo, la voz angustiada de Bowie entona una canción de ritmo trepidante. Amarillo y negro: todo aquel que haya visto Lost Highway habrá reconocido de inmediato en esta descripción la escena que abre y cierra la película. Sin embargo, lo que ocurre entremedias es un poco más difícil de precisar...

Vamos a ver: hay un saxofonista cachas (Bill Pullman) al que luego encarcelan por haber, supuestamente, asesinado a su mujer (Patricia Arquette), una morenaza que, como sucedía en Vértigo (1958) de Hitchcock, reaparecerá más tarde convertida en femme fatale, con otro nombre y teñida de rubio. También él se transforma, así por las buenas, en un joven mecánico (Balthazar Getty), acosado por un gánster de medio pelo que se parece a Jesús Puente (Robert Loggia) y un hombrecillo repulsivo con la cara pintada de blanco (Robert Blake).



Intentar analizar el sentido de una película del estilo de Carretera perdida es tarea tan ingente como inútil, básicamente porque lo que vemos en pantalla aparece planteado en términos de viaje mental esquizoide carente de toda lógica o interpretación posible. Se percibe, eso sí, ese aire de pesadilla gótica que David Lynch aprende del Bergman de La hora del lobo (1968) y que está presente a lo largo de toda su filmografía, ya desde la fundacional Cabeza borradora (1976).

El crítico de Cahiers Thierry Jousse, en la monografía dedicada a Lynch que citamos al frente de estas líneas, concluye que "el director es una especie de chamán, de médium que busca el trance del espectador a fin de despertar las zonas anestesiadas de su cerebro". Con sumo éxito, añadimos nosotros, habida cuenta del lleno total que se producía esta tarde en la sala grande de la Filmoteca de Catalunya, poniendo de manifiesto una vez más (por si no estuviese ya suficientemente claro) el enorme poder de convocatoria de uno de los cineastas clave en la historia del cine.


viernes, 10 de julio de 2015

Blue Collar (1978)




Director: Paul Schrader
EE.UU., 1978, 114 minutos

Blue Collar (1978) de Paul Schrader


Paul Schrader, guionista que había trabajado previamente para Sydney Pollack, Martin Scorsese o Brian de Palma, debutaba en la dirección en 1978 con Blue Collar, una historia sobre tres trabajadores de una fábrica de automóviles que, hartos de las duras condiciones de trabajo que se ven obligados a soportar, deciden robar la caja fuerte del local de su propio sindicato.

Zeke (el malogrado Richard Pryor), Jerry (Harvey Keitel) y Smokey (Yaphet Kotto) reaccionarán de muy diversas maneras ante el envite de unas instancias superiores sin escrúpulos dispuestas a todo con tal de mantener su statu quo.

A diferencia de películas que anteriormente ya habían tratado el tema de las luchas sindicales, como La ley del silencio de Elia Kazan, Schrader optó por dejar de lado la visión reaccionaria que tradicionalmente justificaba que los sindicatos americanos no sean más que agrupaciones al servicio del capital regidas por prácticas casi mafiosas. En su lugar, toma partido por los operarios, mostrando cómo son víctimas de un sistema que juega a enfrentarlos a unos contra otros para que así se anulen entre ellos.

Parece ser que el rodaje fue bastante accidentado debido a las continuas discusiones que mantuvo el trío de actores protagonistas. Aunque nada tiene de extraño tratándose de una película sobre tíos duros. Como dura es la banda sonora compuesta por Jack Nitzsche y con arreglos de Ry Cooder, inspirada en "I'm a Man", un estándar del blues popularizado por Bo Diddley y Muddy Waters.

De izquierda a derecha: Kotto, Keitel y Pryor