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lunes, 10 de octubre de 2022

Confesiones de Roman Polanski (2011)




Título original: Roman Polanski: A Film Memoir
Director: Laurent Bouzereau
Reino Unido/Italia/Alemania, 2011, 94 minutos

Confesiones de Roman Polanski (2011)


La inacabable pesadilla de Roman Polanski con la justicia norteamericana vivió un episodio más en 2009 cuando el director franco-polaco, que se había desplazado hasta Zúrich para recibir el premio que el festival de cine de dicha ciudad le concediese por el conjunto de su carrera, era detenido por las autoridades suizas. Resultado: varias semanas de cárcel y otros tantos meses de arresto domiciliario en Gstaad.

Aprovechando precisamente ese período de reclusión, el productor Andrew Braunsberg (íntimo amigo del cineasta desde que se conocieran en Londres, allá por 1964) mantiene una larga conversación con Polanski en la que éste repasa su trayectoria personal y profesional desde los aciagos días del gueto de Varsovia hasta el momento de filmación de la entrevista.



Es ese toque cercano, en primera persona, lo que hace de Roman Polanski: A Film Memoir (2011) un documento único por lo que tiene de confesión frente a la cámara, llegando a ser varios los momentos en los que a Polanski se le saltan las lágrimas al recordar a su madre, exterminada en Auschwitz, o el brutal asesinato de su esposa, la actriz Sharon Tate, víctima de la locura de una secta satánica.

Claro que ese mismo planteamiento también pudiera interpretarse en clave muy distinta, como una simple justificación del personaje orquestada por su entorno más cercano. No en vano, tanto el director de la cinta, Laurent Bouzereau, colaborador habitual del cineasta (es el autor del Making-of de buena parte de sus largometrajes), como el ya mencionado Braunsberg forman parte del círculo exclusivo de fieles ayudantes del encausado.



domingo, 9 de octubre de 2022

Roman Polanski: Se busca (2008)




Título original: Roman Polanski: Wanted and Desired
Directora: Marina Zenovich
EE.UU./Reino Unido, 2008, 99 minutos

Roman Polanski: Se busca (2008)


"En Francia lo adoran y en América lo persiguen". O así, al menos, lo resumía uno de los testimonios que participaron en el documental Roman Polanski: Wanted and Desired (2008) dirigido por la estadounidense Marina Zenovich a propósito de la acusación que todavía hoy, más de cuatro décadas después de los hechos, aún pesa sobre el cineasta franco-polaco, imputado por haber mantenido "relaciones sexuales ilícitas" con una niña de trece años. Situación un tanto kafkiana que, al parecer (o por lo menos según la tesis central del filme), habría sido consecuencia de la complejidad del sistema judicial norteamericano, unida al afán de protagonismo del juez instructor del caso.

Aunque, por otra parte, también se hace especial hincapié en el destino aciago de un hombre perseguido por la tragedia desde su más tierna infancia. Alguien dotado de una personalidad magnética, capaz de ser el centro de atención sin proponérselo y, por ello mismo, blanco perfecto, a partir de un momento determinado de su vida, de la prensa sensacionalista de medio mundo. Sin embargo, ni el martirio de sus padres en los campos de exterminio nazi ni el brutal asesinato de su esposa, Sharon Tate, a manos del clan Manson pudieron doblegar el impulso creativo de un director tan exitoso como controvertido.



No obstante, parece ser que, al menos para una parte considerable de la opinión pública norteamericana, el que Polanski hubiese dirigido una película de temática satánica justo antes de que matasen a su mujer lo convertía en un personaje envuelto en una especie de leyenda negra. Algo así como un tipo bajito que, habiendo crecido en la monótona rigidez de un régimen socialista, estaba inevitablemente predestinado a convertirse, a su pesar, en un director de fama internacional y a la vez en el centro de envidias y rencillas.

Por último, pero no menos significativa, la presencia entre los participantes que dan su opinión sobre lo ocurrido de Samantha Geimer (la menor víctima de los supuestos abusos y hoy feliz madre de familia) aporta una nota todavía más absurda al caso, máxime si se tiene en cuenta que la mujer perdonó en su día a Polanski. De modo que la huida de este último, considerando la orden de busca y captura contra él que aún sigue vigente (lo que, en la práctica, se traduce en la imposibilidad de pisar suelo americano sin que su detención se hiciese de inmediato efectiva), terminó siendo la alternativa más plausible para un encausado cuyos derechos procesales no se habrían respetado plenamente.



miércoles, 11 de septiembre de 2019

El baile de los vampiros (1967)




Título original: Dance of the VampiresThe Fearless Vampire Killers or Pardon Me, but your teeth are in my neck
Director: Roman Polanski
Reino Unido/EE.UU., 1967, 108 minutos

El baile de los vampiros (1967) de Roman Polanski


Entre otras muchas cosas, Dance of the Vampires (rebautizada en Estados Unidos con el más prolijo título de "Los intrépidos asesinos de vampiros o disculpe, pero sus dientes están en mi cuello") fue la película gracias a la cual Polanski conoció a Sharon Tate. También supuso la incursión del cineasta polaco en un género, el de la parodia de los filmes de terror, que un año más tarde (y ya con mayor seriedad) abordaría sin tintes de comedia en La semilla del diablo (Rosemary's Baby, 1968).

Desde un buen comienzo, con el legendario león de la Metro transfigurándose en el dibujo animado de un draculín de tez verdosa, se da a entender que la lógica interna del relato que está a punto de empezar consiste, precisamente, en la subversión de los tópicos tradicionalmente asociados a las cintas cuya acción transcurre en Transilvania: gélidos paisajes nevados, castillos rebosantes de telarañas, ristras de ajos por doquier, lugareños suspicaces, ataúdes que sirven de lecho (o de trineo, según se tercie) y estacas afiladas con el objetivo de atravesar el corazón de algún endriago.



A este respecto, poco importa que la pareja protagonista sea tan patosa que a duras penas pueda afrontar con garantías de éxito la misión científica que los conducirá hasta el interior de la morada del Conde von Krolock (Ferdy Mayne): ni el estrambótico profesor Abronsius (Jack MacGowran) ni su joven ayudante Alfred (Roman Polanski) han sido concebidos, como personajes, con otro objetivo distinto al de producir la carcajada del espectador.

He ahí donde radica el mérito de una puesta en escena que acierta a identificar cuáles son los elementos definitorios del género, pero sin llegar a ridiculizarlos plenamente. En ese sentido, resultan, quizá, mucho más extravagantes algunas producciones surgidas de la factoría Corman por aquellas mismas fechas y rodadas, como Dance of the Vampires, en estudio, si bien exentas del tono moderadamente elegante y de la inteligencia que el tándem Polanski-Brach supo conferir a este clásico del cine de finales de los sesenta.


lunes, 2 de septiembre de 2019

Érase una vez en... Hollywood (2019)




Título original: Once Upon a Time... in Hollywood
Director: Quentin Tarantino
EE.UU., Reino Unido, China, 2019, 161 minutos

Érase una vez en... Hollywood (2019)
de Quentin Tarantino


Precedido de la habitual expectación que suelen levantar todos sus proyectos, lo último de Tarantino (penúltimo, si el director acaba cumpliendo la promesa de retirarse tras haber rodado diez películas) destaca por un inusual tono crepuscular, que tal vez se acentúa debido a que el trasfondo de la acción gira en torno al asesinato, a manos de la Familia Manson, de la actriz Sharon Tate y otras cuatro personas el nueve de agosto de 1969. Crimen del que, por cierto, se ha vuelto a hablar muchísimo durante estos días con motivo del cincuenta aniversario de su perpetración.

Aunque, sin duda, es la abundancia de alusiones musicales y cinéfilas que se da cita en Once Upon a Time... in Hollywood lo que hará que el aficionado a ambas disciplinas forzosamente disfrute mientras suenan los acordes de clásicos como "Hush" de Deep Purple o hasta unos segundos de "Bring A Little Lovin'" del grupo español Los Bravos. Mientras que, por otra parte, también se alude fugazmente a consumados especialistas del wéstern europeo de la talla de Sergio Corbucci o Joaquín Luis Romero Marchent.



Sin embargo, es la televisión la gran fuente de referencias para unos personajes que, fieles a su cita semanal, se sientan frente al receptor cada vez que se emite un capítulo de F.B.I. o de cualquier otra de las series míticas de aquel entonces. Lo mismo da que se trate del actor en horas bajas Rick Dalton (DiCaprio) o de los inquilinos del escalofriante rancho Spahn: todos, sin excepción, están pendientes del aparato, dando a entender que una época se extingue (la de los grandes estudios cinematográficos) y otra, igualmente atractiva, si bien menos glamurosa, da comienzo a su reinado.

Y es ahí, precisamente, donde radica el tema central del filme: en la muerte del cine y el advenimiento de producciones televisivas más baratas, pero, al mismo tiempo, desprovistas del hechizo del séptimo arte. Los días de gloria de aspirantes al estrellato como Rick Dalton y su doble y amigo Cliff Booth (Pitt) tocan a su fin, por lo que el crimen cometido en el 10050 de Cielo Drive debe ser entendido como la metáfora que simbólicamente escenifica dicha debacle. Y que, medio siglo más tarde, sería extrapolable, mediante un claro paralelismo, para describir lo que ha supuesto la irrupción de internet en nuestra forma de ver películas.


sábado, 23 de junio de 2018

El valle de las muñecas (1967)




Título original: Valley of the Dolls
Director: Mark Robson
EE.UU., 1967, 123 minutos

El valle de las muñecas (1967) de Mark Robson


En el argot norteamericano de los narcóticos, durante los ácidos días de la ya de por sí convulsa década de los sesenta, la metadona era conocida como doll ('muñeca') dada su similitud fonética con Dolophine, marca bajo la que dicha droga era comercializada. De ahí que el, en apariencia, inocente título del best-seller de Jacqueline Susann (1918–1974) se preste a un juego de palabras más que revelador, en alusión a las adicciones en las que tanto viejas glorias como aspirantes al estrellato se verán atrapadas.

La adaptación cinematográfica de la novela, dirigida por el canadiense Mark Robson, supuso un sonado éxito de taquilla pese a ser mucho más light en su contenido que el libro, llegando a recaudar cincuenta millones de dólares en todo el mundo (rodarla había costado cinco...). La banda sonora, por otra parte, a cargo de John Williams, le valió al compositor la primera de la larga serie de nominaciones que atesora. Sin embargo, ni la crítica ni el paso del tiempo han sido clementes con una cinta que, tres años después de su estreno, tendría una secuela dirigida por Russ Meyer: Más allá del valle de las muñecas (1970).



De lo primero no hay por qué sorprenderse, habida cuenta de la absoluta falta de credibilidad de unas interpretaciones que han hecho que la película figure habitualmente en las listas de peores filmes de la historia. Y de cómo el más de medio siglo transcurrido desde su estreno tampoco ha contribuido a revalorizarla dan fe los abultados tupés esculpidos a golpe de laca que lucen las actrices, entre las que destaca la hermosa Sharon Tate, ajena al aciago final que le esperaba, en un papel inspirado parcialmente en Marilyn Monroe.

Porque, siguiendo la senda marcada previamente por títulos como Ha nacido una estrella, ése había de ser el atractivo de una historia basada en las biografías de algunas de las "muñecas rotas" más célebres de Hollywood, con Judy Garland a la cabeza, quien, irónicamente, se rumorea que fue despedida del set de rodaje de Valley of the Dolls por culpa de la misma dependencia del alcohol y las pastillas que se pretendía reflejar en la pantalla. Su puesto lo ocuparía Susan Hayward, encargada de dar vida a Helen Lawson: una artista en horas bajas, pero dispuesta a todo con tal de mantener a raya a las jóvenes arribistas que se disputan su reinado.