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martes, 28 de enero de 2020

Siempre llueve en domingo (1947)




Título original: It Always Rains on Sunday
Director: Robert Hamer
Reino Unido, 1947, 92 minutos

Siempre llueve en domingo (1947)
de Robert Hamer


Un prófugo recién escapado del penal encuentra refugio en casa de Rose Sandigate (Googie Withers), su antigua amante, ahora felizmente casada con un hombre quince años mayor que ella. La mujer, temerosa de la reacción del fugitivo, pero también de lo que pueda pensar su propia familia, decide esconderlo aun arriesgándose a que las autoridades la acusen posteriormente de ser cómplice del susodicho.

Al mismo tiempo, el algo engreído Morry Hyams (Sydney Tafler), propietario de una tienda de discos y saxofonista en una sala de fiestas, mantiene un affaire con la hija menor de los Sandigate pese a que su esposa, que de tonta no tiene ni un pelo, es perfectamente consciente del "sax appeal" (sic) de su marido. De hecho, cuando se le hinchan las narices y decide cortar por lo sano, la buena señora se planta en el dancing club para detallarle a su joven rival las miserias del supuesto Adonis, desde la bolsa de agua caliente que hay que ponerle en la cama todas las noches hasta los calzoncillos que exige que le laven a mano.



Por el realismo de sus ambientes populares recreados en estudio (los Ealing, para más señas), It Always Rains on Sunday (1947) se avanza en casi dos décadas a determinados planteamientos del Free cinema de los Anderson, Reisz, Richardson y compañía. En ese aspecto, los hampones del East End londinense o un entorno ferroviario reforzado, en las escenas de mayor acción, con la ayuda de maquetas conforman el paisaje predominante en el que transcurre la trama, marcada, en su recta final, por la persecución del evadido Tommy (John McCallum) a manos de la policía.

Cuando, en el último plano, despeje y vuelva a brillar el sol, se desvanecerán también los nubarrones que momentáneamente han empañado el horizonte vital de Rose durante unas horas: ella habrá revivido una vieja pasión tan tentadora como nociva, pero, a cambio, recupera la comprensión y el cariño del esposo que trajo la estabilidad a su vida.