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viernes, 31 de julio de 2015

Carta de una desconocida (1948)




Título original: Letter from an Unknown Woman
Director: Max Ophüls
EE.UU., 1948, 86 minutos

Carta de una desconocida (1948) de Max Ophüls

Después de una excursión de tres días por la montaña, el famoso novelista R. volvió a Viena por la mañana temprano, compró un diario en la estación y, al hojearlo, se dio cuenta de que era el día de su cumpleaños. “Cuarenta y uno” pensó, y el hecho no le produjo ni frío ni calor. Volvió a hojear ligeramente el diario y se dirigió a su casa en un taxi. El criado le informó de las visitas que había tenido durante su ausencia, así como de las llamadas telefónicas, y le entregó la correspondencia sobre una bandeja. Él la miró distraído, abrió algunos sobres, cuyos remitentes le interesaban, y dejó a un lado uno de letra desconocida, que le pareció muy voluminoso...

Traducción de Berta Conill

Así comienza Carta de una desconocida, la novela corta publicada por Stefan Zweig en 1922 y que Max Ophüls llevaría a la gran pantalla años más tarde. Ya en la primera línea, se observa que el destinatario de la misiva es novelista y no pianista como acontece en la película. Es uno de los cambios que introdujo Howard Koch (el mítico guionista que ya había trabajado en Casablanca), sin duda para dotar a la historia de un mayor aliciente romántico de cara al público.

Lisa (Joan Fontaine) siente verdadera veneración por Stefan

Lo cierto es que Ophüls era el director ideal para adaptar a Zweig, escritor muy dado a recrear los elegantes ambientes vieneses y cuyo estilo refinado encajaba a la perfección con la exquisitez de Ophüls para filmar argumentos de regusto decimonónico. No en vano, ambos procedían del mismo mundo.

De los muchos momentos memorables de esta larga "carta" cabe destacar, por ejemplo, el paralelismo que Ophüls (maestro de la puesta en escena) lleva a cabo mediante sendos adioses en el andén de la estación de tren. Primero será Stefan (Louis Jourdan) quien se despida de Lisa (Joan Fontaine) desde la ventanilla: "¡Dos semanas! ¡Dos semanas!" Cuando tiempo después la escena se repita exactamente igual, pero siendo ahora Stefan junior el que se marcha, Lisa (y el espectador con ella) presentirá los peores augurios. ¿Se puede expresar más con menos?

Los padres de Lisa intentarán, en vano, casarla con este mozalbete

También es digna de ser mencionada la interpretación de Joan Fontaine, sobre todo su facultad para encarnar a la niña que fue Lisa (y que parezca realmente una niña, cuando en la vida real ya había cumplido los treinta años) y después verla evolucionar hasta convertirse en mujer.

La película está narrada a través de un larguísimo flash-back en el que Stefan, al tiempo que lee la epístola, tendrá conocimiento de la secreta pasión que Lisa albergó por él y que él, a su vez, ignoraba completamente. De hecho, el pianista y la modelo poseen caracteres divergentes: él, despreocupado y vividor; ella, leal y ardiente. Como diría Gustavo Adolfo Bécquer en la rima XLI:

Tú eras el huracán y yo la alta
torre que desafía su poder:
¡tenías que estrellarte o que abatirme!...
¡No pudo ser!

Tú eras el océano y yo la enhiesta
roca que firme aguarda su vaivén:
¡tenías que romperte o que arrancarme!...
¡No pudo ser!

Hermosa tú, yo altivo: acostumbrados
uno a arrollar, el otro a no ceder;
la senda estrecha, inevitable el choque...
¡No pudo ser!

Stefan (Louis Jourdan) leyendo la carta de la olvidada Lisa

jueves, 4 de junio de 2015

La dama de Shanghai (1947)




Título original: The Lady from Shanghai
Director: Orson Welles
EE.UU., 1947, 87 minutos

La dama de Shanghai (1947) de Orson Welles


Once, off the hump of Brazil I saw the ocean so darkened with blood it was black and the sun fainting away over the lip of the sky.We'd put in at Fortaleza, and a few of us had lines out for a bit of idle fishing. It was me had the first strike. A shark it was. Then there was another, and another shark again, 'till all about, the sea was made of sharks and more sharks still, and no water at all. My shark had torn himself from the hook, and the scent, or maybe the stain it was, and him bleeding his life away drove the rest of them mad. Then the beasts to to eating each other. In their frenzy, they ate at themselves.You could feel the lust of murder like a wind stinging your eyes, and you could smell the death, reeking up out of the sea. I never saw anything worse... until this little picnic tonight. And you know, there wasn't one of them sharks in the whole crazy pack that survived.

Los personajes de La dama de Shanghai son verdaderamente como tiburones que se devoran entre ellos, tal y como dice Michael O'Hara, el personaje interpretado por Orson Welles, en la cita que encabeza estas líneas.



En la presentación del filme en la Filmoteca de Catalunya, Chris Welles (la hija mayor de Orson) ha comentado cómo logró convencer a su padre para aparecer fugazmente en las escenas iniciales de la película: una niña comiendo un helado en un pueblo mejicano.

Por enésima vez, Welles tuvo problemas con el productor ejecutivo de turno (en este caso Harry Cohn, de la Columbia), viéndose obligado a acatar sus dictados: básicamente, añadir un cuarto de hora de metraje con primeros planos sugerentes de Rita, la estrella del estudio. Así, por ejemplo, la escena en la que Hayworth canta (o más bien susurra) "Please, don't kiss me". François Thomas, sin embargo, ha señalado que una pequeña venganza que se permitió Welles a cambio fue incluir diversos primeros planos de los actores secundarios, una provocación que tenía por objetivo desplazar la atención del espectador.

De todas formas, La dama de Shanghai fue la producción más cara de la carrera de su director (dos millones de dólares de la época). Aunque, curiosamente, en los títulos de crédito no figura quién la dirigió: Welles aparece únicamente como guionista y productor.

Aún así, la melena sacrificada de Rita Hayworth, su divorcio de Welles tras el rodaje, el laberinto expresionista de espejos, el juicio cómico en el que Arthur Bannister (Everett Sloane) se interroga a sí mismo, el pasado de O'Hara en las Brigadas Internacionales durante la guerra civil española (y su ocultación en el doblaje castellano que impuso la censura franquista), la secuencia en el teatro chino... hacen de esta película un título mítico del cine negro americano de los cuarenta.




François Thomas, Chris Welles, Esteve Riambau

domingo, 19 de abril de 2015

Macbeth (1948)




Director: Orson Welles
EE.UU., 1948, 92 minutos

Cartel promocional de Macbeth (1948)


En la extensa pléyade de actores / directores que han demostrado su entusiasmo por las obras de William Shakespeare adaptándolas a la gran pantalla destacan (por reincidentes) los nombres de Lawrence Olivier, Kenneth Branagh y Orson Welles. La versión que este último dirigió e interpretó de Macbeth en 1948 destaca por partida doble: por la belleza de los versos del bardo inglés y por el atractivo de las imágenes concebidas por Welles. Se diría que su estilo expresionista se ha incluso agudizado esta vez respecto a ocasiones anteriores como El extraño (1946) o La dama de Shanghái (1947).

Y, sin embargo, se contó con un presupuesto de apenas 75.000 dólares, lo cual es irrisorio frente a las cifras que suelen barajarse en Hollywood y "nada" comparado con los 686.000 que se calcula que la RKO había puesto a disposición de Welles para rodar Ciudadano Kane en 1940. Lo cual demuestra que a veces menos es más y que más vale una buena dosis de ingenio que no de talonario. De ahí que en Macbeth se le saque tanto partido a rodar exclusivamente en estudio y a los continuos juegos de luces y sombras. De hecho, se dice que el propio expresionismo alemán había sido consecuencia en buena medida más de las tremendas limitaciones económicas derivadas de la carestía inflacionista que no de otra cosa: como todo el mundo sabe, rodar con escasa iluminación contribuye a aumentar el halo de misterio y, de paso, a reducir la factura de la luz...

Pero, al margen de las miserias con las que a menudo tuvo que lidiar Orson Welles a lo largo de su carrera, lo cierto es que no era esta la primera vez que el bueno de Orson se enfrentaba a la tragedia del rey de Escocia: ya en 1936 dirigió en el teatro Lafayette de Harlem un montaje mítico para el Federal Theatre Project con un elenco 100% afroamericano y en el que trasladaba la acción hasta una imaginaria isla caribeña en la que imperaba el vudú. Sin duda, sabía cómo impactar y no se andaba con rodeos. Porque, como recuerda Shakespeare en Macbeth:

Life's but a walking shadow; a poor player that struts and frets his hour upon the stage, and then is heard no more. It is a tale told by an idiot, full of sound and fury, signifying nothing.

La estilización de los decorados denota una clara influencia del expresionismo alemán
Welles y la debutante Jeanette Nolan como Lady Macbeth


Los decorados parecen salidos de otro mundo
Una de las tres brujas es interpretada por un hombre: Brainerd Duffield