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viernes, 14 de noviembre de 2025

Siempre es invierno (2025)




Director: David Trueba
España/Bélgica, 2025, 100 minutos

Siempre es invierno (2025) de David Trueba


Tal vez el hecho de adaptar una novela de su propia autoría, Blitz (ed. Anagrama, 2014), le pasa factura a la última película de David Trueba. Porque lo cierto es que si por algo se caracteriza Siempre es invierno (2025) es por querer abarcar demasiadas cosas. De ahí que la acción transcurra en tantísimos lugares (Francia, Madrid, Barcelona, Calanda, Mallorca...) y a lo largo de muchos meses. Aparte de que, además de una cierta precipitación, a veces peca incluso de previsible.

Aun así, lo que acaba prevaleciendo sobre el resto de elementos de la acción arroja la imagen de un tipo torpe, feo y entrañable a lo Woody Allen (interpretado por David Verdaguer), arquitecto por más señas, cuya vida sentimental y profesional entra repentinamente en crisis cuando su novia (Amaia Salamanca) lo deja por un cantante uruguayo y el estudio para el que trabaja cierra de un día para otro sus puertas. Un perdedor en toda regla al que, por si lo anterior no fuese poco, le arrebata siempre el mismo colega arquitecto (Jon Arias) los premios a los que se presenta.



La mayoría de críticas han definido Siempre es invierno como una tragicomedia romántica, íntima y delicada sobre la pérdida, el reencuentro y la necesidad de reinventarse tras una ruptura. Sobre todo por esa relación tan especial que el protagonista entabla, a partir de un momento determinado, con Olga (Isabelle Renauld), una mujer a la que conoce durante un congreso en Lieja, significativamente mayor que él, y que le ofrece refugio y una nueva perspectiva de las cosas.

El caso es que, pese a las indecisiones narrativas de las que adolece la película (como, por ejemplo, todo lo referente al supuesto gurú coreano de la arquitectura), Trueba propone un relato honesto y conmovedor sobre la superación, la nostalgia y la búsqueda de un nuevo proyecto de vida. En ese aspecto, la atmósfera invernal que predomina durante buena parte de la trama (con su evidente significado simbólico), así como la construcción del vínculo entre Miguel y Olga, se sienten orgánicos y profundos, de una sinceridad fuera de toda duda.



sábado, 7 de septiembre de 2024

A este lado del mundo (2020)




Director: David Trueba
España, 2020, 97 minutos

A este lado del mundo (2020) de David Trueba


Quién mejor que Vito Sanz para interpretar a Beto, un ingeniero algo impasible cuya frase recurrente es "No sé". Tras el reciente suicidio de la madre, sus tres hermanas mayores y él se disponen a repartirse la herencia familiar, siendo la casa la parte que le corresponde. A su pareja (Ondina Maldonado) parece que le hace mucha ilusión instalarse en la nueva residencia, a juzgar por el entusiasmo con el que planea futuras reformas, mientras que Beto, siempre tan indeciso, no acaba de verlo claro. Y por si eso no fuera poco, unos recortes de última hora motivan que la empresa para la que trabaja lo despida, aunque, como compensación, le ofrecen un empleo como free lance en Melilla...

La problemática en torno al fenómeno de la inmigración le sirve a David Trueba de telón de fondo para escribir y dirigir A este lado del mundo (2020), una película valiente en la que se afirman cosas del calibre de: "Muchos creen en Dios, pero cree Dios en ellos...". Quien pronuncia esa frase no es otra sino Nagore (Anna Alarcón), la agente de la Guardia Civil que asignan a Beto para que le haga de cicerone en una ciudad donde los trapicheos y movimientos alrededor de la valla son continuos.

El mundo en sus manos...


Evidentemente, las trayectorias respectivas que ambos personajes han seguido a lo largo de la vida son por completo opuestas, si bien llega un punto en el que uno y otro empiezan a conectar pese a las diferencias abismales de carácter que los separan. Así pues, el desparpajo de ella, curtida en mil y una batallas, actuará de revulsivo sobre la actitud acomodaticia de alguien que hasta entonces había vivido por completo ajeno respecto a la cruda realidad que se respira a diario en el estrecho.

Fruto de la agudeza que suelen poseer sus guiones, la puesta en escena de David Trueba deja entrever la ambigüedad de un sistema en el que nadie está a salvo ni de caer en la indiferencia ni de participar en oscuras corruptelas. Buena prueba de ello sería, por ejemplo, la actitud repulsiva de un alcalde (Janfri Topera) cuyo discurso a propósito de temas tan sensibles como las recurrentes crisis migratorias destila un pragmatismo de corte populatista muy a la orden del día. De ahí también que algunos, como Castroviejo (Joaquín Notario), opten por una imprevisible huida hacia adelante frente al ímpetu de la única ley, la de la Naturaleza, que rige verdaderamente los destinos de la humanidad.

"Consuma producto nacional"


lunes, 2 de septiembre de 2024

Volveréis (2024)




Director: Jonás Trueba
España/Francia, 2024, 114 minutos

Volveréis (2024) de Jonás Trueba


Un autor ha dicho que el amor-recuerdo es el único feliz. Esta afirmación, desde luego, es muy acertada, con la condición de que no se olvide que es precisamente ese amor el que empieza haciendo la desgracia del hombre. El amor-repetición es en verdad el único dichoso. Porque no entraña, como el del recuerdo, la inquietud de la esperanza, ni la angustiosa fascinación del descubrimiento, ni tampoco la melancolía propia del recuerdo. Lo peculiar del amor-repetición es la deliciosa seguridad del instante.

Søren Kierkegaard (1813-1855)
La repetición
Traducción de Demetrio Gutiérrez Rivero

Lo ha vuelto a hacer: película tras película, el menor del clan Trueba ("Si menor en años, mayor en prez", que diría Valle-Inclán) se supera a sí mismo con la solvencia de quien ha mamado el cine desde su más tierna infancia y, por tanto, destila en todo lo que hace una suerte de frescura y destreza difícilmente igualables. Su último largometraje, Volveréis (2024), premiado en Cannes y protagonizado por Itsaso Arana, su pareja en la vida real, y esa especie de nuevo Resines que es Vito Sanz, pasa por ser una comedia romántica un tanto sui géneris, si bien dicha etiqueta, como todos los términos convencionales, al fin y al cabo, resultaría cuando menos discutible.

Y es que tras esa idea en apariencia frívola de celebrar las rupturas se esconde, en realidad, una reflexión bastante más dramática de lo que cabría esperar en torno a la trascendencia que realmente tienen las relaciones sentimentales. En ese orden de cosas, lo que aquí se plantea no deja de ser una relectura en clave moderna de lo ya expuesto por algunos filósofos decimonónicos (véase la cita del danés Kierkegaard que encabeza estas líneas y que en el filme es citada en un par de ocasiones) precursores de lo que un siglo después daría en denominarse existencialismo.



Una profundidad que, sin embargo, no está reñida con el tono cotidiano y hasta divertido de la mayor parte de situaciones y diálogos (los propios protagonistas, por cierto, Arana y Sanz, han colaborado en el guion). Así pues, el círculo de amistades y conocidos de la pareja (atención a la gran cantidad de cameos e intervenciones fugaces de algunos de los intérpretes que han ido participando a lo largo del tiempo en anteriores títulos del director, desde Sigfrid Monleón hasta Francesco Carril, pasando por Isabelle Stoffel o la joven Candela Recio, cuyo rostro se divisa entre los asistentes a la fiesta final) reaccionará con asombro o desconcierto ante el inusitado anuncio de separación de Ale y Álex.

Por último, el filme que nos ocupa encierra también un interesante juego metacinematográfico (impagable la escena en la que los personajes discuten a propósito de 10, la mujer perfecta (1979)) repleto de referencias y guiños cinéfilos, a menudo autoreferenciales. Tal sería el caso, por ejemplo, de haberle dado el papel de padre a Fernando Trueba o de esa otra película que discurre en paralelo y cuya directora, la misma Ale, se parece tanto a la chica de Álex. Elementos que, en definitiva, por todo lo que tienen de mitomanía personal (también se incluye, de pasada, una visita a la tumba de Truffaut en Montmartre), entroncan a la perfección con el título de ese libro de Stanley Cavell (1926-2018) que el suegro le presta a su ya casi ex nuera: El cine, ¿puede hacernos mejores?



miércoles, 21 de agosto de 2024

El hombre bueno (2024)




Director: David Trueba
España, 2024, 79 minutos

El hombre bueno (2024) de David Trueba


"Si te paras a pensarlo, la vida es una puta mierda: es como un perro al que quieres acariciar y todo el rato se lanza a morderte". ¿Qué más se puede pedir? Aparte de comenzar con una parodia de El séptimo sello (1957) y rendir homenaje a Buster Keaton, la última película de David Trueba, El hombre bueno (2024), debe ser saludada como lo que realmente es: una pequeña joya repleta de reflexiones inteligentísimas. Película modesta en cuanto a recursos técnicos, con apenas cuatro actores y rodada íntegramente en espacios naturales de las Baleares, cuya sobriedad quizá entroncaría más, lo que son las cosas, con el estilo de su sobrino Jonás.

El planteamiento gira en torno a una pareja en crisis, padres de la preadolescente Manuela (Aia Pérez), que, además de alojarse en casa de Alonso (Jorge Sanz), recurre a los consejos de su anfitrión como si de un consejero matrimonial se tratase. Y aunque a este último, desde su retiro alejado del mundanal ruido, no le gusta nada el concepto de "hombre bueno", lo cierto es que ello no impide que se preste a echarles un cable.

"¡No pienses con frases hechas!"


A fin de cuentas, la experiencia vital que atesora Alonso (antiguo mago de las finanzas, superviviente de varias adicciones y un gravísimo accidente, reconvertido ahora en burgués bohemio de vuelta de todo) lo convierte en el asesor ideal para poner remedio a las diferencias que han ido minando la relación entre Vera (Macarena Sanz) y Juan (Vito Sanz) después de tantos años de convivencia. De entrada la conexión con la niña es inmediata, lo cual representa un inicio prometedor, mientras que a los adultos, en cambio, les costará un poco más aceptar las sugerencias de su mentor.

Es posible que el hecho de que la cinta se haya estrenado directamente en plataformas pueda afectar de algún modo a la recepción de la misma por parte de un público poco habituado a este tipo de cine, en el que el tono conversacional de los diálogos o su puesta en escena minimalista contrasta abiertamente con lo que sería lo habitual en producciones más convencionales. Quién sabe. En todo caso, qué mejor propuesta para una tarde de agosto que las disquisiciones a orillas del mar de unos personajes en busca de la felicidad (si es que esa palabra todavía significa algo).



jueves, 30 de marzo de 2023

María (y los demás) (2016)




Directora: Nely Reguera
España, 2016, 93 minutos

María (y los demás) (2016) de Nely Reguera


La tendencia a fantasear de María (Bárbara Lennie) la lleva continuamente a sentirse frustrada cada vez que sus expectativas no se concretan tal y como ella las había imaginado. O lo que es lo mismo: la insatisfacción que atenaza a la protagonista de María (y los demás) (2016) obedece a razones personales o familiares, sí, pero sobre todo a las escasas habilidades del personaje —una mujer soltera, sin hijos, cuidadora de su padre viudo y aspirante a escritora— desde el punto de vista de la inteligencia emocional. Básicamente por su insistencia enfermiza a anticipar lo que no depende exclusivamente de ella, sino también de la voluntad de quienes la rodean. 

Así pues, María comprobará con estupor que el padre, tras haber superado un cáncer, decide casarse con su enfermera. O que el chico con el que mantiene una relación (Julián Villagrán) no quiere presentarle a sus hijas. A tanto llega el carácter soñador de la joven que hasta ya se ve triunfando con su primera novela cuando ni tan sólo ha decidido cuál será su desenlace. Todo lo cual obedece, en parte, a una cierta inmadurez, llámese ingenuidad, por parte de una mujer cuyas aspiraciones no se corresponden con la vulgaridad de su entorno más inmediato.



En ese orden de cosas, la relación entre los tres hermanos cobra especial interés, donde María desempeña el rol de responsable, siempre pendiente de que su padre no coma más de la cuenta, mientras que los dos varones (Vito Sanz y Pablo Derqui) ya hace tiempo que abandonaron el núcleo familiar para irse a vivir con sus respectivas parejas (Rocío León y Alexandra Pineiro).

Rodada íntegramente en La Coruña, con una puesta en escena fresca y sencilla, la ópera prima de la barcelonesa Nely Reguera obtendría un par de nominaciones a los Premios Goya: Mejor Director Novel y Mejor Actriz Protagonista. Galardón, este último, con el que Bárbara Lennie, impecable en su papel de treintañera contrariada ante la amenaza de que se le pase el arroz, logró alzarse en la edición de los Premios Feroz de aquel mismo año.



miércoles, 13 de julio de 2022

Tenéis que venir a verla (2022)




Director: Jonás Trueba
España, 2022, 64 minutos

Tenéis que venir a verla (2022) de Jonás Trueba


"Arcadia en flor" era el título de una canción que el malogrado Rafael Berrio compuso expresamente para la banda sonora de La reconquista (2016). Y es ese mismo espíritu pastoril de oasis alejado del mundanal ruido el que se respira en muchos momentos de Tenéis que venir a verla (2022), enésima incursión del menor de los Trueba en un tipo de cine, muy a lo Éric Rohmer, anclado en los pormenores de lo cotidiano y que aspira a ser, al mismo tiempo, reflejo de las inquietudes generacionales de sus personajes.

Rodada en apenas ocho días (tres en invierno y otros cinco al cabo de varios meses, ya en primavera), la película constituye una miniatura artesanal de apenas una hora de duración en la que enseguida se advierten las secuelas de la pandemia. De hecho, se palpa en el ambiente que tanto el confinamiento como la distancia social han hecho mella en las dos parejas que protagonizan la cinta, hasta el extremo de que una de ellas, la interpretada por Francesco Carril e Irene Escolar, se ha ido a vivir al campo en busca de una quietud que la capital ya no les ofrecía.



Mencionar a estas alturas el gusto del cineasta por incluir referencias literarias o musicales en sus filmes parecería toda una obviedad, ya que se trata de uno de los rasgos más reconocibles de su caligrafía. Baste decir que la acción arranca con una actuación en vivo de Chano Domínguez y que se dejan oír, aquí y allá, algunos versos de Olvido García Valdés recitados por la propia autora. Asimismo, Dani (Vito Sanz) y, sobre todo, Elena (Itsaso Arana) comentan con sus amigos algunos pasajes de un libro que andan leyendo: Has de cambiar tu vida, del filósofo alemán Peter Sloterdijk.

Por último, conviene llamar la atención a propósito de un detalle que pudiera ocasionar algún que otro malentendido: por más que el cartel de la película haya sido concebido con innegable sentido del humor ("Esto no es una cita" y "Esto es un adorno"), Tenéis que venir a verla no es propiamente una comedia. De entrada porque flota en todo momento (en los diálogos, en la atmósfera pospandemia...) un poso de melancolía que no invita precisamente a la sonrisa. Y, en segundo lugar, por el hecho de que esas mismas disquisiciones que mantienen las dos parejas dejan entrever una crisis existencial (¿la de los cuarenta, tal vez?) un tanto incómoda, incluso para el espectador.



domingo, 10 de julio de 2022

Los ilusos (2013)




Director: Jonás Trueba
España, 2013, 93 minutos

Los ilusos (2013) de Jonás Trueba


La diferencia [entre nuestra generación y la de nuestros padres] es que ellos pensaban que todo iba a ir a mejor y nosotros pensamos que todo va a ir a peor...

Tras haber debutado con Todas las canciones hablan de mí (2010), espléndida ópera prima en torno a la compleja vida sentimental de un treintañero, Los ilusos (2013) tuvo algo de piedra fundacional en la carrera de Jonás Trueba. No en vano, la productora del mismo nombre que crearía a raíz del estreno de dicho filme le ha venido sirviendo desde entonces como plataforma para convertirse en uno de los cineastas independientes con mayor proyección del panorama nacional.

A grandes rasgos, nos encontramos frente a un ejercicio de estilo por parte de un director con vocación de autor. A este respecto, resulta bastante sintomática la elección del blanco y negro, así como el hecho de que el formato utilizado para el rodaje de la película fuesen unos 16 milímetros que remiten de inmediato al espíritu amateur del arte cinematográfico más primigenio.



De todo ello se infiere un estilo muy nouvelle vague, enriquecido, por otra parte, con continuas referencias cinéfilas y literarias. Y también musicales, toda vez que se incluye hasta una actuación en vivo del grupo El Hijo. Con todo lo cual se configura un particular universo cuyos rasgos esenciales derivan de la construcción del discurso narrativo conforme transcurre la acción (son varias las ocasiones en las que Jonás Trueba irrumpe en escena para recordarnos el carácter metaficcional de su obra).

Así pues, y de la misma forma que Truffaut se vale de un alter ego en sus filmes, aquí es Francesco Carril quien cumple esa función. Sólo que el hábitat de su personaje no es el París de los sesenta, sino un Madrid gris, más bien inhóspito, ciudad ideal para un soñador que ya ha estrenado su primera película y no sabe muy bien de dónde sacar la inspiración para la siguiente. Autobiográfico o no, se trata de un planteamiento que tal vez explique la presencia en los títulos de crédito de un nutrido grupo de "consejeros artísticos y sentimentales" entre los que destacan nombres como los también cineastas Javier Rebollo o David Trueba.



lunes, 26 de agosto de 2019

La virgen de agosto (2019)




Director: Jonás Trueba
España, 2019, 125 minutos

La virgen de agosto (2019) de Jonás Trueba


Siempre es una alegría comentar las películas de Jonás Trueba, ese tipo simpático que rueda como quien respira, sin importarle gran cosa ni el qué ni el cómo, sino, lo que es mucho más importante en cine: los estados de ánimo. Fiel a esta premisa, que bien podrían avalar grandes directores de ayer y de hoy, desde el Rohmer de Cuento de verano (1996) hasta el Hong Sang-soo de La cámara de Claire (2017), La virgen de agosto se nos presenta repleta de giros y de guiños que se inscriben en la tradición del mejor cine de autor.

De momento (la película se estrenó el pasado 15 de agosto, coincidiendo con la festividad que le da título), la mayoría de críticas y reseñas están obviando un detalle que, quizá por evidente, podría pasar por alto. Y es la simbología de los nombres y de las fechas en una historia que a lo mejor es menos cotidiana de lo que parece. Así, por ejemplo, la protagonista se llama Eva (Itsaso Arana), está a punto de cumplir la edad de Cristo y, por lo que se deduce del desenlace, es ella, y no la que está en los altares, la verdadera "virgen de agosto".



También hay algunos enclaves de su periplo estival particularmente significativos, como la visita al Museo Arqueológico Nacional donde se encuentran la Dama de Elche y la Dama oferente del Cerro de los Santos, sacerdotisas o diosas ambas y, por ahí, equivalente de lo que la Virgen representa en la cultura cristiana. Por si fuera poco, Eva se someterá a un rito chamánico de estar por casa y el que tal vez llegue a convertirse en su pareja (y al que confunde con un suicida) responde al peculiar nombre de Agos (Vito Sanz), hipocorístico de Agostino.

Y todo esto para llevar a cabo lo que a Jonás Trueba mejor se le da, que es el retrato generacional de unos jóvenes que aspiran a "hacerse una persona de verdad" o que simplemente se conformarían con que, en el caso de las mujeres, la maternidad o la menstruación dejasen de suponer una traba que lastra su existencia. Homenaje a la geografía urbana y, sobre todo, humana, de un Madrid languideciente y a ratos fantasmal en el que, sin embargo, la vida continúa a pesar del parón veraniego.


martes, 7 de agosto de 2018

Casi 40 (2018)




Director: David Trueba
España, 2018, 83 minutos

«Me dan pena los mapas...»

Casi 40 (2018) de David Trueba


En un país en el que, por desgracia, el cine que se produce ha tendido con excesiva frecuencia a recrearse en un insufrible tufo a cuchitril roñoso, sorprende la figura de alguien que, como David Trueba, sea capaz no sólo de tratar temas elevados, sino, sobre todo, de conseguir que sus personajes verbalicen aquello que la mayor parte de nosotros hemos pensado alguna vez. Elogio que podría hacerse extensivo a todo el clan Trueba (de hecho, hay quien sugiere que su última película, Casi 40, parece más una peli de Jonás que no de David).

En cualquier caso, lo cierto es que ese tono sentencioso al que antes aludíamos está presente en la práctica totalidad de los diálogos que mantienen Ella (Lucía Jiménez) y Él (Fernando Ramallo) a lo largo de los muchos kilómetros que recorren juntos. Se trata de conversaciones a priori cotidianas, pero que en su sencillez encierran reflexiones tan demoledoras como la propia edad de los protagonistas: "¡Los hijos son súper castradores!", dirá Ella para ilustrar que su hija le aconseja cómo tiene que vestirse o que le prohíbe usar la palabra guay.

Aunque en ese aspecto es Él el pequeño filósofo que va a ir soltando, una tras otra, la mayoría de perlas que ponen de manifiesto hasta qué punto supone una tragedia envejecer, ser consciente de que el mundo, tal y como lo conociste durante tu juventud, se ha ido para no volver, ya se trate de mapas, casetes, cabinas telefónicas, Michael Jackson o el Un, dos, tres. Quizá por todo ello, en un claro homenaje a aquel falangista de La prima Angélica (1974) que su adorado Rafael Azcona imaginó con el brazo escayolado en alto, Trueba ha hecho que el personaje de Fernando Ramallo lleve un vendaje en el lado izquierdo, finalizado con una aparatosa férula que le inmoviliza el dedo corazón como si de una peineta o higa se tratase.



Dos trayectorias unidas por el desencanto: la cantante venida a menos, casada con un futbolista, ahora de gira por Burgos, actuando en librerías con aforo para quince personas; el cerebrito que apuntaba maneras y que, después de haber trabajado unos años en Burdeos, termina ejerciendo de comercial de productos de cosmética ecológica. En realidad, huelga decirlo, David Trueba ha querido reunir de nuevo a los actores que protagonizaron su primera película, La buena vida (1996), metáfora de cómo las ilusiones de aquellos debutantes se han ido poco a poco esfumando hasta quedar reducidas a la sombra de lo que fueron.

Como esas capitales de provincia de porte monumental en las que transcurre la acción, localidades patéticamente dignas en su decrepitud cuando Francisco Regueiro o Mario Camus rodaban en ellas sus primeras películas hace más de medio siglo y demasiado pulcras, demasiado remodeladas, demasiado asépticas hoy en día, con su aire triste de fiesta mayor subvencionada por el Ayuntamiento y la Excelentísima Diputación.


domingo, 27 de septiembre de 2015

Los exiliados románticos (2015)




Director: Jonás Trueba
España, 2015, 70 minutos

Desde la tierra mítica de Grecia
llegó hasta el norte el soplo que la anima
y en el norte halló eco, entre las voces
de poetas, filósofos y músicos: ciencia
del ver, ciencia del saber, ciencia del oír. Mozart
es la gloria de Europa, el ejemplo más alto
de la gloria del mundo, porque Europa es el mundo.

Luis Cernuda



Nacido Jonás Rodríguez Huete (Madrid, 1981), Jonás Trueba va camino de convertirse en digno heredero de la saga iniciada por su padre (Fernando) y continuada por su tío (David). De momento son ya tres los largometrajes firmados por el menor de la estirpe (Todas las canciones hablan de mí, 2010, y Los ilusos, 2013, fueron las anteriores).

En Los exiliados románticos vuelve a contar con varios de sus actores de confianza (Francesco Carril, Vito Sanz o la suiza Isabelle Stoffel) a los que ahora se unen la italiana Renata Antonante y el televisivo Luis E. Parés (colaborador habitual de Historia de nuestro cine en La 2 de TVE). Su director define este último trabajo como una película rodada "sobre la marcha" y a buen seguro que el calificativo es bastante certero si se tiene en cuenta que sus tres protagonistas masculinos dedican doce días a viajar desde Madrid hasta París (haciendo escala, previamente, en Toulousse y, posteriormente, en Annecy) a bordo de una destartalada furgoneta Volkswagen.

Una vez allí, se van a reencontrar con antiguos amores de juventud que han ido a buscar expresamente. De ahí el título, que además coincicide con el de un libro del historiador británico Edward Hallett Carr (Londres, 1892-1982). Asimismo, las tres ciudades elegidas están históricamente vinculadas con el exilio español republicano. También de la italiana Natalia Ginzburg se habla bastante, en especial de su libro de cuentos Las pequeñas virtudes, publicado originalmente en 1962. Como se ve, las referencias literarias son constantes: todavía, en los créditos finales, se incluirá una cita de Blaise Pascal.



Se palpa muchísimo amor por el cine y la cultura franceses en Los exiliados románticos, lo cual no es de extrañar viniendo de un Trueba (es conocida la debilidad, tanto de David como de Fernando, por todo lo procedente del país galo). Así pues, no sólo los exteriores se han rodado en Francia (especialmente en su capital) sino que en los títulos de crédito se ha jugado con los colores de la bandera de aquel país (como puede observarse más arriba, en la primera imagen que precede esta entrada).



En su frescura y canto a la juventud, la película de Jonás Trueba conecta tanto con el espíritu de la Nouvelle vage como con algunas de las producciones independientes más recientes del cine francés (2 otoños 3 inviernos o La chica del 14 de julio serían buenos ejemplos). También contiene algo, si bien en menor grado, de la calma zen del coreano Sang-soo Hong. Ficción y realidad se mezclan a partes iguales. Por eso los personajes se llaman exactamente como los actores que los encarnan. Hay, en ese sentido, una aparición del también director Sigfrid Monleón interpretándose a sí mismo en el transcurso de una cena en la que Luis admite estar escribiendo una tesis doctoral sobre el exilio (exactamente igual que Luis E. Parés en la vida real).

Desayunando a orillas del Garona en Toulousse (con el Pont Neuf al fondo)
Luis E. Parés (sin barba) flanqueado por Isabelle y Renata
y (con barba) a la derecha de Francesco Carril
Renata Antonante e Isabelle Stoffel en el lago de Annecy


Otro de los rasgos que ponen de manifiesto la esencia libre del film son las canciones de Tulsa cantadas por Miren Iza y cuyas letras actúan en cierta manera de guion oficioso. De hecho, en Los ilusos se incluía también música en directo, lo cual supone una puesta en escena a veces cercana a la estética del videoclip. Y ¿qué decir, por otra parte, de su carácter políglota? En Los exiliados románticos se incluyen diálogos en italiano, francés, inglés e, incluso, en alemán. Nada extraño tratándose de una generación cuya patria será, sin duda, el mundo.

Aunque rodada con una cámara de fotos (¿quién lo diría?), esto es, en fin, lo que deparará la película de Jonás Trueba a quien quiera subirse a la furgoneta: soñar es libre y Francia está a un tiro de piedra. ¿A quién no le apetece liberarse de convencionalismos innecesarios a estas alturas para darse un chapuzón en un lago de aguas cristalinas?

El director Jonás Trueba