Mostrando entradas con la etiqueta Rainer Werner Fassbinder. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rainer Werner Fassbinder. Mostrar todas las entradas

miércoles, 28 de junio de 2023

Gotas de agua sobre piedras calientes (2000)




Título original: Gouttes d'eau sur pierres brûlantes
Director: François Ozon
Francia, 2000, 82 minutos

Gotas de agua sobre piedras calientes (2000)


Si algo llama poderosamente la atención de Gouttes d'eau sur pierres brûlantes (2000) es que se la puede considerar, con toda justicia, como la película fundacional que contiene el germen de la posterior filmografía de François Ozon. De entrada porque, muchos años antes de que el cineasta francés homenajeara a Fassbinder en Peter von Kant (2022), el filme que nos ocupa ya adaptaba otra pieza teatral suya. Así pues, en muchos sentidos, con su retrato de tortuosas relaciones de pareja y poderosos conflictos sentimentales, el director anticipaba aquí algunos recursos que después ha ido explorando con cierta asiduidad.

Su reducido reparto de apenas cuatro intérpretes contribuye a la intensidad de una trama que se desarrolla principalmente en el espacio cerrado de un apartamento, escenario perfecto para el despliegue de pasiones y tensiones ocultas entre los personajes, lo cual genera una sensación de claustrofobia emocional que termina por envolver al espectador.



Además de su enfoque ligeramente paródico, se aborda también de manera directa y sin prejuicios el trasfondo homosexual de algunos personajes. Tal sería el caso, por ejemplo, del maduro Léopold (Bernard Giraudeau) y el jovencito Franz (Malik Zidi) cuya convivencia, ya de por sí compleja, se verá alterada cuando irrumpan las ex de ambos, Véra (Anna Thomson) y Anna (Ludivine Sagnier).

Valiéndose de diálogos ingeniosos y situaciones cómicas que revelan los aspectos más absurdos de las dinámicas de poder presentes en las relaciones humanas, Ozon sabe sacarle partido a una mezcla de humor y melancolía que termina dando como resultado una frescura (con bailoteo incluido) muy característica del estilo cinematográfico que le ha hecho célebre.



domingo, 21 de mayo de 2023

Peter von Kant (2022)




Director: François Ozon
Francia/Bélgica, 2022, 86 minutos

Peter von Kant (2022) de François Ozon


Coincidiendo con el cincuenta aniversario del estreno de Las amargas lágrimas de Petra von Kant (1972), el cineasta francés François Ozon perpetraba su particular homenaje mitómano en forma de remake a la inversa. Porque lo que en Fassbinder era una historia de amor lésbico aquí se transforma en todo lo contrario: la pasión desaforada de un director de cine (Denis Ménochet) hacia su apolíneo "muso" y actor fetiche (Khalil Ben Gharbia).

Sin embargo, en la transposición de una a otra película se pierde algo de la parsimonia original, ese comedimiento ceremonioso que ahora tiene su máximo exponente en la figura del fiel Karl (Stefan Crepon). Y se gana, en cambio, una mayor correspondencia entre el personaje central y el malogrado cineasta alemán, toda vez que su profesión y su apariencia física lo convierten en indiscutible alter ego de Fassbinder.



Por otra parte, la presencia en el reparto de la mítica Hanna Schygulla, reconvertida en madre del protagonista, no hace sino añadirle emotividad a una cinta que tiene mucho de puesta al día en clave masculina. A este respecto, el habitual toque gay con el que Ozon suele adornar sus filmes casa a la perfección con la escenografía primitiva del apartamento, repleto de pinturas alegóricas y demás elementos decorativos de lo más ostentoso.

Y aunque Peter von Kant (2022) respeta a grandes rasgos el espíritu de su predecesora, se aprecia, no obstante, una mayor propensión a filmar el espacio en penumbra, como si se quisiese dar a entender que los tiempos han cambiado y no precisamente a mejor. En todo caso, la participación de otra actriz legendaria, en este caso Isabelle Adjani, en el papel de la idolatrada y algo traicionera Sidonie, confiere al conjunto entidad suficiente como para saldar el experimento con nota.



sábado, 20 de mayo de 2023

Las amargas lágrimas de Petra von Kant (1972)




Título original: Die bitteren Tränen der Petra von Kant
Director: Rainer Werner Fassbinder
República Federal Alemana, 1972, 125 minutos

Las amargas lágrimas de Petra von Kant (1972)


La morosidad de sus más de dos horas de metraje pone de manifiesto que Die bitteren Tränen der Petra von Kant (1972) pertenece a esa rara especie de películas cuyo vigor locamente apasionado contrasta con una puesta en escena estática y claustrofóbica. Se dice que su autor, el siempre cáustico Rainer Werner Fassbinder (1945-1982), escribió el guion durante las doce horas de un vuelo entre Berlín y Los Ángeles. Y que apenas necesitó diez días para filmar una obra maestra que, más de medio siglo después, mantiene intacta su fuerza como la primera vez que se proyectó.

Uno casi no se da cuenta durante el visionado, pero muchas de las afirmaciones que deja ir la protagonista a lo largo de su virtuoso alarde interpretativo contienen tal grado de perspicacia que a posteriori, leídas con calma, arrojan una visión de las relaciones humanas tan certera como áspera. Por ejemplo cuando proclama aquello de que "las personas se necesitan unas a otras, aunque aún no han aprendido a vivir juntas".



Aparte de los arrebatos de Margit Carstensen y su heterogénea colección de pelucas, en el reparto exclusivamente femenino (aunque Fassbinder se reserva un fugaz cameo apareciendo en una fotografía en blanco y negro) destaca la inquietante presencia de la sumisa Marlene (Irm Hermann), así como una jovencísima Hanna Schygulla en el papel de la ingrata y calculadora aspirante a modelo Karin.

Sabiamente ilustrada con apuntes musicales de Verdi o los Platters, la cinta deja entrever un universo lésbico de relaciones un tanto sádicas donde se pasa de dominante a dominada con suma facilidad. Así pues, la misma Petra von Kant que humilla a Marlene hasta reducirla a la esclavitud, estableciendo una relación que, en cierto modo, pudiera recordar a la que planteaba Joseph Losey en The servant (1963), experimentará en carne propia lo que significa la mortificación de un amor no correspondido.



sábado, 11 de agosto de 2018

Querelle (Un pacto con el diablo) (1982)




Título original: Querelle
Director: Rainer Werner Fassbinder
Alemania/Francia, 1982, 108 minutos

Querelle (Un pacto con el diablo) (1982)


En los apenas 37 años que vivió, Fassbinder tuvo tiempo de dirigir la friolera de 44 filmes, lo cual da una idea bastante precisa de la creatividad desbordante de un cineasta tan inquieto como revolucionario.

De Querelle (1982), su obra póstuma, poco podemos añadir a sus ya de por sí explícitas imágenes. Baste decir que Fassbinder, imbuido por el espíritu transgresor de Jean Genet y sin saber que el final de sus días no andaba muy lejos, se propuso rodar una película que de tan iconoclasta incomodase a propios y extraños, removiendo conciencias y dinamitando prejuicios, un poco en la línea de lo que, años atrás, había hecho Pasolini en Salò o los 120 días de Sodoma (1975).

Jeanne Moreau en el papel de Lysiane


Rodada íntegramente en estudio, lo más destacable de la dirección artística de Walter Richarz son los decorados (repletos, por doquier, de elementos inequívocamente fálicos), así como la iluminación, que semeja un ocaso o amanecer (según se mire) perpetuo.

Ni que decir tiene que la recepción por parte de algunos sectores de público y crítica no fue especialmente favorable:  Querelle, como la gran mayoría de obras que se avanzan a su tiempo, no sólo recibió la incomprensión unánime de quienes únicamente vieron en ella la morbosidad y/o sordidez de los ambientes portuarios en los que transcurre la acción, sino que, en el Festival de Venecia, Marcel Carné hubo de dimitir como presidente del jurado ante la imposibilidad de convencer a sus colegas para que la película formase parte del palmarés. En el escrito que presentó exponiendo su postura, el veterano director francés se expresaba, más o menos, en los siguientes términos: "Me he encontrado solo en la defensa de Querelle. Sin embargo, sigo pensando que, aunque controvertida, la obra final de Fassbinder, se quiera o no, se la adore o se la deteste, algún día encontrará su lugar en la historia del cine".


martes, 6 de septiembre de 2016

Hanna Schygulla actúa en la Filmoteca de Catalunya








Ni la sala Chomón de la filmoteca catalana es una sala de conciertos ni éste es un blog sobre música. Pero, dadas las circunstancias, merece la pena hacer una excepción: Hanna Schygulla ha actuado hoy en Barcelona, acompañada al piano por Jean-Marie Sénia (el mismo que compusiera, hace ahora exactamente cuarenta años, la banda sonora del filme de Alain Tanner Jonas qui aura 25 ans en l'an 2000). Y lo ha hecho con la misma sencillez que destilan sus interpretaciones en la gran pantalla.

Porque si algo domina a la perfección la artista alemana es el papel de gran diva: no de las que se muestran distantes y fatales, sino la mujer de mundo con don de lenguas que posee la habilidad de hacernos creer que olvida la letra de sus canciones o que necesita preguntarle continuamente a su pianista cuál será la siguiente que tocarán, para crear así entre el auditorio la ilusión de que asistimos a una genial improvisación.

En esa misma línea, también ha insistido mucho, siempre con dulzura, que le subiesen el volumen del micro, ya que de lo contrario no se escuchaba a sí misma y eso le hacía perderse. Lo cierto es que la acústica era más que correcta, aunque ya se sabe que en estos casos unas gotas de coquetería siempre vienen bien...

El repertorio, planteado como una larga confesión de Schygulla con los asistentes (la primera vez que cantó en público fue a los cuatro años, en uno de los destartalados trenes de después de la Segunda Guerra Mundial), ha consistido en temas con letra del poeta Rimbaud o del mítico Jean-Claude Carrière. Con este último, la actriz y cantante ha admitido que vivió una aventura que los llevó "más allá de los mapas", pese a que, como es lógico, la mayoría de sus recuerdos han tenido como protagonista a Rainer Werner Fassbinder (1945–1982). Del malogrado cineasta, para el que trabajó en muchos de los títulos de su prolífica filmografía, ha dicho que fue un chico muy tímido pero con una poderosa fuerza interior a la vez.

Asimismo, ha habido tiempo también de picotear algunos clásicos de Édith Piaf ("Milord", "La vie en rose"...), antes de poner el broche final con la imprescindible "Lili Marleen". Y poco más: tras hora y media de actuación, Hanna Schygulla se ha marchado entre los merecidos aplausos de un público en pie que abarrotaba la sala grande de la Filmoteca de Catalunya, dejando tras de sí el buen sabor de boca que sólo está al alcance de quien canta como quien respira.

Hanna Schygulla, posando en la Filmoteca
de Catalunya para el diario Ara

martes, 25 de agosto de 2015

La ley del más fuerte (1975)




Título original: Faustrecht der Freiheit
Director: Rainer Werner Fassbinder
Alemania, 1975, 123 minutos

La ley del más fuerte (1975) de Rainer Werner Fassbinder


De trabajar en un modesto circo bajo el nombre artístico de Fox y llevar una vida miserable, el joven Franz Biberkopf pasa a ostentar, de la noche a la mañana, una enorme fortuna tras obtener 500.000 marcos jugando a la lotería. Su vida cambiará entonces radicalmente, sobre todo al conocer a Eugen Thiess, un muchacho "distinguido y estirado" perteneciente a una familia de la alta burguesía. Conforme vaya pasando el tiempo, Eugen se sentirá cada vez más avergonzado de la rudeza y la incultura de su amigo, hasta que la situación se vuelve insostenible.

En La ley del más fuerte Fassbinder reflexiona sobre cómo el dinero puede causar más daños que beneficios a quien no sabe gestionarlo, así como qué inconvenientes se derivan de relacionarse en exceso con las clases pudientes y las barreras infranqueables que ni todo el oro del mundo podría ayudar a derribar. El suyo es, por tanto, un planteamiento sumamente pesimista, en el que el individuo no es plenamente dueño de su destino sino que son los otros quienes condicionan su libertad al cerrarle las puertas a pesar de su generosidad. De nada le sirve a Franz gastar dinero a espuertas para tener contento a Eugen y a su familia: al final, le acabarán recordando que él no pertenece a su mundo por más liquidez que haya inyectado en la empresa familiar. De ahí el título del filme: en el mundo real, la única ley que impera es la ley del "tanto tienes tanto vales".


Franz y Eugen en Marrakech con Salem al fondo
"Y en el mundo en conclusión
 todos sueñan lo que son
aunque ninguno lo entiende"