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lunes, 31 de agosto de 2020

Cuando llegue septiembre (1961)




Título original: Come September
Director: Robert Mulligan
EE.UU., 1961, 112 minutos

Cuando llegue septiembre (1961)
de Robert Mulligan


Nadie diría que el mismo director que apenas un año después brindó la magnífica To Kill a Mockingbird (1962) fuese el responsable de esta intrascendente comedia romántica ambientada en Italia. Pero así son las cosas en la lucrativa meca del cine, hasta el extremo de que, aparte del mencionado Mulligan, todo un tótem de la relevancia de Raoul Walsh se ocupara de las labores de producción.

La historia no puede ser más bobalicona: un apolíneo hombre de negocios estadounidense llamado Robert Talbot (Rock Hudson) se desplaza, como cada mes de septiembre, hasta su lujosa mansión romana. Pero una vez allí descubrirá, para su asombro, que el mayordomo se ha tomado la licencia, a espaldas de su legítimo propietario, de convertirla en hotel durante el resto del año. Por si no fuera poco, su prometida, la alocada Lisa (Gina Lollobrigida), amenaza con casarse con un aburrido inglés que no se separa nunca de sus adustas hermanas.



Aun así, el encanto de Talbot hará que las aguas vuelvan a su cauce hasta que el grupo de jóvenes turistas norteamericanas que se alojan en casa del magnate entren en contacto con una pandilla de veinteañeros de la misma nacionalidad, ávidos de entablar amistad con sus bellas compatriotas y, de paso, rivalizar en galanura con el mismísimo anfitrión, al que los muchachos consideran un vejestorio engreído (y algo de razón no les falta, más por lo segundo que por lo primero).

Factura impecable (en CinemaScope, Technicolor y espectacular Panavisión), un reparto de atractivos intérpretes (con unos jovencísimos Sandra Dee y Bobby Darin enamorándose a uno y otro lado de la pantalla), canciones y algún que otro número de baile son varios de los elementos de una película en la estela de Roman Holiday (1953) o los enredos acaramelados a lo Doris Day y con Rock Hudson explotando descaradamente su faceta de heredero de Cary Grant, cuya vis cómica intenta emular por todos los medios, aunque sin brillar a la misma altura.


miércoles, 31 de julio de 2019

El pirata (1948)




Título original: The Pirate
Director: Vincente Minnelli
EE.UU., 1948, 102 minutos

El pirata (1948) de Vincente Minnelli


Parece mentira que un musical en apariencia tan inocente como El pirata suscitase en el momento de su estreno tantísima polémica. De entrada, porque participaban en él algunos bailarines afroamericanos, como los Nicholas Brothers, circunstancia que acabaría motivando que en algunos estados del sur se censurase su número. Pero es que, por si no fuera poco, el legendario jerarca de la Metro, Louis B. Mayer, puso el grito en el cielo ante la considerable carga erótica que, según él, desprendían algunas de las escenas de baile que comparten Gene Kelly y Judy Garland.

En IMDb se pueden leer otras curiosas anécdotas a propósito del rodaje, muchas de ellas relacionadas con la frágil esposa de Minnelli, una Judy Garland que se ausentó por enfermedad en noventa y nueve de los ciento treinta y cinco días que duró la filmación, que fumaba hasta cuatro paquetes diarios de cigarrillos y a quien correspondió el dudoso honor de ser la primera estrella a la que unos estudios cinematográficos le impusieron un psiquiatra que garantizase su estabilidad emocional.

La actriz durante una pausa del rodaje


Y, encima, la película fue un fracaso en taquilla... Sin embargo, El pirata se nos aparece hoy en día como un portento de música y color en el que los decorados, el vestuario y, sobre todo, las espectaculares coreografías de Gene Kelly desprenden imaginación a raudales. Cierto que su exiguo argumento no deja de ser una mera exaltación de un exotismo caribeño, rodado en estudio, tan encantador como artificial. Pero ¿qué más da cuando lo que verdaderamente importa es disfrutar de las oscilaciones del pícaro Serafín, empeñado en seducir y hasta hipnotizar a la bella Manuela? (Por cierto: ¿ha reparado alguien en cuánto se parece Gene Kelly a Antonio Banderas en esta película?)

Todo lo cual no habría sido posible, huelga decirlo, sin las excepcionales composiciones del mítico Cole Porter. Algunas trepidantes, como la inicial "Mack the Black", otras sensuales ("Niña", "Love of My Life"...) e incluso una de ellas, la optimista "Be a Clown", con la que se cierra el filme, que sería descaradamente plagiada años más tarde en otro clásico del cine musical: el "Make 'Em Laugh" de Cantando bajo la lluvia (1952).


domingo, 18 de noviembre de 2018

Michael (1924)




Título original: Mikaël
Director: Carl Theodor Dreyer
Alemania, 1924, 86 minutos

Michael (1924) de Carl Theodor Dreyer


El genio de Dreyer tuvo ocasión de demostrar su valía en los míticos estudios UFA de Berlín durante el período de máximo esplendor del movimiento expresionista. Sin embargo, la película en cuestión, inspirada en la novela Mikaël (1904) de Herman Bang, ha pasado a la historia por la osadía de mostrar abiertamente la atracción amorosa de un pintor hacia su joven modelo y, sobre todo, por reunir un elenco de actores y técnicos en el que sobresalían los nombres de Karl Freund, Rudolph Maté, Thea von Harbou, Benjamin Christensen o Walter Slezak en el papel principal.

De hecho, no deja de resultar sumamente fascinante que los dos cineastas daneses más importantes de todos los tiempos (Dreyer y Christensen) coincidiesen en un mismo filme, uno a las órdenes del otro, un poco a la manera de lo que, décadas más tarde, harían Bergman y Sjöström en Fresas salvajes (1957).

Zoret (B. Christensen) y, a la derecha, Michael (Walter Slezak)


En cualquier caso, la compleja trama de Michael, plagada de tortuosos triángulos amorosos entre sus atormentados personajes, ejerce sobre el espectador una fuerza subyugadora únicamente comparable a la opresiva atmósfera de esos oscuros salones recargados de obras de arte en los que transcurre la acción.

Tanto es así que no resulta difícil encontrar referencias pictóricas de lo más evidente en la estática puesta de escena ideada por Dreyer, como el plano final (Michael en brazos de la pérfida Princesa Zamikoff), que remite directamente a la Pietà de Miguel Ángel en una audaz pirueta no exenta de cierta irreverencia religiosa, toda vez que la relación que se establece entre el muchacho y la aristócrata (después de haber traicionado y aun expoliado al pobre Zoret) es de todo menos casta.


viernes, 15 de enero de 2016

Esta tierra es mía (1943)




Título original: This Land Is Mine
Director: Jean Renoir
EE.UU., 1943, 103 minutos

Esta tierra es mía (1943), de Jean Renoir


Segunda película oficial de Renoir en Hollywood (la primera había sido Aguas pantanosas en 1941) o tercera si se tiene en cuenta su aportación no acreditada en Mi encantadora esposa (Bruce Manning, 1943). En el caso de que fuera necesario etiquetar de alguna manera el contenido de Esta tierra es mía deberían utilizarse palabras como colaboracionismo, Resistencia, ocupación, valentía...

Lejos de su Francia natal por motivos obvios, el director pretende con este filme poner su grano de arena en la lucha contra el nazismo y el gobierno de Vichy, resultante de la firma del armisticio con los alemanes el 22 de junio de 1940. Se trata, sin duda, de uno de los episodios más vergonzantes de la historia de aquel país y a Jean Renoir le duele ver cómo el mariscal Pétain ha creado un régimen de marcado perfil autoritario.

Con este contexto, se comprenderá por qué el maestro de escuela Albert Lory (Charles Laughton) es un hombre apocado bajo la influencia castradora de su madre: simboliza a todos aquellos ciudadanos de la zona "libre" del Estado Francés que no han sido capaces de rebelarse contra una autoridad que ha entregado la nación al enemigo. Es muy significativa, al respecto, la escena que muestra a Lory llorando en el refugio antiaéreo durante un bombardeo, puesto que con ella se pretende subrayar la cobardía de quien debiera dar ejemplo de entereza frente a sus alumnos.

Charles Laughton y Maureen O'Hara

Sin embargo, la evolución posterior de los hechos pondrá a Albert en la tesitura de tener que sacrificarse por el bien de la comunidad. En uno de los finales más emotivos del cine de aquel periodo, junto con el de El gran dictador, Albert Lory acabará leyendo en clase la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano. Acto seguido será conducido frente al pelotón de fusilamiento... Pero el suyo es un sacrificio cargado de esperanza, porque en los cien minutos que dura la película se ha obrado el milagro en pantalla y el que era un vulgar pusilánime es ahora un héroe para la causa, como lo serán todos aquellos que vean su historia en todo el mundo.

Algo similar es lo que acontece con Louise Martin (Maureen O'Hara): ha malgastado su tiempo en una relación con George Lambert, un hombre estirado y pedante que acabará delatando a su hermano (hemos visto a George Sanders interpretar a ese tipo esnob en incontables ocasiones). Cuando, demasiado tarde, sea consciente de la inocencia de Albert, Louise estallará en lágrimas, pero la lucha habrá ganado otra adepta.

Del estrambótico Mayor Erich von Keller (Walter Slezak) baste decir que su rígido brazo postizo hace pensar en el que, años más tarde, el actor Fernando Delgado lucía en La prima Angélica (1974) escayolado y haciendo un forzado saludo fascista.

El mítico Alfonso Sánchez dijo de Jean Renoir que "siempre se adelantó varios años al cine de su tiempo. [...] El amor al hombre preside toda su obra. En los filmes de Renoir todos los personajes tienen sus problemas, pequeños o grandes. [...] Inserta el drama personal en el contenido social, participa en todos sus sentimientos, obliga al espectador a inmiscuirse en los personajes. [...] Su sentido visual revoluciona la realización clásica. [...] Renoir es por sí mismo la iniciación al cinema moderno" (Iniciación al cine moderno, volumen I, Editorial Magisterio Español, Colección Novelas y cuentos, 112, Madrid, 1972, páginas 24, 25, 27 y 29).

Jean Renoir (1894-1979)