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martes, 12 de mayo de 2026

Torrente 5: Operación Eurovegas (2014)




Director: Santiago Segura
España, 2014, 105 minutos

Torrente 5: Operación Eurovegas (2014)


Torrente 5: Operación Eurovegas (2014) transcurre en un futuro, el Madrid de 2018, que hoy ya es nuestro pasado. Y a su salida de la cárcel, donde ha permanecido varios años, el protagonista se encuentra con una multitud famélica que implora ingresar en ese mismo centro penitenciario, donde al menos tendrán techo y comida, antes que seguir padeciendo la carestía del infierno en el que se ha convertido la sociedad española. Le esperan también el Cuco (ahora interpretado por Julián López) y su primo Jesusín, un tipo tirando a lerdo, con las mismas facciones que Jesulín de Ubrique.

Valiéndose del marco conceptual de la distopía satírica, Segura presenta una España decadente que ha sido expulsada de la Unión Europea y que, por tanto, ha vuelto a la peseta. Por otra parte, un demacrado Torrente comprueba con estupor cómo la tumba y el mausoleo de su admirado Fary han sido vandalizados, tal vez (según apunta el Cuco) por los catalanes, que son ya independientes del resto del Estado. Igualmente irreconocible encuentra su coche, en cuyo interior vive ahora un negro. Hasta el estadio Vicente Calderón, sede del club de sus amores, aparece en ruinas, lo cual provoca el llanto y la rabia de un hombre que se pregunta si es que ya no queda nada sagrado en este país…



Así es cómo el otrora ciudadano “ejemplar” decide convertirse paradójicamente en un fuera de la ley, un "romántico" de la vieja delincuencia frente a la frialdad del capitalismo de casino. Y aunque sigue siendo un ser abyecto, lo cierto es que se consigue que el espectador empatice con su condición de paria absoluto. En ese sentido, Santiago Segura demuestra un dominio absoluto del personaje, rebajando un punto la escatología gratuita de la tercera y cuarta entregas para centrarse en la comedia de caracteres y el equívoco, un poco al estilo de lo que vendría a ser una parodia cañí de Ocean's Eleven.

A nivel estrictamente cinematográfico, el filme sufre de los males endémicos de la saga: un ritmo que se resiente conforme avanza la trama y una dependencia excesiva del cameo (que a veces frena la narrativa en seco sólo para que el espectador reconozca a una determinada figura pública). Aun así, ésta es quizá visualmente la entrega más ambiciosa de toda la saga. Entre otras cosas porque la dirección de fotografía de Teo Delgado huye del feísmo de las primeras secuelas para abrazar un contraste lumínico muy deudor del cine norteamericano, lo cual acentúa el carácter irónico de una película que pese a parecer una superproducción de Hollywood, con Alec Baldwin haciendo de villano, sigue oliendo a Soberano y fritanga.



lunes, 11 de mayo de 2026

Torrente 4: Lethal Crisis (Crisis letal)




Director: Santiago Segura
España, 2011, 93 minutos

Torrente 4: Crisis letal (2011)


Pocas novedades proponía la cuarta entrega de una fórmula, esta vez subtitulada Lethal Crisis, con la que Santiago Segura volvía de nuevo a la carga para delicia de un público incondicional que, episodio tras episodio, respalda el éxito en taquilla de las andanzas de su Torrente. Tal vez lo más destacable fuese la presencia del mediático Kiko Rivera haciendo de subalterno del protagonista en un papel que remedaba descaradamente la imagen pública de muchacho corto de miras que de él suele tenerse.

Por otra parte, si en Torrente 3 no faltaban escenas curiosas, a priori sorprendentes (e incluso provocadoras) dado el carácter reaccionario del personaje, como aquélla en la que el protagonista habla durante unos segundos en catalán para, acto seguido, despertar de lo que no era más que una simple pesadilla recurrente, Torrente 4 tampoco se queda corta. Por ejemplo en la secuencia en la que el supuesto defensor de la ley le roba el polo a un pobre niño que pasea tranquilamente por un concurrido centro comercial. Un cúmulo de despropósitos que culminará, ya en los créditos finales, con la espectacular coreografía de todos los reclusos, encabezados por Torrente, en el patio de la prisión.



Porque éste es, en muchos sentidos, un "drama" carcelario. No en vano, allí va a parar el susodicho y allí es también donde se reencuentra con su tío Gregorio (enésima y última participación del veterano Tony Leblanc en la saga). Ni que decir tiene que la posterior huida de la prisión será uno de los momentos álgidos de la película. Tanto como el colofón con el tema central de la banda sonora, “Aquí te pillo, aquí te mato”, interpretado por David Bisbal, otra de las muchas celebrities que se apuntaron al carro de aparecer fugazmente en la ya larga nómina de títulos auspiciados por el emporio Segura, cuya productora lleva el significativo nombre de Amiguetes Entertainment.

Sin embargo, y pese al reclamo comercial del 3D, Torrente ya no es en esta película un policía corrupto, sino un superviviente patético que refleja los peores instintos de una sociedad acorralada. En ese sentido, bajo los chistes de fluidos corporales late una crítica feroz. Y es que la "Crisis Letal" a la que alude el título no es sólo la del propio personaje, sino la de un país sumido en el desempleo y la pérdida de valores. De ahí que incurra continuamente en la autoparodia (con alusiones a anécdotas de anteriores entregas, como la del tenedor de plástico) y que abuse del recurso de hacer desfilar, desde Belén Esteban hasta el cantante Francisco (en funciones de villano), a los rostros más conocidos del famoseo mediático.



domingo, 10 de mayo de 2026

Torrente 3: El protector (2005)




Director: Santiago Segura
España, 2005, 91 minutos

Torrente 3: El protector (2005)


La tercera entrega de la saga Torrente presentaba al ex miembro de la policía volviendo a formar parte del Cuerpo, esta vez al frente de una misión cuyo objetivo radica en preservar la integridad física de la eurodiputada ecologista Giannina (Yvonne Sciò). Planteamiento que parodiaba el argumento de cintas hollywoodenses como El guardaespaldas (Mick Jackson, 1992) y para la que Santiago Segura contó con la participación amistosa, en forma de cameo, de celebridades internacionales de la talla de Oliver Stone o John Landis. Como también Íker Casillas, Fernando Torres y otros futbolistas del momento.

Como secundarios a las órdenes del peculiar agente destacan dos pesos pesados de la comedia patria: José Mota y Javier Gutiérrez, encargados de dar vida, respectivamente, al inefable Josito y al esforzado agente Solís. Completaban el reparto una variopinta galería de personajes, a cuál más tronado, en la que sobresalen el Risitas, Carlos Latre o Fabio Testi en el papel de Montellini. Y es que la trama, de hecho, se siente a veces como una sucesión de sketches hilados por la presencia de famosos, más que como una historia sólida con desarrollo de personajes.



Aparte del hecho innegable de que, tras el éxito estratosférico de las dos primeras entregas, la fórmula comenzaba a mostrar síntomas de agotamiento, Segura regresó con un presupuesto de 5 millones de euros y una maquinaria de marketing sin precedentes en el cine español de la época que convertía a su personaje en icono de consumo masivo. Así pues, José Luis Torrente se vuelve más "caricatura" que nunca, de modo que, aunque la suciedad física y moral sigue ahí, el guion se apoya más en el slapstick y en la escatología pura que en la crítica social subterránea de 1998.

Sin embargo, y a pesar de recibir críticas mixtas que la tacharon de "innecesaria" o "excesiva", ésta fue un éxito rotundo de público, recaudando más de 18 millones de euros. Una película, en definitiva, diseñada para fans, que llevaba al límite la grosería y el espectáculo. Lo cual no es óbice para que, aun careciendo de la frescura y la mala leche política de la primera parte, siga siendo una pieza fundamental para entender el cine comercial español de principios de los 2000 y la figura de Santiago Segura como "Rey Midas" de la taquilla.



jueves, 7 de mayo de 2026

Torrente 2: Misión en Marbella (2001)




Director: Santiago Segura
España, 2001, 99 minutos

Torrente 2: Misión en Marbella (2001)


El éxito en taquilla de la primera entrega de Torrente motivó esta secuela, ambientada en la Marbella ostentosa de Jesús Gil, quien por aquel entonces, a principios del siglo XXI, encarnaba el summum de la España hortera y corrupta. Y enseguida se percibe que los ingredientes de los que se sirve Santiago Segura obedecen a la misma fórmula que le ha valido el favor del público en sucesivas reediciones de las andanzas del "brazo tonto de la ley": chistes soeces, comentarios abiertamente misóginos y un cutrerío casposo y grasiento que, en definitiva, constituye la esencia de la franquicia. Sin la chispa contracultural, conviene matizar, que quizá tenía el personaje en sus orígenes.

Por otra parte, los títulos de crédito a lo James Bond (con tema musical, por cierto, interpretado por el mítico Raphael) ponen de manifiesto la apuesta decididamente espectacular de una producción con voluntad de rendir homenaje a los clásicos del cine popular, si bien pasados por el tamiz de la parodia de brocha gorda. Que, en todo caso, y al margen de consideraciones de orden artístico, se beneficia de un mayor presupuesto, respecto a la primera entrega, con explosiones, persecuciones y una estética inspirada en los tópicos habituales en torno a los devaneos de la jet set en la Costa del Sol.



Gabino Diego, como Cuco, representa el contrapunto perfecto gracias a su interpretación de drogadicto con buen corazón pero pocas luces, mientras que Torrente sigue siendo tan racista, misógino y fantasmón como siempre. En cambio, José Luis Moreno da vida a un malvado de opereta, dispuesto a destruir la ciudad lanzando misiles por doquier, que encaja perfectamente en el tono caricaturesco del filme.

Vista con los ojos de hoy en día, el humor de Torrente puede resultar, en ocasiones, una barrera difícilmente asumible. Sin embargo, para entender la película hay que aplicar la teoría del espejo deformante. Así pues, Torrente no representaría tanto un modelo a seguir, sino una caricatura de los peores vicios de una parte de la sociedad española, la del "pelotazo" y la brillantina, por lo que, al reírnos de él, nos reímos de lo que no queremos llegar a ser. A fin de cuentas, la trama de espionaje no es más que un pretexto para dar cabida a los chistes y a la infinidad de cameos marca de la casa.



miércoles, 6 de mayo de 2026

Torrente: El brazo tonto de la ley (1998)




Director: Santiago Segura
España, 1998, 97 minutos

Torrente: El brazo tonto de la ley (1998)


Más que por su discutible calidad cinematográfica, la saga Torrente ha llegado a convertirse en un auténtico fenómeno sociológico. Su creador e intérprete, el mismo Santiago Segura que había saltado a la fama tres años antes, de la mano de Álex de la Iglesia, gracias al papel de heavy en El día de la bestia (1995), se metió en la piel de un ex agente corrupto, misógino e hincha del Atlético de Madrid cuyos aires de típico garrulo han dado pie, a lo largo de los años y seis entregas (la última de las cuales todavía en cartelera), a todo tipo de memes.

Además de sentar las bases de sus sucesivas reencarnaciones, Torrente: El brazo tonto de la ley (1998) contó en su reparto con la presencia de grandes secundarios (Javier Cámara, Chus Lampreave…), aparte de rescatar del olvido a viejas glorias como Tony Leblanc, encargado de dar vida, pese a las limitaciones de su delicado estado de salud, al padre del protagonista.



Sin embargo, si hay un rasgo que caracteriza la puesta en escena de ésta y posteriores continuaciones de la franquicia es la enorme cantidad de cameos que contiene. Así pues, podemos ver, entre muchos otros, a Fernando Trueba haciendo de cura o a Javier Bardem en el rol de quinqui de bar. Una larguísima nómina de celebridades en la que tuvieron también cabida estrellas televisivas como Andreu Buenafuente o Cañita Brava, este último reclamándole a Torrente 6000 pesetas de güisqui, gag que tendría continuidad posteriormente, ya en forma de autocita o incluso autoparodia.

El debut cinematográfico de Santiago Segura como director no solo reventó la taquilla, sino que creó un icono cultural que camina por la fina línea entre la sátira brillante y el "cuñadismo" más puro. Y es que no estamos únicamente ante una película, sino ante el espejo deformante en el que España se miró a finales de los 90 y en el que, sorprendentemente, se reconoció. Parodia del cine de acción estadounidense (al estilo de Cobra o Harry el Sucio), pero trasladada a la mugrienta realidad de Carabanchel, es asimismo políticamente incorrecta y técnicamente sólida. Aunque sus secuelas derivaron hacia un espectáculo más comercial y de brocha gorda, la cinta original de 1998 permanece como un éxito popular de la comedia negra española.



martes, 10 de septiembre de 2024

Bienvenido a casa (2006)




Director: David Trueba
España, 2006, 118 minutos

Bienvenido a casa (2006) de David Trueba


La condición de autor de David Trueba queda sobradamente probada cuando a lo largo de su ya extensa filmografía insiste en lugares comunes que denotan un afán por subrayar determinados aspectos que le obsesionan particularmente. Buena prueba de ello la encontramos, por ejemplo, en unas líneas de Bienvenido a casa (2006) en las que el cineasta aprovecha para poner en boca de don Vicente (Vicente Haro), justo en el momento de jubilarse, la máxima siguiente: "La vida es un fracaso espléndido; es como un perro: primero te lame los zapatos y luego te muerde la pierna y te devora y no queda nada de ti". Palabras que, aproximadamente, repite el personaje de Jorge Sanz en la reciente El hombre bueno (2024).

En cualquier caso, es ésta una película que transita entre lo cómico y lo dramático, con la mira puesta en unos personajes cuyas vidas quedaron encalladas en una eterna adolescencia de la que o no saben o no quieren salir. En ese orden de cosas, Samuel (Alejo Sauras) encarna la figura de un típico chico de provincias que se traslada a Madrid en busca de una oportunidad profesional, pero también huyendo de una madre excesivamente posesiva (Concha Velasco) que sigue viéndolo aún como un niño, pese a que Samu y su novia Eva (Pilar López de Ayala) están a punto, ellos mismos, de ser padres de una criatura.



Aparte de la inmadurez y los entresijos que comporta la paternidad, otro de los temas que aborda la cinta gira en torno al mundo del periodismo, toda vez que Samuel, dada su nueva condición de fotógrafo, pasa a formar parte de la redacción de una revista de tirada nacional cuyo director (Carlos Larrañaga), viejo amigo de su madre, adopta desde el principio una actitud inequívocamente paternal hacia él. Sin embargo, lo curioso del asunto es que entre los distintos especímenes que por allí pululan, desde un crítico de cine ciego (Juan Echanove) hasta un comentarista musical bastante happy flower (Javivi), se terminará generando un vínculo muy especial.

Porque, y eso es lo importante, de lo que habla verdaderamente el filme es de lazos entre personas, de la amistad más allá de las diferencias que nos separan y de hasta qué punto la relación de pareja entre los protagonistas, enrarecida por los sobresaltos del embarazo y los cantos de sirena de Sandra (Ariadna Gil) y Nieves (Juana Acosta), saldrá reforzada tras rozar lo que parecía una ruptura irreversible.



domingo, 8 de septiembre de 2024

Obra maestra (2000)




Director: David Trueba
España, 2000, 115 minutos

Obra maestra (2000) de David Trueba


La escena inicial de Obra maestra (2000) marca el contraste entre fantasía y realidad que preside las vidas de sus protagonistas, Carolo (Pablo Carbonell) y Benito (Santiago Segura), dos cinéfilos frikis que aspiran a rodar una película con la mejor actriz española del momento. Aunque su carta de presentación ("juventud, frescura y una mirada nueva") no convencerá lo más mínimo a la arisca Amanda Castro (Ariadna Gil), quien los echa airadamente de su camerino. De modo que, a falta de otra alternativa, deciden secuestrarla...

Escatológico y voluntariamente cutre, el segundo largometraje que dirigía David Trueba plantea, sin embargo, una interesantísima reflexión de fondo a propósito de las servidumbres y sacrificios que comporta la fama. A este respecto, conforme avance la acción irá quedando cada vez más claro que tampoco hay tanta diferencia entre la diva consagrada, pero profundamente infeliz, y la pareja de pardillos que se proponen lograr el estrellato a su costa.



Comedia oscura, así pues, magníficamente fotografiada por Javier Aguirresarobe, cuyos personajes se empeñan, contra viento y marea, en seguir adelante con una aventura disparatada pese a la escasez de medios de la que disponen, lo cual convierte en pura heroicidad el proceso de rodaje de una cinta que acabará siendo de todo menos magistral.

Aparte de satirizar ciertos aspectos del cine español, siempre pendiente de subvenciones y milagros que subsanen las proverbiales estrecheces económicas de una industria raquítica, el guion de Trueba giraba también en torno a temas tan variados como la amistad que une a Benito y Carolo, más visionario el uno y ejecutante el otro, o la decadencia de una intérprete que, independientemente del gradual síndrome de Estocolmo que desarrolle hacia sus raptores, es sobre todo y por encima de todo víctima de las muchas adicciones que padece.



sábado, 24 de agosto de 2024

La niña de tus ojos (1998)




Director: Fernando Trueba
España, 1998, 121 minutos

La niña de tus ojos (1998) de Fernando Trueba


La abundancia de apellidos checos en los títulos de crédito de La niña de tus ojos (1998) delata el lugar donde se rodó realmente una película que, sin embargo, situaba su acción en la Alemania nazi. Episodio verídico, como todo el mundo sabe, en el que se recrea la producción, auspiciada por el mismísimo Goebbels, de un filme folclórico de temática andaluza, Carmen la de Triana (1938), en los estudios UFA y en doble versión hispanogermana, mientras en España continuaba la contienda civil. Huelga decir que el personaje de Macarena Granada, interpretado por Penélope Cruz, se inspiró en Imperio Argentina, mientras que el director Blas Fontiveros (Antonio Resines) sería el trasunto de Florián Rey.

Con guion de, entre otros, Rafael Azcona y David Trueba, la cinta se desarrolla según los parámetros de una comedia coral cuyos papeles principales recaen sobre una nutrida selección de intérpretes en la que destacan nombres de la talla de Jorge Sanz, dando vida al galán y "herido" de guerra Julián Torralba, Rosa Maria Sardà, Santiago Segura, Loles León, Jesús Bonilla o Neus Asensi. También en papeles secundarios, más esporádicos, intervienen María Barranco, como la fogosa señora del embajador franquista (Juan Luis Galiardo) y hasta la mítica Hanna Schygulla haciendo de esposa del influyente ministro Goebbels (Johannes Silberschneider).



Tanto el tono general como el trasfondo de la trama pudieran recordar en determinados momentos a los de la italiana La vita è bella (1997), de Roberto Benigni, que un año antes había arrasado en la edición de los Óscar y cuya comicidad encubría también acontecimientos tristemente dramáticos. Así, por ejemplo, los extras que participan en el rodaje de la película son, en realidad, famélicos prisioneros judíos procedentes de un campo de exterminio, lo cual dará pie a alguna que otra situación tensa, sobre todo a medida que la temperamental Macarena se sienta atraída por un apuesto recluso de nacionalidad rusa (Karel Dobrý).

Por lo demás, la acción se desarrolla según los parámetros de lo que constituye un sentido homenaje al mundo de la farándula, y en especial a una generación de artistas españoles, pero en el que también tienen cabida guiños al cine clásico, como ese desenlace en la pista de un aeropuerto que tanto recuerda al final de Casablanca (1942). Siete premios Goya, de un total de dieciocho nominaciones, coronaron el éxito de un filme que, años después, sería objeto de su propia secuela con prácticamente el mismo elenco protagonista y bajo el título de La reina de España (2016).



viernes, 23 de agosto de 2024

La reina de España (2016)




Director: Fernando Trueba
España, 2016, 128 minutos

La reina de España (2016) de Fernando Trueba


La gradual popularidad de la que ha sido objeto La niña de tus ojos (1998), uno de los títulos de mayor éxito comercial en la filmografía del director Fernando Trueba, llevó a que el cineasta madrileño proyectase una secuela con el mismo elenco de actores. Sin embargo, aquello de que "segundas partes nunca fueron buenas" parece cumplirse con La reina de España (2016), irregular continuación de las andanzas de unos personajes que, después de haberse visto inmersos en mil y una correrías en la Alemania nazi, se reencuentran al cabo de los años con motivo de una producción histórica auspiciada por los americanos.

Han transcurrido alrededor de un par de décadas y Macarena Granada (Penélope Cruz) es ahora una reputada estrella de Hollywood que regresa a la que fuera su patria para protagonizar un filme en el que interpreta a Isabel la Católica. Aunque la verdadera sorpresa se la va a llevar el resto del equipo cuando, procedente de Francia, regresa el añorado Blas Fontiveros (Antonio Resines), a quien todos daban por muerto.



Uno de los principales atractivos del guion de Trueba reside en la gran cantidad de guiños y referencias cinéfilas que encierra, tanto en los diálogos como en la propia ambientación. Así pues, los numerosos carteles de películas que adornan las paredes, por ejemplo el de El malvado Carabel (1956) de Fernán-Gómez, ayudan a contextualizar el momento exacto en el que tiene lugar la acción. Como lograda resulta, por otra parte, la alusión indirecta a determinados mitos cuyo trasunto, caso del alcoholizado John Scott (Clive Revill), remedo de John Ford, remite a la época dorada del séptimo arte.

Independientemente de que su propuesta no gozase de excesiva aceptación por parte de público y crítica, lo cierto es que el mayor del clan Trueba reunió a un buen puñado de nombres ilustres (Jorge Sanz, Javier Cámara, Rosa Maria Sardà, Ana Belén, Loles León, Neus Asensi, Santiago Segura...), aparte de otras tantas celebridades (Arturo Ripstein o hasta Bayona) que se prestaron a interpretar pequeños papeles o incluso fugaces cameos. En resumen, todo un all star al servicio de una trama tan rocambolesca como deliberadamente inverosímil, con rescate incluido en el Valle de los Caídos, que culmina con la visita del mismísimo Caudillo (Carlos Areces) al rodaje y el memorable duelo dialéctico que entabla con la protagonista.



lunes, 28 de febrero de 2022

Gente en sitios (2013)




Director: Juan Cavestany
España, 2013, 79 minutos

Gente en sitios (2013) de Juan Cavestany


Escenas inconexas de la vida cotidiana con un ligero toque de humor absurdo: casi una década después del estreno de Gente en sitios (2013) la película del madrileño Juan Cavestany mantiene intacta la chispa que en su momento la hizo convertirse en título de culto del cine español de los últimos años. La fórmula, consistente en reclutar a lo bueno y mejor de entre los intérpretes nacionales para rodar, a salto de mata, un proyecto alternativo, coral y sin un argumento definido, dio sus frutos en forma de premios y éxito de crítica.

Procedente del mundo teatral, Cavestany coquetea en su puesta en escena con un abanico de posibilidades que van desde el simple gag (el tipo que acaba en el interior del maletero de un coche; el padre obligado por un cámara de televisión a repetir, una y otra vez, cómo recoge a su hijo de la guardería...) hasta intrincadas e inquietantes atmósferas a lo David Lynch. No en vano, una de las secuencias ("El puente") está basada en un relato de Kafka.



Por momentos se roza, asimismo, el suspense de un cuento de terror, como en el caso de la joven pareja (Irene Escolar y Martiño Rivas) que se ve envuelta en los extraños tejemanejes de un falso agente inmobiliario (Ernesto Alterio), aunque hay también espacio para la disertación filosófica gracias a la presencia de un por entonces desconocido Juan Carlos Monedero, quien habla de esto, de lo otro y de lo de más allá desde el asiento trasero de un taxi.

¿Y qué decir de la esposa desconsolada (Nuria Gallardo) que opta por un trasplante de rostro para llamar la atención de su marido? ¿O de la pareja que acude a la consulta de un cirujano plástico interesándose por unos implantes mamarios? ¿Qué, pensar, por último, de esos tipos que han olvidado cómo se camina, cómo beber de un vaso o simplemente cómo conciliar el sueño? ¿De verdad estamos ante una comedia? ¿O se trata, más bien, de un filme tan espeluznante como la vida misma?



sábado, 18 de diciembre de 2021

París Tombuctú (1999)




Director: Luis García Berlanga
España, 1999, 113 minutos

París Tombuctú (1999) de García Berlanga


La consulta médica en la que arranca la acción de París Tombuctú (1999) remite directamente al personaje que interpretaba Michel Piccoli en Tamaño Natural (1974). Y no es la única referencia explícita a otros títulos de la filmografía berlanguiana, teniendo en cuenta el carácter testamentario de una película que aspiraba a condensar los elementos más característicos de la carrera del director valenciano. Por eso la localidad en la que transcurren la mayor parte de los hechos se llama Calabuch (los exteriores, evidentemente, se rodaron en Peñíscola). 

Parte importantísima de ese universo es, asimismo, la sexualidad, por lo que el viejo erotómano no se cortó ni un pelo a la hora de filmar desnudos a varios de sus protagonistas, ya fuesen Concha Velasco, Juan Diego o el propio Piccoli. Aunque esa España al borde del nuevo milenio, que sigue siendo, en buena medida, un país de horteras redomados que lo mismo participan en los desfiles de moros y cristianos que elevan a Manolete a los altares, se ha convertido, al mismo tiempo, en una sociedad de parques temáticos.



Ajeno a cuanto ocurre a su alrededor, Michel se refugia en un rincón del Mediterráneo desde el que planea huir de sí mismo rumbo hacia la nada. Ardua tarea para un hombre desengañado que intenta sin éxito quitarse la vida mientras los vecinos del lugar celebran la Nochevieja bajo el atronador colorido de un castillo de fuegos artificiales.

Ecos libertarios teñidos de pesimismo constituyen la nota predominante de una comedia coral, la enésima de su producción cinematográfica, con la que Berlanga se despedía de las pantallas tras más de cuarenta años de profesión. El último plano (una valla publicitaria del toro de Osborne bajo la que alguien ha escrito "Tengo miedo") no deja lugar a dudas sobre la desesperanza por parte de alguien que se sabe a las puertas de otra realidad que ya no será la suya.



domingo, 6 de diciembre de 2020

Acción mutante (1993)




Director: Álex de la Iglesia
España/Francia, 1993, 90 minutos

Acción mutante (1993) de Álex de la Iglesia


Con estupor y cierto recelo recibían los espectadores del 93 este particular engendro llamado Acción mutante. ¿Qué hacían los hermanos Almodóvar produciendo una película en apariencia tan alejada del sello que les había valido el reconocimiento internacional? Muchos no lo entendieron. Como tampoco la caracterización de Antonio Resines, transformado en el execrable Ramón Yarritu, se ajustaba a la imagen que el público se había forjado del actor, célebre hasta entonces por sus papeles secundarios en tantísimas comedias madrileñas. Y así, hubo que esperar un par de años para que, tras el éxito arrollador de El día de la bestia (1995), quedase meridianamente claro que Álex de la Iglesia no sólo había venido para quedarse, sino que estaba llamado a ser uno de los autores más singulares de su generación.

Inaudita y excesiva, la parodia distópica que aquí se plantea gira en torno a las andanzas de un grupúsculo terrorista integrado por adefesios cuyo objetivo es atentar contra un industrial millonario (Fernando Guillén) al que le secuestran la hija en pleno bodorrio. Aunque, aquejada por el síndrome de Estocolmo, la bella Patricia (Frédérique Feder) sentirá mayor atracción hacia sus raptores que no por regresar a los brazos del novio ultrajado (Quique San Francisco) o a la opulencia de la familia Orujo.



Tras una accidentada odisea espacial a bordo del Virgen del Carmen, una ruinosa nave pesquera que bien pudiera recordar remotamente a la de Alien (1979), la banda se refugia en el inhóspito planeta Axturiax, habitado por mineros locos y donde, aparte de la propia Patricia Orujo, la presencia de mujeres es nula. De modo que puede imaginarse el revuelo que se armará cuando sus míseros residentes vean aparecer por aquellos andurriales a la rica heredera de la mano de Ramón.

Buena parte de las constantes habituales en el imaginario de Álex de la Iglesia estaban ya presentes en ésta su ópera prima. En ese sentido, Acción mutante bebe del estilo visual del cómic, pasado por el tamiz de algo profundamente autóctono que se deja notar, por ejemplo, en la llaneza de los diálogos o en ese toque vasco que le da Karra Elejalde a su personaje cuando, pertrechado con una chapela, intenta convencer al aduanero sideral de que se dirigen a Ganímedes con un cargamento de veinticuatro mil toneladas de pescado congelado: "Delicias de merluza, croquetas de bacalao y tronquitos de cangrejo y así..."



viernes, 10 de agosto de 2018

El oro de Moscú (2003)
















Director: Jesús Bonilla
España, 2003, 100 minutos

El oro de Moscú (2003) de Jesús Bonilla

Hay proyectos que, por más que partan de un guion medianamente aceptable y un reparto repleto de viejas glorias, difícilmente podrán dar como resultado una película relevante. Y todo por la sencilla razón de que han nacido fuera de tiempo (del tiempo que les correspondería dada su naturaleza, se entiende).

He ahí el caso de El oro de Moscú, comedia coral a la antigua usanza concebida y dirigida por el actor Jesús Bonilla. De haberse estrenado en la época de Atraco a las tres (1962) habría sido, tal vez, un filme como mínimo estimable (pese a que la censura no hubiese permitido ni la mitad de cosas que en él se cuentan, pero bueno...) y hoy sería considerado, por mor del valor añadido que otorga el paso de los años, un documento de primer orden para saber cómo era la sociedad española de aquel entonces.



Rodarla, en cambio, en 2003 ni tiene perdón ni sentido, más allá de una cierta nostalgia que no justifica nada. Ver a López Vázquez, Pajares o Sancho Gracia en sus últimos papeles da más pena que gusto, por no hablar de Alfredo Landa que, aunque está muy creíble como redomado franquista, carece ya de la vis cómica que antaño caracterizara sus actuaciones.

Con su humor chabacano y la presencia de Santiago Segura, lo que debía ser una trama con una base pretendidamente histórica se acaba convirtiendo en un producto en la estela de la saga Torrente, iniciada en 1998, o de series televisivas tipo Aquí no hay quien viva o La que se avecina. En cualquier caso, como parece ser que todo lo expuesto no impidió que la película fuese más o menos bien en taquilla, El oro de Moscú tuvo, años después, su correspondiente secuela, titulada La daga de Rasputín (2011).


sábado, 12 de agosto de 2017

Las brujas de Zugarramurdi (2013)




Director: Álex de la Iglesia
España/Francia, 2013, 112 minutos

Las brujas de Zugarramurdi (2013)


Al incorregible y siempre excesivo Álex de la Iglesia le dio por arrancar Las brujas de Zugarramurdi (2013) con una escena que recuerda al inicio de Macbeth: un grupo de nigrománticas arrojando ingredientes al interior de una negra marmita pestilente. Pero ni de la Iglesia es Orson Welles ni sus películas obras maestras indiscutibles. Tendrán momentos más o menos acertados, podrán ser todo lo divertidas que se quiera (eso nadie se lo discute), pero el cine, el CINE con mayúsculas, debería ser otra cosa.

A la vista de los diálogos, de la estética o incluso de algunos actores de los que se rodea, queda claro que con una película de estas características buscaba un perfil de espectador muy de la calle (o muy de bar: no en vano, su último filme estrenado se titula precisamente así). Todo ello absolutamente respetable. Lo malo es que, en este país, cuando se busca de forma tan deliberada conectar con los sectores del público más populares se corre el riesgo de que el resultado final se parezca peligrosamente a las parodias televisivas de Los Morancos o de José Mota (quien, por cierto, trabajó a las órdenes del director en La chispa de la vida, 2011). Ése es el tono en Las brujas de Zugarramurdi, por lo menos el del humor utilizado.



Ahora bien: si el objetivo era dotar a la peli de un ritmo trepidante, sin duda que lo consigue. Por lo menos hasta la escena del aquelarre, momento en el que la canción "Baga biga higa" de Mikel Laboa interrumpe un tanto la acción. Con todo, hay que reconocer que es impactantemente soberbia la irrupción de la venus de Willendorf gigante (los efectos especiales de Arenas, Molina y Rodríguez lo son en general), poniéndose a la altura de títulos como El laberinto del Fauno (2006).

En fin, es lo que tiene Álex de la Iglesia: un estilo muy definido que o te chifla o no lo soportas. Así, sin término medio. Le pasa como a Tarantino (otro que tal baila), seguramente uno de sus directores de referencia. En cualquier caso, y obviando lo hasta aquí expuesto, ver a Carmen Maura o a la recientemente desaparecida Terele Pávez subirse por las paredes o caminar por los techos como si nada ya sería suficiente motivo para darle una oportunidad a una película que, quizá por algo, se llevó en su momento ocho Goyas de diez nominaciones.

Terele Pávez (1939-2017)