Directores: Wolfgang Reitherman y David Hand
EE.UU., 1973, 83 minutos
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| Robin Hood (1973) |
También la factoría Disney quiso sumarse a la larga nómina de versiones que han dado de sí las aventuras del mítico arquero de Sherwood y sus Merry Men. Que aquí, reutilizando por enésima vez una fórmula de éxito marca de la casa, adquirían la misma apariencia medio animal medio antropomorfa que ya habían ensayado con notable acierto en otras cintas de animación como El libro de la selva (1967) o Los aristogatos (1970).
No obstante, uno de los elementos más llamativos en este Robin Hood (1973) es el innegable aire de wéstern que se aprecia, por ejemplo, en la sonoridad country de las melodías entonadas por el gallo Allan-a-Dale (a quien prestó su voz Roger Miller). Circunstancia, ésta, subrayada por la presencia en el reparto de otros muchos intérpretes especializados en dicho subgénero cinematográfico. Así pues, Pat Buttram dobla al Sheriff de Nottingham, Andy Devine al orondo Fraile Tuck, Ken Curtis hace de Nutsy y George Lindsey de Trigger. Lo cual se debería al hecho de que, en un primer momento de la producción, se llegó a barajar la posibilidad de que la trama se situase en el lejano Oeste.
Por otra parte, el equipo de guionistas se inspiró en el célebre Roman de Renart (conjunto de poemas en francés datados entre los siglos XII y XIII) a la hora de atribuirle a Robin (Brian Bedford) una apariencia de zorro que encajaba a la perfección con la astucia propia del personaje. En esa misma línea, el hercúleo Little John (Phil Harris) es un oso que recuerda al Baloo al que el mismo actor ya había puesto voz en la susodicha The Jungle Book. Aunque, si hay una figura que destaca por encima del resto, ése es Peter Ustinov (1921-2004), cuya interpretación del Príncipe Juan (un leoncillo ridículo) contribuye a reforzar el carácter avaro y pueril del regente, siempre acompañado del sibilino sir Hiss (Terry-Thomas).
Animalización que, al mismo tiempo y en consonancia con el espíritu Disney (por aquel entonces en horas bajas, todo hay que decirlo), fue a su vez un musical en el que, aparte de contribuir el ya mencionado Roger Miller, se incluía también un animado tema de Johnny Mercer ("The Phony King of England"), así como la balada romántica "Love", de Floyd Huddleston y letra de George Bruns, que optaría al Óscar a la Mejor Canción.
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