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sábado, 11 de febrero de 2023

Robin Hood (1973)




Directores: Wolfgang Reitherman y David Hand
EE.UU., 1973, 83 minutos

Robin Hood (1973)


También la factoría Disney quiso sumarse a la larga nómina de versiones que han dado de sí las aventuras del mítico arquero de Sherwood y sus Merry Men. Que aquí, reutilizando por enésima vez una fórmula de éxito marca de la casa, adquirían la misma apariencia medio animal medio antropomorfa que ya habían ensayado con notable acierto en otras cintas de animación como El libro de la selva (1967) o Los aristogatos (1970).

No obstante, uno de los elementos más llamativos en este Robin Hood (1973) es el innegable aire de wéstern que se aprecia, por ejemplo, en la sonoridad country de las melodías entonadas por el gallo Allan-a-Dale (a quien prestó su voz Roger Miller). Circunstancia, ésta, subrayada por la presencia en el reparto de otros muchos intérpretes especializados en dicho subgénero cinematográfico. Así pues, Pat Buttram dobla al Sheriff de Nottingham, Andy Devine al orondo Fraile Tuck, Ken Curtis hace de Nutsy y George Lindsey de Trigger. Lo cual se debería al hecho de que, en un primer momento de la producción, se llegó a barajar la posibilidad de que la trama se situase en el lejano Oeste.



Por otra parte, el equipo de guionistas se inspiró en el célebre Roman de Renart (conjunto de poemas en francés datados entre los siglos XII y XIII) a la hora de atribuirle a Robin (Brian Bedford) una apariencia de zorro que encajaba a la perfección con la astucia propia del personaje. En esa misma línea, el hercúleo Little John (Phil Harris) es un oso que recuerda al Baloo al que el mismo actor ya había puesto voz en la susodicha The Jungle Book. Aunque, si hay una figura que destaca por encima del resto, ése es Peter Ustinov (1921-2004), cuya interpretación del Príncipe Juan (un leoncillo ridículo) contribuye a reforzar el carácter avaro y pueril del regente, siempre acompañado del sibilino sir Hiss (Terry-Thomas).

Animalización que, al mismo tiempo y en consonancia con el espíritu Disney (por aquel entonces en horas bajas, todo hay que decirlo), fue a su vez un musical en el que, aparte de contribuir el ya mencionado Roger Miller, se incluía también un animado tema de Johnny Mercer ("The Phony King of England"), así como la balada romántica "Love", de Floyd Huddleston y letra de George Bruns, que optaría al Óscar a la Mejor Canción.



viernes, 6 de enero de 2023

Los arqueros del rey (1952)




Título original: The Story of Robin Hood and his Merrie Men
Director: Ken Annakin
Reino Unido/EE.UU., 1952, 84 minutos

Los arqueros del rey (1952)


Dos años después de haber dado el salto al cine con actores de carne y hueso gracias a una adaptación de La isla del tesoro (1950), la todopoderosa Disney volvía a la carga apostando ahora por la enésima puesta al día del príncipe de los ladrones. A este respecto, The Story of Robin Hood and his Merrie Men (1952) destaca por sus excelentes decorados así como por una primorosa fotografía en Technicolor. Puede presumir además, dato curioso, de ser de las pocas películas de la saga cuyos exteriores se rodaron realmente en el auténtico bosque de Sherwood.

En cuanto al guion, obra de Lawrence Edward Watkin, éste se centra en lo que, de acuerdo con la terminología propia de los poemas épicos, podría denominarse como las "mocedades" del héroe. Así pues, el argumento arranca con un casi adolescente Robin (Richard Todd) ejercitando su puntería en las inmediaciones de Huntingdon. Y aunque lleva una existencia de lo más apacible, en la que comienzan los primeros flirteos con Marian (Joan Rice), la repentina muerte de su padre, asesinado por la espalda cuando ambos regresaban de participar en un concurso de tiro, le llevará a convertirse en un proscrito, líder de una banda de forajidos sedientos de venganza contra los desmanes del príncipe Juan.

"Take off your hood!"


Aunque lo cierto es que el regente, hombre de modales exquisitos (interpretado por Hubert Gregg), delega buena parte del trabajo sucio en el perverso condestable de Nottingham (Peter Finch), al que los Merrie Men no dudarán en dar su merecido.

Aparte de los habituales lugares comunes en torno al legendario arquero que no pueden faltar en cada entrega de la franquicia, desde la marcha a las cruzadas de Ricardo Corazón de León hasta el amistoso duelo a bastonazos entre el protagonista y Little John (James Robertson Justice), esta nueva revisión contenía diversas baladas a cargo de un juglar que ameniza la trama con su estilo vagamente country, sin duda otro ejemplo más de cómo este tipo de producciones, pretendidamente históricas, se valían, sin embargo, del lenguaje del wéstern para llegar al gran público.

El fraile Tuck (James Hayter) sorprendido por Robin


lunes, 18 de julio de 2016

Mi amigo el gigante (2016)




Título original: The BFG
Director: Steven Spielberg
Reino Unido/Canadá/EE.UU., 2016, 117 minutos

Mi amigo el gigante (2016) de Steven Spielberg


Disney + Spielberg + Roald Dahl = The BFG. Tenía que ser en el año del centenario del nacimiento del escritor galés. Y la suma de factores da como resultado una película ampliamente imaginativa, pero en la que se aprecian, además (forzoso es reconocerlo), elementos ya presentes en las sagas de Harry Potter o de El señor de los anillos e incluso Star Wars: incomprendidos niños con gafitas de la gris Inglaterra que se refugian en su mundo de fantasía, personajes imaginarios y gigantescos que hablan un idiolecto plagado de palabros... Todo en Mi amigo el gigante obedece a unos parámetros estándar, unas fórmulas cuyo éxito ha sido sobradamente probado, en definitiva, una suerte de déjà vu que poco puede sorprendernos. 

Se podrá decir que el imaginario de Dahl es más profundo que el de J.K. Rowling: bueno, cuestión de gustos. Se podrá alabar el despliegue de medios y la buena factura de una producción técnicamente impecable: sí, sí, si nadie lo pone en duda. Se podrán argumentar mil y una excusas para justificar un tipo de cine que busca el éxito de masas por encima de todo: de acuerdo, y ello es perfectamente legítimo. Pero, por favor: que no nos vengan a estas alturas con el rollo de la genialidad y todas esas mandangas porque este The BFG es de todo menos original. Y a quien le gusten o le hagan gracia los gases de Isabel II, pues con su pan se los coma...



Lo que sí que es una experiencia que vale enormemente la pena es ver la película en el cine Phenómena de Barcelona, con ese pantallazo interminable en el que los gigantes son todavía más gigantes. La verdad es que llevábamos tiempo queriendo vivir la experiencia en primera persona y hoy, por fin, hemos tenido ocasión de hacerlo.