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sábado, 3 de julio de 2021

Tacones lejanos (1991)




Director: Pedro Almodóvar
España/Francia, 1991, 112 minutos

Tacones lejanos (1991) de Almodóvar


La trompeta de Miles Davis y unos imaginativos créditos iniciales nos dan la bienvenida en Tacones lejanos (1991), coproducción hispanofrancesa cuyo título, en la consabida línea cinéfila de Almodóvar, remite al wéstern de Raoul Walsh Tambores lejanos (Distant Drums, 1951). Mitómano como pocos, el director manchego toma de aquí y de allá múltiples influencias para confeccionar uno de sus melodramas extremos, mitad cómico mitad trágico, con la mira puesta en indagar sobre la relación madre-hija y otros temas por el estilo.

Tras residir varios años en Méjico, la afamada cantante Becky del Páramo (Marisa Paredes) regresa a Madrid, donde retoma la relación con Rebeca (Victoria Abril), la niña de la que, en su día, se separó para proseguir una exitosa carrera en América y que ahora, al cabo de tanto tiempo, es ya toda una mujer, casada, para más inri, con un antiguo novio de la madre...



Amante de las historias truculentas, Almodóvar transita por un terreno que le resulta especialmente grato: la trama policíaca. Aderezada, como en él suele ser habitual, con elementos kitsch marca de la casa que van desde el ingreso de la protagonista en una cárcel de mujeres (donde tendrá lugar la célebre coreografía de Bibiana Fernández en el patio de la prisión) hasta la presencia de una enardecedora transformista que responde al enigmático nombre de Femme Letal (Miguel Bosé).

Aunque hay también momentos de marcado acento bufo (por ejemplo, el noticiario, un tanto accidentado, de la cadena Tele-Siete) como no podía ser menos tratándose de una película escrita por uno de los cineastas más heterodoxos de todos los tiempos. Actitud rompedora que contrasta, sin embargo, con el enorme éxito de crítica y de público alcanzado, por éste y otros filmes, a lo largo de su ya extensa carrera. Popularidad que, en lo que a Tacones lejanos se refiere, se asocia, generalmente, con la voz de Luz Casal cantando los temas "Piensa en mí" y "Un año de amor".



domingo, 21 de abril de 2019

El caballero del dragón (1985)




Director: Fernando Colomo
España, 1985, 88 minutos

El caballero del dragón (1985)
de Fernando Colomo


La que en su día fuese considerada como la película más cara del cine español tiene un reparto que corta la respiración: Harvey Keitel, Klaus Kinski, Fernando Rey, Miguel Bosé, Josep Maria Pou, Julieta Serrano... Cierto que no pasará a la historia como un portento de la ciencia ficción ni del cine histórico o de aventuras (de hecho, no es ninguna de las tres cosas, aunque tiene un poco de todo), pero, aun así, el paso del tiempo le ha dado ese toque kitsch ochentero que hace que hoy sean títulos de culto películas que, como El caballero del dragón, en el momento de su estreno fueron denostadas por público y crítica.

En el fondo, la historia que explica no deja de ser —detalle arriba, detalle abajo— una variación posmoderna en torno a la leyenda de Sant Jordi: basta cambiar la nave espacial y el alienígena por un dragón y... voilà ! A decir verdad, son los propios lugareños quienes transmutan lo uno por lo otro en su obtusa imaginación medieval, si bien, en el desenlace, optarán finalmente por santificar a Ix (Bosé).

Ix (Bosé) junto a Alba (María Lamor)


Por cierto que el cantante, pese a no pronunciar ni una sola palabra durante todo el filme, enfundado en ese traje espacial negro con escafandra, le da un aire a David Bowie que es uno de los encantos principales de su personaje. Luego están Boetius (Kinski), mitad alquimista mitad nigromante; fray Lupo (Fernando Rey), clérigo y manipulador a partes iguales y, por último, Klever (Keitel), caballero advenedizo de la corte del conde (José Vivó).

Aparte de los exteriores rodados en el castillo de Requesens (cerca de La Junquera) y en las minas de Olot, cabe destacar la banda sonora de José Nieto y, de un modo especial, la dirección artística de Félix Murcia, a quien la Filmoteca de Catalunya dedica estos días una exposición que permanecerá abierta al público hasta el próximo mes de junio.


sábado, 9 de abril de 2016

Vera, un cuento cruel (1974)




Directora: Josefina Molina Reig
España, 1974, 90 minutos

Vera, un cuento cruel (1974)


Lo que tú y solo tú representas para mí: renacer, empezar de nuevo a vivir... Como si yo hubiese nacido de ti y tú de mí. Vera, vuelve: siempre lamentaré lo que pudimos decirnos y no nos dijimos. Lo que dejamos de enseñarnos sobre la vida. Estás tan cerca. Solo tú faltas. Te necesito. ¡Te necesito!

La mala suerte parece cebarse con la familia Quiroga, sobre todo desde que falleció la joven esposa de Alfredo (Víctor Valverde). Quizá por ello deciden abandonar su exilio francés para establecerse en el norte peninsular, si bien les servirá de poco...

La necrofilia ha contribuido con grandes obras maestras a la historia del cine: Rebeca (1940) de Hitchcock, La habitación verde (1978) de Truffaut... La cordobesa Josefina Molina Reig (el segundo apellido dejaría de usarlo con los años) debutaba en 1974 en el largometraje con una aportación más al género mortuorio: Vera, un cuento cruel. Aunque, a decir verdad, tres años antes ya había adaptado para Televisión Española el mismo relato del francés Auguste de Villiers de L'Isle-Adam (1838–1889).

En todo caso, en el reparto del que se rodeó la directora descuellan nombres de la talla de Fernando Fernán-Gómez (el mayordomo Roger), Julieta Serrano (María) o Alfredo Mayo (don Juan Manuel), a los que cabría añadir a unos jovencísimos Lucía y Miguel Bosé. En el plano técnico, son igualmente destacables la fotografía de José Luis Alcaine y la música de Román Alís.

Es esta una película de ambientación muy decimonónica, próxima en su estética al terror gótico. Su en teoría protagonista (Alfredo) siente, de hecho, una atracción hacia la difunta Vera similar a la demostrada por otros personajes del mismo periodo: el Edgar Allan Poe del célebre poema en que evoca a Annabel Lee o el Tediato de las Noches lúgubres de José Cadalso. Sin embargo, conforme avance la trama iremos comprobando que el verdadero instigador de todos los males no es otro sino el mismísimo Roger. En realidad, él se siente totalmente legitimado a actuar como lo hace, pues tal y como le espetará a Alfredo, ¿qué son apenas unos años de convivencia comparados con todo el tiempo que el criado ha dedicado al servicio de su señora desde que esta nació?

lunes, 8 de febrero de 2016

Retrato de familia (1976)




Director: Antonio Giménez Rico
España, 1976, 92 minutos

Retrato de familia (1976)
de Antonio Giménez Rico


El establecimiento "Cecilio Rubes. Materiales higiénicos" tenía en 1917 tres amplias vidrieras a la calle, iluminación eléctrica, buena calefacción y un local holgado, atiborrado de enseres sanitarios. Cecilio Rubes era en 1917 un experto negociante, lo que se dice un agudo hombre de negocios, avalado por una tradición de lustros. De niño, Cecilio Rubes no se sentía atraído por los negocios de su padre; a él le hubiese gustado alterar la tradición familiar, dedicarse a una profesión que exigiera más cerebro y más iniciativa, pero Cecilio Rubes dejó pasar los años decisivos, bien porque Cecilio Rubes no fuese lo que se dice un hombre intuitivo y audaz, bien porque el comercio de materiales higiénicos latiese en la sangre de los Rubes con una fatalidad inexorable.

Miguel Delibes
Mi idolatrado hijo Sisí

Bajo el título de Retrato de familia, el director Antonio Giménez Rico adaptaba en los albores de la democracia la novela de Delibes cuyo primer párrafo encabeza estas líneas. Se trata de un filme emparentado con otras producciones que en aquel momento histórico acometían la nada fácil tarea de hablar de la guerra civil española tras cuarenta años de dictadura. Películas como Pim, pam, pum... ¡fuego! (Pedro Olea, 1975), La guerra de papá (Antonio Mercero, 1977), Jo, papá (Jaime de Armiñán, 1975), El amor del capitán Brando (Jaime de Armiñán, 1974), Las largas vacaciones del 36 (Jaime Camino, 1976) o Soldados (Alfonso Ungría, 1978) son solo algunos títulos de una amplia nómina de cintas.

Los papeles principales fueron interpretados por Antonio Ferrandis (Cecilio Rubes), Amparo Soler Leal (Adela Rubes), Mónica Randall (Paulina) y Miguel Bosé (Cécil). Más que tomar partido por un bando o por otro, Retrato de familia pretendía subrayar la ruina que supuso la guerra para una cierta burguesía provinciana que, queriendo mantenerse al margen del conflicto, padeció igualmente las consecuencias. Aunque ello conlleva asimismo el mostrar la decadencia moral de una estirpe en la que los padres, faltos del carácter necesario, malcrían al hijo que a la postre se mostrará desconsiderado con ellos, como lo prueba el hecho de que Cecilio y Cécil compartan amante.

Amparo Soler Leal (Adela) y Antonio Ferrandis (Cecilio)