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lunes, 30 de diciembre de 2024

Oh, Canada (2024)




Director: Paul Schrader
Canadá/EE.UU./Israel, 2024, 91 minutos

Oh, Canada (2024) de Paul Schrader


La insumisión en una sociedad tradicionalmente militarista como la estadounidense debe tener unas connotaciones transgresoras que a nosotros tal vez se nos escapen. El caso es que al veterano Paul Schrader le sirve de pretexto para adentrarse con Oh, Canada (2024), su última película, en una interesante reflexión a propósito de la figura de un prestigioso cineasta, enfermo terminal de cáncer. Con motivo del documental que le dedican unos antiguos alumnos suyos, el hombre repasará buena parte de su trayectoria vital desde que un buen día, a finales de los sesenta, cuando era apenas un veinteañero recién casado que vivía en Richmond, Virginia, con su mujer e hijo, tomó la firme determinación de declararse objetor de conciencia y huir a Canadá, abandonando a su propia familia, para así evitar que lo enviaran a la guerra de Vietnam.

De modo que el espectador se encuentra ante una serie de recuerdos desordenados, a veces en color, a veces en blanco y negro, incluso con distintos formatos de pantalla, que nunca se sabe muy bien si responden a vivencias reales del protagonista o más bien a las ensoñaciones de un moribundo. Richard Gere, en cualquier caso, desempeña un papel alejado de su habitual imagen de sex-symbol para mostrarse más humano en esta faceta de personaje agónico que rinde cuentas ante la cámara de lo que fue su vida.



Así pues, a lo largo de la hora y media que dura la película veremos a Leo Fife desdoblarse en su yo joven (interpretado por el australiano Jacob Elordi), si bien hay ocasiones en las que la versión adulta irrumpe en el pasado, un poco al estilo de lo que hacía Victor Sjöström en Fresas salvajes (1957) de Bergman. En cambio, es en el presente donde se desatan los reproches de una esposa (Uma Thurman) que durante el transcurso de la grabación descubre varias cosas que quizás no sabía de su marido.

Por lo demás, poco se puede añadir respecto a una cinta un tanto irregular que a menudo produce la sensación de que no acaba de alcanzar plenamente todo su potencial. Se intuye, eso sí, la envergadura de lo que Schrader se proponía hacer en términos narrativos, aunque el intento no termina de cuajar, bien sea por falta de intensidad dramática o bien por falta de claridad a la hora de exponer que el autoexilio de Fife supuso un gesto pacifista antes que un acto de cobardía.



sábado, 25 de febrero de 2023

Robin Hood: El magnífico (1991)




Título original: Robin Hood
Director: John Irvin
Canadá/Alemania/Reino Unido/EE.UU., 1991, 104 minutos

Robin Hood: El magnífico (1991)


El mismo año en que Warner Bros. arrasaba en las taquillas de medio mundo gracias a Robin Hood: Prince of Thieves (1991), la 20th Century Fox apenas sí logró llamar la atención con una película también basada en el legendario forajido. Es posible que el sex appeal de Kevin Costner eclipsase por completo al más anodino Patrick Bergin o que la meticulosa puesta en escena del británico John Irvin, pese a lo notable de su ambientación medieval, careciese de la vivacidad made in Hollywood que Kevin Reynolds supo aportarle a la historia. En cualquier caso, lo cierto es que la cinta que nos ocupa sólo se estrenó comercialmente en cines de Europa, mientras que su exhibición en Estados Unidos y Sudamérica se llevó a cabo únicamente en formato televisivo.

Otro de los rasgos singulares de la trama, según el guion de Sam Resnick y John McGrath, es que los antagonistas pasaban a llamarse Baron Daguerre y sir Miles Folcanet, respectivamente, en lugar de los habituales Sheriff de Nottingham y Guy de Gisbourne, sin que quede muy claro si esto obedecía a una estrategia comercial para distanciarse de su "rival" hollywoodense o si los productores pensaron que sería históricamente más exacto dar nombres de origen francés a sus villanos normandos. Sea como fuere, el holandés Jeroen Krabbé y el alemán Jürgen Prochnow fueron los encargados de interpretar a uno y otro personaje.



En cuanto al resto del reparto, aparte del ya mencionado Bergin, destaca la presencia de una jovencísima Uma Thurman de apenas veinte años dando vida a Lady Marian, la cual se viste de chico para camuflarse entre los adeptos del arquero de Sherwood. Manida estratagema que, sin embargo, acabará dando sus resultados, puesto que ni siquiera el sagaz líder de los proscritos parece darse cuenta del engaño.

Por último, en el apartado técnico merece la pena hacer hincapié a propósito de la cuidada dirección fotográfica, a cargo de Jason Lehel, cuyas tonalidades frías, predominantes durante todo el metraje, sólo dejarán paso al colorido primaveral en la secuencia que cierra el filme, cuando las nupcias de los protagonistas parecen anunciar que han llegado tiempos mejores al reino de Inglaterra.



domingo, 14 de abril de 2019

Las aventuras del barón Munchausen (1988)















Título original: The Adventures of Baron Munchausen
Director: Terry Gilliam
Reino Unido/Alemania, 1988, 126 minutos

Las aventuras del barón Munchausen (1988)

En su línea abrumadoramente barroca y excesiva, el siempre desmesurado Terry Gilliam no tuvo reparos en dilapidar cuarenta y siete millones de dólares a la hora de llevar a la pantalla Las aventuras del Barón Munchausen. Y no sólo eso, sino que el propio rodaje, a juzgar por los comentarios de quienes tuvieron ocasión de participar en él, ya supuso en sí mismo un verdadero infierno.

Por otro lado, y como suele ser habitual en este tipo de proyectos megalómanos, la lista de intérpretes que finalmente declinaron la oferta de formar parte del elenco no tiene desperdicio: Peter O'Toole, Sean Connery, Marlon Brando... y así un largo etcétera, hasta que el esmirriado John Neville, actor televisivo y de teatro que no había trabajado en cine desde 1970, aceptó meterse en la piel del excéntrico aristócrata. Lo de la cabeza flotante de Robin Williams haciendo de Rey de la Luna, en cambio, parece ser que obedeció a una decisión de última hora.



Pero, al margen de los habituales contratiempos y percances por los que el ex Monty Phyton se ha hecho tristemente célebre, su versión del extravagante Munchausen encierra no pocas sorpresas para quienes, a día de hoy, se adentren en sus más de dos horas de metraje. Como descubrir una playa de Almería convertida en retaguardia de las huestes otomanas. O a Sting (por aquel entonces vecino de Gilliam en Londres) prestando su rostro a un soldado condenado a muerte. Asimismo, Sarah Polley, la actriz y directora canadiense que, andando el tiempo, protagonizaría Mi vida sin mí (2003) a las órdenes de Isabel Coixet y que, a la sazón, apenas contaba ocho o nueve años de edad, es la intrépida Sally, la niña que, en todo momento, acompaña al protagonista en sus trepidantes andanzas.

En fin. Aunque menos literato y bravucón que Cyrano de Bergerac, no faltan, sin embargo, en la película que nos ocupa cuantiosas pinceladas que demuestran hasta qué punto llega a documentarse Gilliam cuando se trata de dar rienda suelta a su imaginación. Sobre todo a nivel pictórico, siendo notables las referencias a los Baños del harén de Jean-Léon Gérôme (1824-1904) y, de un modo especial, a la espléndida recreación que lleva a cabo de El nacimiento de Venus de Botticelli, con una radiante Uma Thurman encarnando a la diosa del amor.


viernes, 10 de febrero de 2017

Henry & June (El diario íntimo de Anaïs Nin) (1990)




Título original: Henry & June
Director: Philip Kaufman
EE.UU./Francia, 1990, 136 minutos



Cuando Henry llegó, hizo varias observaciones contradictorias. Que podía vivir sin nada, que se sentiría muy bien si consiguiera un empleo, que su integridad le impedía escribir guiones en Hollywood. Al final dije: 
-¿Y qué hay de la integridad cuando se escriben relatos por dinero? 
Henry se echó a reír, admitió la paradoja y las contradicciones, volvió a reírse y zanjó el tema.

Anaïs Nin
Diario (Traducción de Víctor Vega)

Si vivir es lo supremo, entonces viviré, aun cuando deba volverme un caníbal. Hasta ahora he procurado salvar mi preciosa piel, he procurado preservar los pocos pedazos de carne que me cubren los huesos. Eso se acabó. He llegado al límite de la resistencia. Estoy de espaldas contra la pared; no puedo retroceder más. Por lo que se refiere a la historia, estoy muerto. Si hay algo más allá, tendré que reaccionar. He encontrado a Dios, pero no es suficiente. Sólo estoy muerto espiritualmente. Físicamente estoy vivo. Moralmente soy libre. El mundo que he abandonado es una casa de fieras. El amanecer se alza sobre un mundo nuevo, una jungla en que vagan espíritus flacos y con garras aguzadas. Si soy una hiena, soy una hiena flaca y hambrienta: salgo de caza para engordar.

Henry Miller
Trópico de Cáncer (Traducción de Carlos Manzano)

Cuando una película comienza con los acordes iniciales de La consagración de la primavera de Stravinski y el hijo de Buñuel (Juan Luis) interpretando un pequeño papel (el de editor de las obras de Anaïs Nin), se está poniendo el listón altísimo. Sobre todo si a la escritora la interpreta la portuguesa María de Medeiros, cuya exótica belleza casaba a la perfección con el personaje.

Fue Henry & June una oportunidad perdida de plasmar en imágenes semejante período de notable efervescencia artística: el de los inicios de los años treinta en la capital francesa. Queriendo adentrarse en los entresijos de la pasión amorosa que unió a Henry Miller (Fred Ward) y su mujer (Uma Thurman) con la autora de ascendencia cubano-española, el director Philip Kaufman acabó mostrando un París de acordeones y atardeceres a orillas del Sena. Era inevitable, pues siempre que Hollywood ha pretendido retratar la ciudad de las luces ha terminado sucumbiendo a los mismos topicazos: los de la postal idílica del "americano en París" que juega a ser bohemio.

Así pues, de la interesante actividad literaria y artística que llevaron a cabo los personajes cuya vida retrata el filme apenas nos llega el eco como trasfondo histórico, fagocitada aquélla por un erotismo que vendría a ser la versión sofisticada y superficial de El último tango en París. De hecho, Henry & June daría pie a la creación de una nueva categoría para clasificar las películas por edades: la de no recomendada para menores de 17 años.


jueves, 29 de octubre de 2015

Pulp Fiction (1994)




Director: Quentin Tarantino
EE.UU., 1994, 154 minutos

Pulp, n. 6. a magazine or book printed on rough, low-quality paper made of wood pulp or rags, and usually containing sensational and lurid stories, articles, etc.

Largo y tendido podría hablarse de cómo Tarantino y Pulp Fiction han llegado a convertirse en el mito que son hoy en día, mediante una perspicaz combinación de elementos que van desde la ultraviolencia a los diálogos hilarantes pasando por una banda sonora trufada de exquisitas perlas raras. Y un guion magistral, por supuesto, premiado con el Óscar y cuya frescura y atrevimiento, inspirados en la imaginería de la Serie B, revolucionaron la manera de hacer cine. Se trata, sin duda, de una fórmula que funciona, capaz de entusiasmar no sólo al público cinéfilo (el filme obtuvo la Palma de Oro en el Festival de Cannes), sino también a audiencias de todo tipo.

Quedarán para el recuerdo el twist de Travolta y Uma Thurman, el apócrifo pasaje de la Biblia citado por Samuel L. Jackson, la relación, con sus más y sus menos, entre el boxeador Butch Coolidge (Bruce Willis) y el mafiosillo Marsellus Wallace (Ving Rhames) o el savoir faire del resolutivo Mr. Wolf (un genial Harvey Keitel que interviene fugazmente en un papel hecho a medida).