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lunes, 11 de septiembre de 2023

La noche del 12 (2022)




Título original: La nuit du 12
Director: Dominik Moll
Francia/Bélgica, 2022, 115 minutos

La noche del 12 (2022) de Dominik Moll


Aparte de haber obtenido varios premios César y Lumière, lo verdaderamente llamativo de un thriller como La nuit du 12 (2022) radica en su particular forma de adentrarse en las pesquisas policiales de un crimen sin resolver. De hecho, parece que lo de menos sea identificar al asesino, al cual vemos (aunque encapuchado) en el momento de prenderle fuego a la víctima, sino captar una determinada atmósfera, la vida aparentemente apacible de una ciudad de provincias cercana a los Alpes. A este respecto, el cineasta Dominik Moll reitera una de las constantes de su filmografía, plagada de películas que, desde Harry, un ami qui vous veut du bien (2000) hasta Seules les bêtes (2019), transcurren casi siempre en ambientes alejados del mundanal ruido.

El silencio es, de hecho, uno de los elementos definitorios de una puesta en escena tan lánguida como el lugar donde se sitúa la acción. Así pues, lo cotidiano se impone por encima de elementos narrativos propiamente clásicos, alternando el dolor de los padres de la chica muerta con la camaradería de los agentes encargados del caso. Hasta el extremo de que el guion, basado en una novela de Pauline Guéna, a su vez inspirada en hechos reales, se desdobla en dos tramas simultáneas.



En ese orden de cosas, el empeño del capitán Vivès (Bastien Bouillon) por identificar al autor material del asesinato se traduce visualmente en su obsesivo pedaleo dentro de un velódromo, siempre dando vueltas a los mismos indicios, pero sin llegar nunca a pruebas concluyentes. Un círculo vicioso tan nocivo como la crisis matrimonial a la que debe hacer frente su compañero Marceau (Bouli Lanners), el típico veterano curtido y bastante desengañado.

Lo cierto es que ya desde los créditos iniciales se advierte que la muerte de la joven Clara Royer (Lula Cotton-Frapier) pertenece al veinte por ciento de crímenes que quedan sin esclarecer, lo cual supone un reto a la hora de conseguir que el espectador mantenga su interés de principio a fin. Quizá por ello se producen giros inesperados de otro tipo (y no muy bien resueltos), más propios de una serie televisiva, como la desaparición repentina de Marceau, sobrepasado por el devenir de los acontecimientos, o un salto temporal hacia adelante de tres años. En todo caso, no puede negarse que la historia está bien llevada y cuando finalmente vemos al capitán a lomos de su bicicleta, en plena montaña, queda meridianamente claro que el nudo gordiano de sus inquietudes ha quedado al fin resuelto.



jueves, 17 de agosto de 2017

Reparar a los vivos (2016)




Título original: Réparer les vivants
Directora: Katell Quillévéré
Francia/Bélgica, 103 minutos, 2016

Reparar a los vivos (2016)


Nacida en Costa de Marfil en 1980, la joven realizadora Katell Quillévéré adapta, en el que supone su tercer largometraje, la célebre novela homónima de Maylis De Kerangal. Pese a abordar una temática nada fácil de digerir, si hay, sin embargo, una virtud que posee Réparer les vivants (2016) ésa es la de acertar a traducir en imágenes nuestra propia vulnerabilidad. Quizá por ello no hay en la película un protagonista claro, sino que es el conjunto de personajes el que asume, cada cual en función de su situación vital, uno u otro grado de fragilidad.

Todo comienza con Simon (Gabin Verdet), el joven de diecisiete años al que, tras sufrir un accidente de tráfico cuando regresaba de practicar surf con otros compañeros, se le diagnostica muerte cerebral. Entran entonces en liza sus padres (Emmanuelle Seigner y Kool Shen), quienes deberán enfrentarse al complicado dilema de si donar o no los órganos de Simon. Mientras tanto, en otro lugar, Claire (Anne Dorval), a pesar del apoyo de sus dos hijos, no las tiene todas consigo a la hora de afrontar un posible trasplante de corazón, al mismo tiempo que se reencuentra con un antiguo amor. Por último, todo el personal médico, tanto los que atienden al muchacho como la cirujana de Anne o el equipo que gestiona las donaciones de órganos se verán obligados a tomar decisiones de enorme relevancia.

Marianne (Emmanuelle Seigner) y Vincent (Kool Shen)


Aunque entre los activos más poderosos de Réparer les vivants cabe contar la majestuosa banda sonora de Alexandre Desplat, a la que, en el momento culminante, se une el tema "Five Years" de David Bowie.

Puede que por un exceso de aprensión, el cine no suela mostrar habitualmente escenas de operaciones quirúrgicas ni, mucho menos, de trasplantes (quizá, si mal no recuerdo, en 21 gramos de González Iñárritu y no muchas más películas se hace alusión directa al tema). Pero Quillévéré prueba con suma elegancia que se puede mostrar una intervención a corazón abierto sin escabrosidad ninguna y, lo que es más importante, incidiendo en los problemas de tipo ético que ello suscita en las partes implicadas desde un punto de vista deontológico.

Simon (Gabin Verdet) y el doctor Rémige (Tahar Rahim)

miércoles, 9 de agosto de 2017

50 primaveras (2017)




Título original: Aurore
Directora: Blandine Lenoir
Francia, 2017, 89 minutos

50 primaveras (2017) de Blandine Lenoir


Aurore (que las productoras locales han tenido a bien rebautizar con un más explícito 50 primaveras) pertenece a esa clase de comedias mainstream del cine francés, capaces de interesar a todos los sectores del público merced a su carácter eminentemente comercial. A tal efecto, escogen temas de interés social para plantear el dilema de algún personaje desde una óptica moral. Quizá sean Francis Veber o Patrice Leconte los realizadores que mejor representan ese tipo de cine, con películas como Le placard (Salir del armario, 2001) o Mon meilleur ami (2006), respectivamente, junto con Jean Becker (Dialogue avec mon jardinier, 2007) y otros éxitos de taquilla más o menos recientes como Qu'est-ce qu'on a fait au Bon Dieu ? (2014).

Nómina que podría incrementarse con títulos de la cada vez más extensa filmografía de la directora y actriz Agnès Jaoui, que aquí interpreta a la protagonista: una mujer que acaba de entrar en la cincuentena y a la que aquejan los consabidos gajes de la edad, desde sofocos a dificultades para la inserción laboral, pasando por el síndrome del nido vacío y una situación sentimental en punto muerto.

Bailando el clásico de Nina Simone "Ain't Got No, I Got Life"


Aridez afectiva que comenzará a tocar a su fin cuando Totoche (Thibault de Montalembert), el novio que tuvo a los dieciocho años y al que abandonó por su mejor amigo, reaparezca para poner un punto de optimismo en su horizonte vital. No será el único, pues su hija mayor espera un hijo, y amigos no le faltan. La mejor: Mano (Pascale Arbillot), mujer independiente, optimista, excéntrica y dotada de un particular sentido del humor que le permite atreverse a todo.

Se dirá, y con razón, que apenas hora y media de metraje no da para profundizar lo suficiente en temas de tanta relevancia. Pero aun así, Blandine Lenoir ha querido, en el que es su segundo largometraje, incluir un pequeño fragmento televisivo de la antropóloga Françoise Héritier. Se trata de una interesante reflexión a propósito de unas estampas decimonónicas que representaban las respectivas edades del hombre y de la mujer, prueba fehaciente de cómo los roles tradicionalmente asignados a uno y a otro sexo diferían sustancialmente. Breve nota erudita en un conjunto destinado a dejar buen sabor de boca en espectadores de toda condición y a poner en el mapa a un segmento de la población femenina al que con demasiada frecuencia se tiende a considerar invisible.



martes, 12 de abril de 2016

Madame Marguerite (2015)




Título original: Marguerite
Director: Xavier Giannoli
Francia/República Checa/Bélgica, 2015, 129 minutos

Madame Marguerite (2015)


Quienes hayan visto Ciudadano Kane recordarán sin duda el caso de Susan Alexander, la segunda esposa del magnate de la prensa. Obsesionado por hacer de ella una excelsa cantante de ópera, Charles Foster Kane pondrá a su disposición todos los medios imaginables. Hasta mandará construir un costoso teatro con tal finalidad. La joven, sin embargo, carece totalmente de las cualidades necesarias para triunfar, lo cual desespera no tanto al marido (siempre empecinado en salirse con la suya) sino al sufrido profesor de canto que ve con exasperación cómo sus lecciones no surgen efecto. Un encolerizado profesor Matiste al que, por cierto, daba vida el mallorquín Fortunio Bonanova (aunque esa es otra historia).

Quizá Orson Welles y su equipo de colaboradores tuvieron en mente a la hora de inspirarse a la soprano norteamericana Florence Foster Jenkins (1868-1944), cuyas limitaciones técnicas eran inversamente proporcionales a sus pretensiones artísticas. En todo caso, quien sí que la ha tomado como modelo ha sido el cineasta francés Xavier Giannoli, director de Madame Marguerite. Drama cómico o comedia dramática (según se mire), Giannoli estructura la película en cinco capítulos: "La grande Marguerite Dumont", "Un nouveau monde", "Vers la joie", "La voix de son maître" y "La vérité".

Marguerite (Catherine Frot) y Atos (Michel Fau)


En plena efervescencia de los años veinte, la acaudalada Marguerite Dumont (Catherine Frot) no se corta ni un pelo a la hora de ofrecer recitales benéficos en el castillo propiedad de su marido, aunque ni siquiera este último es capaz de soportar sus gorgoritos. Durante dichas actuaciones, los tapones de algodón serán muy solicitados entre la misma concurrencia que aplaudirá después complacida. 

De todas maneras,  y a pesar del patetismo que irradia su figura, Marguerite se verá rodeada por un grupo de incondicionales que la arroparán: el fiel mayordomo Madelbos (interpretado por el belga de origen congoleño Denis Mpunga); Atos Pezzini, vieja gloria de la ópera y paciente maestro de canto de la susodicha (el actor Michel Fau) y los jóvenes entusiastas Lucien Beaumont (un crítico al que da vida Sylvain Dieuaide), Kyrill Von Priest (un excéntrico artista encarnado por Aubert Fenoy) y la promesa del bel canto Hazel (Christa Théret). Hasta una mujer barbuda se unirá al extraño grupo que tiene como finalidad mantener la ilusión de que Marguerite es realmente una cantante de éxito.

En ese aspecto, la evolución del personaje recuerda un poco a la de don Quijote: en un primer momento es Marguerite quien en su delirio de grandeza transforma la realidad, mientras que después (ya ingresada en el hospital) serán los demás quienes la transformen para ella. A fin de cuentas, la clave nos la aporta Félicité, la mujer barbuda (Sophia Leboutte), cuando hacia el final de la película nos recuerda que, en realidad, sólo hay dos actitudes posibles frente a la vida: soñarla o vivirla. Marguerite optará por lo segundo, pero pagando un alto precio por llevar a la práctica sus sueños.