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miércoles, 30 de abril de 2025

El último suspiro (2024)




Título original: Le dernier souffle
Director: Costa-Gavras
Francia, 2024, 97 minutos

El último suspiro (2024) de Costa-Gavras


Un insistente aroma a despedida flota de principio a fin en Le dernier souffle (2024), título de resonancias buñuelianas con el que el veterano Costa-Gavras pudiera estar cerrando su ya extensa filmografía. Circunstancia que, por otra parte, se hace aún más evidente con la obsesión por la muerte que demuestran los personajes de un filme absolutamente crepuscular, aunque en absoluto pomposo.

A este respecto, el fallo positivo que anuncian las pruebas médicas a las que Fabrice Toussaint (Denis Podalydès) es sometido da lugar a una serie de reflexiones entre el filósofo y el equipo de cuidados paliativos que lo atiende, encabezado por el doctor Augustin Masset (Kad Merad), generalmente ilustradas con antiguos casos en forma de flashback procedentes de la experiencia profesional de los galenos, un poco al estilo de las digresiones en los ensayos freudianos.

Charlotte Rampling en un breve papel de enferma terminal


Sin embargo, la certeza ante el final de la vida no se traduce, ni mucho menos, en una actitud pesimista, sino todo lo contrario, como lo demuestra el halo mágico que desprende la secuencia en la que una niña gitana ameniza el séquito de Estrella (Ángela Molina) entonando la canción "Deux escargots s'en vont à l'enterrement d'une feuille morte" de Prévert y Kosma.

Asimismo, y pese a la acritud mostrada por Sidonie (Charlotte Rampling), el tono general de la cinta resulta optimista más que otra cosa (o por lo menos dulcemente resignado), como lo demuestra el hecho de que la última palabra que se pronuncia, en boca de la oncóloga Eléonore (Karin Viard), sea "futuro".



lunes, 24 de febrero de 2020

Las golondrinas de Kabul (2019)




Título original: Les hirondelles de Kaboul
Directores: Zabou Breitman y Eléa Gobbé-Mévellec
Francia/Luxemburgo/Suiza, 2019, 81 minutos

Las golondrinas de Kabul (2019)


Recreación en acuarelas, a partir de la novela homónima del argelino Yasmina Khadra, de la capital afgana bajo el régimen talibán, un poco en la línea de lo que supuso Persépolis hace más de una década. Dirigida por la actriz (Le premier jour du reste de ta vie) y directora (Je l'aimais) Zabou Breitman en colaboración con Eléa Gobbé-Mévellec, la cinta cuenta con las voces de afamados intérpretes franceses de la talla de Simon Abkarian o Pascal Elbé, así como la israelí Hiam Abbass.

Suele suceder en estos casos que el esfuerzo por contar una historia mediante el único auxilio de las técnicas de animación redunda en un cierto maniqueísmo, circunstancia que, en lo concerniente a Les hirondelles de Kaboul, se atenúa merced a la contención de una puesta en escena que subraya las emociones por encima de los hechos históricos. 



A este respecto, aquí lo relevante no es tanto el ascenso al poder de los muyahidines o la instauración de su Estado teocrático, sino el día a día de una joven pareja que intenta sobrevivir preservando en la intimidad del hogar, más allá del cierre de las universidades o bajo los estrechos límites impuestos por la tela del burka, la poca libertad que les queda.

Un paisaje desolador de lapidaciones públicas y ejecuciones sumarísimas donde los antiguos cines y las librerías no son más que ruinas y cuyos habitantes, marcados aún por el recuerdo de la invasión soviética, obedecen hoy a golpe de kalashnikov a la espera de que lleguen tiempos mejores. Perspectiva teñida de hondo pesimismo para Atiq y su esposa Mussarat: ella enferma de cáncer terminal y él carcelero sin demasiadas convicciones en lo que hace. ¿Podrá la tolerancia abrirse camino alguna vez en semejante contexto?


lunes, 29 de agosto de 2016

Pastel de pera con lavanda (2015)




Título original: Le goût des merveilles
Director: Éric Besnard
Francia, 2015, 100 minutos

Pastel de pera con lavanda (2015) de Éric Besnard


Las merveilles a las que alude el título original de este Pastel de pera con lavanda son una especie de torta frita azucarada que la protagonista Louise Legrand (Virgine Efira) prepara, precisamente, a las mil maravillas (y nunca mejor dicho). En su amor por sacar adelante la granja y, sobre todo, la parcela de perales que su difunto esposo les legara a ella y a sus dos hijos se encuentra la esencia de esta comedia romántica francesa.

En dicho espíritu de supervivencia y en la relación que se establece entre Louise y Pierre (Benjamin Lavernhe), a partir del momento en el que él se cruza en su camino (literalmente, puesto que es atropellado). Sin embargo, enseguida se hará evidente que Pierre padece algún tipo de trastorno del espectro autista, sugiriéndose incluso en algún momento el síndrome de Asperger. De ahí que haya hiperdesarrollado una extrema obsesión por el orden, lo cual, unido a su notable capacidad matemática, arroja una peculiar personalidad capaz de convertirlo en un temible hacker o en un tierno y leal compañero.



Pero lo cierto es que tanto Emma (Lucie Fagedet) como Félix (Léo Lorléac'h), los hijos de Louise, acabarán por adorar a Pierre, el cual terminará asimismo ocupando un lugar importantísimo en la vida de la madre.

De un modo similar a lo que sucedía en películas ya clásicas como Rain Man (Barry Levinson, 1988) o Forrest Gump (Robert Zemeckis, 1994), Le goût des merveilles nos permite adentrarnos en el interior de una mente de lo más genuino, haciéndonos ver el lado entrañable de realidades que a menudo topan con la incomprensión ajena. En ese sentido, son destacables los personajes interpretados por la israelí Hiam Abbass y por Laurent Bateau. La primera encarna a la doctora Mélanie Ferenza, la encargada de certificar que Pierre ni supone ni corre ningún peligro. El segundo es Paul, teóricamente amigo de la familia, pero que se granjeará la ojeriza de los chicos al representar los valores opuestos a la sensibilidad de Pierre.

No cabe duda, al respecto, de que estamos ante un filme ("un cuento de hadas real", como se afirma en los títulos de crédito finales) con tendencia a idealizar una serie de realidades a menudo no tan cautivadoras como aquí se pintan. Pero precisamente por ello hay que valorar en su justa medida el esfuerzo que ha hecho Éric Besnard, autor también del guion, por humanizarlas.


sábado, 22 de agosto de 2015

Los límites del control (2009)




Título original: The Limits of Control
Director: Jim Jarmusch
EE.UU./Japón, 2009, 116 minutos

"Usted no habla español, ¿verdad?"

El hombre solitario llega a Madrid procedente de París para llevar a cabo una misteriosa misión. Tras admirar en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía algunos lienzos de Juan Gris, Antonio López o Antoni Tàpies, continúa su periplo hasta Sevilla y, más tarde, hasta la provincia de Almería (los exteriores se rodaron en San José, Abla, Senés, Doña María y en las proximidades de Velefique).

En su peregrinación se irá encontrando con los más variopintos personajes y de todos recibirá crípticas consignas sentado en la terraza de cualquier bar ante dos cafés exprés en tazas separadas. Tras intercambiar con cada uno de ellos cajas de cerillas en las que figura la efigie de un boxeador, extraerá de las mismas las coordenadas que, una vez leídas, masticará y tragará con la ayuda del café. También hay una tentadora mujer desnuda, pero al hombre solitario (que es un maestro consumado en el arte del Tai-Chi) ni le gustan los móviles ni se deja seducir por cualquier sirena que se cruce en su camino mientras está trabajando: como todo el mundo sabe, "la vida no vale nada".

Que nadie se asuste. Lo anterior es la sinopsis de Los límites del control, el filme que Jim Jarmusch rodó en nuestro país y que él define como "película de acción sin acción". Entre los actores nacionales destaca la presencia de Óscar Jaenada, Luis Tosar y el recientemente fallecido Héctor Colomé. Del resto del reparto, Isaach De Bankolé, Paz de la Huerta, Gael García Bernal, Tilda Swinton, Bill Murray, la israelí Hiam Abbas y John Hurt.

Son muchos los momentos destacables (y recurrentes) de esta cinta, como la alabanza que hace la rubia Tilda Swinton de las películas antiguas o el misterioso sueño que describe y que parece hacer referencia a una escena de Stalker (1979) de Tarkovsky. Otros adquieren tintes cómicos por la insistencia con la que se utilizan. Tal es el caso de la pregunta que usamos como epígrafe de esta entrada y a la que el hombre solitario responde invariablemente que no. Aunque es la tragedia lo que finalmente parece imponerse con esa copla andaluza que dice: “El que se tenga por grande / que se vaya al cementerio, / allí verá lo que es el mundo: / un palmo de terreno”.

Los límites del control (2009) de Jim Jarmusch
Dos cafés exprés en tazas separadas
En el Reina Sofía frente a un Tàpies
Leyendo las instrucciones
En Sevilla, frente a la Torre del Oro
En Madrid, en compañía de la rubia Tilda Swinton