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domingo, 1 de septiembre de 2019

La cripta (1981)




Director: Cayetano del Real
España/Méjico, 1981, 110 minutos

La cripta (1981) de Cayetano del Real


Habíamos salido a ganar; podíamos hacerlo. La, valga la inmodestia, táctica por mí concebida, el duro entrenamiento a que había sometido a los muchachos, la ilusión que con amenazas les había inculcado eran otros tantos elementos a nuestro favor. Todo iba bien; estábamos a punto de marcar; el enemigo se derrumbaba. Era una hermosa mañana de abril, hacía sol y advertí de refilón que las moreras que bordeaban el campo aparecían cubiertas de una pelusa amarillenta y aromática, indicio de primavera.

Eduardo Mendoza
El misterio de la cripta embrujada

El protagonista de La cripta es un personaje de inspiración tan claramente quijotesca que el comisario Flores (Carlos Lucena) no dudará en sacarlo del manicomio para que le ayude a resolver un caso. Planteamiento inverosímil donde los haya y que sólo podía haber salido del caletre ameno y un tanto alocado del novelista Eduardo Mendoza.

Por otra parte, en los primeros momentos de esta adaptación cinematográfica, puede apreciarse una innegable voluntad realista a la hora de retratar determinados escenarios de la Barcelona de principios de los ochenta, desde los alrededores de la Plaza de Cataluña, las Ramblas o el interior de la estación de metro del Liceo hasta la zona más residencial de la Avenida del Tibidabo, con sus torres y colegios de pago.



Es posible que la trama policíaca, magistralmente desarrollada en el libro, pierda parte de su intensidad al traducirla en imágenes, hasta el punto de que la carga crítica se diluya en favor de una cierta cutrez que tiene su momento álgido en las escenas rodadas en la pensión del Barrio Chino adonde va a parar el protagonista sin nombre.

De hecho, es la brillante actuación de José Sacristán la que lleva todo el peso de la película, seguida, muy de lejos, por la mejicana Blanca Guerra (Mercedes) o la entrañable Rafaela Aparicio en un papel de monja. Lo demás, incluida una banda sonora que recuerda remotamente el estilo de Jaco Pastorius, no puede decirse que haya soportado del todo bien el paso del tiempo, convirtiendo a su director, el hoy olvidado Cayetano del Real, en uno de los realizadores malditos del cine español.


domingo, 1 de octubre de 2017

El aire de un crimen (1988)




Director: Antonio Isasi-Isasmendi
España, 1988, 119 minutos

El aire de un crimen (1988) de Antonio Isasi


Una mañana de bronce apareció el cadáver de un hombre en la plaza de Bocentellas. Durante un par de días el suceso vino a incorporarse a la serie de extraños e inconexos acontecimientos que sucedieron aquel año desde la llegada del buen tiempo hasta mediado el otoño, cuando una precoz nevada cerró los puertos de montaña, incomunicó algunos pueblos y caseríos y canceló toda actividad en los piedemontes de Mantua y del Hurd.

Juan Benet
El aire de un crimen

Ha muerto Antonio Isasi-Isasmendi, el cineasta que en 1988 ponía el punto y final a su filmografía con la adaptación de El aire de un crimen, la novela homónima de Juan Benet. No puede decirse que sea la mejor ni tampoco la más significativa de las dieciocho películas que dirigió a lo largo de sus casi cuarenta años de carrera, pero, en todo caso, vale la pena destacar un reparto en el que sobresalían los nombres de Paco Rabal y Fernando Rey, por no mencionar a una jovencísima Maribel Verdú o al cantante Ramoncín haciendo de desertor.



Pese a lo aparentemente burdo de su argumento, basado en un feroz asesinato cometido en la España rural de los cincuenta, Isasi demuestra ser un realizador minucioso, preocupado por cuidar los pequeños detalles. Así, por ejemplo, los vehículos que vemos en pantalla llevan todos matrícula de RE: Región, la mítica comarca imaginada por Benet emulando el universo literario creado por Faulkner alrededor del condado de Yoknapatawpha. Y no es el único ejemplo. Resulta mucho más interesante, a nivel visual, la afición del Coronel Olvera (Rabal) de mojar los melindres en el café con leche, verdadero flash forward que anuncia cuál será su final. O el orujo con el que los lugareños obsequian al antipático juez (Agustín González), probablemente macerado en la misma tinaja que oculta el cuerpo del delito...

Sin embargo, le sobran a El aire de un crimen, eso sí, las escenas del inicio repetidas al final, por innecesarias y por alargar inútilmente un metraje que por poco no alcanza las dos horas. Como tampoco ha envejecido muy bien, que digamos, la ochentera banda sonora a base de sintetizadores compuesta por los aragoneses Aguarod y Fatás.


miércoles, 20 de septiembre de 2017

Pasión lejana (1986)




Título original: Més enllà de la passió
Director: Jesús Garay
España, 1986, 98 minutos

Pasión lejana (1986) de Jesús Garay


La atmósfera que en su día recreara el cántabro Jesús Garay para Pasión lejana (1986) resulta, al cabo de tantos años, genuinamente ochentera: una cantante pop que desaparece misteriosamente antes de un concierto; una trama vagamente paranormal en la que intervienen estigmas y otros elementos de tipo mesiánico; localizaciones barcelonesas en espacios claustrofóbicos; la banda sonora de Leo Mariño a base de sintetizadores; una cadencia sosegada de las imágenes que termina desembocando en una quietud exasperante...



Juanjo Puigcorbé fue galardonado en el Festival de Sitges por su papel de Ángel y Garay como mejor director por la Generalitat de Catalunya, premios que, treinta años después, pueden parecer un tanto exagerados, pero que revelan bastante a las claras hasta qué punto fue bien acogida por la crítica una película que pretendía conectar con el espíritu inquietante del cine de David Lynch.


jueves, 17 de agosto de 2017

Asalto al Banco Central (1983)




Director: Santiago Lapeira
España, 1983, 94 minutos

Asalto al Banco Central (1983)


—Esa foto no debe salir nunca de aquí, Andrés. 
—¿Por qué? 
—Por el bien de todos. Porque a veces la paz está por encima de la verdad. La paz bien vale este silencio...

Quienes estén más o menos habituados al universo literario de Juan Marsé o hayan leído novelas como Crónica sentimental en rojo de Francisco González Ledesma o la serie Carvalho de Vázquez Montalbán seguro que encontrarán elementos que les resulten familiares en Asalto al Banco Central (1983) de Santiago Lapeira. Aunque sólo se trate de las calles de una Barcelona un tanto cañí y muy anterior a la diseñitis que nos legaron los Juegos Olímpicos y demás fastos del 92.

Basada en el libro homónimo del italiano especializado en best-sellers sensacionalistas Alberto Speratti, la película pretendía, sin embargo, aportar un cierto tono de docudrama al ir puntualmente consignando los acontecimientos tal y como se produjeron en mayo de 1981, llegando incluso a valerse del recurso de los titulares sobreimpresos, como si de un reportaje televisivo se tratase. Realismo que también se procuraba transmitir con la participación de auténticos periodistas en el reparto, siendo Carlos Herrera el que posee mayor protagonismo (con un breve diálogo con Isabel Mestres), pero no el único: fugazmente veremos, entre otros, a Chelo García-Cortés (luego catapultada a la popularidad por la prensa del corazón y los programas de cotilleos) e incluso se puede escuchar la voz de una jovencísima Julia Otero.

Molinero (Sacristán) tras visitar al Seta en el cementerio


Pepe Sacristán, el actor estrella del cine de la Transición, encarna al reportero de investigación Andrés Molinero, empeñado en destapar un oscuro complot para el que fueron reclutados delincuentes comunes (ahí están, en sendos papeles, Arnau Vilardebò y Francesc Orella, este último sólo de pasada), pero cuyos cerebros apuntaban mucho más alto, con conexiones con la intentona golpista del 23-F incluidas. Se habla hasta de un maletín el contenido del cual podría comprometer seriamente a altas instancias del Estado. Quizá por ello, en un afán por demostrar las implicaciones de la conspiración a escala internacional, los guionistas situaron parte de la trama en Roma, adonde se rodaron algunas escenas.

De entonces a esta parte, el paisaje urbano barcelonés ha cambiado muchísimo: la sede del Banco Central pertenece ahora a El Corte Inglés: de hecho, todo el perímetro de Plaza Catalunya (antaño monopolizado por entidades bancarias) hace ya tiempo que fue copado por FNAC, Apple, el Hard Rock Cafe e incluso un Zara en lo que fueran las oficinas del Banco de Bilbao.