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sábado, 12 de septiembre de 2020

Buffalo '66 (1998)




Director: Vincent Gallo
EE.UU./Canadá, 1998, 110 minutos

Buffalo '66 (1998) de Vincent Gallo


Billy Brown acaba de salir de la cárcel, adonde fue a parar por haber apostado (y perdido) el dinero que jamás tuvo. No contento con recuperar la libertad, el hombre decide ir a ver a sus padres para presentarles a su esposa. Pequeño problema: Billy nunca ha estado casado... Es más: el señor y la señora Brown desconocen por completo la estancia de su hijo en prisión. Así que Billy rapta a la primera muchacha que se cruza en su camino y la obliga a acompañarlo para que finja que es su mujer.

Sólo un tipo tan rematadamente peculiar como Vincent Gallo podía haber escrito, dirigido y protagonizado Buffalo '66 (la música original del filme, por cierto, también es suya). De entrada, porque él mismo nació en esa ciudad del estado de Nueva York a la que alude el título, aunque no en el 66, sino cinco años antes. Pero es que, además, y por si no fuera poco, alguien que posee una colección de más de treinta mil vinilos y cuyo héroe de juventud fue Chris Squire (1948-2015), bajista y líder de la legendaria banda británica Yes, estaba predestinado a incluir un par de temas de dicho grupo en su ópera prima. Se trata de "Heart of the Sunrise", procedente del álbum Fragile (1972) y "Sweetness", extraído de su homónimo disco de debut Yes (1969).



El primero de ellos sirve de música de fondo para la escena del clímax, cuando el protagonista accede al interior del local de estriptis; el otro, una balada tan dulce como su propio nombre indica, suena mientras desfilan los créditos finales. Asimismo, los amantes del rock progresivo están llamados a disfrutar con otro de los momentos estelares de la película: la coreografía improvisada por Layla (Christina Ricci) al son de "Moonchild", aquella exquisitez de los primeros King Crimson que aquí ilustra los pasos de claqué ejecutados por la actriz sobre la pista de una bolera.

El caso es que, con semejantes ingredientes, Gallo pone de manifiesto influencias muy diversas. Hay algo de road movie a lo À bout de souffle (1960) en la huida hacia adelante de los personajes. O de la Gelsomina felliniana en Layla. Hasta Ozu, cuyo nombre figura en la matrícula del coche de la chica, está presente en el estatismo con el que son filmadas las escenas de sobremesa en el apartamento de los estrambóticos Brown. La historia, por supuesto, no tiene ni pies ni cabeza, aparte de que ni siquiera el síndrome de Estocolmo más agudo justificaría que Layla se preste a cumplir con tanta docilidad los designios de su raptor. Sin embargo, el milagro acontece de todos modos, uniendo a dos solitarios irredentos que, hasta ese entonces, no habían sabido muy bien qué hacer con sus respectivas vidas.


miércoles, 2 de septiembre de 2020

El luchador (2008)




Título original: The Wrestler
Director: Darren Aronofsky
EE.UU./Francia, 2008, 109 minutos

El luchador (2008) de Darren Aronofsky


Rock duro y recortes de prensa de una vieja gloria de la lucha libre presiden los créditos iniciales de The Wrestler recreando la euforia propia de los combates más memorables. Que, una vez finalizados, contrastan con el silencio imperante en un vestuario de mala muerte y la efigie sentada, de espaldas, de su único ocupante. Veinte años después de su época gloriosa, Randy "The Ram" es apenas una ruina humana, un adicto a los esteroides que arrastra lo que queda de él por los cuadriláteros de segunda de la América profunda.

Pocas veces en la historia del cine se ha dado una simbiosis tan exacta entre actor y personaje, hasta el extremo de que pudiera considerarse que muchos de los aspectos abordados en esta película, y que le valieron a Mickey Rourke la candidatura al Óscar a mejor actor, son o podrían pasar por autobiográficos.



Volviendo a la crudeza que tan buenos resultados le diera en Requiem for a Dream (2000), Darren Aronofsky planteaba, con su habitual maestría, el lado humano que se oculta tras la fiereza del luchador profesional, entrañablemente patético en su actual condición de juguete roto. Y lo mismo podría decirse de la stripper exuberante, ya de una cierta edad (Marisa Tomei, también candidata a la preciada estatuilla por su papel), tras cuyas curvas de vértigo se esconde una madre soltera que planea dejar las contorsiones sobre la barra y las bromas groseras de los clientes para retirarse a una idílica hacienda en compañía de su hijo de nueve años.

A pesar de la sordidez que preside el día a día de los personajes, y es ahí posiblemente donde reside el principal atractivo de la cinta, lo que acaba por imponerse, sin embargo, es la ternura del hombre que lucha por recuperar la faceta de padre que nunca supo ejercer. O el cariño que se demuestran entre ellos los en apariencia brutales combatientes mientras ensayan sus números antes de saltar a la palestra. Detalles de humanidad, habitualmente eclipsada por los focos de un estrellato pasajero, que muestran el reverso más cálido de su burda imagen pública.


domingo, 22 de febrero de 2015

Manhattan Sur (1985)




Título original: Year of the Dragon
Director: Michael Cimino
EE.UU., 1985, 134 minutos

Manhattan Sur (1985) de Michael Cimino


El siempre excesivo Michael Cimino volvía a las pantallas de hace treinta años con esta historia aparatosa en la que Stanley White, un veterano de la guerra de Vietnam, es enviado a Manhattan Sur tras quince años de brillantes servicios en la policía. Su misión en este peligroso distrito de Nueva York será acabar con las bandas juveniles que controlan aquella área. Después de algunas indagaciones acabará enfrentándose a la peligrosísima mafia china, liderada por Joey Tai, y cuyos procedimientos para controlar el tráfico de estupefacientes son de una agresividad extrema. Paulatinamente el acabar con el crimen organizado se irá transformando entonces en una idea fija para Stanley White, aunque las secuelas de un pasado tormentoso y su actual situación personal lo empujarán mucho más lejos de la labor que le han encomendado.



En su momento, la película fue acusada por algunos sectores de ser abiertamente racista debido a la visión negativa que de la comunidad china se ofrecía en ella. Lo cierto es que, a pesar de incidir de nuevo en la fórmula ultraviolenta que le diera la fama con El cazador (1978), Cimino no logra repetir el éxito en el caso de Manhattan Sur. De hecho, ninguna de las ocho películas que hasta la fecha ha dirigido el cineasta ha logrado ni tan siquiera igualar la notoriedad que alcanzara gracias a aquel film.

Por otra parte, con el transcurso del tiempo quizá hoy no resulte demasiado creíble cómo el personaje interpretado por Mickey Rourke va pasando de los brazos de su esposa (una ferviente católica de origen polaco) a los de su amante (la reportera de origen chino que le ayudará a plantar cara a los cabecillas del hampa). Pero no hay que olvidar que los Brian de Palma, Abel Ferrara, el primer Scorsese o el propio Michael Cimino, entre otras inmensas figuras de la pléyade de directores americanos surgidos a partir de los setenta, hicieron bandera de este estilo recargadamente ampuloso que les ayudaría a consagrarse definitivamente en Hollywood.

Mickey Rourke y Michael Cimino (derecha)