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sábado, 21 de septiembre de 2019

Repulsión (1965)




Título original: Repulsion
Director: Roman Polanski
Reino Unido, 1965, 101 minutos

Repulsión (1965) de Roman Polanski


Una quietud aparente que esconde el desasosiego de un alma acongojada: Repulsión es ya, en sí mismo, un título bastante explícito. Que encierra, sin embargo, veladas alusiones al surrealismo de Buñuel como la omnipresente navaja de afeitar o esos títulos de crédito iniciales que se deslizan sobre la pupila de Catherine Deneuve semejando la afilada cuchilla de Un chien andalou (1929). Y no es la única referencia, ya que el apartamento donde transcurre la mayor parte de los hechos (por lo menos, los más significativos a partir del momento en el que la protagonista decide encerrarse en él), además de mostrar la predilección de Polanski por los espacios claustrofóbicos, remite directamente al argumento de El ángel exterminador (1962).

De hecho, tanto en La semilla del diablo (Rosemary's Baby, 1968) como en El quimérico inquilino (Le locataire, 1976) volverá a insistir en planteamientos remotamente similares, poniendo de manifiesto una tendencia que probablemente obedezca a razones de índole personal y mucho más profundas que las de un simple leitmotiv.



Aunque el verdadero atractivo de Repulsión, hasta el extremo de convertirla en una obra maestra, radica en que el punto de vista adoptado es el de Carol (Deneuve), con lo que se hace al espectador partícipe de sus múltiples y sobrecogedores delirios, ya sean paredes que se resquebrajan sin razón aparente o angustiantes ensoñaciones en las que la joven revive algún turbio episodio de su pasado en el que probablemente fue víctima de abusos sexuales.

Y es que a lo largo de todo el filme se respira una malsana tensión sexual no resuelta que condiciona la conducta de Carol hasta convertirla en un ser reprimido cuyo retraimiento social y, sobre todo, carnal tendrá consecuencias fatalmente patológicas tanto para ella como para su entorno más inmediato.


sábado, 7 de septiembre de 2019

Callejón sin salida (1966)




Título original: Cul-de-sac
Director: Roman Polanski
Reino Unido, 1966, 112 minutos

Callejón sin salida (1966)
de Roman Polanski


En esencia, el planteamiento de Cul-de-sac no difiere gran cosa del de El cuchillo en el agua (1962): un matrimonio burgués que vive cómodamente instalado en un viejo castillo frente a la costa ve interrumpido su bienestar tras la irrupción de un extraño. Tampoco se distingue demasiado de lo que, muchos años después, hará Michael Haneke en Funny Games (1997-2007) si no es porque el director alemán llevará todavía más lejos el sadismo de la situación.

Para Polanski y su coguionista Gérard Brach, Cul-de-sac (1966) no deja de ser una comedia, estrafalaria y gamberra en muchos momentos, pero exenta de la crueldad de un verdadero thriller. Y no es porque lo que les ocurre a los protagonistas no sea grave, sino más bien a causa del tono kafkiano que adquieren los acontecimientos.



Se trata, por tanto, de un enfoque marcado por la cara de chiste del personaje de Donald Pleasence, el aire de tebeo de los gánsteres Richard (Lionel Stander) y Albie (Jack MacGowran) y, sobre todo, el caos reinante en esa especie de mansión-gallinero en la que, supuestamente, escribió sus obras Walter Scott y que se acaba convirtiendo en un personaje más de la película.

A este respecto, conviene señalar que Cul-de-sac tiene, asimismo, esa atmósfera tan incómoda de las obras premonitorias. En primer lugar, porque la bella Françoise Dorléac (Teresa) moriría a causa de un accidente automovilístico apenas un año después del estreno, lo mismo que el compositor polaco Krzysztof Komeda, fallecido en abril del 69 a consecuencia de unas heridas que recibió en la cabeza durante su estancia en Los Ángeles. Aunque lo verdaderamente inquietante del caso es la semejanza entre el allanamiento de Richard y el que tres años después perpetrarían los miembros de la Familia Manson en el domicilio del propio Polanski en Bel Air.