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sábado, 24 de agosto de 2024

La niña de tus ojos (1998)




Director: Fernando Trueba
España, 1998, 121 minutos

La niña de tus ojos (1998) de Fernando Trueba


La abundancia de apellidos checos en los títulos de crédito de La niña de tus ojos (1998) delata el lugar donde se rodó realmente una película que, sin embargo, situaba su acción en la Alemania nazi. Episodio verídico, como todo el mundo sabe, en el que se recrea la producción, auspiciada por el mismísimo Goebbels, de un filme folclórico de temática andaluza, Carmen la de Triana (1938), en los estudios UFA y en doble versión hispanogermana, mientras en España continuaba la contienda civil. Huelga decir que el personaje de Macarena Granada, interpretado por Penélope Cruz, se inspiró en Imperio Argentina, mientras que el director Blas Fontiveros (Antonio Resines) sería el trasunto de Florián Rey.

Con guion de, entre otros, Rafael Azcona y David Trueba, la cinta se desarrolla según los parámetros de una comedia coral cuyos papeles principales recaen sobre una nutrida selección de intérpretes en la que destacan nombres de la talla de Jorge Sanz, dando vida al galán y "herido" de guerra Julián Torralba, Rosa Maria Sardà, Santiago Segura, Loles León, Jesús Bonilla o Neus Asensi. También en papeles secundarios, más esporádicos, intervienen María Barranco, como la fogosa señora del embajador franquista (Juan Luis Galiardo) y hasta la mítica Hanna Schygulla haciendo de esposa del influyente ministro Goebbels (Johannes Silberschneider).



Tanto el tono general como el trasfondo de la trama pudieran recordar en determinados momentos a los de la italiana La vita è bella (1997), de Roberto Benigni, que un año antes había arrasado en la edición de los Óscar y cuya comicidad encubría también acontecimientos tristemente dramáticos. Así, por ejemplo, los extras que participan en el rodaje de la película son, en realidad, famélicos prisioneros judíos procedentes de un campo de exterminio, lo cual dará pie a alguna que otra situación tensa, sobre todo a medida que la temperamental Macarena se sienta atraída por un apuesto recluso de nacionalidad rusa (Karel Dobrý).

Por lo demás, la acción se desarrolla según los parámetros de lo que constituye un sentido homenaje al mundo de la farándula, y en especial a una generación de artistas españoles, pero en el que también tienen cabida guiños al cine clásico, como ese desenlace en la pista de un aeropuerto que tanto recuerda al final de Casablanca (1942). Siete premios Goya, de un total de dieciocho nominaciones, coronaron el éxito de un filme que, años después, sería objeto de su propia secuela con prácticamente el mismo elenco protagonista y bajo el título de La reina de España (2016).



domingo, 5 de diciembre de 2021

Siete mil días juntos (1994)




Director: Fernando Fernán-Gómez
España, 1994, 100 minutos

Siete mil días juntos (1994) de Fernán-Gómez


Veinte años (o, si se prefiere, siete mil trescientos días) es la cantidad exacta de tiempo que llevan casados los protagonistas de esta comedia negra, remake del filme mejicano El esqueleto de la señora Morales (1960), dirigido por Rogelio A. González a partir de un guion del exiliado republicano Luis Alcoriza. Y que, debidamente adaptado por Fernando Fernán-Gómez a la realidad española de mediados de los noventa, se acabaría transformando en Siete mil días juntos (1994).

Petra (Pilar Bardem) había sido violonchelista antes de convertirse en un ser detestable que pasa la mayor parte del tiempo devorando madalenas o participando de las sesiones de espiritismo que organiza su vecina Sofía (Chus Lampreave). Matías, en cambio, trabaja en la sala de autopsias de la Escuela Cíclica de Anatomía y, cuando no está embalsamando cadáveres, le gusta pasar sus ratos libres escuchando flamenco.



Pero, lo que son las cosas: un día le da al buen hombre por comprarse una cámara de vídeo último modelo con el dinero que ha ido ahorrando (y que Petra intentará quitarle para costearse un viaje a Perú, donde va a tener lugar el primer Congreso Mundial de Esoterismo Trascendente). El detalle carecería de importancia si no fuese porque Matías se enamora perdidamente de la hermosa dependienta de Galerías Preciados que le atiende: su nombre es Angelines (María Barranco) y es madre soltera.

Haciendo gala de la misma causticidad que alumbrara obras maestras del calibre de El extraño viaje (1964) o El mundo sigue (1965), Fernán-Gómez encaraba la recta final de su carrera con una película incómoda en la que se tocan tabúes como la necrofilia o la violencia doméstica. Y lo hace con ese sarcasmo tan suyo, construyendo una farsa en la línea del esperpento valleinclanesco que es, al mismo tiempo, una sátira bastante cruel (o bastante lúcida, según se mire) a propósito del matrimonio y la convivencia conyugal.



viernes, 2 de julio de 2021

¡Átame! (1989)




Director: Pedro Almodóvar
España, 1989, 103 minutos

¡Átame! (1989) de Almodóvar


De tan extrema que llega a ser la historia narrada en ¡Átame! (1989), el espectador se sitúa en un límite similar al que experimenta el personaje de Marina (Victoria Abril): ¿hay que dar crédito a los sentimientos manifestados por Ricky (Antonio Banderas)? ¿Está el muchacho plenamente rehabilitado tras su paso por el psiquiátrico y un largo historial de fugas? ¿O esos arranques de violencia que a veces padece hacen temer por la vida de la actriz? ¿Se puede considerar una prueba de amor el hecho de retener a alguien por la fuerza...?

La que pasa por ser una de las películas más incomprendidas de Almodóvar retoma, sin embargo, varios elementos que ya estaban presentes en títulos anteriores de su filmografía como La ley del deseo (1987), con la que comparte la presencia de un Antonio Banderas "loco de amor". Por otra parte, ¡Átame! supone un estudio certero del denominado síndrome de Estocolmo (aquél en el que la víctima desarrolla afecto hacia su secuestrador), lo cual la convierte en digna continuadora de obras maestras como El coleccionista (1965) de William Wyler. Y concluye, además, con una secuencia en el interior de un coche, donde Loles León y los ya mencionados Abril y Banderas tararean el célebre "Resistiré" del Dúo Dinámico, que pudiera recordar (quien la ha visto lo sabe) a la escena final de Viridiana (1961).

"Un puntito..., ¿no?"


Precisamente, el veterano Paco Rabal, que aquí encarnaba a un director de cine paralítico llamado Máximo Espejo, es uno de los actores estrella en un reparto en el que, aparte de rostros habituales del universo almodovariano como María Barranco, Rossy de Palma o Julieta Serrano, encontramos asimismo a doña Paquita Caballero (madre del cineasta) en una de sus pintorescas apariciones estelares. Huelga decir que, como siempre, interviene también Agustín, hermano y productor ejecutivo de la mayoría de filmes del manchego: en esta ocasión interpreta a un farmacéutico.

En cuanto a la banda sonora, cabe destacar que ésta corrió a cargo de uno de los grandes (si no el más grande): un Ennio Morricone cuya partitura, pese a no ser tan recordada como otros trabajos de su extensa carrera, no desmerece en absoluto la soberbia puesta en escena, magníficamente fotografiada por Alcaine. Después de todo lo cual, uno se acaba preguntando: ¿de verdad merecía una cinta tan notable ser calificada X para su exhibición en EE.UU.? Desde luego, estos yanquis son la monda...



viernes, 12 de febrero de 2021

El efecto mariposa (1995)




Director: Fernando Colomo
España/Reino Unido/Francia, 1995, 110 minutos

El efecto mariposa (1995) de Fernando Colomo


Una comedia española rodada en Londres. Con música de Ketama y una relación insólita entre tía y sobrino. Tampoco parecían tener mucho en común, a priori, la esposa de un político corrupto y un trekkie solterón coleccionista de cactus. Pero todo es posible cuando interviene el saber hacer de un consumado especialista en el género como Fernando Colomo, quien contó, además, con la ayuda de Joaquín Oristrell a la hora de escribir el guion de El efecto mariposa (1995).

Los personajes de esta divertida mascarada miran a cámara en algún momento de la misma para presentarse, sincerándose con el espectador a propósito de su circunstancia vital. Curiosa técnica, un poco a lo Woody Allen, mediante la que establecen un vínculo entre un hipotético presente y el verano en el que transcurre la acción. Y, en esa misma línea, también los autores de la banda sonora hacen acto de presencia al principio y al final de la trama, con cameo incluido de Lolita Flores, cantando el tema central de la película. No será, por cierto, la única aparición fugaz de alguna celebrity, ya que Penélope Cruz se deja ver brevemente en el transcurso de una fiesta.



El aleteo de una simple y delicada mariposa puede alterar el equilibrio del cosmos: eso, al menos, es lo que defiende una singular teoría según la cual habría un camino en el desorden de las cosas, de modo que el caos aparente que muchas veces parece regir nuestros destinos no sería tal, puesto que existen conexiones sutiles que todo lo enlazan y cuya insignificancia inicial se traduce, exponencialmente, en consecuencias de enorme alcance en el desenlace de cualquier cadena de acontecimientos. Como afirma el eslogan publicitario que aparece en el cartel del filme: "Se está haciendo una tempestad de una gota de agua...".

Cuando el comedido Luis (Coque Malla) llega a la capital británica de la mano de su estrambótica madre (Rosa Maria Sardà) poco puede imaginar que la apacible existencia de chico bien que ha llevado hasta entonces está a punto de dar un vuelco. Sobre todo a partir de instalarse en el apartamento de su tía Olivia (fantástica María Barranco), adrenalínica criatura, tan alocada como bella, y de la que el sobrino caerá perdidamente enamorado a pesar de la diferencia de edad y de las  muchas cosas que los separan.



viernes, 4 de diciembre de 2020

Las edades de Lulú (1990)




Director: Bigas Luna
España, 1990, 95 minutos

Las edades de Lulú (1990) de Bigas Luna


Supongo que puede parecer extraño pero aquella imagen, aquella inocente imagen, resultó al cabo el factor más esclarecedor, el impacto más violento...

Almudena Grandes
Las edades de Lulú

Mucho antes de que las Cincuenta sombras de Grey hicieran estragos entre las mentes calenturientas de varios millones de lectores a lo largo y ancho del planeta, hubo ya, aunque circunscrita al ámbito local de aquella España de finales de los ochenta que se creía moderna sin serlo, otra novela de alto voltaje erótico que también tuvo su correspondiente adaptación cinematográfica. 

Las edades de Lulú supuso el fulgurante debut editorial de su autora, una Almudena Grandes que sería agraciada con el undécimo premio La Sonrisa Vertical. No obstante, cabría preguntarse a dónde huye la morbosidad conforme van transcurriendo las décadas. Porque lo que alguna vez suscitó el afanoso interés del público hoy apenas nos provoca una tímida sonrisa y poco más. Efectivamente, esfumada la polémica al cabo de los años, la verdad palmaria se muestra sin paliativos: el libro era malo y la película de Bigas Luna aún peor...



Vista en la actualidad, la historia de esta burguesa (Francesca Neri) que se deja arrastrar por una vorágine de sexo y tentaciones resulta a ratos cutre y a ratos ridícula. Únicamente se salva la presencia de Javier Bardem, actor en ciernes por aquel entonces, pero que ya apuntaba maneras, a pesar de la brevedad de su aparición, del extraordinario intérprete que llegaría a ser andando el tiempo.

Un Goya y un Yoga... María Barranco se llevó el preciado galardón por su papel de transexual, mientras que al inexpresivo Óscar Ladoire le fue concedido (con todo merecimiento, dicho sea de paso) el antipremio al peor actor masculino de aquella promoción. La banda sonora corrió a cargo de Carlos Segarra, líder y cantante de Los Rebeldes.



viernes, 27 de diciembre de 2019

La vida empieza hoy (2010)




Directora: Laura Mañá
España, 2010, 90 minutos

La vida empieza hoy (2010) de Laura Mañá


-Abuelo, ¿por qué son tan complicadas?
-Porque les hablamos poco...

La tercera entrega de este monográfico que estamos dedicando a Laura Mañá nos permite fijar ya algunas constantes en su filmografía como directora. Por ejemplo, un interés manifiesto hacia el sexo, entendido como necesidad básica y saludable que requiere, por tanto, de grandes dosis de pedagogía para evitar y/o sobreponerse a los peligros de cualquier tipo de represión. O, en claro contraste (por aquello del eros y thánatos), la obsesión por la muerte y los estragos de la senectud. Por último, una defensa continua y destacada de los derechos de la mujer, sin que ello comporte animadversión alguna hacia los hombres.

De todo ello hay un poco en La vida empieza hoy, escrita en colaboración con Alicia Luna y excelente muestra de hasta qué punto una comedia coral puede ser dinámica, pero también reivindicativa. Porque sus protagonistas, la mayoría pertenecientes a la denominada tercera edad (que es ese eufemismo con el que evitamos pronunciar la palabra vejez), reclaman —¿o, más bien, nos recuerdan?— que la libido sigue viva más allá de los setenta.



Y, en clara oposición a Juanita (Pilar Bardem), Herminia (Sonsoles Benedicto) o Julián (Osvaldo Santoro), se hallan los familiares de éstos, incapaces, en muchos casos, de concebir que sus padres, antes que ancianos, siguen siendo personas que sienten y aman. Aunque hay otros, caso de Pepe (Lluís Marco), que primero tienen asuntos pendientes que resolver consigo mismos, ya sea porque necesitan aprender a desenvolverse en su recién estrenada condición de jubilados, ya sea porque, con el pretexto de cuidar de los nietos, han descuidado su relación de pareja durante demasiado tiempo.

Animando al personal está Olga (Rosa Maria Sardà), esa profesora espontánea y desenvuelta que anima a sus veteranos alumnos del cursillo de sexología a que se reserven veinte minutos diarios para practicar alguna actividad que les resulte placentera. Unos optarán por entablar una nueva relación con alguna septuagenaria de buen ver o por establecer complicidades con un nieto adolescente; otros, por zamparse tres raciones de tarta de chocolate. Aunque la más original, a este respecto, es la siempre díscola Juanita, dispuesta a separarse de su marido difunto y hasta a marcharse de este mundo en autobús.





lunes, 10 de septiembre de 2018

Tu novia está loca (1988)




Director: Enrique Urbizu
España, 1988, 80 minutos

Tu novia está loca (1988) de Enrique Urbizu


De rodarse en la actualidad, Tu novia está loca no pasaría de ser una comedia de situación destinada al ámbito televisivo (y puede que ni eso). Pero, en pleno desmadre ochentero, el efecto Almodóvar, sumado a los éxitos cosechados por los Trueba, Martínez Lázaro y Colomo, favoreció que hasta el vasco Enrique Urbizu debutase en la dirección con una cinta protagonizada por los mismos actores de la denominada comedia madrileña.

Aunque, como en el chiste, la acción no transcurre en el mismo Madrid exactamente, sino un poco más al norte: en Bilbao. Motivo por el que los personajes principales se llaman Amaia (Ana Gracia) y Mikel (Antonio Resines), pese a que en todo lo demás apenas sí se nota que estén en Euskadi.



Tiene, en general, un toque de cartoon, con los personajes que se desmayan de forma aparatosa y caen de espaldas a la mínima. Entre ellos, destaca la presencia de María Barranco (Nati) y Guillermo Montesinos (Richi), encarnando roles muy parecidos a los que, algunos meses más tarde, defenderían en Mujeres al borde de un ataque de "nervios" (1988). Y como actor consagrado del reparto toda una institución: Germán Cobos, que es el padre de Amaia.

Los elementos de los que se sirve el guion de Luis Marías (quien aparece fugazmente interpretando el papel de Domínguez) son los típicos de la frescura intrascendente tan en boga por aquellos años: parejas que acaban esposadas de forma accidental, detectives de pacotilla (El Gran Wyoming), galanes en horas bajas (Santiago Ramos), triángulos amorosos y un desenlace que recuerda al estribillo de la canción "Una de dos" de Luis Eduardo Aute: "O me llevo a esa mujer / o entre los tres nos organizamos, / si puede ser..."


viernes, 10 de agosto de 2018

El oro de Moscú (2003)
















Director: Jesús Bonilla
España, 2003, 100 minutos

El oro de Moscú (2003) de Jesús Bonilla

Hay proyectos que, por más que partan de un guion medianamente aceptable y un reparto repleto de viejas glorias, difícilmente podrán dar como resultado una película relevante. Y todo por la sencilla razón de que han nacido fuera de tiempo (del tiempo que les correspondería dada su naturaleza, se entiende).

He ahí el caso de El oro de Moscú, comedia coral a la antigua usanza concebida y dirigida por el actor Jesús Bonilla. De haberse estrenado en la época de Atraco a las tres (1962) habría sido, tal vez, un filme como mínimo estimable (pese a que la censura no hubiese permitido ni la mitad de cosas que en él se cuentan, pero bueno...) y hoy sería considerado, por mor del valor añadido que otorga el paso de los años, un documento de primer orden para saber cómo era la sociedad española de aquel entonces.



Rodarla, en cambio, en 2003 ni tiene perdón ni sentido, más allá de una cierta nostalgia que no justifica nada. Ver a López Vázquez, Pajares o Sancho Gracia en sus últimos papeles da más pena que gusto, por no hablar de Alfredo Landa que, aunque está muy creíble como redomado franquista, carece ya de la vis cómica que antaño caracterizara sus actuaciones.

Con su humor chabacano y la presencia de Santiago Segura, lo que debía ser una trama con una base pretendidamente histórica se acaba convirtiendo en un producto en la estela de la saga Torrente, iniciada en 1998, o de series televisivas tipo Aquí no hay quien viva o La que se avecina. En cualquier caso, como parece ser que todo lo expuesto no impidió que la película fuese más o menos bien en taquilla, El oro de Moscú tuvo, años después, su correspondiente secuela, titulada La daga de Rasputín (2011).


lunes, 12 de febrero de 2018

99.9 (1997)




Director: Agustí Villaronga
España, 1997, 106 minutos

99.9 (1997) de Agustí Villaronga


La película que nos disponemos a comentar no pasa por ser precisamente la mejor de las dirigidas por Agustí Villaronga. Es más: para muchos, ni siquiera pasaría por ser una buena película... Seamos sinceros: ni 99.9 es lo que se dice un título original ni el paso del tiempo ha sentado demasiado bien a un proyecto que nació con la voluntad de ser una serie de televisión y que se quedó en historia basada en fenómenos paranormales a lo Cuarto Milenio.

Pero Villaronga es mucho Villaronga y, por norma, nunca hay que subestimar nada que haya salido de sus manos. Sobre todo si en el reparto contó con la participación de mitos como Terele Pávez o hasta el mismísimo Miguel Picazo en un papel muy parecido al que había interpretado para Amenábar en Tesis. La fotografía, otro de los puntos fuertes de la peli, corrió a cargo del no menos importante Javier Aguirresarobe, hoy estrella consagrada a nivel internacional y cuyo tratamiento de la imagen le vino a la perfección a los ambientes claustrofóbicos y tenebrosos a los que tan dado es el realizador mallorquín.



El resto del elenco lo formaron una poco convincente María Barranco como locutora de radio metida a investigadora; un menos creíble Simón Andreu haciendo de hospedero medio jipi-medio gay-medio artista aficionado al vudú; la en su día actriz revelación Ruth Gabriel (de momento no ha pasado de eso, y ya hace veinticuatro años de Días contados) y Gustavo Salmerón, el mismo que últimamente ha triunfado dirigiendo a su madre en el documental Muchos hijos, un mono y un castillo (2017).

En fin: puede que el resultado no fuese memorable, pero ¿qué cabía esperar de una trama elaborada a partir de elementos de lo más trillado que era apenas una mezcolanza sin demasiada gracia entre las caras de Bélmez y los crímenes de Puerto Hurraco: una película de horror o un horror de película...?


viernes, 29 de septiembre de 2017

Bwana (1996)




Director: Imanol Uribe
España, 1996, 81 minutos

«¡Viva España! ¡Induráin!»

Bwana (1996) de Imanol Uribe

A pesar de su sencillez y de ser una producción de encargo de corte netamente comercial, hay en Bwana diversos aspectos que hacen de ella una película absolutamente entrañable. Quizá porque Andrés Pajares y María Barranco supieron encarnar a la perfección a las clases populares, lo cual le confiere el necesario tono a ras de suelo, dejando a un lado cualquier propósito moralizante o bienintencionado; tal vez porque el debutante Emilio Buale aportó la dosis de credibilidad que requería una historia con la inmigración ilegal y el racismo como telón de fondo.

Sin embargo, buena parte de su encanto ya estaba presente en La mirada del hombre oscuro, la obra de teatro de Ignacio del Moral en la que se basó el guion, aunque la fotografía de Javier Aguirresarobe y la pericia de Imanol Uribe en la dirección contribuyeron de un modo decisivo a que el proyecto fuese premiado en San Sebastián con una Concha de Oro tan inesperada como merecida.



Cierto que la película incurría un tanto en el mito del buen salvaje, si bien lo realmente interesante es cómo Antonio (Pajares) y Dori (Barranco) ven alterados sus esquemas tras conocer a Ombasi (Buale). Sobre todo por la lección de humanidad que les va a dar el muchacho y, como contraste, la mezquindad que, fruto de la ignorancia, acabará determinando el desenlace por parte de la pareja. Con ciertos matices, claro, puesto que tanto el uno como la otra experimentan sucesivas fases de atracción y rechazo hacia el africano.

Y en cuanto al mensaje desengañado que hay detrás de Bwana poco se puede añadir: han pasado más de veinte años desde su estreno y las cosas no han ido a mejor, (si un caso a peor): a las pateras de subsaharianos, hoy se suman los refugiados de Siria o de otros puntos calientes del globo. Pero (y eso es lo grave) la actitud del ciudadano medio, del españolito medio en este caso, tampoco ha cambiado: como Antonio y Dori, la actitud general entre amplios sectores de la población sigue siendo de recelo hacia el extranjero, cuando no de abierta hostilidad, a menudo hostigada por determinados partidos políticos que pretenden beneficiarse electoralmente de ella, desde la reciente entrada de Alternativa para Alemania (AfD) en el Bundestag hasta las medidas antiinmigración de la administración Trump.


Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988)




Director: Pedro Almodóvar
España, 1988, 100 minutos

Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988)


Pese a ser el éxito que consagró definitivamente a Almodóvar como fenómeno de masas, en Mujeres al borde de un ataque de nervios están, sin embargo, presentes diversos aspectos sobre los que tal vez no se haya llamado la atención lo suficiente, como, por ejemplo, ese gusto tan suyo por los ángulos imposibles: así pues, nótese que cuando Pepa (Carmen Maura) revisa las llamadas que tiene en el contestador automático, la cámara se sitúa en el interior de la cinta de casete...

Aunque más importante aún sería su concepción eminentemente teatral, con una trama cuyo eje se desarrolla en el ático de Pepa, espacio recreado en los Estudios Barajas y al que el manchego quiso dar una apariencia artificial de forma premeditada: "De hecho la terraza resume un poco todo el mundo: hay un corralito con animales como en la Mancha, tiene hamacas como en Los Ángeles y palmeras como en Hawai. Esta terraza es muy importante. Todo tiene que ser muy bonito, pero nada real. Se tiene que ver que todo es falso, hecho por la mano del hombre […] Tiene que haber mucho artificio y ser muy espectacular. Esta película se podría hacer de un modo casi naturalista, pero quiero darle un tono distinto, evitando completamente el naturalismo visual. La voy a abstraer mucho de decorados y colores utilizando una estética completamente artificiosa" [palabras del director citadas por Nuria Vidal en su monografía El cine de Pedro Almodóvar, Ediciones Destino, 1989].

Julieta Serrano en el papel de la perturbada Lucía

En ese sentido (y tras la frustrada tentativa de realizar un remake hollywoodense), el que se llevase a cabo una discreta adaptación en Broadway, posteriormente repuesta en Londres con algo más de éxito, vendría a ser la consecuencia lógica ya desde la propia génesis del proyecto por parte del cineasta, si bien, en lo sucesivo, dicha estilización estará presente en buena parte de la filmografía almodovariana, siendo Átame (1989) o Kika (1993) los casos más evidentes.

Por último, otro de los rasgos distintivos de la película es que, respecto a la producción anterior de Almodóvar, Mujeres... es un filme mucho más cándido, en el que no se hace referencia a las drogas y cuyos personajes ni siquiera fuman o beben. He ahí otra de las claves que explicarían su éxito internacional, sobre todo en la puritana sociedad estadounidense, marcando el punto de inflexión en el que el otrora iconoclasta y contracultural miembro de la Movida madrileña sería definitivamente asimilado por el sistema.

Barranco, de Palma, Serrano y Maura: las chicas Almodóvar

sábado, 12 de agosto de 2017

Las brujas de Zugarramurdi (2013)




Director: Álex de la Iglesia
España/Francia, 2013, 112 minutos

Las brujas de Zugarramurdi (2013)


Al incorregible y siempre excesivo Álex de la Iglesia le dio por arrancar Las brujas de Zugarramurdi (2013) con una escena que recuerda al inicio de Macbeth: un grupo de nigrománticas arrojando ingredientes al interior de una negra marmita pestilente. Pero ni de la Iglesia es Orson Welles ni sus películas obras maestras indiscutibles. Tendrán momentos más o menos acertados, podrán ser todo lo divertidas que se quiera (eso nadie se lo discute), pero el cine, el CINE con mayúsculas, debería ser otra cosa.

A la vista de los diálogos, de la estética o incluso de algunos actores de los que se rodea, queda claro que con una película de estas características buscaba un perfil de espectador muy de la calle (o muy de bar: no en vano, su último filme estrenado se titula precisamente así). Todo ello absolutamente respetable. Lo malo es que, en este país, cuando se busca de forma tan deliberada conectar con los sectores del público más populares se corre el riesgo de que el resultado final se parezca peligrosamente a las parodias televisivas de Los Morancos o de José Mota (quien, por cierto, trabajó a las órdenes del director en La chispa de la vida, 2011). Ése es el tono en Las brujas de Zugarramurdi, por lo menos el del humor utilizado.



Ahora bien: si el objetivo era dotar a la peli de un ritmo trepidante, sin duda que lo consigue. Por lo menos hasta la escena del aquelarre, momento en el que la canción "Baga biga higa" de Mikel Laboa interrumpe un tanto la acción. Con todo, hay que reconocer que es impactantemente soberbia la irrupción de la venus de Willendorf gigante (los efectos especiales de Arenas, Molina y Rodríguez lo son en general), poniéndose a la altura de títulos como El laberinto del Fauno (2006).

En fin, es lo que tiene Álex de la Iglesia: un estilo muy definido que o te chifla o no lo soportas. Así, sin término medio. Le pasa como a Tarantino (otro que tal baila), seguramente uno de sus directores de referencia. En cualquier caso, y obviando lo hasta aquí expuesto, ver a Carmen Maura o a la recientemente desaparecida Terele Pávez subirse por las paredes o caminar por los techos como si nada ya sería suficiente motivo para darle una oportunidad a una película que, quizá por algo, se llevó en su momento ocho Goyas de diez nominaciones.

Terele Pávez (1939-2017)

viernes, 8 de enero de 2016

Todos los hombres sois iguales (1994)







Director: Manuel Gómez Pereira
España, 1994, 102 minutos



Amparándose en el esquema de comedias de éxito como Tres solteros y un biberón (1985, Coline Serreau) y su remake americano Tres hombres y un bebé (dirigida en 1987 por Leonard Nimoy, el celebérrimo Mr. Spock de Star Trek), Manuel Gómez Pereira presentaba la historia de tres divorciados que comparten apartamento y debilidad / rivalidad por su empleada doméstica: una Cristina Marcos que se llevó el Goya a la mejor actriz por dicho papel.

Cada uno de los hombres responde a un patrón bien definido dentro de lo que son los tópicos al uso: el piloto de avión Joaquín (Juanjo Puigcorbé) vendría a ser el cerebro del grupo; Manolo (comentarista deportivo radiofónico interpretado por Antonio Resines) sería el sibarita bon vivant y Juan Luis (Imanol Arias), el seductor.

Por lo demás, no se puede decir que Todos los hombres sois iguales sea una película que haya envejecido bien. Sobre todo por ese aire prefabricado tan propio de los años noventa y que se ve acentuado por la banda sonora del malogrado Bernardo Bonezzi. De todos modos, hay anunciada para este año una nueva versión del filme, también dirigida por Gómez Pereira aunque en la República Dominicana. Esperemos que los aires caribeños aporten algo más de salero a un guion que, si bien en su momento fue premiado con un Goya y tuvo su secuela televisiva, a día de hoy se nos antoja aburridííííííííííísimo...