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martes, 1 de abril de 2025

Recuerdos (1980)




Título original: Stardust Memories
Director: Woody Allen
EE.UU., 1980, 89 minutos

Recuerdos (1980) de Woody Allen


Por más que Woody Allen haya asegurado, por activa y por pasiva, que Stardust Memories (1980) no es un filme autobiográfico, se hace difícil no reconocer en su protagonista a un alter ego del cineasta neoyorquino. Entre otras cosas porque, como él, Sandy Bates manifiesta las mismas filias y fobias. Como dato curioso, llama poderosamente la atención que la partenaire femenina no fuese esta vez Diane Keaton o Mia Farrow, sino una estupenda Charlotte Rampling que se mete en la piel del gran amor/obsesión de un hombre que, pese al éxito y reconocimiento profesional de los que goza, pese a la atracción que siente hacia otras mujeres (Jessica Harper, Marie-Christine Barrault), no ha logrado superar aún la ruptura sentimental con la que fuese su musa.

Aunque, a decir verdad, si por algo destaca esta excelente comedia en blanco y negro es por el homenaje, rozando la parodia, que rinde al Fellini de 8½ (1963). Y es que la crisis creativa en la que se halla inmerso el susodicho Bates, a vueltas con los inconvenientes que comporta la fama, entronca de pleno con la que vivía en aquella película el personaje interpretado por Marcello Mastroianni. Asimismo, el primer cuarto de hora, sin diálogos (la supuesta obra maestra de un genio incomprendido), remite también al cine de Bergman o Antonioni, con esos viajeros encerrados en vagones de tren que conducen a un vertedero.



Relato de un director un tanto neurótico al que los fans acosan allá adonde va y cuya presencia en festivales levanta verdadera expectación, el origen de semejante planteamiento cabe buscarlo en la recepción que habían obtenido títulos anteriores de Allen cuando éste, a finales de la década de los setenta, había decidido ponerse "serio" con obras de la altura de Annie Hall (1977) o Interiores (1978). Lo cual convertía a la cinta que nos ocupa en una suerte de réplica cínica contra la industria y la crítica que siempre esperan del cineasta que los deleite con los mismos chistes.

Y, sin embargo, toda la carga existencial que se intuye en el trasfondo, todas las secuencias oníricas de inspiración surrealista, repletas de saltos temporales en el marco de la difusa línea entre realidad y fantasía que ello comporta, no impiden que los diálogos contengan réplicas divertidísimas mediante las que Woody Allen satiriza la obsesión del público por las celebridades, así como la constante invasión de su privacidad por parte de esos mismos cinéfilos ávidos de autógrafos. Definitivamente, una de las producciones más inspiradas del siempre genial Allan Stewart Konigsberg.



viernes, 3 de mayo de 2019

Non ma fille, tu n'iras pas danser (2009)




Título en español: No, hija mía: tú no irás a bailar
Director: Christophe Honoré
Francia, 2009, 105 minutos

Non ma fille, tu n'iras pas danser (2009)
de Christophe Honoré


Adentrarse en las escabrosas interioridades que pueblan el extravagante universo de Christophe Honoré lo mismo puede acarrear repulsa visceral que adhesiones inquebrantables, dependiendo de lo convencional que sea el espectador. Porque si hay una constante en la filmografía del cineasta francés es su continuo empeño en dinamitar la institución familiar en tanto que fuente de vínculos potencialmente perversos entre sus miembros.

Enfoque que no es exclusivo, ni mucho menos, del director de Ma mère (2004), sino que puede encontrarse en un puñado de películas que el cine galo ha producido en lo que llevamos de siglo y aun puede que antes. Títulos como: Un air de famille (1996) de Cédric Klapisch, Nue propriété (2006) de Joachim Lafosse o la más reciente Custodia compartida (Jusqu'à la garde, 2017) de Xavier Legrand.



Non ma fille, tu n'iras pas danser plantea la disyuntiva en la que se haya inmersa Léna (Chiara Mastroianni): separada y madre de dos niños, deberá decidirse entre si seguir los dictados de su propio instinto o, en cambio, acabar acatando la rutina que el sentido común parece reservar para las mujeres que se encuentran en su misma tesitura. Situación que, por si no fuera suficiente, se ve agravada cuando Léna decide pasar unos días junto a sus padres y hermanos (a cuál más neurótico) en la casa que éstos tienen en Bretaña.

Indecisa y voluble, no puede decirse que Léna sea precisamente un dechado de virtudes. Hay determinados momentos en los que, como sucedía con el personajes de Gena Rowlands en A Woman Under the Influence (1974) de John Cassavetes, casi casi se podría dudar incluso de su salud mental, abrumada por la inesperada presencia del ex marido, el flirteo con el joven Simon (Louis Garrel) y unos padres gamberros cuya falta de tacto la supera por completo.