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martes, 8 de julio de 2025

Hamam - El baño turco (1997)




Título original: Hamam - Il bagno turco
Director: Ferzan Özpetek
Italia/Turquía/España, 1997, 98 minutos

Hamam-El baño turco (1997) de Ferzan Özpetek


Ópera prima de un director que, en su debut cinematográfico y rindiendo homenaje a sus orígenes turcos, situó la acción en el casco antiguo de Estambul. A grandes rasgos, Hamam (1997) podría encuadrarse en la categoría de filmes en torno al autodescubrimiento o liberación de sus protagonistas. En ese sentido, el personaje de Francesco (Alessandro Gassmann) experimentará una profunda transformación personal a partir del momento en el que entra en contacto con un mundo hasta entonces ajeno a él y de cuyos valores, basados en el respeto a la tradición, carecía completamente.

Así pues, Francesco se sumerge poco a poco en un ambiente de costumbres ancestrales, rituales olvidados y una calidez humana que contrasta fuertemente con la frialdad materialista de su vida de ejecutivo agresivo en Roma. A este respecto, la relación que desarrolla con Mehmet (Mehmet Günsür), el atractivo hijo de su familia de acogida, será central en su evolución, llevándolo a confrontar su propia sexualidad y a aceptar facetas de sí mismo hasta entonces reprimidas.



Más que como un escenario físico, Özpetek concibe el hamam bajo una potentísima dimensión metafórica: la de un lugar de purificación, de renovación, de encuentro con lo esencial, donde el vapor y el agua son elementos que difuminan los contornos, sugiriendo la fluidez de la identidad y la disolución de las barreras personales. Asimismo, la película está impregnada de una sensualidad palpable, no sólo en la complicidad que se establece entre los personajes en los momentos más explícitos, sino en los sonidos del agua y los aromas sugeridos por los suculentos platos de la gastronomía local.

Por último, la majestuosidad decadente del propio baño, la melancolía de los callejones laberínticos de sus aledaños o el bullicio de los patios de vecinas que se comunican a grito pelado desde los balcones configuran un microcosmos de enorme atractivo que no sólo fascina a Francesco, sino que también su mujer (Francesca d'Aloja), reacia en principio a la idea de instalarse allí, dejará de lado sus desavenencias conyugales para, a través del epistolario de la difunta tía de su marido, acabar sucumbiendo al encanto del lugar.



domingo, 13 de agosto de 2023

La esperanza (1970)




Título original: Umut
Director: Yılmaz Güney
Turquía, 1970, 100 minutos

La esperanza (1970) de Yılmaz Güney


La que pasa por ser una de las joyas del cine turco ha arrastrado siempre el sambenito de su supuesto parecido con el neorrealismo italiano, probablemente porque los apuros a los que debe hacer frente su protagonista, un humilde cochero (y padre de familia numerosa) al que le matan accidentalmente uno de sus caballos, recuerdan en buena medida a los expuestos por De Sica en Ladri di biciclette (1948). Aunque, por esa regla de tres, tampoco sería descabellado comparar la crudeza de sus imágenes con la sordidez recreada por Buñuel en Los olvidados (1950). Sea como fuere, el caso es que Umut (1970) se inscribe en un contexto histórico en el que las cinematografías del tercer mundo irrumpieron con fuerza en el panorama internacional guiadas por un revolucionario afán reivindicativo.

Escrita, dirigida y protagonizada por el kurdo Yılmaz Güney (1937-1984), Umut denuncia la miseria de unas clases subalternas por completo alienadas cuya única esperanza pasa por ganar la lotería o desenterrar un fabuloso tesoro en mitad del desierto. Y así, pese a que Cabbar (Güney) hace acto de presencia en una manifestación obrera, optará finalmente por seguir las etéreas indicaciones de un imán que le promete hacerse rico excavando al pie de un árbol muerto.

Cabbar (derecha) con su inseparable amigo Hasan (Tuncel Kurtiz)


"Del pueblo soy y a él me debo": el lema del cineasta otomano se hace presente en cada fotograma de un filme que trasciende la ficción con la mira puesta en concienciar al espectador sobre la necesidad de organizarse para salir adelante. Lo cual convierte al pobre cochero, ciego en su delirio individualista, en una víctima de la superstición y la ignorancia.

Amargas tribulaciones que, en otro orden de cosas, establecen un triste paralelismo con la trayectoria vital del propio Güney, primero actor de prestigio y, más tarde, a fuerza de dirigir alegatos contra la pobreza que acabarían granjeándole la enemistad de las autoridades de su país, represaliado y encarcelado varias veces (la última por, supuestamente, asesinar a tiros a un juez). Huido de la prisión en el 81, obtuvo asilo político en Francia, adonde fallecería con apenas 47 años, víctima de un cáncer.



sábado, 12 de agosto de 2023

Time to Love (1965)




Título original: Sevmek Zamanı
Director: Metin Erksan
Turquía, 1965, 90 minutos

Time to Love (1965) de Metin Erksan


Enamorarse de un retrato parece algo propio de otras épocas, de cuando los códigos del amor cortés (si es que alguna vez fueron algo más que literatura) seguían aún en vigor. Pero eso es precisamente lo que le ocurre a Halil (Müsfik Kenter), el protagonista masculino de Sevmek Zamanı (1965), filme turco que permaneció durante décadas durmiendo el sueño de los justos y que recientemente, tras ser objeto de una minuciosa restauración, ha sido recuperado bajo el título internacional de Time to Love. De su director, el no menos desconocido Metin Erksan (1929-2012), ya tuvimos ocasión de hablar en la entrada anterior al comentar su espléndido drama rural El árido verano (Susuz Yaz, 1963), otra muestra del excepcional momento creativo que atravesaba el cineasta otomano a mediados de los años sesenta.

Además de una bella historia romántica, la cinta que nos ocupa es también un alegato contra los prejuicios de clase, toda vez que une a dos seres tan antagónicos como puedan ser un pintor de brocha gorda y una rica heredera de la élite de Estambul. Nada haría pensar, a priori, en la viabilidad de semejante relación y, sin embargo, surge de inmediato la chispa cuando la bella Meral (Sema Özcan) sorprende a un desconocido absorto en la contemplación del cuadro con su efigie que preside el salón de su segunda residencia, una lujosa villa en las exclusivas Islas Príncipe (en el Mar de Mármara) en cuya decoración había trabajado previamente Halil.



Desde el punto de vista formal, se le puede perdonar a Erksan el preciosismo paisajístico de su puesta en escena, así como el apasionamiento exacerbado que transmiten unos personajes de todo punto inverosímiles. Aunque lo importante, tal vez, no resida tanto en la credibilidad de lo que se cuenta, sino en cómo la acción, un típico caso de amor platónico con ribetes de amour fou, se imbrica gradualmente con los encantos que la cámara sabe extraer de las estampas que le brinda el lánguido otoño lluvioso en el que se enmarcan los hechos.

En definitiva, son muchos los obstáculos que se interponen en el camino de Halil y Meral, por lo que, como no podía ser de otra manera, ni el romance entre ambos resultará tan idílico como en principio cabría suponer (pese a la aparente imagen de modernidad que, por ejemplo, transmite el padre de la novia) ni los sabios consejos del viejo y fiel Mustafá (Fadil Garan) lograrán impedir que el destino acabe ejecutando su sentencia cruel contra la pareja.



viernes, 11 de agosto de 2023

El árido verano (1963)




Título original: Susuz Yaz
Director: Metin Erksan
Turquía, 1963, 93 minutos

El árido verano (1963) de Metin Erksan


Soberbio drama rural de tintes cainitas, a día de hoy Susuz Yaz (1963) sigue siendo, como toda la filmografía del turco Metin Erksan (1929-2012), una auténtica joya por descubrir (al menos fuera del país otomano), pese a que en su momento se alzase con el prestigioso Oso de Oro del Festival de Berlín y pese a que un cinéfilo de pro como Martin Scorsese no sólo haya contribuido a su restauración, sino que además la considere una de sus películas preferidas.

Ciertamente, se trata de una historia (adaptación de una novela corta de Necati Cumalı) que, como ocurre con cualquier obra maestra que se precie, plantea temas universales que van más allá de modas o aspectos idiosincráticos y que, por ende, serán siempre válidos en todo momento y lugar. Tal sería el caso, por ejemplo, de la rivalidad entre hermanos o de las violentas disputas que se suscitan en torno al bien preciado del agua, verdadero desencadenante de los amargos hechos aquí descritos.



Osman (Erol Tas) y Hasan (Ulvi Dogan, también productor de la cinta) son dos hermanos a cuál más diferente: autoritario y dominante el primero; honesto y un tanto sumiso el menor. De hecho, si este último se decide a llevarse consigo a la novia (Hülya Koçyigit) antes de lo previsto, es a instancias del audaz Osman, quien alardea de su arrojo en todos los ámbitos de la vida. Así pues, al hombre se le mete en la cabeza la firme determinación de hacerse con el control de las aguas de riego, dejando en la miseria al resto de labradores, por más que éstos le imploran que se avenga a razones.

Magistralmente desarrollada, la puesta en escena girará en torno a un triángulo en el que la bella Bahar se acabará convirtiendo en un objetivo tan codiciado como el agua. Sobre todo a partir del momento en el que el dócil Hasan apechugue con las consecuencias del litigio provocado por su hermano mayor y dé con los huesos en la cárcel durante ocho largos años. Un nuevo escenario en el que el deseo desenfrenado de Osman (traducido visualmente por la insistencia con la que la cámara capta las piernas de la muchacha), unido al creciente malestar de los lugareños, amenaza con desembocar en un desenlace fatalmente trágico.



sábado, 2 de abril de 2022

Medea (1969)




Director: Pier Paolo Pasolini
Italia/Francia/Alemania, 1969, 110 minutos

Medea (1969) de Pier Paolo Pasolini


Para el hombre antiguo mitos y rituales son experiencias concretas, que comprenden también su experiencia corporal y cotidiana. Para él la realidad es una unidad tan perfecta que la emoción que siente frente a un cielo de verano, por ejemplo, equivale a la experiencia personal más interior de un hombre moderno.

Palabras del centauro Quirón extraídas de los diálogos de la película

Como ya sucediera con Edipo Re (1967), primera entrega de su Ciclo Mítico, el mérito principal de la Medea pasoliniana reside en una lúcida aproximación a la Grecia antigua despojándola del aura museística en la que habitualmente nos ha llegado envuelta. En ese sentido, las imágenes de Medea (1969) destilan una fuerza que es fruto del laborioso proceso llevado a cabo por el cineasta italiano en su afán por localizar la esencia de la cultura clásica allí donde ésta perdure, ya sea en las escarpadas covachas de la Capadocia turca o frente a las murallas de Alepo en Siria.

De modo que, sabedor de lo que se trae entre manos, Pasolini considera lo más natural del mundo que un centauro se pasee por las rectilíneas galerías marmóreas de la Piazza dei Miracoli, en las inmediaciones de la torre de Pisa, mientras de fondo suenan cantos tibetanos y hasta una melodía tradicional japonesa.



Otro tanto ocurre con la presencia de una cautivadora Maria Callas, en su única incursión fílmica, a la hora de encarnar un papel hecho a la medida de quien, al igual que la hechicera sacerdotisa de Hécate, fue en la vida real una mujer fuerte, aunque aquejada por infaustas pasiones de todo tipo. El trágico destino de su personaje, además, se opone al pragmatismo racionalista de Jasón (Giuseppe Gentile), aspirante a dueño del codiciado vellocino de oro y, por ende, héroe materialista por antonomasia.

Sin embargo, a Pasolini le interesa poco la mitología y mucho el contraste entre un mundo ancestral de sacrificios humanos y otro, trasunto del neoliberalismo contemporáneo, en el que cualquier atisbo poético parece irremisiblemente condenado a fenecer en aras del progreso. Cierto que esos temas alientan muy en el fondo de una puesta en escena polvorienta, etnográfica, luminosa las más de las veces, plagada de anacronismos e intencionados fallos de rácord (ya desde el propio desajuste del doblaje en relación a lo que puede leerse en los labios de los actores, la mayoría de ellos no profesionales).



miércoles, 7 de agosto de 2019

El peral salvaje (2018)




Título original: Ahlat Ağacı
Director: Nuri Bilge Ceylan
Turquía/Macedonia/Francia/Alemania/Bosnia/Bulgaria/Suecia, 2018, 188 minutos

El peral salvaje (2018) de Nuri Bilge Ceylan


A día de hoy, son muy pocos los cineastas vivos que puedan presumir de poseer una filmografía a la altura de la del turco Nuri Bilge Ceylan. Títulos como Tres monos (2008), Érase una vez en Anatolia (2011) o la aclamada Winter Sleep (Sueño de invierno) (2014) certifican que estamos ante un hombre agraciado con el raro don, en este tiempo marcado por la celeridad constante, de saber contar historias desde el sosiego, capaces de abarcar lo universal a partir de lo local.

En ese sentido, es El peral salvaje una radiografía en profundidad (otra más) de un país que se debate entre la tradición y la modernidad. Pero, al mismo tiempo, contiene una inteligente reflexión a propósito de lo que el choque generacional significa en un pueblo remoto de la Capadocia o en cualquier otro punto del planeta. Nos habla de una generación que ha perdido toda esperanza, así como de otra, la de los mayores, que se resignó a creer que la principal meta en la vida era sacrificarse por el bienestar de sus hijos. Lo cual plantea un escenario en el que la incertidumbre se palpa en el ambiente, aunque sin que llegue a explotar (de momento). 



Sinan (Dogu Demirkol) acaba de obtener la diplomatura en magisterio. No obstante, la perspectiva de regresar a su ciudad natal no parece entusiasmarle lo más mínimo. Autor en ciernes, intenta convencer a los mandamases locales para que le publiquen su primer libro, pero, como única respuesta, no halla más que hipocresía y buenas palabras. Por si no fuera poco, su padre (Murat Cemcir) se ha ganado una fama de adicto a las apuestas que fastidia enormemente al muchacho. Y, sin embargo, Idris no parece un mal padre, puesto que aguanta las críticas de Sinan, aparentemente sin perder la calma e intentando argumentarle a su hijo que no debería hacer caso de la maledicencia si no tiene pruebas en firme...

¿Está Sinan condenado a repetir los mismos errores que su padre? ¿Es injusto al censurar al único de la familia que parece, mucho más que la madre y que la hermana, que le comprende y que le apoya? Porque, aunque esté mal decirlo, el chaval tiene una cara de tonto que tira de espaldas. Así que no sería nada extraño que alguna de esas pesadillas que le sobresaltan de forma recurrente se acabe haciendo realidad. Esto depara, en resumidas cuentas, El peral salvaje. Quienes hayan visto en los últimos años filmes como Sieranevada (2016), del rumano Cristi Puiu, o Norte, the End of History (2013), del filipino Lav Diaz, seguro que reconocerán aquí algunas similitudes, tales como largas e interminables conversaciones, jóvenes brillantes que malgastan su talento o esa violencia larvada que no es sino la que se genera en el seno de las sociedades emergentes cuando el progreso material se antepone a los derechos del individuo.


jueves, 17 de mayo de 2018

Hiedra (2015)




Título original: Sarmaşık
Director: Tolga Karaçelik
Turquía/Alemania, 2015, 104 minutos

Hiedra (2015) de Tolga Karaçelik


Que yo sepa, Jim Morrison no hablaba turco (aunque siempre estaba curda). El caso es que la música de The Doors acabó traspasando fronteras hasta el punto de que su influencia se dejaría sentir incluso en la remota Anatolia, donde Cem Karaca (1945-2004) compuso, bajo el influjo de los californianos, verdaderos himnos generacionales que han quedado para la posteridad. Uno de ellos, "Deniz Üstü Köpürür" (o sea: "Espuma en el mar") sirve de leitmotiv en Sarmaşık (es decir: Hiedra o Ivy, según el título internacional en inglés), película que transcurre a bordo de un carguero y en la que cuatro marinos turcos y un kurdo muy sobrio (valga la "paradoja") deberán hacer frente a la tiranía de su despótico patrón.

Con diferencia, estamos ante uno de los títulos más relevantes de los proyectados en el ciclo Delicias turcas de la Filmoteca de Catalunya. Su joven director, Tolga Karaçelik (Estambul, 1981), plantea el filme como un microcosmos cuya dinámica interna sería extrapolable a lo que ha venido aconteciendo en los últimos tiempos en la actual Turquía. Por esa regla de tres, el capitán del barco sería un trasunto de Recep Tayyip Erdoğan y los amedrentados trabajadores, la población obediente que, sumisa y resignada, acata, de momento, las órdenes y soporta unas duras condiciones de vida que es cuestión de tiempo que degeneren en violentos altercados.



La tensión, por tanto, se palpa en el ambiente, aunque cuando acabe por desatarse se plasmará en pantalla mediante recursos expresivos propios del realismo mágico, de modo que de las heridas de las víctimas brotarán plantas enredaderas en lugar de sangre, mientras que la cubierta se cubrirá de miles de caracoles, simpático gasterópodo que ha ido apareciendo fugazmente desde el inicio de la película y cuya plaga final recuerda enormemente al desenlace de Frío de Kalandar, notabilísimo filme turco también estrenado en 2015.

Respecto al fantasma del ya mencionado kurdo, al que da vida Seyithan Özdemir, actor de impactantes a la par que peculiares facciones ciclópeas, huelga decir que se trata de una clara referencia al que probablemente sea uno de los escollos más arduos con los que deberán lidiar las autoridades de aquel país en el futuro inmediato. De cualquier modo, y al margen de posibles interpretaciones alegóricas, el espectador ávido de suspense encontrará en Sarmaşık un claustrofóbico thriller psicológico dividido en tres partes, cada una de las cuales debidamente precedida por algunos versos procedentes de "The Rime of the Ancient Mariner", extenso y misterioso poema que escribiera a finales del siglo XVIII el poeta inglés Samuel Taylor Coleridge.


viernes, 11 de mayo de 2018

La visita (2015)
















Título original: Misafir
Director: Mehmet Eryilmaz
Turquía, 2015, 127 minutos

La visita (2015)

Nueva entrega del ciclo Delicias turcas en la Filmoteca. Con algo de confusión, por cierto, ya que la sinopsis que constaba en el programa no coincide exactamente con el argumento de la película que se ha proyectado.

La visita (o La huésped) es un drama con apariencia de telefilme que relata la cruda historia familiar de Nur (Zümrüt Erkin), una mujer que, en su día, se vio forzada a abandonar el hogar paterno y que, al cabo de los años, regresa acompañada de su hija pequeña.



Tras una década fuera de casa, el panorama con el que se encuentra Nur no puede ser más desolador: un padre ahogado por las deudas, una madre postrada en la cama en estado vegetativo y un hermano  soltero que parece ser el único dispuesto a retomar los viejos lazos afectivos. Conforme avance la trama, el espectador tendrá ocasión de comprobar cómo la incómoda sombra del incesto planea sobre el pasado de la familia. Son, en ese sentido, muy reveladoras las escenas oníricas en las que la protagonista se enfrenta a los fantasmas que la atormentan, en especial su relación con la madre, con la que puede hablar en sueños y a la que no ha terminado de perdonarle su papel de encubridora.

No puede decirse que Misafir sea la mejor de las películas turcas que de momento llevamos vistas, si bien contiene aspectos destacables como la presencia de la cantante Sema Moritz, cuyas canciones con aire de tango vienen a subrayar el patetismo de un tema que el director Mehmet Eryilmaz afronta con sensibilidad y valentía a partes iguales.


martes, 8 de mayo de 2018

Frío de Kalandar (2015)




Título original: Kalandar Soğuğu
Director: Mustafa Kara
Turquía/Hungría, 2015, 139 minutos

Frío de Kalandar (2015)


Nueva entrega del ciclo Delicias turcas, que nos está permitiendo conocer, a través de la Filmoteca de Catalunya, lo bueno y mejor producido recientemente, a nivel cinematográfico, en un país que quiere reivindicarse más allá de los atractivos turísticos de Estambul.

Mehmet (Haydar Şişman) vive en las escarpadas montañas cercanas a Trabzon junto a su esposa Hanife (Nuray Yeşilaraz), su anciana madre Nazife (Hanife Kara) y sus dos hijos: Ibrahim (Ibrahim Kuvvet) y Mustafa (Temel Kara). Pese a las estrecheces económicas que atraviesan y las duras condiciones del entorno, la familia lleva una "plácida" existencia dedicada a las tareas agrícolas y al cuidado de sus animales.



Con todo, el padre no ceja en el empeño de dar con un filón de plata que alivie los apuros de su prole, por lo que pasa buena parte del tiempo explorando cuevas de difícil acceso, hecho que motiva los continuos reproches de su esposa, quien desearía que el hombre se pusiera a trabajar en alguna de las minas que hay por allí. Ante la necesidad de pagar a los acreedores, y dado que su búsqueda del codiciado metal se revela infructuosa, Mehmet comenzará a barajar la no menos arriesgada posibilidad de presentar al buey (básico para el sustento doméstico) a un concurso donde contienda contra otros cabestros...

Coproducida con Hungría, Frío de Kalandar (2015), segundo largometraje dirigido por el joven realizador Mustafa Kara (Trebisonda, 1980), logra aprehender la quietud de unas cumbres en las que las cuantiosas nieves invernales aislarán a los protagonistas aún más del resto de la civilización. La suya es, pues, una constante lucha por la subsistencia, no exenta de un cierto toque bucólico (que podría recordar, en algún momento, los encantos de la vida retirada que cantaron tantísimos poetas, desde Horacio a Fray Luis), si bien marcada por la turbadora presencia de acechantes manadas de lobos que amenazan con diezmar los rebaños. Aunque la tenacidad, como la fe, mueve montañas y la quietud acabará por imponerse: un sosiego simbolizado, visualmente, por esos descomunales caracoles a los que tan aficionado es Ibrahim y que constituyen el leitmotiv de la película.


sábado, 5 de mayo de 2018

Madre patria (2015)




Título original: Ana Yurdu
Directora: Senem Tüzen
Turquía/Grecia, 2015, 93 minutos

Madre patria (2015) de Senem Tüzen


Es más fácil ser una piedra que ser una madre...

Delicias turcas. O lo que es lo mismo: Festival de cine turco de Barcelona. La Filmoteca de Catalunya acoge este mes un ciclo dedicado al cine que se está haciendo actualmente en Turquía. La primera de las películas de dicha retrospectiva que hemos tenido ocasión de ver lleva el significativo título de Madre patria y es la ópera prima de la directora Senem Tüzen, quien ha estado presente en la Sala Chomón para conversar con el público tras la proyección de hoy sábado.

La acción de Ana Yurdu se sitúa en un pueblo de la Capadocia profunda, una aldea perdida hasta la que se traslada Nesri (Esra Bezen Bilgin). Ella es una joven escritora divorciada que, procedente de la cosmopolita Estambul, se instala en la casa de su difunta abuela en busca de la paz y la inspiración necesarias para terminar la novela que está escribiendo. Pero a los pocos días se presenta de improviso su madre, incapaz de asumir el estilo de vida que lleva Nesri.



Tradición y modernidad chocan frontalmente en esta película en la misma proporción en la que ambas tendencias colisionan en el seno de la sociedad turca. Dos formas de entender la vida, representadas por una madre apegada a la sumisión de raigambre islámica y una hija que ha crecido según los usos y costumbres occidentales.

Llegados al turno abierto de preguntas, hay diversidad de opiniones a propósito de cómo acaba la historia: son varios los espectadores que manifiestan su desacuerdo con el final que plantea el filme; otros, en cambio, lo consideran muy apropiado. En realidad se trata de un desenlace premeditadamente ambiguo, susceptible de ser interpretado en clave feminista o, por contra, como una concesión al statu quo de un mundo atávico en el que los "pecados" de una descarriada se acaban pagando.


viernes, 14 de octubre de 2016

Mustang (2015)




Directora: Deniz Gamze Ergüven
Turquía/Francia/Alemania/Catar, 2015, 97 minutos

Bernarda Alba a la turca



Los mustangos (mustang en inglés) son una raza de caballos salvajes americanos, los mismos que desataban la pasión de Clark Gable y Eli Wallach en Vidas rebeldes (The Misfists, John Huston, 1961). Por su bravura, estos équidos darían pie a que un modelo de automóvil fuese bautizado con su nombre, quizá porque parece inevitable asociar la libertad indómita de dichos animales con la potencia de un motor de seis cilindros.

Con semejantes connotaciones era fácil que la realizadora turca (y francesa de adopción) Deniz Gamze Ergüven decidiera titular Mustang su primer largometraje, habida cuenta de las agallas que demuestran las cinco hermanas protagonistas del filme. Se trata, por lo que se ha dicho, de una historia con ribetes autobiográficos, aunque a juzgar por el celo con el que son confinadas en el recinto familiar la suya parece más una circunstancia surgida de la imaginación de García Lorca.

En todo caso, forzoso es decirlo, salta a la vista, en un plano ya más cinematográfico, el paralelismo evidente con Sofia Coppola y Las vírgenes suicidas (1999), película que también narraba las desventuras de cinco hermanas, si bien en el Detroit de los setenta.

De todas formas, lo realmente atractivo de Mustang, a nuestro entender, es la delicadeza con la que su realizadora ha sabido mostrar el choque cultural y generacional entre una Turquía que lucha por abrirse al mundo y su antítesis más integrista y reaccionaria. Porque, a fin de cuentas, el detonante que supondrá el infortunio de estas huérfanas no es más que un inocente juego malinterpretado por sus familiares.



En ese sentido, tiene un enorme valor simbólico el hecho de que la película arranque y concluya con la maestra de escuela que se muda a Estambul: es la manera que tiene Deniz Gamze Ergüven de decirnos que lo único que sacará a su país del secular oscurantismo en el que se halla sumido es la educación, en concreto la de las mujeres.

Deniz Gamze Ergüven