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martes, 16 de junio de 2026

El dosier Maldoror (2024)




Título original: Maldoror
Director: Fabrice du Welz
Bélgica/Francia, 2024, 155 minutos

El dosier Maldoror (2024) de Fabrice du Welz 


La más reciente obra del director belga Fabrice du Welz supone un descenso a los infiernos de la condición humana, así como el retrato implacable de un caso de negligencia institucional. Inspirada libremente en el infame asunto Dutroux, el escándalo de pederastia que sacudió los cimientos de Bélgica en los años 90, Maldoror (2024) evita el morbo fácil del true crime convencional para desarrollarse como un thriller obsesivo, asfixiante y moralmente devastador. 

La trama sigue a Paul Chartier (interpretado con intensidad magnética por Anthony Bajon), un joven e idealista gendarme asignado a una unidad secreta cuya misión es vigilar a un peligroso depredador sexual que acaba de salir en libertad condicional. Pero cuando dos niñas desaparecen, la investigación se convierte para Chartier en una obsesión absoluta. Sin embargo, el verdadero enemigo no es sólo el monstruo que opera en las sombras, sino una burocracia disfuncional, la guerra de egos entre diferentes cuerpos policiales y una incompetencia sistémica que sabotea cada intento de hacer justicia. Por eso, a medida que el sistema le falle a las víctimas, Chartier iniciará una cruzada solitaria que amenaza con destruir su propia cordura.



Aun así, du Welz no busca el impacto a través de la violencia explícita, sino que el horror radica en lo que se intuye, en una atmósfera densa y en la frustración burocrática. En ese sentido, el director retrata al antagonista no como una mente maestra del crimen, sino como un ser mediocre, miserable y desagradable que logra operar impunemente porque el sistema que debería detenerlo está roto. Lo cual deja entrever una evidente crítica institucional, ya que la película es un reflejo feroz de cómo la falta de comunicación entre la gendarmería y la policía nacional, sumada a la complacencia política, costó vidas humanas.

Aunque el peso emocional recae sobre los hombros de Anthony Bajon. Su transformación física y psicológica a lo largo del metraje es brutal, pues pasa de ser un joven recluta lleno de esperanza a un hombre consumido por la rabia, con la mirada vacía de quien ha mirado demasiado tiempo al abismo. En cambio, el reparto secundario (que incluye, entre otros, a Laurent Lucas, un habitual de du Welz, y Sergi López) aporta una solidez tremenda, construyendo un microcosmos de personajes grises donde nadie es completamente inocente. El resultado es un largometraje denso, doloroso y profundamente perturbador que emparenta con el David Fincher de Zodiac (2007) o el Denis Villeneuve de Prisoners (2013) y cuyo título (una referencia a la maldad inherente en Los cantos de Maldoror del Conde de Lautréamont) hace justicia a la obra: un viaje cinematográfico impecable sobre cómo el intento de combatir a los monstruos puede terminar por convertirnos en uno de ellos.



viernes, 29 de agosto de 2025

La terra negra (2025)




Título en castellano: La tierra negra
Director: Alberto Morais
España/Panamá, 2025, 100 minutos

La terra negra (2025) de Alberto Morais


Pese a que acaba de llegar a nuestras pantallas, el copyright de La terra negra (2025) indica que la película se rodó en realidad hace un par de años, lo cual demuestra hasta qué punto resulta complicado estrenar un determinado tipo de cine más alternativo, por completo ajeno —tanto visual como artísticamente— a la tiranía de los convencionalismos comerciales. Y es que la parsimonia de los diálogos, al igual que la aspereza de cuanto se muestra en pantalla, hacen de la cinta que nos ocupa una apuesta sumamente arriesgada.

Su director, el vallisoletano Alberto Morais (Valladolid, 1976), ya dio muestras en su día de un talento sobresaliente con el documental Un lugar en el cine (2008), excelente aproximación a la experiencia cinematográfica a través de la mirada de diversos cineastas, entre los que destacaban Pasolini o Víctor Erice. Inmejorable carta de presentación a la que ahora, tantos años después, toma el relevo un drama de corte rural, originalísimo en su austera puesta en escena.



La frontalidad de muchos primeros planos, con los actores diciendo el texto mirando a cámara, recordará (a quien tenga el gusto de conocer su filmografía) al Eugène Green de, por ejemplo, El hijo de José (2016). Recurso, reforzado con la ausencia momentánea de sonido ambiente, que produce en el espectador una suerte de extrañamiento, como si se quisiera anunciar que algo cuasi milagroso está a punto de suceder. Ese algo, por cierto, deja entrever un vago aire mesiánico en el personaje de Miquel (Sergi López), cuya capacidad para amansar a los demás lo sitúa en una órbita muy similar a la del misterioso joven que el recientemente desaparecido Terence Stamp interpretaba en Teorema (1968).

Por otra parte, el guion de Morais y Samuel del Amor ubica la trama en un pueblo indeterminado de la Comunidad Valenciana, espacio tan inhóspito como lo son tantísimas regiones de la España profunda y vaciada. Las rencillas y miserias que allí se desarrollan desde tiempos inmemoriales enfrentan a una pareja de hermanos (Laia Marull y Andrés Gertrúdix) con dos o tres vecinos sin escrúpulos y dispuestos a encañonar a quien sea por un palmo más de tierra. Ambiente sórdido, por tanto, al compás de los pasodobles que suenan de fondo en algún bar de lo más cutre, y que contrasta con la música de Bach y el Agnus Dei de Zurbarán que Morais utiliza como leitmotiv en esta parábola sobre odios enquistados y víctimas propiciatorias.



miércoles, 6 de agosto de 2025

Josep (2020)




Director: Aurel
Francia/España/Bélgica, 2020, 75 minutos

Josep (2020) de Aurel


Ambientada en febrero del 39, cuando miles de republicanos españoles buscaban refugio en Francia, Josep (2020) es otra de esas pequeñas joyas que la animación europea, sin duda más artesanal que la americana o la asiática, produce de vez en cuando. Su director, Aurélien Froment (o simplemente Aurel, como suele firmar), nació en Ardèche en 1980 y debutaba con esta historia basada en la figura del dibujante catalán Josep Bartolí i Guiu (1910-1995).

Aun así, no estamos ante un biopic convencional, sino que los hechos en los que se inspira se ven de algún modo ficcionalizados. A tal efecto, se introduce una trama paralela cuyos protagonistas son los descendientes del supuesto gendarme bondadoso que, contraviniendo las órdenes de sus superiores, se apiadó de Bartolí durante la estancia de éste en los campos de concentración donde, como tantos otros exiliados, fue recluido por las autoridades francesas.



Adornada con las voces, entre otros, de Sergi López y Sílvia Pérez Cruz, quien también se encarga de la música, la cinta se caracteriza por el estatismo de unas ilustraciones mediante las que, además de dejar constancia del sufrimiento de los vencidos, se reflejan a su vez las ensoñaciones del protagonista con su prometida, de la que no ha vuelto a tener noticias desde que dejó Barcelona, e incluso con la mítica Frida Kahlo, compañera sentimental del susodicho, ya durante su exilio en Méjico.

A consecuencia de esa doble trama a la que antes nos referíamos, la acción salta continuamente del pasado al presente, lo cual da pie a un interesante paralelismo o contraste entre el compromiso de aquellos que todo lo perdieron por defender sus ideales y la indiferencia e incluso el olvido en el que dicha lucha terminaría cayendo. Sin embargo, ese mismo planteamiento da pie a una emotiva relación entre el gendarme, ya moribundo, y su nieto, aficionado también al dibujo como Bartolí y, por lo tanto, responsable de mantener viva, en lo sucesivo, la memoria histórica.



viernes, 13 de junio de 2025

Sirât: Trance en el desierto (2025)




Director: Oliver Laxe
Francia/España, 2025, 115 minutos

Sirât (2025) de Oliver Laxe


Como Apocalypse now (1979) de Coppola o Lamerica (1994) de Gianni Amelio, Sirât (2025) pertenece a ese tipo de películas cuyos personajes avanzan hacia lo desconocido guiados por la locura de un viaje sin retorno. A este respecto, el motivo por el que Luis (Sergi López) y su hijo se unen a una caravana de ravers para adentrarse en las profundidades del desierto no deja de ser un macguffin, apenas el pretexto que hace avanzar la acción en un periplo que es más metafórico que real.

La transformación que experimentan todos los implicados en semejante odisea, misfits o desubicados del primer mundo por voluntad propia, oscila entre lo místico y lo lisérgico, aunque deriva también hacia una lectura más de tipo existencial en consonancia con los tiempos que corren, marcados por el nihilismo de un mundo globalizado y, por ende, desprovisto de sentido.



Los giros de guion inesperados terminarán de dar una vuelta de tuerca a lo que a priori pudiera parecer una simple road movie de tintes alternativos, para involucrar al espectador en esa misma travesía inmersiva rumbo hacia los abruptos confines de Marruecos con Mauritania que no deja de ser una auténtica exploración de la condición humana, vertiginosa y metafísica.

La fotografía de Mauro Herce, dotada de una textura cercana al analógico, tiñe la pantalla de ocres y tonalidades propias de la aridez del paisaje en el que transcurre la acción, un puente iniciático entre el paraíso y el infierno, tal y como sugiere el título en árabe de la película. Aunque también la banda sonora de Kangding Ray, trance de ritmos vibrantes de bajo, constituye un elemento crucial que contribuye a la atmósfera inquietante y envolvente de una cinta producida por la factoría Almodóvar y recientemente premiada/encumbrada en el último Festival de Cannes.



sábado, 16 de septiembre de 2023

La vampira de Barcelona (2020)




Director: Lluís Danés
España, 2020, 106 minutos

La vampira de Barcelona (2020) de Lluís Danés


Una puesta en escena deliberadamente teatral (en el buen sentido de la palabra) permite que la acción de La vampira de Barcelona (2020) transcurra en la Ciudad Condal de principios del siglo XX sin menoscabo de la verosimilitud o credibilidad de su trama. Que, como todo el mundo sabe a estas alturas, recrea un caso real que en su momento hizo correr ríos de tinta: el de Enriqueta Martí Ripollés (1868-1913), más conocida como «La vampira de la calle de Poniente (hoy Joaquín Costa)» o «La vampira del Raval».

Jugando continuamente con el contraste entre las secuencias en color (pocas, con predominio del rojo) y el blanco y negro de la práctica totalidad del relato, el realizador Lluís Danés firmaba una interesantísima cinta, en formato panorámico, en la que lo histórico y lo onírico se daban la mano con absoluta naturalidad. A este respecto, la dirección artística del propio Danés destaca por una imaginativa concepción de los decorados que en ocasiones rehúye el realismo para adentrarse por unos vericuetos que pudieran recordar remotamente a los de la estética del expresionismo.



Sin embargo, el guion de Lluís Arcarazo y la novelista María Jaén no hace recaer el protagonismo sobre la susodicha Enriqueta (Nora Navas), sino que convierte a Sebastià Comas (Roger Casamajor), un oscuro reportero adicto a la morfina, en el centro de la investigación. A su vez, el periodista frecuenta la compañía de Amèlia (Bruna Cusí), una prostituta con ínfulas de cantante de ópera que lucha denonadamente por dejar atrás los sinsabores de su sórdido pasado.

Y es que en los bajos fondos de aquella Barcelona aparentemente próspera se daban cita las altas personalidades de una sociedad tan corrupta como ostentosa. Caldo de cultivo, pues, para que la depravación de la selecta burguesía saciase su sed de vicio gracias a una siniestra red de tráfico de menores encargada de abastecer a las casas de lenocinio más distinguidas de la ciudad. Supuestos raptos, crueles tormentos y otras aberraciones que la inoperancia de las autoridades policiales, encabezadas por el comisario Amorós (Sergi López), y el sensacionalismo de la prensa local, liderada por Méndez (Mario Gas), contribuirían a elevar a la categoría de leyenda urbana.



viernes, 23 de junio de 2023

Ricky (2009)




Director: François Ozon
Francia/Italia, 2009, 89 minutos

Ricky (2009) de François Ozon


Un bebé con alas... Queda la duda razonable de si François Ozon conocía la película Tobi (1978) de Antonio Mercero. O en todo caso Rose Tremain, la novelista británica autora del relato "Moth" en el que está libremente basada la cinta que nos ocupa. Sea como fuere, lo cierto es que Ricky (2009) arranca como un típico drama social inequívocamente realista para, poco a poco, ir evolucionando hacia registros próximos al cine fantástico o incluso la comedia alegórica. 

En ese aspecto, la banda sonora de Philippe Rombi juega un papel fundamental a la hora de crear el necesario ambiente de misterio en torno al elemento central de la historia, esto es: cómo el hijo recién nacido de dos operarios de una fábrica (Sergi López y Alexandra Lamy) se convierte en una especie de angelito capaz de suscitar el interés de los medios de comunicación de masas.



Lo curioso del caso es que, superada la sorpresa inicial, los padres de la criatura normalizarán el hecho de que su niño pueda volar, hasta el extremo de, imbuidos por el sensacionalismo de la prensa, plantearse si no deberían rentabilizar económicamente tantísima expectación.

Aun así, la clave para dar con el sentido último de lo que se pretendió transmitir por medio de semejante parábola habría que buscarla en el adjetivo diferente con el que la madre de la criatura califica varias veces al prodigio que ha traído al mundo. Un rasgo distintivo tras el cual no sería descabellado vislumbrar alguna referencia velada a la condición de cada individuo, ya sea en el plano ideológico (con la irrupción en un contexto obrero de lo real maravilloso) o incluso en el de la identidad sexual, algo, por otra parte, bastante frecuente en la filmografía de Ozon.



viernes, 19 de mayo de 2023

Potiche, mujeres al poder (2010)




Título original: Potiche
Director: François Ozon
Francia, 2010, 103 minutos

Potiche, mujeres al poder (2010) de François Ozon


Junto con 8 femmes (2002) y la más reciente Mon crime (2023), Potiche (2010) integra una particular trilogía feminista marcada por el histrionismo de una puesta en escena eminentemente kitsch donde lo caricaturesco y lo vintage se dan la mano en aras de una propuesta tan cómica como transgresora. Menos teatral que los otros dos títulos, aunque igualmente basada en una pieza dramática (en este caso de Pierre Barillet y Jean-Pierre Grédy), la acción se sitúa en la Francia, colorida y un tanto progre, de 1977. Una época de contrastes, de hecho, en la que lo mismo podía haber alcaldes comunistas que mujeres florero a la sombra de sus respectivos maridos.

Y es que, a lo tonto a lo tonto, la película plantea el punto de inflexión en el que los postulados de mayo del 68, ya presentes en la vida pública tras una década de protestas estudiantiles y sindicales, irrumpen en el seno del hogar francés para empoderar a una sumisa ama de casa (Catherine Deneuve) y ponerla al frente de la fábrica de paraguas que hasta entonces ha dirigido el ridículo señor Pujol (Fabrice Luchini).



La transformación que a partir de ese momento se produce, tanto a nivel familiar como local, pone de manifiesto que los viejos esquemas patriarcales parecen tocar a su fin, ya que la sociedad demanda (y agradece) una nueva manera de hacer las cosas, menos autoritaria, en la que el toque femenino juega un papel de vital importancia a la hora de dinamizar las relaciones entre la empresa y los trabajadores. Como dirá Nadège, la secretaria (Karin Viard), cuando Pujol intente acosarla como solía hacer antes de caer en desgracia: "Yo ya no soy la misma. Soy una nueva mujer. Y todo gracias a la jefa".

No son pocos los guiños cinéfilos que encierra una cinta repleta de referencias tan explícitas como esos paraguas que la misma Catherine Deneuve ya hiciera célebres en la hoy mítica Les parapluies de Cherbourg (1964). Por no hablar de la coreo a lo Travolta que ella misma y el orondo Gérard Depardieu (en su enésima aparición conjunta desde que Truffaut los uniera en Le dernier métro) se marcan en una pista de baile muy similar a la de Saturday Night Fever (1977).



lunes, 8 de abril de 2019

7 razones para huir (de la sociedad) (2019)




Título original: 7 raons per fugir (de la societat)
Directores: Gerard Quinto, Esteve Soler y David Torras
España, 2019, 75 minutos

7 razones para huir (2019)


El foc s'encomanà als mobles i al cap de cinc minuts cremava tota la casa, de la qual escapàrem l'artista i jo per miracle.
Aquell vespre mateix la gent tenia notícies que havia cremat un bloc de cases i que moriren més de tres-centes persones, totes de bona família.

Pere Calders
"Coses aparentment intranscendents"
Cròniques de la veritat oculta (1942)

La cartelera barcelonesa tiene el honor de contar, desde el pasado viernes, con uno de esos títulos que logran que el cine sea algo más que un mero entretenimiento de masas. Afortunadamente. Porque los creadores de 7 raons per fugir (de la societat), todos ellos debutantes en el noble arte de la dirección de largometrajes, se aventuran en ésta su ópera prima por los tortuosos senderos del sarcasmo y de la mala leche que, en el pasado, frecuentaron nombres ilustres como Buñuel, García Berlanga o el mismísimo Marco Ferreri.

Quinto, Soler y Torras podrían haber sido una delantera mítica del Barça (o incluso un afamado trío de compositores de coplas). Pero no: por de pronto son los responsables de estas siete historias con el denominador común de hacer que el absurdo irrumpa en lo cotidiano. Se diría que la sombra de Pere Calders (1912-1994), avezado cronista de lo real maravilloso que compartiera exilio mejicano con el ya mencionado cineasta de Calanda, planea sobre muchas de ellas. Aunque en el turbador epílogo, que aquí no desvelaremos, se deja sentir también la impronta remota y sutil de aquella inquietante alegoría de la soledad humana que fue La cabina (1972) de Mercero.



El proyecto, cuya génesis se remonta al corto Interior. Família. (2014) germen que daría pie al primero de estos siete relatos fue presentado en la última edición del Festival de Málaga, así como en el South by Southwest Film Festival de Austin (Texas). En esencia, y hasta cierto punto, recupera la estructura de aquellos filmes de episodios que durante la década de los sesenta —Boccaccio '70 (1962), Ro.Go.Pa.G. (1963), Historias extraordinarias (1968) supusieron una vuelta de tuerca a la hora de lograr que las películas no sólo divirtieran sino que, sobre todo, incomodasen.

Comedia negra (y aun negrísima por momentos), 7 razones para huir se atreve a cuestionar, mediante la mordacidad sin cortapisas de sus diálogos, los pilares básicos de una sociedad en la que los padres se sublevan contra los hijos, el tercer mundo irrumpe (literalmente) en el salón de casa, las novias se declaran en rebeldía justo antes de dar el "sí quiero" y los vecinos de una comunidad (como sucedía en el buñueliano Ángel exterminador) no sólo son incapaces de cruzar el umbral del rellano, sino que únicamente saben contar hasta seis.


martes, 8 de enero de 2019

Murieron por encima de sus posibilidades (2014)




Director: Isaki Lacuesta
España, 2014, 98 minutos

Murieron por encima de sus posibilidades
(2014) de Isaki Lacuesta


Antes de que diese inicio la proyección, bromeaba esta tarde Isaki Lacuesta sobre el hecho de que la Filmoteca de Catalunya haya decidido comenzar la retrospectiva que le dedica precisamente con la que él considera su película más controvertida. Por lo que se ha apresurado a advertir a los asistentes que su filmografía contiene títulos de muy diversa índole y que en el caso de que Murieron... no sea del agrado de alguien ello no implica, forzosamente, que el resto sean igual de malos.

Porque estamos ante un filme que, a fuerza de disparatado, alcanza cotas insólitas de lucidez. Rodado a salto de mata entre 2012 y 2014, Murieron por encima de sus posibilidades reúne a lo más granado de la profesión actoral de este país (y algún que otro cameo de amigos y conocidos) con el objetivo de satirizar las causas y consecuencias de la crisis económica que lo ha llevado a la bancarrota.



Se trata, por tanto, de una comedia coral, heredera, en buena medida, de las de Luis García Berlanga, si bien el grado de acidez y violencia que aquí se utiliza está más en sintonía con el universo, pongamos por caso, de un Álex de la Iglesia.

De todos modos, lo principal es que Lacuesta demostró con Murieron... que era posible levantar una película sin apenas medios cuando el discurso imperante invitaba más bien a la resignación. En ese sentido, su película quedará (lo es ya) como un filme de culto, a la par que documento de época, que los jóvenes del futuro descubrirán con verdadero asombro.


lunes, 7 de enero de 2019

Lazzaro feliz (2018)




Título original: Lazzaro felice
Directora: Alice Rohrwacher
Italia/Suiza/Francia/Alemania, 2018, 125 minutos

Lazzaro feliz (2018) de Alice Rohrwacher


La que pasa por ser una de las mejores películas estrenadas en 2018 nos sitúa en un marco espaciotemporal absolutamente equívoco: ¿estamos en la Italia de la inmediata posguerra? ¿Son los años cincuenta, sesenta, setenta...? De repente, ya avanzada la acción, uno de los personajes saca un teléfono móvil, de los antediluvianos, con antena desplegable. Y así, poco a poco, indicio tras indicio, el espectador va más o menos ubicándose. Aunque las fronteras entre pasado y presente se desdibujan en Lazzaro felice hasta tal punto que poco o nada importa dónde y cuándo se desarrolla la historia.

Porque lo que se propone la joven realizadora Alice Rohrwacher (Fiesole, Toscana, 1982) es precisamente adoptar un aire de fábula atemporal, heredero en espíritu y forma del cine de los grandes autores surgidos de la corriente neorrealista, que ahonde en lo más profundo de la idiosincrasia italiana hasta averiguar, si es que ello es posible, cuáles han sido las causas de que el país se aventurase, una tras otra, en continuas derivas de consecuencias impredecibles.



El protagonista, un joven campesino, cándido y servicial, cuyo nombre lleva implícita la idea de resurrección, desaparece en un momento dado para irrumpir, al cabo de los años y sin que su apariencia haya variado lo más mínimo, en un mundo que ya no es el mismo. ¿Realismo mágico? ¿Algún mensaje críptico en la línea del Pasolini de Teorema (1968)? ¿Espiritualidad campestre heredada de L'albero degli zoccoli (1978) de Ermanno Olmi? Más aún, ¿rebelión de los lugareños como la ensayada por Berolucci en Novecento (1976)? En realidad, este tipo de quiebros inesperados los hemos visto muchas veces en las obras de madurez del mejor Fellini —el de  (1963) o Giulietta degli spiriti (1965)—, si bien, tirando aún más atrás, se percibe el eco literario del "Rip van Winkle" de Washington Irving (1783–1859).

Tan accidentado periplo, trufado de numerosas notas de crítica social, no queda exento, sin embargo, de cierta comicidad que aflora, aquí y allá, merced a personajes secundarios como el capataz de la marquesa o el granuja de medio pelo al que da vida Sergi López. Y ello es debido, casi con toda probabilidad, a que Lazzaro felice participa de la misma fórmula tragicómica que se haya presente en lo quijotesco y en lo esperpéntico; en los falsos milagros; en los desdentados aparceros de la heredad La Inviolata (sutil parábola del fascismo), condenados a la esclavitud feudal por una decadente aristócrata que cultiva tabaco; en la inverosimilitud de que amo y criado sean medio hermanos; en la utopía, en definitiva, de que un viejo lobo solitario avance a contracorriente por las procelosas carreteras del progreso.


martes, 12 de junio de 2018

El hombre que mató a Don Quijote (2018)




Título original: The Man Who Killed Don Quixote
Director: Terry Gilliam
España/Bélgica/Francia/Portugal/Reino Unido, 2018, 132 minutos

El hombre que mató a Don Quijote (2018)


Y cien escollos después... Las trabas que abortaron el fallido intento del ex Monty Python Terry Gilliam de llevar a la pantalla la obra cumbre de Cervantes dieron lugar al memorable documental Lost in La Mancha (2002), testamento en el que se dejaba constancia de cómo los elementos y la mala fortuna se aliaron fatalmente para impedir que Jean Rochefort y Johnny Depp encarnasen a la que, sin duda, habría sido la versión más insólita de Don Quijote y Sancho Panza.

Pero hete aquí que, al cabo de los años y de innúmeros obstáculos, el obstinado Gilliam se ha salido al fin con la suya. Y aunque de poco le fue que el productor Paulo Branco impidiese mediante una demanda que el filme clausurase la última edición del Festival de Cannes, lo cierto es que The Man Who Killed Don Quixote es ya una realidad.

Que sucumbe, sin embargo, a la tentación de incluir algún que otro toque flamenco en la banda sonora compuesta por Roque Baños. Una partitura que, en momentos puntuales, también remeda el vals de la Suite de jazz de Shostakóvich o la romanza del Concertino de Salvador Bacarisse. Tópicos tal vez inevitables cuando es un americano afincado en el Reino Unido quien se acerca a la figura del hidalgo manchego, pero que restan credibilidad al producto final.



En su personal visión del texto cervantino, Gilliam imagina que Don Quijote (Jonathan Pryce) es un zapatero llamado Javier Sánchez y que los galeotes viajan en una furgoneta de la Guardia Civil; los molinos de viento conviven con los generadores de energía eólica y Sancho (Adam Driver) es un director de cine cuya obra de juventud se parece enormemente al inacabado Quijote de Orson Welles. 

Presente y pasado, ficción y realidad, se entremezclan en un juego de planos espacio-temporales que intenta emular y/o poner al día el complejo divertimento con el que Cervantes dio carta de naturaleza a la novela moderna. Muy original a ratos, cierto, toda vez que se aprecia el inconfundible concurso de Comediants en lo que sería el equivalente de la estancia de los protagonistas con los Duques, convertidos ahora en nuevos (y horteras) ricos rusos capitaneados por Jordi Mollà, pero fallido en términos generales por un exceso de egolatría que tergiversa y aun pervierte el sentido primigenio de la obra. 

En ese aspecto, la película soñada por Terry Gilliam, aquélla que tantas veces proyectó y que tantas veces vio venirse abajo, se nos antoja mucho mejor que no lo que ha terminado siendo su concreción final. Y es que ya lo dijo Oscar Wilde: "Ten cuidado con lo que deseas, porque se puede convertir en realidad..."


viernes, 30 de marzo de 2018

Parc (2008)




Director: Arnaud des Pallières
Francia, 2008, 109 minutos

Parc (2008) de Arnaud des Pallières


La carta blanca que la Filmoteca de Catalunya dedica estos días a Sergi López es ocasión más que propicia para recuperar títulos que, como Parc (2008), permanecen aún inéditos en nuestras pantallas a pesar de la década transcurrida desde su rodaje.

Adaptación un tanto sui géneris de Bullet Park (1969), la tercera de las novelas que publicara el narrador norteamericano John Cheever (1912-1982), Parc supuso, a su vez, el tercer largometraje dirigido por Arnaud des Pallières, tras Drancy Avenir (1997) y Adieu (2003).



No puede decirse, ni mucho menos, que estemos ante una película redonda, si bien depara dos o tres momentos de un cierto interés, sobre todo por el particular uso del sonido que se lleva a cabo. Su mayor defecto, tal vez, es lo errático de su estructura, quizá porque el director andaba más preocupado en crear una atmósfera inquietante que no en perfilar los detalles que llevan a Paul Marteau (Jean-Marc Barr) a arremeter contra la familia Clou (ojo al juego de palabras: Marteau, es decir, 'martillo' versus Clou, o sea, 'clavo' y al que el cartel de la película también aludía de forma gráfica).

La acción, con el trasfondo de unos graves disturbios que están teniendo lugar en las grandes ciudades de casi toda Francia, se sitúa en una exclusiva zona residencial donde Georges y Hélène Clou (Sergi López y Nathalie Richard, respectivamente) llevan una vida menos idílica de lo que parece, en compañía de su depresivo hijo adolescente Tony (Laurent Delbecque).


domingo, 8 de octubre de 2017

El laberinto del fauno (2006)




Director: Guillermo del Toro
Méjico/España/EE.UU., 2006, 118 minutos

El laberinto del fauno (2006)


A la ya prevista visita para esta tarde de Guillermo del Toro a la Filmoteca se unía, a última hora y para sorpresa de los asistentes, el actor Sergi López. De modo que han sido ambos quienes finalmente han presentado El laberinto del fauno, la película con la que triunfaron hace ya más de una década.

Valiéndose de un tono distendido y con profusión de tacos, el director mejicano ha explicado que, siendo muy pequeño, su abuela lo inició en los misterios del pecado original. Algo que él no llegó a comprender muy bien, pero que supuso que le pusieran chapas en las plantas de los pies como pequeña mortificación que le restase años de permanencia en el Purgatorio. Aunque el verdadero litigio, entre madre y abuela, comenzó cuando la primera descubrió lo que le habían hecho...



Por esas mismas fechas comenzó a leer revistas de cine, lo que le llevaría a idear sus propios efectos especiales caseros, que filmaba con una cámara de Súper-8. Luego recibiría las enseñanzas de su mentor, Emilio García Riera, historiador del cine mejicano e hijo de una exiliada republicana, de donde tal vez le viniese el interés por situar la película hoy presentada en la inmediata posguerra.

Por su parte, Sergi López ha recordado cómo, durante el rodaje, del Toro le increpaba cada vez que se le escapaba el acento catalán: "¡Otra vez el fuet!" Señal de que es un director que está pendiente de todo. De hecho, le convenció para interpretar al pérfido Vidal durante una comida, en la que, sin haber escrito aún el guion, le contó la historia con todo lujo de detalles.



Más anécdotas: el Hombre Pálido debía, en un principio, tener una cara hiperrealista de viejo. Pero en el último momento tuvo la genial ocurrencia de sustituirla por las manos con ojos, decisión que acarreó no pocas discusiones con los catalanes David Martí y Montse Ribé, quienes finalmente ganarían el Oscar al mejor maquillaje. Y en cuanto al sonido, tan importante en esta película como lo que se ve en pantalla, recuerda del Toro que dedicaron toda una pista al chirriar del cuero de Vidal en botas y demás elementos de su atuendo.

Bromea sobre el próximo estreno de su nueva peli, La forma del agua: "A finales de enero estará en los cines (y a finales de diciembre en el eMule...) Pero no: ¡ustedes véanla en pantalla grande, que es lo mejor! Aunque éste es un argumento patético, que después nadie cumple..."



En fin: comienza la proyección. Todo un mundo de fantasía procedente de los cuentos de hadas, mezclado con el contexto histórico de los maquis y la represión franquista. Aunque, a nivel historiográfico, el rigor es relativo, puesto que los uniformes que lucen los oficiales no son exactamente los reglamentarios de aquella época: diríase que, en aras de sublimar lo que de sueño y de pesadilla tiene El laberinto del fauno, se optó por estilizar detalles que, como éste, le habrían dado un toque excesivamente realista.

Lo cual nos lleva a preguntarnos si es más cierta la vida que lleva Ofelia (Ivana Baquero) junto a su madre (Ariadna Gil) que la que intuye en una dimensión paralela habitada por ninfas, engendros y otros prodigios. Los oficinistas grises, siempre prontos a quedarse en la superficie de las cosas, dijeron en su momento que todo era una ensoñación de la niña para huir de la sordidez del ambiente que la rodea. Craso error, que ni todo es tan evidente ni las cosas son tan fáciles: ¿y si resultase que el mundo real es el que se esconde bajo tierra y las penurias derivadas de la Guerra Civil apenas un mal sueño? Tal vez por eso a Guillermo del Toro le gusta citar una frase de Kierkegaard que resume a la perfección el desenlace de su película: «El tirano muere y su reino termina; el mártir muere y su reino comienza.»


sábado, 7 de octubre de 2017

La próxima piel (2016)




Título original: La propera pell
Directores: Isa Campo e Isaki Lacuesta
España/Suiza, 2016, 103 minutos

La realidad y el deseo



Rodada, en cierta manera, según el modelo inaugurado por Hitchcock con títulos como Sospecha (1941) o La sombra de una duda (1943), La propera pell cimenta la base de su historia en el reencuentro de un adolescente con su familia tras ocho años de desaparición. Así pues, de la misma manera que en el modelo clásico uno se pasaba toda la película preguntándose si el personaje interpretado por Cary Grant o por Joseph Cotten era bueno o malo, aquí sucede algo similar con Léo/Gabriel (Àlex Monner). Pero con el aliciente de que, aunque llegamos a saber casi con toda seguridad que el muchacho es un impostor, seguimos aferrándonos, como la madre (Emma Suárez), a lo que desearíamos que fuese cierto.

A priori no parece nada fácil recrear un tal grado de sutil profundidad psicológica, cosa que el trío de guionistas (Campo, Lacuesta y Fran Araújo) resuelve con solvencia. Como embrollada se presenta la situación familiar en la que aterriza el supuesto Gabriel tras su prolongada ausencia: un padre que falleció en extrañas circunstancias, un tío adusto (Sergi López) que ve con recelo cómo el chico lo desplaza en la relación que mantiene con su cuñada, un asistente social (Bruno Todeschini) obsesionado con darle a Léo (sea o no Gabriel) una nueva familia porque él también fue un niño sin infancia...



El ambiente gélido y opresivo de un pueblo del Pirineo de Huesca, aislado entre montañas nevadas y frente a cuyo hastío poco más se puede hacer si no es ir de caza, contribuye en buena medida a generar la sensación claustrofóbica que atenaza a los personajes. Sensación opresiva que se agudiza, especialmente, en el caso del grupo de adolescentes, resignados a dedicar su tiempo libre a hacer botellón o fumar. Es precisamente en su seno donde Gabriel encuentra la complicidad de su primo Joan (Igor Szpakowski), así como el foro idóneo en el que dar rienda suelta a unas fantasías según las cuales trabajó en un matadero en Lisboa o hizo autostop hasta Rusia.

La banda sonora de Gerard Gil, repleta de sonoridades afiladas a base de guitarra, acaba de darle el toque definitivo a la película, cuyo título, por cierto, se presta a diversas lecturas: La próxima piel puede referirse a todas las identidades que su protagonista ha sido capaz de adoptar, siendo la próxima la definitiva, la que le aporte la estabilidad que nunca tuvo, tal vez iniciando una nueva vida en otro lugar junto a Ana, su "madre"; pero la piel es también un mapa de marcas, tatuajes y cicatrices, algunas relacionadas con un pasado de maltratos y otras producto de autolesiones.


martes, 30 de mayo de 2017

Quatretondeta (2016)












Director: Pol Rodríguez
España, 2014-2016, 105 minutos



Experiencia interesantísima la de ver Quatretondeta en el pase de las seis de la tarde de los cines Texas en Barcelona: mayoría de público jubilado, sala casi repleta. Cada vez que se produce una situación disparatada, propia de las comedias negras en las que, como en ésta, se utiliza la muerte con finalidades aparentemente humorísticas, la gente se desternilla de risa. Sin embargo, al finalizar la proyección, un grupo de personas se espera en la sala porque un matrimonio no ha entendido el final y los demás intentan explicárselo.

Dicha escena, que parece salida de la imaginación de los guionistas del filme (Celia Rico y Eduard Sola, aparte del propio Pol Rodríguez), ejemplifica al dedillo la esencia de Quatretondeta: peli brillante en lo referente a las situaciones y a los diálogos, pero con evidentes fallos de guion. El más garrafal, a nuestro juicio, se produce, tal vez, cuando la hija de la difunta (Laia Marull) se presenta en la funeraria y le dice al gerente (Julián Villagrán); "No: no quiero verla". Qué fácil habría sido para él colocarle un ataúd vacío y así salir del paso. ¿Qué necesidad había de que Dora dijese esa frase? Porque desde el punto de vista de la lógica narrativa, convierte en una incoherencia todo lo que viene después.



De todos modos, el reparto y el tono general de comedia son portentosos. Sacristán y Sergi López están a la altura de lo que cabía esperar de dos genios de la interpretación. Igual que los ya mencionados Marull y Villagrán, este último poseedor de una espléndida vis cómica. Probablemente, el adjetivo que mejor califica una historia semejante sea entrañable: entrañable es el marido, cabe suponer que enfermo de Alzheimer, en busca de funeral para su difunta esposa; entrañable es la relación que, poco a poco, se acaba fraguando entre los personajes, que va desde la desconfianza inicial hasta el afecto familiar; entrañables son, incluso, las bromas con ataúdes de por medio o la ambientación rústica en pequeñas localidades del Levante alicantino (Quatretondeta, por cierto, existe: tiene 113 habitantes y un término municipal de 16,7 km² de extensión).

Por último, sólo queda plantearnos por qué una película de este estilo (susceptible de agradar a un público mayoritario y generalista, como ha quedado patente esta tarde) tarda dos años en estrenarse y, cuando lo consigue, hace ahora un año, lo hace mal y en apenas un puñado de salas (y no de las más céntricas o concurridas). Claro que dicha reflexión se podría hacer extensible a buena parte del cine español. En todo caso, y a la espera de otras soluciones más ambiciosas y de mayor calado, lo que se demuestra es la idoneidad de salas de reestreno como el Texas de Ventura Pons, verdadera bendición para producciones que reciben, así, una segunda oportunidad y también, en este caso, para cineastas que, como Pol Rodríguez, dirigen su primera película tras una larga experiencia como ayudante o director de segunda unidad.


lunes, 1 de mayo de 2017

Río arriba (2016)




Título original: En amont du fleuve
Directora: Marion Hänsel
Bélgica/Holanda/Croacia, 2016, 90 minutos

Río arriba (2016) de Marion Hänsel

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca 
pide que el camino sea largo, 
lleno de aventuras, lleno de experiencias.

Konstantino Kavafis

1º de mayo. Cuatro de la tarde. Los Cines Girona son los únicos en toda la ciudad que proyectan En amont du fleuve. Así que aprovechamos para verla antes de que la vorágine de estrenos arramble con ella y con otras joyas de la cartelera. La dirige la marsellesa Marion Hänsel, aunque la película es una coproducción entre Bélgica y Holanda que se ha rodado en Croacia.

Y el planteamiento no puede ser más simple: dos hermanos (interpretados por Olivier Gourmet y Sergi López) navegan a través de los ríos de aquel país intentando esclarecer la reciente muerte del padre. En realidad son hijos de madres distintas y se acaban de conocer, lo cuál confiere una profundidad aún mayor al sentido último de su búsqueda. Aunque teniendo en cuenta que uno de ellos se llama Homer, el referente de la Odisea salta enseguida a la vista. Queda por ver, entonces, si ambos lograrán alcanzar su Ítaca particular.



Tanto el uno como el otro son muy diferentes y han seguido caminos del todo dispares en la vida: Homer como camionero y Joé como escritor de éxito. En todo caso, la travesía les servirá para irse conociendo mutuamente, al tiempo que aflora el recuerdo de un padre bestial. Homer (Gourmet) no tuvo ocasión de conocerlo personalmente, pero al beber más de la cuenta se comportará con similar violencia, como constata enseguida Joé (López).

Pero la irrupción de un tercer elemento, el irlandés Sean (John Lynch), añadirá una nota de inquietud al periplo de los hermanos: armado con un rifle y teóricamente encargado de preservar la flora y la fauna del lugar, parece ser, sin embargo, que sabe más de lo que admite sobre las circunstancias que rodearon la muerte del padre.