Mostrando entradas con la etiqueta Soledad Villamil. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Soledad Villamil. Mostrar todas las entradas

martes, 3 de octubre de 2023

Cerrar los ojos (2023)




Director: Víctor Erice
España/Argentina, 2023, 169 minutos

Cerrar los ojos (2023) de Víctor Erice


El busto de un Jano Bifronte, aquel dios romano con dos caras (una que miraba hacia el pasado y otra atisbando el futuro), abre y cierra la última película de Víctor Erice. De lo cual cabe inferir una más que evidente voluntad testamentaria por parte de un cineasta ya en la ochentena y, por ende, dispuesto a cerrar el círculo de una filmografía tan exigua como excelsa. Se advierte, además, un cierto afán revanchista respecto a diversos proyectos frustrados —ya sea La promesa de Shanghái (adaptación de una novela de Marsé al que, por cierto, se cita explícitamente en la visita del protagonista a la madrileña Cuesta de Moyano) o la nunca filmada segunda parte de El Sur (1983) cuya acción supuestamente había de transcurrir en Andalucía— que ahora, más o menos, quedan esbozados en Cerrar los ojos (2023).

Por otra parte, abunda la puesta en escena en autocitas (desde la presencia de Ana Torrent en el reparto hasta los trávelin adelante y hacia atrás) de un autor lo suficientemente consciente de los rasgos definitorios de su propio estilo. De ahí que pueda afirmarse, sin lugar a dudas, que se trata de un filme que en realidad son muchos filmes a la vez. Así pues, La mirada del adiós, obra inconclusa del denostado realizador Miguel Garay (Manolo Solo), da pie a un ejercicio metacinematográfico en el que convergen las vidas de un director maldito y de un intérprete que desapareció sin dejar rastro en el momento álgido de su carrera.



A este respecto, la morosidad de los diálogos, así como la gratuidad/prolijidad de sus algo menos de tres horas de metraje, contribuyen a reforzar la sensación un tanto fantasmagórica en torno a la figura de Julio Arenas (José Coronado), un individuo al que la amnesia convierte en sombra de lo que fue, en la misma proporción que el arte cinematográfico, en la escena culminante de la cinta, se ve reducido a mero ceremonial moribundo en un cochambroso patio de butacas casi vacío.

Quizá por ello, Erice opta asimismo por incluir referencias cinéfilas que ayuden a situar el relato en unas coordenadas ligeramente emparentadas con el cine negro, pero donde también tiene cabida la alusión a los Lumière en un intento desesperado (e inútil) por devolver a la imagen en movimiento la inocencia de sus orígenes, cuando la simple llegada de un tren a la estación era capaz de suscitar el entusiasmo de la concurrencia, y que el sensacionalismo televisivo, ávido de carnaza diaria, se ha encargado de ir paulatinamente destruyendo.



viernes, 3 de diciembre de 2021

El sueño de los héroes (1996)




Director: Sergio Renán
Argentina, 1996, 120 minutos

El sueño de los héroes (1996) de Sergio Renán


A lo largo de tres días y de tres noches del carnaval de 1927 la vida de Emilio Gauna logró su primera y misteriosa culminación. Que alguien haya previsto el terrible término acordado y, desde lejos, haya alterado el fluir de los acontecimientos, es un punto difícil de resolver. Por cierto, una solución que señalara a un oscuro demiurgo como autor de los hechos que la pobre y presurosa inteligencia humana vagamente atribuye al destino, más que una luz nueva añadiría un problema nuevo. Lo que Gauna entrevió hacia el final de la tercera noche llegó a ser para él como un ansiado objeto mágico, obtenido y perdido en una prodigiosa aventura. Indagar esa experiencia, recuperarla, fue en los años inmediatos la conversada tarea que tanto lo desacreditó ante los amigos.

Adolfo Bioy Casares
El sueño de los héroes

Lo onírico y lo fantástico se dan cita en una historia en la que intervienen festejos carnavalescos, apuestas al caballo ganador y reyertas arrabaleras de fatales consecuencias. También la figura venerable del "brujo" Taboada (Fernando Fernán-Gómez), especie de vidente a cuya consulta acabará acudiendo el protagonista (Germán Palacios), con la intención de que le ayude a recordar qué fue lo que le ocurrió durante las noches de parranda que pasó con su pandilla de compadritos, y de la hija del cual (Soledad Villamil) se enamora perdidamente.



Sin embargo, si hay un personaje que despierta inquietud por la inequívoca encarnación del mal que representa, ése es, sin ningún género de dudas, el "doctor" Valerga (Lito Cruz), cabecilla y casi gurú de un séquito de jóvenes a los que somete a su voluntad hasta prácticamente tiranizarlos. Víctima de tan funesto ascendiente, Emilio Gauna (Palacios) "despertará" un día con enormes lagunas a propósito de sus correrías nocturnas y, a pesar del denodado esfuerzo del muchacho por reconstruir los hechos, éste se irá adentrado irremisiblemente en una pesadilla sin retorno.

Fiel al espíritu de la novela homónima de Bioy Casares (originalmente publicada en 1954), el argentino Sergio Renán (1933-2015) dirige una más que correcta adaptación de El sueño de los héroes (1996) en la que predomina el leitmotiv de la máscara, anticipándose en tres años a lo que posteriormente haría Kubrick en su testamentaria Eyes Wide Shut (1999). Quizá porque ambos filmes beben de una misma tradición literaria, ya sean las fantasmagorías centroeuropeas de Schnitzler o una narración fantástica, como es el caso, de marcado ambiente porteño.