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lunes, 2 de septiembre de 2024

Volveréis (2024)




Director: Jonás Trueba
España/Francia, 2024, 114 minutos

Volveréis (2024) de Jonás Trueba


Un autor ha dicho que el amor-recuerdo es el único feliz. Esta afirmación, desde luego, es muy acertada, con la condición de que no se olvide que es precisamente ese amor el que empieza haciendo la desgracia del hombre. El amor-repetición es en verdad el único dichoso. Porque no entraña, como el del recuerdo, la inquietud de la esperanza, ni la angustiosa fascinación del descubrimiento, ni tampoco la melancolía propia del recuerdo. Lo peculiar del amor-repetición es la deliciosa seguridad del instante.

Søren Kierkegaard (1813-1855)
La repetición
Traducción de Demetrio Gutiérrez Rivero

Lo ha vuelto a hacer: película tras película, el menor del clan Trueba ("Si menor en años, mayor en prez", que diría Valle-Inclán) se supera a sí mismo con la solvencia de quien ha mamado el cine desde su más tierna infancia y, por tanto, destila en todo lo que hace una suerte de frescura y destreza difícilmente igualables. Su último largometraje, Volveréis (2024), premiado en Cannes y protagonizado por Itsaso Arana, su pareja en la vida real, y esa especie de nuevo Resines que es Vito Sanz, pasa por ser una comedia romántica un tanto sui géneris, si bien dicha etiqueta, como todos los términos convencionales, al fin y al cabo, resultaría cuando menos discutible.

Y es que tras esa idea en apariencia frívola de celebrar las rupturas se esconde, en realidad, una reflexión bastante más dramática de lo que cabría esperar en torno a la trascendencia que realmente tienen las relaciones sentimentales. En ese orden de cosas, lo que aquí se plantea no deja de ser una relectura en clave moderna de lo ya expuesto por algunos filósofos decimonónicos (véase la cita del danés Kierkegaard que encabeza estas líneas y que en el filme es citada en un par de ocasiones) precursores de lo que un siglo después daría en denominarse existencialismo.



Una profundidad que, sin embargo, no está reñida con el tono cotidiano y hasta divertido de la mayor parte de situaciones y diálogos (los propios protagonistas, por cierto, Arana y Sanz, han colaborado en el guion). Así pues, el círculo de amistades y conocidos de la pareja (atención a la gran cantidad de cameos e intervenciones fugaces de algunos de los intérpretes que han ido participando a lo largo del tiempo en anteriores títulos del director, desde Sigfrid Monleón hasta Francesco Carril, pasando por Isabelle Stoffel o la joven Candela Recio, cuyo rostro se divisa entre los asistentes a la fiesta final) reaccionará con asombro o desconcierto ante el inusitado anuncio de separación de Ale y Álex.

Por último, el filme que nos ocupa encierra también un interesante juego metacinematográfico (impagable la escena en la que los personajes discuten a propósito de 10, la mujer perfecta (1979)) repleto de referencias y guiños cinéfilos, a menudo autoreferenciales. Tal sería el caso, por ejemplo, de haberle dado el papel de padre a Fernando Trueba o de esa otra película que discurre en paralelo y cuya directora, la misma Ale, se parece tanto a la chica de Álex. Elementos que, en definitiva, por todo lo que tienen de mitomanía personal (también se incluye, de pasada, una visita a la tumba de Truffaut en Montmartre), entroncan a la perfección con el título de ese libro de Stanley Cavell (1926-2018) que el suegro le presta a su ya casi ex nuera: El cine, ¿puede hacernos mejores?



martes, 7 de noviembre de 2023

Saben aquell (2023)




Director: David Trueba
España, 2023, 117 minutos

Saben aquell (2023) de David Trueba


Que un madrileño como David Trueba, con la que está cayendo, se aventure a rodar una película en catalán pone de manifiesto la altura moral de un tipo cuyo criterio queda muy por encima de según qué prejuicios. Aunque el idioma no debería ser nunca lo más relevante cuando los asuntos que se narran poseen suficiente fuerza por sí mismos. Y eso es precisamente lo que ocurre con Saben aquell (2023), biopic a propósito de Eugenio que elude la tentación de limitarse al carácter cómico del personaje para, en cambio, profundizar en el drama interior del hombre público.

Si después de la transmutación que lleva a cabo David Verdaguer, impecable en su forma de encarnar al célebre humorista, no le conceden el Goya al mejor intérprete masculino, quedará por completo probada la absurdidad de los premios cuando éstos no van a parar a su justo merecedor. El caso es que su tono de voz, así como la imperturbabilidad con la que adorna al protagonista, producen la ilusión de estar frente al auténtico Eugenio, aquél que arrasaba a principios de los ochenta vendiendo casetes con sus chistes.



Sin embargo, el meollo de la trama no reside tanto en la faceta artística de alguien que iba para joyero antes de que el destino le llevase por otro camino muy distinto, sino la historia de amor que le unió a Conchita (Carolina Yuste) cuando ambos decidieron formar el dúo musical Els dos. Y no es que obtuvieran precisamente un éxito rotundo con sus canciones. Fue más bien que al respetable, a veces tan cruel, le gustaron más las ocurrencias del barbudo circunspecto sempiternamente vestido de negro, hasta el extremo de convertirlo en un fenómeno de masas.

Hay un momento, hacia el final, en el que Eugenio sentencia que ha sido un mal padre, un mal hijo, un mal hermano y, sobre todo, un mal marido. Sentimiento de culpa que contrasta vivamente con la inmensa popularidad que adquiere a partir de sus incursiones televisivas en espacios como el Un, dos, tres... responda otra vez (genial el cameo de Paco Plaza haciendo de Chicho Ibáñez Serrador) o el magacín de Mónica Randall, que se interpreta a sí misma en otra fugaz aparición. De lo cual se deduce, por irónico que parezca, hasta qué punto lo profesional acabó interfiriendo en la estabilidad personal y familiar de un individuo bastante más frágil de lo que, a simple vista, su imagen pudiera dar a entender.



domingo, 10 de julio de 2022

Los ilusos (2013)




Director: Jonás Trueba
España, 2013, 93 minutos

Los ilusos (2013) de Jonás Trueba


La diferencia [entre nuestra generación y la de nuestros padres] es que ellos pensaban que todo iba a ir a mejor y nosotros pensamos que todo va a ir a peor...

Tras haber debutado con Todas las canciones hablan de mí (2010), espléndida ópera prima en torno a la compleja vida sentimental de un treintañero, Los ilusos (2013) tuvo algo de piedra fundacional en la carrera de Jonás Trueba. No en vano, la productora del mismo nombre que crearía a raíz del estreno de dicho filme le ha venido sirviendo desde entonces como plataforma para convertirse en uno de los cineastas independientes con mayor proyección del panorama nacional.

A grandes rasgos, nos encontramos frente a un ejercicio de estilo por parte de un director con vocación de autor. A este respecto, resulta bastante sintomática la elección del blanco y negro, así como el hecho de que el formato utilizado para el rodaje de la película fuesen unos 16 milímetros que remiten de inmediato al espíritu amateur del arte cinematográfico más primigenio.



De todo ello se infiere un estilo muy nouvelle vague, enriquecido, por otra parte, con continuas referencias cinéfilas y literarias. Y también musicales, toda vez que se incluye hasta una actuación en vivo del grupo El Hijo. Con todo lo cual se configura un particular universo cuyos rasgos esenciales derivan de la construcción del discurso narrativo conforme transcurre la acción (son varias las ocasiones en las que Jonás Trueba irrumpe en escena para recordarnos el carácter metaficcional de su obra).

Así pues, y de la misma forma que Truffaut se vale de un alter ego en sus filmes, aquí es Francesco Carril quien cumple esa función. Sólo que el hábitat de su personaje no es el París de los sesenta, sino un Madrid gris, más bien inhóspito, ciudad ideal para un soñador que ya ha estrenado su primera película y no sabe muy bien de dónde sacar la inspiración para la siguiente. Autobiográfico o no, se trata de un planteamiento que tal vez explique la presencia en los títulos de crédito de un nutrido grupo de "consejeros artísticos y sentimentales" entre los que destacan nombres como los también cineastas Javier Rebollo o David Trueba.



lunes, 26 de agosto de 2019

La virgen de agosto (2019)




Director: Jonás Trueba
España, 2019, 125 minutos

La virgen de agosto (2019) de Jonás Trueba


Siempre es una alegría comentar las películas de Jonás Trueba, ese tipo simpático que rueda como quien respira, sin importarle gran cosa ni el qué ni el cómo, sino, lo que es mucho más importante en cine: los estados de ánimo. Fiel a esta premisa, que bien podrían avalar grandes directores de ayer y de hoy, desde el Rohmer de Cuento de verano (1996) hasta el Hong Sang-soo de La cámara de Claire (2017), La virgen de agosto se nos presenta repleta de giros y de guiños que se inscriben en la tradición del mejor cine de autor.

De momento (la película se estrenó el pasado 15 de agosto, coincidiendo con la festividad que le da título), la mayoría de críticas y reseñas están obviando un detalle que, quizá por evidente, podría pasar por alto. Y es la simbología de los nombres y de las fechas en una historia que a lo mejor es menos cotidiana de lo que parece. Así, por ejemplo, la protagonista se llama Eva (Itsaso Arana), está a punto de cumplir la edad de Cristo y, por lo que se deduce del desenlace, es ella, y no la que está en los altares, la verdadera "virgen de agosto".



También hay algunos enclaves de su periplo estival particularmente significativos, como la visita al Museo Arqueológico Nacional donde se encuentran la Dama de Elche y la Dama oferente del Cerro de los Santos, sacerdotisas o diosas ambas y, por ahí, equivalente de lo que la Virgen representa en la cultura cristiana. Por si fuera poco, Eva se someterá a un rito chamánico de estar por casa y el que tal vez llegue a convertirse en su pareja (y al que confunde con un suicida) responde al peculiar nombre de Agos (Vito Sanz), hipocorístico de Agostino.

Y todo esto para llevar a cabo lo que a Jonás Trueba mejor se le da, que es el retrato generacional de unos jóvenes que aspiran a "hacerse una persona de verdad" o que simplemente se conformarían con que, en el caso de las mujeres, la maternidad o la menstruación dejasen de suponer una traba que lastra su existencia. Homenaje a la geografía urbana y, sobre todo, humana, de un Madrid languideciente y a ratos fantasmal en el que, sin embargo, la vida continúa a pesar del parón veraniego.


domingo, 27 de septiembre de 2015

Los exiliados románticos (2015)




Director: Jonás Trueba
España, 2015, 70 minutos

Desde la tierra mítica de Grecia
llegó hasta el norte el soplo que la anima
y en el norte halló eco, entre las voces
de poetas, filósofos y músicos: ciencia
del ver, ciencia del saber, ciencia del oír. Mozart
es la gloria de Europa, el ejemplo más alto
de la gloria del mundo, porque Europa es el mundo.

Luis Cernuda



Nacido Jonás Rodríguez Huete (Madrid, 1981), Jonás Trueba va camino de convertirse en digno heredero de la saga iniciada por su padre (Fernando) y continuada por su tío (David). De momento son ya tres los largometrajes firmados por el menor de la estirpe (Todas las canciones hablan de mí, 2010, y Los ilusos, 2013, fueron las anteriores).

En Los exiliados románticos vuelve a contar con varios de sus actores de confianza (Francesco Carril, Vito Sanz o la suiza Isabelle Stoffel) a los que ahora se unen la italiana Renata Antonante y el televisivo Luis E. Parés (colaborador habitual de Historia de nuestro cine en La 2 de TVE). Su director define este último trabajo como una película rodada "sobre la marcha" y a buen seguro que el calificativo es bastante certero si se tiene en cuenta que sus tres protagonistas masculinos dedican doce días a viajar desde Madrid hasta París (haciendo escala, previamente, en Toulousse y, posteriormente, en Annecy) a bordo de una destartalada furgoneta Volkswagen.

Una vez allí, se van a reencontrar con antiguos amores de juventud que han ido a buscar expresamente. De ahí el título, que además coincicide con el de un libro del historiador británico Edward Hallett Carr (Londres, 1892-1982). Asimismo, las tres ciudades elegidas están históricamente vinculadas con el exilio español republicano. También de la italiana Natalia Ginzburg se habla bastante, en especial de su libro de cuentos Las pequeñas virtudes, publicado originalmente en 1962. Como se ve, las referencias literarias son constantes: todavía, en los créditos finales, se incluirá una cita de Blaise Pascal.



Se palpa muchísimo amor por el cine y la cultura franceses en Los exiliados románticos, lo cual no es de extrañar viniendo de un Trueba (es conocida la debilidad, tanto de David como de Fernando, por todo lo procedente del país galo). Así pues, no sólo los exteriores se han rodado en Francia (especialmente en su capital) sino que en los títulos de crédito se ha jugado con los colores de la bandera de aquel país (como puede observarse más arriba, en la primera imagen que precede esta entrada).



En su frescura y canto a la juventud, la película de Jonás Trueba conecta tanto con el espíritu de la Nouvelle vage como con algunas de las producciones independientes más recientes del cine francés (2 otoños 3 inviernos o La chica del 14 de julio serían buenos ejemplos). También contiene algo, si bien en menor grado, de la calma zen del coreano Sang-soo Hong. Ficción y realidad se mezclan a partes iguales. Por eso los personajes se llaman exactamente como los actores que los encarnan. Hay, en ese sentido, una aparición del también director Sigfrid Monleón interpretándose a sí mismo en el transcurso de una cena en la que Luis admite estar escribiendo una tesis doctoral sobre el exilio (exactamente igual que Luis E. Parés en la vida real).

Desayunando a orillas del Garona en Toulousse (con el Pont Neuf al fondo)
Luis E. Parés (sin barba) flanqueado por Isabelle y Renata
y (con barba) a la derecha de Francesco Carril
Renata Antonante e Isabelle Stoffel en el lago de Annecy


Otro de los rasgos que ponen de manifiesto la esencia libre del film son las canciones de Tulsa cantadas por Miren Iza y cuyas letras actúan en cierta manera de guion oficioso. De hecho, en Los ilusos se incluía también música en directo, lo cual supone una puesta en escena a veces cercana a la estética del videoclip. Y ¿qué decir, por otra parte, de su carácter políglota? En Los exiliados románticos se incluyen diálogos en italiano, francés, inglés e, incluso, en alemán. Nada extraño tratándose de una generación cuya patria será, sin duda, el mundo.

Aunque rodada con una cámara de fotos (¿quién lo diría?), esto es, en fin, lo que deparará la película de Jonás Trueba a quien quiera subirse a la furgoneta: soñar es libre y Francia está a un tiro de piedra. ¿A quién no le apetece liberarse de convencionalismos innecesarios a estas alturas para darse un chapuzón en un lago de aguas cristalinas?

El director Jonás Trueba