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sábado, 24 de mayo de 2025

Mariposas negras (2024)




Director: David Baute
España/Panamá, 2024, 83 minutos

Mariposas negras (2024) de David Baute


La belleza de las imágenes de Mariposas negras (2024) como cinta de animación no puede hacernos olvidar el problema de fondo que denuncia esta coproducción hispanopanameña. Entre otras cosas porque, a día de hoy, la Convención de Ginebra sigue sin reconocer el estatus de refugiado a los más de doscientos millones de migrantes forzosos a causa del cambio climático que hay en el mundo.

Tres mujeres distintas, todas ellas madres de familia, sufren las consecuencias de algún tipo de desastre medioambiental en tres áreas geográficas muy diferentes del planeta. Se trata de Valeria, Tanit y Shaila, quienes proceden, respectivamente, de la isla caribeña de San Martín, Kenia y la India. Las historias entrecruzadas de cada una, un poco a la manera de Babel (2006) de Alejandro G. Iñárritu, ponen de manifiesto el alcance y la envergadura de un desafío global que azota especialmente a las regiones del tercer mundo.



Asimismo, ese marco genérico implica otras problemáticas que la película refleja tangencialmente. A este respecto, la lentitud de los trámites burocráticos a los que debe hacer frente Valeria cuando solicita regularizar su situación ante la Administración francesa resulta tan humillante como las vejaciones de las que son víctimas Shaila, en tanto que empleada doméstica en Dubái, y Tanit en los sórdidos suburbios de Nairobi.

El hecho de que, ya en los últimos instantes, aparezcan en pantalla los rostros de carne y hueso de las protagonistas advierte del peligro real que denuncia el filme. Recurso en consonancia con una estructura narrativa particularmente interesante en la que se invierte el orden temporal, de modo que en la primera mitad vemos a las susodichas en sus nuevos destinos, enfrentándose a las dificultades y complicaciones propias de la vida como desplazadas, mientras que la segunda parte, en cambio, nos lleva al pasado, mostrándonos sus vidas dos años antes de la catástrofe y la lucha por no desaparecer pese a que su lugar de origen ya no exista.



sábado, 13 de agosto de 2022

La selva esmeralda (1985)




Título original: The Emerald Forest
Director: John Boorman
Reino Unido, 1985, 114 minutos

La selva esmeralda (1985) de John Boorman


Aceptémoslo: The Emerald Forest (1985) obedece a un planteamiento un tanto simplista. Su argumento, basado en hechos supuestamente reales, presenta el caso de un niño estadounidense raptado y luego criado por una tribu de la selva amazónica. El padre de la criatura (Powers Boothe) dedicará diez años de incansable búsqueda hasta por fin dar con él. A lo largo de dicho periplo, el trasfondo de etnias con las que el ingeniero topa podría resumirse más o menos así: la Gente Feroz (todos malos) acosan a la Gente Invisible (todos buenos), mientras los siempre insaciables Hombres Termita (léase 'hombre blanco') continúan arrasando el hábitat natural de unos y de otros para construir una gigantesca presa.

Sin embargo, y por muy esquemática que resulte la trama en líneas generales, lo cierto es que la película funciona a la perfección en tanto que fábula a propósito de temas como la relación del ser humano con su medioambiente, el choque cultural entre civilizaciones y modos de vida radicalmente opuestos o incluso, en otro orden de cosas, las relaciones paternofiliales, tanto desde el punto de vista biológico como adoptivo.



Por otra parte, hay que tener en cuenta que la relativa idealización con la que se muestra la vida de los aborígenes en estado salvaje persigue concienciar al espectador respecto al impacto que el progreso ejerce sobre determinadas áreas del planeta. En ese sentido, son muy sintomáticas las palabras del jefe de la tribu protagonista cuando hace notar a los suyos que la Orilla del Mundo (el límite que marca dónde termina la selva virgen) se estrecha cada año un poco más.

El británico John Boorman demostraba ser un avezado cineasta al hacer gala de la misma solvencia con la que había dirigido al duro de Lee Marvin en A quemarropa (1967) o a Burt Reynolds en Deliverance (1972) involucrándose ahora en un alegato pretendidamente ecologista. Los títulos de crédito finales no dejan lugar a dudas: "Las selvas tropicales del Amazonas están desapareciendo a razón de cinco mil acres por día. Cuatro millones de indios vivieron allí alguna vez. Quedan 120.000. Algunas tribus jamás han tenido contacto con el mundo exterior. Éstas aún saben lo que nosotros hemos olvidado".



jueves, 27 de diciembre de 2018

Agua de la tierra (1946)




Título original: Vandet på landet
Director: Carl Theodor Dreyer
Dinamarca, 1946, 14 minutos

Agua de la tierra (1946) de Carl Theodor Dreyer


Mucho antes de que la preocupación por el medio ambiente y la incidencia que éste ejerce sobre nuestra salud se convirtieran en una de tantas modas recurrentes, Carl Theodor Dreyer ya se dedicaba a concienciar a sus contemporáneos a propósito de lo importante que es asegurarse de que el agua que consumimos no contenga gérmenes. Y es que hasta en eso el cineasta danés fue un pionero.

El documental, de un tono claramente propagandístico, hace
especial hincapié en la asepsia que debe observarse durante la
 construcción de los pozos para garantizar la salubridad de sus aguas


Para lograr su objetivo, Vandet på landet se articula como una conversación de carácter didáctico en la que se enfrascan un ingeniero sabelotodo y un ignaro partenaire a quien todo hay que aclarárselo y que silva cuando finalmente capta las cosas. En realidad, sólo escuchamos sus voces. Porque la pantalla la ocupan gráficos que ilustran cómo el agua penetra las capas freáticas y, sobre todo, imágenes tomadas de una granja cuyos inquilinos, ajenos a las bacterias que habitan en los diferentes recovecos del lugar (aparentemente pulcros y aseados), acaban infectándose al final de una prolongada cadena que se propaga a través del medio líquido.


viernes, 13 de mayo de 2016

Mañana (2015)




Título original: Demain
Directores: Cyril Dion y Mélanie Laurent
Francia, 2015, 118 minutos

Mañana (2015) de M. Laurent


La humanidad corre el riesgo de desaparecer en los próximos decenios si no se toman medidas encaminadas a preservar el medio ambiente. Así lo afirma un estudio publicado en 2012 por la revista Nature. En Approaching a state shift in Earth’s biosphere el paleontólogo Anthony Barnosky y la investigadora Elizabeth Hadly afirmaban, junto con otros veinte científicos de todo el mundo, que la mayor parte de la población mundial podría verse seriamente diezmada hacia 2100.

Ante semejante amenaza, la actriz Mélanie Laurent y el guionista Cyril Dion decidieron encabezar un equipo de cuatro personas (respaldado por el productor Bruno Levy y el micromecenazgo de 10.266 colaboradores) que parte por todo el mundo en busca de soluciones. En un viaje que les lleva a visitar diez países diferentes, a lo largo de su peregrinaje encontrarán el testimonio de quienes ya se han puesto manos a la obra. Y sus respuestas, invariablemente, irán siempre en la misma línea: ni es posible crecer indefinidamente ni los recursos del planeta son infinitos. Así que más nos vale, emulando a Horacio o a Voltaire, cultivar nuestro propio huerto para dejar de lado los combustibles de origen fósil.



En algún momento, el tono de Mañana se acerca al de los documentales de Michael Moore. Tal es el caso de la visita a Detroit, antaño sede de la floreciente industria del automóvil y hoy ciudad víctima de la recesión económica donde, sin embargo, algunos han sabido sobrevivir poniendo en práctica la agroecología y sus cultivos de proximidad. O cuando en la campiña inglesa o en Suiza se demuestra la conveniencia de fomentar el uso de divisas locales. O, incluso, las ventajas de reinventar la democracia en una aldea de la India o el sistema educativo en Finlandia.

En definitiva, todo suma para conseguir que, más allá de un presente inquietante, nuestro entorno y nuestra especie gocen, sobre todo, de un mañana.

Cyril Dion y Mélanie Laurent