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domingo, 29 de julio de 2018

Persona (1966)




Director: Ingmar Bergman
Suecia, 1966, 80 minutos

El argonauta escandinavo

Persona (1966) de Ingmar Bergman


Son muy raros los filmes [...] o incluso fragmentos de filmes (menos queridos, más sinceros) que marcan los primeros pasos, tímidamente dados, hacia la revelación en la pantalla de una vida interior más profunda, con su perpetuo removerse, sus meandros embrollados, su misteriosa espontaneidad, su simbolismo secreto, sus tinieblas poco penetrables a la conciencia y a la voluntad, su inquietante imperio de sombras cargadas de sentimiento y de instinto. Este dominio, siempre nuevo, siempre desconocido, que cada uno lleva en sí mismo y del que cada uno llega, un día u otro, a asustarse, fue y es todavía para muchos el laboratorio donde el Diablo destila sus venenos.

Jean Epstein
"El pecado contra la razón. La imagen contra la palabra"
Le Cinéma du Diable (1947)
Traducción de Pablo Ires

Las palabras del siempre clarividente Jean Epstein nos vienen más que a propósito a la hora de dar con la esencia de uno de los títulos monumentales en la ya de por sí magna filmografía de Bergman. Porque, si bien fueron escritas veinte años antes del estreno de Persona, lo cierto es que prefiguran con sumo detalle la naturaleza inherente de unas imágenes que, a fuerza de ser deconstruidas, han acabado convirtiéndose en atemporales.

Efectivamente, hay muy pocos elementos en el filme que nos permitan ubicar la acción en un espacio y en un momento determinados. Cierto que Elisabet (Liv Ullmann) se sobresalta al ver por televisión un reportaje sobre la guerra de Vietnam. Aunque no es menos obvio que podríamos cambiar Vietnam por Siria y la secuencia seguiría provocando el mismo efecto.



Nos hayamos, por lo tanto, ante una película que, pese a superar el medio siglo de existencia, mantiene intacta la frescura del primer día. Algo a lo que sin duda también contribuyen la estilizada fotografía en blanco y negro de Sven Nykvist, así como los prolongados silencios de una actriz teatral cuyo trauma por una maternidad frustrada no es inferior al que exterioriza la lenguaraz Alma (Bibi Andersson) a causa de una precoz experiencia sexual durante su adolescencia.

En cualquier caso, la osadía visual del realizador sueco, en la cúspide de su inventiva, resulta de una modernidad apabullante. Tanto es así que la progresiva identificación entre ambas mujeres a la que asistimos parece responder a uno de los interrogantes que el ya mencionado Epstein había lanzado en el mismo ensayo al que antes aludíamos: "¿Encontrará el cinematógrafo, también él, inventores corajudos, que le aseguren la plena realización de su originalidad como medio de traducir una forma primordial de pensamiento mediante un exacto procedimiento de expresión?" A lo que, acto seguido, el cineasta francés añade: "Esta conquista, como la de otro vellocino de oro, vale tanto como para que nuevos argonautas enfrenten la rabia de un dragón imaginario". Y ahí estaba Bergman, dos décadas después, dispuesto a hacer realidad la paradoja de un filme que tratase a la vez de la comunicación y del aislamiento, de la locura y de la lucidez, de duplicarse en otro que es, en definitiva, tu opuesto. Retos, todos ellos, que ya esbozaran los pioneros del cine mudo y que acreditan al director de Persona, en su esfuerzo por superar la lógica cartesiana en beneficio de una sintaxis más intuitiva, como un consumado argonauta escandinavo.


martes, 17 de marzo de 2015

Le tempestaire (1947)




Director: Jean Epstein
Francia, 1947, 22 minutos



Títulos de crédito iniciales

La penúltima película dirigida por Jean Epstein recuperaba el ambiente hipnótico de La caída de la casa Usher. Una joven y una mujer mayor hilan en silencio en su morada a orillas del mar en una aldea bretona, mientras  afuera el viento sopla amenazador. A pesar de las señales de mal augurio, el novio de la muchacha (un temerario marinero) hace caso omiso de sus advertencias y decide hacerse a la mar. Desesperada, ella solicitará la ayuda de un misterioso anciano y de su mágica bola de cristal para calmar las aguas embravecidas.

Le tempestaire tiene algo que hace pensar en los ambientes opresivos calvinistas de la Dinamarca profunda que retratara Dreyer en películas como Dies irae (1943). Aunque aquí el verdadero protagonista es el mar de las costas de Belle-Île-en-Mer y Morbihan, en la Bretaña francesa. Y sobre todo el viejo marinero barbudo capaz de hacer retroceder las olas del temporal: en realidad, se trataba de un vecino de la localidad apodado Moule ("Mejillón") y su bola de cristal no era más que una de las boyas de vidrio que solían ir atadas a las redes antiguamente. Pero la imagen tiene ímpetu como representación visual de los arcanos insondables que rigen las fuerzas de la naturaleza y de cómo el hombre trata de domeñarlos.

Una vez más, Jean Epstein se revela como un poeta de enormes proporciones.


Los exteriores se rodaron en Belle-Île-en-Mer y Morbihan

La anciana a la joven: "No hay que creer en los malos augurios: ¡está prohibido!"

La fuerza del mar embravecido

La joven teme por la suerte de su prometido

El viejo Moule ve el mar a través de su bola

Se produce el milagro

domingo, 15 de marzo de 2015

Jean Epstein, jóvenes océanos de cine (2011)











Título original: Jean Epstein, Young Oceans of Cinema
Director: James June Schneider
Francia, 2011, 68 minutos

Jean Epstein, jóvenes océanos de cine (2011)

La Bretaña francesa supuso para Jean Epstein algo así como su abrupto paraíso redentor. Buscando nuevos horizontes, llegó allí cuando la industria cinematográfica no podía colmar por más tiempo sus aspiraciones personales. En el agreste y escarpado paisaje bretón hallaría el refugio ideal, conmovido por la feroz belleza de su mar eternamente enfurecido.

Finis terrae fue, en 1929, la primera de una serie de películas que presentan como telón de fondo el áspero mundo de los marineros de aquella región. Le seguirían Mor vran (1931), L'or des mers (1932), Chanson d'Armor (1934), La Bretagne (1936), La femme du bout du monde (1938), Le Tempestaire (1947) y, por último, Les feux de la mer (1948). Tras su paso por aquellos parajes, Epstein dejaría amigos para toda la vida; como por ejemplo François Morin, con quien se cartearía frecuentemente. Muchos de ellos intervinieron en estas películas, ya fuera como ayudantes durante el rodaje, extras o, incluso, actores secundarios.

El cineasta estadounidense afincado en Francia James June Schneider quedó tan hondamente impresionado por los filmes bretones de Epstein que decidió visitar aquellos parajes para rodar este documental. Complementado con una entrevista de archivo que en 1994 concedió Marie, la hermana de Jean Epstein, nos muestra cómo son en la actualidad algunos de los espacios filmados en su momento por el director francés. Sobreimpresionadas, se muestran, asimismo, algunas citas del Epstein teórico. Como aquella en la que dice: "El cine es el más poderoso medio de poesía, el medio más real de lo irreal. Es por esto por lo que algunos de nosotros hemos puesto en él nuestras más grandes esperanzas".

Acantilado bretón con cita de Epstein sobreimpresionada:
"El cine... pone a dios en todas partes"

¡Viva la vida! (1938)




Título original: Vive la vie!
Directores: Jean Epstein y Jean Benoit-Levy
Francia, 1938, 40 minutos

El movimiento AJISTE (Asociación de la juventud para los deportes y el ocio) encargó este documental con el objetivo de promocionar su nutrida red de albergues. Además de algunas canciones propias de dicha agrupación, se incluye una breve dramatización.

Tres jóvenes veinteañeros se conocen en uno de estos albergues, al que han acudido para esquiar y relacionarse con otros chicos y chicas de su edad. Uno de ellos, desoyendo las advertencias de los demás, se adentrará en la nieve durante un temporal nocturno. Finalmente, todo queda en un simple susto. Por las noches, la multitud eufórica bailará en corro alrededor del fuego, cogidos de la mano.

Jean Epstein (1897-1953)

sábado, 14 de marzo de 2015

Marius y Olive en París (1935)




Título original: Marius et Olive à Paris
Director: Jean Epstein
Francia, 1935, 67 minutos

Marius y Olive en París (1935) de Jean Epstein


Disparatada comedia sobre un par de amigos marselleses y sus andanzas en la capital francesa. El orondo Marius (encarnado por el actor Marcel Barencey) es un mediocre hombre de letras, miembro de la academia local: como todos sus colegas saben (y se burlan abiertamente de ello) siempre adereza sus discursos y anécdotas con la manida frase: "Y entonces vi dos puntos luminosos que me miraban en la oscuridad". Tanto él como el pusilánime Olive (René Sarvil) se embarcan en mil y una aventuras con el fin de casarse.

A tal efecto, se prestarán a enseñarles el acento marsellés (y lo que haga falta) a un par de jóvenes actrices que necesitan preparar su papel para una próxima película. A pesar de que ellas parecen ser chicas de moral relajada (llegan a huir por la ventana del hotel atando las sábanas como si fueran cuerdas) y de que un extraño señor extranjero que luce una larguísima barba de chivo intenta seducirlas, lo cierto es que la película acabará con el regreso de la pareja protagonista a Marsella y una boda doble.

Por su desenfado y lo tronado de muchas de las situaciones que plantea, Marius et Olive à Paris presagia con mucha antelación lo que treinta años después hará Jean-Luc Godard en filmes como Bande à part.



El arbolito que luce Olive en la mano será ofrecido a Napoleón ante la columna de la Place Vendôme

Estrafalaria pedicura

La Borgoña (1936)










Título original: La Bourgogne
Director: Jean Epstein
Francia, 1936, 21 minuos

Al igual que ya sucediera en La Bretagne, Jean Epstein vuelve a contar con el mismo equipo para plasmar en imágenes los rincones más pintorescos de la región francesa que da título a este documental. La narración está de nuevo a cargo de Leandre Vaillat y la música pertenece, una vez más, a Henri Casadesus (1879-1947). Por cierto que este Henri Casadesus es el padre de la hoy ya centenaria actriz francesa Gisèle Casadesus, famosa (entre otras cosas) por ser la venerable anciana protagonista de la película Mis tardes con Margueritte (La tête en friche), coprotagonizada por Gérard Depardieu y dirigida en 2010 por Jean Becker.

A los idílicos prados surcados por locomotoras del comienzo, seguirán detallados planos de las canteras, viñedos, bucólicos valles y monumentales iglesias borgoñonas, prestando especial atención a la ciudad de Dijon, la capital del departamento.

Tanto La Bretagne como La Bourgogne fueron, en realidad, encargos de la Red francesa de ferrocarriles. Es decir: trabajos meramente alimenticios en una época en la que Jean Epstein se veía acuciado por las deudas. Con todo, sus documentales sirvieron para preservar impresiones y paisajes de un tiempo pasado que, desgraciadamente, ya no existe y que no regresará jamás.

En el centro, Jean Epstein


viernes, 13 de marzo de 2015

Corazón de mendigo (1936)




Título original: Coeur de gueux
Director: Jean Epstein
Francia, 1936, 80 minutos

Corazón de mendigo (1936) de Jean Epstein


El pintor Jean Berthier y su mejor amigo son dos jóvenes de la alta burguesía que pasan la mayor parte de su tiempo asistiendo a fiestas y llevando una vida disoluta. Un día visitan una perfumería con el objetivo de comprar una esencia para la amante de Jean (una conocida artista de Music-Hall), pero Berthier quedará prendado de la dependienta (Claude, interpretada por Madeleine Renaud). Tras un fugaz idilio, Claude acaba embarazada pero, sintiéndose ignorada, se marcha a vivir a una pequeña aldea sin decirle nada a Jean. Allí, tras un fallido intento de suicidio, conocerá a un anciano bonachón jefe de una compañía de feriantes que se hará cargo de la madre y de la criatura como si de un padre adoptivo se tratara.

Entre los elementos destacables de la película, resulta especialmente cómico el amigo de Berthier, señorito estrafalario que suele enredarse en un muy personal galimatías cada vez que intenta argumentar algo. Por ejemplo, suele iniciar sus disquisiciones planteando alternativas que es incapaz de completar: "Por una parte, tal..." o "Esto es debido a dos motivos: uno sería cuál..." Pero cuando sus interlocutores, desconcertados, le preguntan anhelantes por la otra razón, él se encoge de hombros y zanja bruscamente la cuestión.

Madeleine Renaud y Ermete Zacconi

La Bretaña (1936)











Título original: La Bretagne
Director: Jean Epstein
Francia, 1936, 25 minutos

Estando en la cima de su carrera, Jean Epstein decidió romper con la industria del cine para instalarse en la península bretona y seguir desde aquel lugar una vía más personal e innovadora. El documental La Bretagne es parte del material que allí filmó.

Una voz en off y diversas canciones tradicionales sirven de hilo conductor para presentar esta estampa idílica de la región. Sucesivamente, se nos irán mostrando las jóvenes ataviadas con la típica cofia blanca mientras rellenan latas en una fábrica de conservas; la procesión de los santos locales (en realidad, vecinos envueltos en túnicas); las embarcaciones típicas en la zona de la costa; escenas de la vida cotidiana en diferentes lugares...

Montaje de James Schneider a partir de los paisajes bretones en los que filmó Jean Epstein.

sábado, 7 de marzo de 2015

La caída de la casa Usher (1928)




Título original: La chute de la maison Usher
Director: Jean Epstein
Francia, 1928, 63 minutos



Un desconocido que responde al nombre de Allan (interpretado por el actor Charles Lamy) llega a una posada y pide que lo lleven a la casa de Usher. Los lugareños se muestran bastante reacios ante semejante petición, pues todo el mundo sabe que sobre dicha casa pesa una grave maldición, pero el desconocido conseguirá finalmente un cochero que se preste a transportarlo hasta las inmediaciones de dicho emplazamiento. 

Allan resultará ser el único amigo que posee Roderick Usher (Jean Debucourt), quien habita en la extraña mansión junto a su esposa enferma Madeline (sic) Usher (Marguerite Gance) y el siniestro médico que la atiende (Fournez-Goffard). Madeline, musa amada y modelo, está siendo pintada por Roderick en un retrato de enorme realismo (de hecho Epstein utilizó, a tal efecto, un espejo durante el rodaje de estas escenas del filme). Pero conforme el esposo avanza en la realización del cuadro, su mujer va perdiendo cada vez más fuerzas, como si realmente fuera la pintura la que le absorbiera la energía. Cuando finalmente ella muere, Roderick se negará a aceptar su muerte hasta que, en una noche oscura, Madeleine acabará regresando del más allá...

Además de suponer la última colaboración entre el joven ayudante de dirección Luis Buñuel y Jean Epstein, La caída de la casa Usher será siempre recordada por lo etéreo de muchas de sus escenas, sus sombríos decorados de inspiración onírica y el uso de la cámara lenta y del travelling para dotar a la historia del terror que lleva implícito el relato de Edgar Allan Poe.



Luis Buñuel (primero por la izquierda) dando indicaciones durante el rodaje.

Sa tête (1929)










Director: Jean Epstein
Francia, 1929, 36 minutos

En uno de los rótulos iniciales que encabezan la película, se hace saber que la historia que se va a relatar en Sa tête se inspira en un fait divers (apenas uno de tantos sucesos sin importancia). Jean Bonnard, el hijo único de una viuda, visita a su madre en la pequeña aldea donde vive. Sin embargo, en las primeras horas de la mañana la policía llega para arrestarlo y conducirlo a los tribunales, acusado del asesinato de un importante banquero para el que trabajaba su prometida. 

La madre tratará desesperadamente de ayudar a su hijo y se encuentra con Blanche, la novia de este. Jean mantiene su inocencia y Blanche acude en su ayuda al persuadir a su hermano Paul, que es el verdadero autor del crimen, para absolver a Jean y salvarlo de la ejecución. Finalmente será puesto en libertad, marchándose con Blanche. Su anciana madre vuelve entonces a casa e, ignorante de la liberación de Jean, los aldeanos la tratarán con frialdad como si fuera realmente la madre de un criminal.

Entre los elementos visualmente destacables de este cortometraje se encuentra el hecho de que buena parte de la trama se sigue a través de la prensa escrita: la madre de Jean atiende pacientemente en la sala de espera del juzgado y allí tiene ocasión de leer los pormenores en el diario que alguien hojea. Curiosamente, mientras la buena mujer no se ponga sus gafas el texto aparecerá ante nosotros en un primer plano borroso.


domingo, 1 de marzo de 2015

Mauprat (1926)




Director: Jean Epstein
Francia, 1926, 88 minutos

Mauprat (1926) de Jean Epstein


Esta anodina producción histórica, adaptación de la novela del mismo título de George Sand, será siempre recordada por haber sido la primera película en la que participó Luis Buñuel. El genial aragonés debutaba en el mundo del celuloide asistiendo a Epstein en labores de auxiliar de dirección e interpretando un pequeño papel como extra: todo parece indicar que encarnó a un monje y a un centinela, aunque reconocerlo en la pantalla es tarea casi imposible.

La película contiene elementos de tipo gótico, caballeresco, romántico, melodramático e incluso detectivesco. En cuanto al argumento propiamente dicho, este se sitúa justo antes de la Revolución Francesa, centrándose en los amoríos que mantienen la joven Edmée de Mauprat y el díscolo Bernard de Mauprat, quienes, desconociendo su parentesco, irán pasando alternativamente del amor al odio.

La trama muestra la evolución personal experimentada por Bernard: huérfano desde la más tierna infancia, pertenece a una rama escindida de la familia formada por aristócratas desleales y algo criminales. Tras un juicio sumarísimo, será salvado por su prima Edmée y por el padre de esta, el Caballero Hubert de Mauprat, de morir en la horca. Su regreso provocará conflictos hasta entonces desconocidos entre los Mauprat, a cuyos elegantes ademanes (peluca empolvada incluida) querrá adaptarse el joven solo con tal de seducir a su prima (ya prometida al Caballero de La Marche) después de haber obtenido por la fuerza su juramento de fidelidad.

En definitiva, Mauprat vendría a ser, salvando las distancias, una especie de cruce entre El pequeño salvaje de François Truffaut y la parábola del hijo pródigo.



El espejo de las tres caras (1927)




Título original: La glace à trois faces
Director: Jean Epstein
Francia, 1927, 45 minutos

El espejo de las tres caras (1927)


Psicológica película vanguardista, inspirada en el relato homónimo de Paul Morand, sobre un joven adinerado del que, de manera consecutiva, se enamorarán Pearl (una elegante inglesa), Athalia (una escultora rusa) y Lucie (una ingenua muchacha de clase obrera). Pero debido a la flaqueza de su carácter, el pusilánime rehúye cualquier tipo de compromiso que impongan las relaciones amorosas. De hecho, se diría que él solo está enamorado de su coche... Por ello, en lugar de acudir a las citas con las chicas, tomará su deportivo descapotable de un garaje ultramoderno, poniendo rumbo, a toda velocidad, hacia las playas de moda de Deauville. Aunque en su camino, chocará fatalmente con una golondrina que vuela en sentido contrario...




La película está dividida en tres segmentos, tantos como mujeres enamoradas del protagonista. Estas secuencias se insertan en escenas en las que cada una de las tres mujeres está rememorando su propia historia de amor. Por lo tanto, presente, futuro y pasado se combinan de tal forma que no pueden distinguirse con claridad. Dicho entrelazamiento en el tiempo de varios estratos de experiencia motivó que El espejo de las tres caras haya sido considerada por algunos críticos una más que posible fuente de inspiración para cineastas posteriores como el francés Alain Resnais, por lo que esta película prefiguraría, hasta cierto punto, El año pasado en Marienbad (1961).

Aun así, Jean Epstein acabaría por renegar en futuras producciones de este cine más experimental que parecía aproximarle por momentos al Surrealismo que tanto criticó después.


Escena final de La glace à trois faces

viernes, 27 de febrero de 2015

La belle Nivernaise (1924)




Director: Jean Epstein
Francia, 1924, 69 minutos

El primer plano de La belle Nivernaise (adaptación de la obra homónima de Alphonse Daudet, estrenada el 25 de enero de 1924) nos hace pensar inmediatamente en L'Atalante de Jean Vigo (1934). Aquí como allí, la historia transcurre en una barcaza dedicada al transporte de mercaderías pesadas a lo largo del Sena. El barquero Louveau encuentra casualmente por las calles a un niño abandonado, Víctor, y, tras recibir el permiso de las autoridades, lo llevará con su propia familia para educarlo. 

Diez años más tarde, Víctor y Clara, la hija de Louveau, se han enamorado, y es entonces cuando Louveau es llamado a declarar a París, donde se ha descubierto que Víctor es, en realidad, el hijo de Maugendre, un cargador de carbón del canal de Nivernaise. Por su parte, Víctor defenderá a Clara cuando ésta sea atacada por otro barquero celoso, logrando salvar la gabarra familiar de estrellarse. De regreso con su padre biológico, Víctor ingresa en un internado, pero no logra dejar de pensar en Clara y su anterior vida en las barcazas. Cuando Maugendre se da cuenta de ello, lo deja volver y, una vez están ya casados, les entrega a Víctor y a Clara una barcaza de las suyas.

Para muchos críticos La belle Nivernaise supuso el primer gran filme de Jean Epstein. Entre los detalles más destacables, cabe señalar, como curiosidad, que durante la escena en la que Victor y Clara entran en una sala de cine para ver una película una de las paredes está decorada con un cartel de L'auberge rouge, rodada un año antes por el propio Epstein (y ya comentada en una entrada anterior de este blog), ejemplo de autocita que recuerda a la que llevaría a cabo muchos años después Stanley Kubrick en La naranja mecánica (1972): los personajes entran a una tienda de discos y uno de los álbumes que se pueden observar en los estantes es el de la banda sonora de 2001. una odisea del espacio. Un simple detalle como éste demuestra hasta qué punto debe ser tenido en cuenta Jean Epstein como un precursor que se avanzó en mucho a su tiempo.



La canción de los álamos (1931)








Título original: La chanson des peupliers
Director: Jean Epstein
Francia, 1931, 6 minutos

Uno de los hits de la canción francesa de la época, que fuera interpretado por estrellas del momento como Max Gilbert o Armand Mestral. La letra de la canción, de marcado tinte bucólico, describe el atardecer y cómo la brisa del véspero mueve las ramas de los álamos como si de una lira se tratase.

Jean Epstein opta por conceder todo el protagonismo a la naturaleza, ya que no aparecerá en pantalla figura humana alguna hasta un poco antes del final: apenas una fugaz pareja de enamorados paseando por un camino solitario.

En todo caso, esta pequeña rareza filmada por Epstein en 1931 parece indicar que los inicios del videoclip se remontan mucho más atrás de lo que se creía.


sábado, 21 de febrero de 2015

El albergue rojo (1923)




Título original: L'auberge rouge
Director: Jean Epstein
Francia, 1923, 80 minutos

El albergue rojo (1923) de Jean Epstein


Aunque nacido en Varsovia, lo cierto es que el cineasta Jean Epstein fue uno de los principales teóricos del cine francés de los años veinte. Suyas son películas que marcarían una época, como es el caso de Mauprat (1926)La chute de la maison Usher (1928), en las que colaboró como ayudante de dirección un debutante Luis Buñuel. Epstein, a su vez, había sido en su juventud asistente de Auguste Lumière.

En cuanto al relato titulado L'auberge rouge, fue publicado por Honoré de Balzac en 1831 y ha conocido sucesivas adaptaciones cinematográficas a lo largo de la historia, siendo la más reciente la comedia dirigida en 2007 por Gérard Krawczyk e interpretada por Gérard Jugnot y Josiane Balasko. Anteriormente, Fernandel protagonizó en 1951 la versión dirigida por Claude Autant-Lara. Ambas se inspiraron libremente en la novela corta de Balzac. Aunque la adaptación más antigua data de 1910 y fue debida a Camille de Morlhon, con la intervención de Abel Gance en el guion.

La versión de Jean Epstein destaca por la habilidad con la que se alternan dos acciones paralelas: en un lujoso salón, durante una cena, uno de los comensales mantiene en vilo a los demás con la historia que les relata, acaecida hace más de veinte años en un albergue. Una noche de tormenta de 1799, dos jóvenes médicos se refugian en una humilde posada de carretera donde acaban compartiendo habitación con un comerciante de diamantes holandés que logra ser admitido gracias a ellos. Durante la noche, uno de los amigos (Prosper Magnan) sueña que roba al comerciante, pero cuando se despierta por la mañana se encuentra con el cadáver apuñalado del holandés y con que su amigo ha desaparecido sin dejar rastro. Cuando las autoridades mandan registrar a Prosper y le descubren uno de los dos minúsculos diamantes que el mercader les regaló a él y a su amigo en prueba de agradecimiento, es detenido por el crimen y ejecutado pese a ser inocente. Años después, la hija del posadero (que había mantenido un fugaz romance con Prosper) le relata la historia a un viajero, quien a su vez la explicará más tarde durante la ya mencionada cena. Aunque en dicha cena se encuentra Frédéric Taillefer, el amigo desaparecido y verdadero asesino...

Como elemento impactante, cabe destacar el recurso de una anciana que echa las cartas en el albergue. Con suma pericia, Epstein alterna los primeros planos de su rostro con leves atisbos de una calavera, en lo que supone un precedente del uso subliminal de las imágenes.

Por último, y a nivel mucho más anecdótico, sorprende comprobar el asombroso parecido físico del actor Jean-David Évremond (quien encarna a Frédéric Taillefer) con Roman Polanski.


Fotografía tomada durante una pausa en el rodaje