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lunes, 1 de enero de 2024

Fantasía 2000 (1999)




Título original: Fantasia 2000
Directores: James Algar, Gaëtan Brizzi, Paul Brizzi, Hendel Butoy, Francis Glebas, Eric Goldberg, Don Hahn, Pixote Hunt
EE.UU./Japón, 1999, 75 minutos

Fantasía 2000 (1999)


Una vez consolidado el prestigio de la en otro tiempo incomprendida Fantasía (1940), los estudios Disney dedicaron nueve años de arduo trabajo para darle forma a una secuela que, además de suponer una puesta al día, estuviera a la altura de su ya clásica predecesora. El resultado, Fantasía 2000 (1999), contenía siete nuevas secuencias aparte de "El aprendiz de brujo", que ya aparecía incluida en la versión original.

El Allegro con brio de la Sinfonía nº5 de Beethoven se concibe como una explosión de colorido protagonizada por miles de mariposas de formas geométricas. En cambio, Pinos de Roma, a partir del poema sinfónico del italiano Ottorino Respighi (1879-1936), sitúa su acción en el Ártico, donde una colonia de ballenas voladoras se zambulle entre los efluvios de un mar de nubes. Rhapsody in Blue, a partir de la célebre composición del neoyorquino George Gershwin (1898-1937), es quizá el número más genuinamente americano de cuantos integran la película. Lo presenta, por cierto, otro gran compositor: Quincy Jones.



El Concierto para piano nº2 de Shostakóvich (1906-1975) sirve de banda sonora a la célebre historia del soldadito de plomo, un viejo proyecto que había quedado fuera del montaje de 1940. El vivaz Finale del Carnaval de los animales, de Saint-Saëns (1835-1921), se convierte en una animada contienda entre flamencos que juegan al yoyó. En cambio, las marchas de Pompa y circunstancia, del británico Edward Elgar (1857-1934), aportan una nota fastuosa a la historia del Arca de Noé, protagonizada por el pato Donald y su amada Daisy. Por último, la suite de El pájaro de fuego, de Stravinski (1882-1971), transcurre en un entorno devastado por una furiosa erupción volcánica.

A diferencia de lo que ocurría en la versión primitiva, donde todos los números eran presentados por la misma persona, ahora el maestro de ceremonias varía en cada caso, pasando de Steve Martin al violinista Itzhak Perlman, de Bette Midler a James Earl Jones o del dúo cómico Penn Jillete & Teller a la veterana Angela Lansbury. La Sinfónica de Chicago, bajo la batuta del desaparecido James Levine (1943-2021), ejecuta todas las piezas musicales que suenan en la película.



sábado, 18 de abril de 2020

La tienda de los horrores (1986)




Título original: Little Shop of Horrors
Director: Frank Oz
EE.UU., 1986, 90 minutos

La tienda de los horrores (1986) de Frank Oz


Por más que se trate de la misma historia, no hay ni punto de comparación entre la película de Roger Corman que comentábamos ayer y su remake musical del año 86. Para empezar, porque una costó 27000 dólares y la otra veinticinco millones... Pero, al margen de lo estrictamente presupuestario, resulta que todo lo que tenía de underground e independiente la versión en blanco y negro se transforma aquí, precedido de un éxito arrollador en los escenarios de Broadway, en producto mainstream para consumo de masas. Lo cual no impide, ni mucho menos, que siga siendo un filme divertidísimo.

Aparte del desenlace, hay alguna pequeña variación que diferencia la trama de ambas. Por ejemplo, el origen de la alcachofa asesina (o lechuga gigante, según el ángulo desde el que se la mire), ahora procedente de un modesto comercio chino, un poco en la línea de lo que, dos años antes, había sido el punto de partida de Gremlins (1984), cinta en cuyo reparto participaron, curiosamente, dos de los actores (Dick Miller y Jackie Joseph) que en su día habían trabajado a las órdenes de Corman.



Tampoco se aprecian exteriores rodados en los suburbios de Skid Row, el deprimido distrito de Los Ángeles donde tiene su sede la floristería Mushnik, sino que una producción tan genuinamente americana como la que nos ocupa, con "coro griego" incluido, en forma de tres cantantes soul, se filmó por completo, ¡quién lo diría!, en los londinenses estudios Pinewood.

Un vibrante repertorio de números musicales, compuesto por Alan Menken junto al malogrado Howard Ashman (1950-1991), en el que sobresalen canciones como "Feed Me!" o "Suppertime" y para cuya interpretación se barajaron los nombres de Cyndi Lauper y hasta Madonna, si bien los papeles principales irían finalmente a parar a Ellen Greene (Audrey), quien ya lo había interpretado en su versión teatral, y Rick Moranis (Seymour). Completaron el elenco diversas apariciones estelares: John Candy, Steve Martin haciendo de dentista bravucón, Jim Belushi o Bill Murray dando vida al sádico personaje encarnado en 1960 por Jack Nicholson.


miércoles, 1 de noviembre de 2017

Cliente muerto no paga (1982)




Título original: Dead Men Don't Wear Plaid
Director: Carl Reiner
EE.UU., 1982, 88 minutos

Cliente muerto no paga (1982) de Carl Reiner


En la línea de El jovencito Frankenstein (1974), Top Secret (1984) o ¡Aterriza como puedas! (1980), Dead Men Don't Wear Plaid fue una parodia del cine negro americano de los cuarenta cuyo principal atractivo residía en el hecho de que la historia se iba construyendo a base de fragmentos de películas de la época dorada de Hollywood. Vamos: la misma técnica que en la poesía del Siglo de Oro se conocía con el nombre de centón.

Y a fe que Carl Reiner, director curtido en el ámbito televisivo, demostró poseer un conocimiento sólido del género, habida cuenta de cómo engarza una secuencia con otra hasta lograr construir un argumento sólido aunque de lo más disparatado: Steve Martin encarna al detective privado Rigby Reardon, quien, requerido por la hija de un científico y fabricante de quesos, se verá obligado a investigar la muerte de éste en accidente de tráfico.



A partir de ese momento, y explotando todos los lugares comunes habidos y por haber, deberá enfrentarse lo mismo a Vincent Price que a Kirk Douglas, pasando por Barbara Stanwyck o Veronica Lake, no sin verse obligado a recurrir a los servicios del afamado Philip Marlowe, al que hiciera célebre Bogart. Aunque también conviene recordar que, detrás de las cámaras, éste fue el último trabajo de dos nombres míticos del período que aquí se homenajeaba: la diseñadora Edith Head y el compositor Miklós Rózsa.

Poseedora de un ingenioso sentido del humor, Cliente muerto no paga es uno de esos filmes que se ven con una sonrisa en los labios de principio a fin, ideal para pasar una tarde de Todos los Santos.