Mostrando entradas con la etiqueta Josefina Serratosa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Josefina Serratosa. Mostrar todas las entradas

lunes, 19 de agosto de 2024

Despedida de soltero (1961)




Director: Eugenio Martín
España, 1961, 76 minutos

Despedida de soltero (1961) de Eugenio Martín


Pese a haberse rodado en Cádiz en 1957, Despedida de soltero (1961), ópera prima del realizador Eugenio Martín, no se estrenaría comercialmente hasta cuatro años más tarde. En cualquier caso, y al margen de la accidentada trayectoria de la cinta hasta llegar a las salas de exhibición, lo cierto es que el sólido reparto de la misma, encabezado por los entonces emergentes Germán Cobos y Silvia Solar, se beneficia de la presencia de unos secundarios de lujo, entre ellos el siempre entrañable Pepe Isbert y la no menos curtida Matilde Muñoz Sampedro.

El dilema al que se enfrenta la pareja protagonista estriba en el hecho de que a él (Cobos) le tienta la idea de marcharse a Sudamérica para probar fortuna en su faceta de locutor de radio, mientras que ella (Solar) quisiera casarse vestida de blanco. Y aunque ambas opciones sean económicamente inviables, se da la circunstancia de que uno y otro reciben los consejos contradictorios de los tíos de Carmen. Así, don Pablo (Isbert) aboga por que no haya enlace y en cambio doña Antonia (Muñoz Sampedro) urde sus planes para que los jóvenes acaben frente al altar.



Lo malo es que la tentación desembarca en plena bahía gaditana bajo la apariencia de rubia despampanante (Jacqueline Pierreux) que forma parte del séquito del presidente Mendoza (José María Lado). Toda una prueba de fuego para Miguel, quien en lo sucesivo se debatirá entre dos extremos irreconciliables...

Como suele suceder en este tipo de astracanadas tan profundamente españolas, su humorismo obedece a factores que revelan la esencia tragicómica de una sociedad en vías de desarrollo. Así pues, la obsesión por el matrimonio, las rencillas familiares, la demagogia barata de los politicastros o las discusiones de patio de vecinos componen un fresco costumbrista y, por momentos, incluso "surrealista" que termina con Pepe Isbert indicándole a un urbano cómo debe regular el tráfico.



sábado, 6 de junio de 2020

Amanecer en Puerta Oscura (1957)




Director: José María Forqué
España/Italia, 1957, 85 minutos

Amanecer en Puerta Oscura (1957)
de José María Forqué


No es todo inventado en esta historia. Su desenlace está basado en un hecho real que se repite, año tras año, hasta nuestros días, en la madrugada del Miércoles Santo. La historia comienza con un hecho que pudo ocurrir en la Andalucía del siglo XIX, cuando la inquietud política y el malestar social condicionaban la vida del país y justificaban la lucha y la revuelta. Muchas minas eran entregadas a compañías extranjeras en medio de la indiferencia general. En aquella Andalucía profunda y trágica, dentro de su cante hondo, detrás de la alegría, latían graves problemas. Bajo el sol, hervía la sangre de los mineros andaluces...

Tras este insólito encabezamiento arranca Amanecer en Puerta Oscura (1957), uno de los títulos más sólidos en la filmografía del director José María Forqué. Palabras ciertamente atrevidas (¿cómo dejó pasar la censura franquista eso de que "la inquietud política y el malestar social condicionaban la vida del país y justificaban la lucha y la revuelta"?) en las que se percibe la mano del dramaturgo Alfonso Sastre, hombre de izquierdas cuyo compromiso político le llevaría a luchar activamente contra la dictadura.

Sin embargo, lo que empieza como una rebelión obrera en la que un capataz tiránico y el jefe de la mina, ambos ingleses, resultan muertos a manos de los trabajadores derivará, paulatinamente, en filme de bandoleros y forajidos con aire de wéstern para desembocar, al compás de los pasos de la malagueña Archicofradía de Nuestro Padre Jesús el Rico, en un desenlace de exaltación religiosa y tintes milagrosos. Eso es todo lo que podía dar de sí la lucha de clases, por lo menos a nivel cinematográfico, en la España del 57.



La guitarra de Regino Sáinz de la Maza y la fotografía en color de Cecilio Paniagua aportan al conjunto el toque localista necesario, mientras que la interpretación de Paco Rabal (quien da vida al salteador Juan Cuenca, que se echó al monte tras matar a su mujer) lleva el peso de la trama hasta el punto de eclipsar los anhelos de justicia social inicialmente defendidos por Andrés (Luis Peña) y Pedro (Alberto Farnese).

La cinta, que triunfó en Berlín y consagró definitivamente las respectivas carreras de director y protagonista, remite, en su tramo final, a una Real Orden de Carlos III cuyo origen se remonta a un motín de presos que tuvo lugar en la ciudad de Málaga, en 1759, durante una epidemia de peste, cuando los reos, contra la voluntad de las autoridades, sacaron en procesión la imagen del Nazareno. De ahí que el monarca, al tener conocimiento de los hechos, decidiese conceder a la hermandad el privilegio de indultar a un recluso cada Jueves Santo. Con todo y con eso, el mensaje que subyace en el clímax de la película (el único, por otra parte, que estaba dispuesto a tolerar el Régimen) no puede ser más perverso [ATENCIÓN: ¡SPOILER!]. Hacer que de entre los tres homicidas sea el bandolero el amnistiado implica que el arrebato de un marido que pone fin a la vida de la esposa adúltera representa un delito menos grave que el cometido por los subversivos Andrés y Pedro. Curiosa justicia divina ésta, que "casualmente" coincidía con los postulados de la dictadura militar...


martes, 1 de septiembre de 2015

Calle Mayor (1956)




Director: Juan Antonio Bardem
España/Francia, 1956, 99 minutos

Calle Mayor (1956) de Juan Antonio Bardem


Basándose en La señorita de Trevélez de Carlos Arniches, Juan Antonio Bardem pergeñó una historia marcada por el ambiente sofocante que se respira en una pequeña ciudad de provincias. En ella, pasear por la Calle Mayor es, junto con alguna que otra borrachera y matar el tiempo en los billares, la distracción principal para muchos jóvenes. Y las bromas pesadas, claro.

El grupo de amigotes que forman Juan y los suyos ha sido comparado con la camarilla de zánganos que protagonizan Los inútiles de Fellini (1953): señoritos de vida disipada, sin oficio ni beneficio, que dilapidan su tiempo y su dinero entre gamberrada y gamberrada.

Los amigotes en el billar


Y, como la ociosidad excesiva es la madre de todos los desmanes, no se les ocurre nada mejor que dar rienda suelta a su crueldad intentando seducir a la solterona del pueblo para luego, tras haberle prometido matrimonio, mofarse de ella plantándola. Isabel, la víctima elegida, es interpretada por la estadounidense Betsy Blair, algo insólito en una película española del año 56, especialmente si se tiene en cuenta el enorme éxito cosechado gracias a Marty (Delbert Mann, 1955), en la que actuaba junto a Ernest Borgnine. Aun así, Bardem logró convencerla para que protagonizase Calle Mayor, logrando obtener de ella una más que convincente composición de la típica señorita provinciana, un tanto ingenua y soñadora.

Isabel (Betsy Blair) y Juan (José Suárez)


Lo interesante del personaje de Juan (José Suárez) es que se le plantean dudas de tipo moral antes de dejarse arrastrar por sus compañeros. En este sentido, es un hombre atrapado entre la masculinidad que se siente obligado a demostrar y lo que le dicta su conciencia, sobre todo a raíz del contacto con Federico (el agregado intelectual del grupo, interpretado por el francés Yves Massard y al que, por cierto, le presta su voz Fernando Rey en la versión castellana). Este último, al ser un recién llegado procedente de Madrid, no está contaminado aún de la zafiedad de los otros y será el encargado de ir abriéndole los ojos a Juan sobre la falta de piedad que encierra la "bromita" que han tramado. De modo que Juan acaba convirtiéndose en una especie de Cary Grant en Sospecha (a ratos parece bueno, a ratos parece malo), como se pone de manifiesto en la escena del hueco de la escalera mientras él e Isabel visitan un edificio en obras.

Como también oscila la banda sonora compuesta por Joseph Kosma e Isidro B. Maiztegui, en este caso entre dos modelos fácilmente identificables: por una parte el Chaplin de El gran dictador (la melodía que acompaña los malabarismos de Hynkel con un globo que semeja la tierra, para ser más exactos) y, por otra, el Nino Rota del universo felliniano.

En resumidas cuentas, y a pesar de la detención de sufrió Bardem durante el rodaje, de un modo o de otro, todos los elementos arriba expuestos contribuirían a que Calle Mayor se acabara alzando con el Gran premio de la Crítica internacional en el Festival de cine de Venecia.


Placa conmemorativa del rodaje de Calle Mayor en Logroño.
El resto de exteriores se filmaron en Cuenca y en Palencia