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miércoles, 28 de diciembre de 2022

Cuatro noches de un soñador (1971)




Título original: Quatre nuits d'un rêveur
Director: Robert Bresson
Francia/Italia, 1971, 87 minutos

Cuatro noches de un soñador (1971)


Caminé durante mucho tiempo, acabando por no conocer las calles que atravesaba, hasta que, de improviso, me encontré en los límites de la ciudad. Los franqueé y atravesé campos y prados, sin reparar en la fatiga; y sentí como si se me quitase un gran peso de encima, aliviando mi alma. Me invadió una intensa alegría. Las gentes con quienes me encontraba me miraban simpáticamente y dijérase que iban a saludarme. Parecían contentos, y fumaban. Yo también era dichoso como nunca; y creía encontrarme en Italia: tan magnífica me parecía la Naturaleza y tanto me maravillaba a mí, pobre habitante de las ahogadas casas de la ciudad.

Fiódor Dostoyevski
Noches blancas (1848)
Traducción de Justo García Melero

Algo debe de tener este relato de Dostoyevski cuando cineastas de la talla de Visconti o Bresson recurrieron a él como fuente de inspiración para sendas películas (ambos, por supuesto, llevándose la historia a su terreno). En el caso del director francés, por ejemplo, lo que llama de inmediato la atención es el típico hieratismo de sus intérpretes o la parquedad en los diálogos, aunque, si bien se mira, ¿para qué son necesarios cuando las imágenes hablan por sí mismas? 

Por otra parte, y aparentemente contraviniendo lo que el propio Bresson defiende en sus Notas sobre el cinematógrafo (Gallimard, 1975), donde afirmaba aquello de "Nada de música de acompañamiento, de sostén o de refuerzo. Nada de música en absoluto", son varios los momentos en los que vemos a jóvenes cantando o tocando la guitarra en plena calle. Hasta se incluye la actuación de un conjunto brasileño sobre la cubierta de un turístico bateau mouche que navega por el Sena. Todo ello justificado desde un punto de vista diegético, bien sûr, por lo que no hay tal contradicción con sus postulados.



Al mismo tiempo, tampoco parece que en Quatre nuits d'un rêveur (1971) se desdiga de su proverbial aversión a las adaptaciones cinematográficas basadas en clásicos literarios ("Las ideas extraídas de lecturas serán siempre ideas de libros. Ir directamente a las personas y a los objetos", ibidem). Así pues, el director hace suyo el argumento hasta el extremo de que ni Marthe (Isabelle Weingarten) ni Jacques (Guillaume des Forêts) difieren gran cosa respecto al resto de personajes de una filmografía repleta de seres tan enigmáticos como esta pareja de desconocidos.

Una suicida que a punto está de saltar desde lo alto del Pont Neuf por un desengaño amoroso, un pintor solitario obsesionado con atrapar el instante con la grabadora portátil que siempre lleva consigo... Bresson no necesita de más elementos para perfilar una puesta en escena cuya austeridad, a base de silencios y sosiego, es en sí misma una poderosa arma capaz de anclar la acción en un eterno presente. Lo dejó dicho por escrito y aquí lo volvía a concretar en imágenes una vez más: "Lo verdadero es inimitable, lo falso intransformable".



sábado, 21 de abril de 2018

Al azar de Baltasar (1966)




Título original: Au hasard Balthazar
Director: Robert Bresson
Francia/Suecia, 1966, 95 minutos

Al azar de Baltasar (1966)


Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro. [...] Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña...; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra. Cuando paso sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo...

Juan Ramón Jiménez
Platero y yo (1914)

Con el habitual laconismo de sus escasos diálogos y una sobria fotografía en blanco y negro, Bresson llevaba a cabo en Au hasard Balthazar un ejercicio cinematográfico de una precisión estilística lacerante. Quizá porque en esta ocasión se asoció con una productora sueca, pero hay en sus imágenes un no sé qué de ascetismo nórdico, subrayado por la reiterativa música de Schubert, que nos hace pensar de inmediato en el Dreyer de Ordet (1955). No en vano, el personaje de Arnold (interpretado por Jean-Claude Guilbert, actor que al año siguiente volvería a trabajar a las órdenes de Bresson en Mouchette y con Godard en Week End) tiene algo del loco Johannes.

En cualquier caso, la tendencia del director a expresar lo esencial eliminando lo superfluo le lleva a servirse de bruscas elipsis en varias ocasiones: un crimen cuya víctima y motivaciones apenas se aclaran, un vagabundo alcohólico sobre quien los aldeanos descargan su ira sin que sepamos muy bien por qué, un circo en el que el asno actúa mostrando sus habilidades matemáticas...



Se hace difícil asistir a un semejante despliegue de lirismo y no caer rendido ante la maestría desbordante de un cineasta que supo retratar la condición humana a través de la desdichada existencia de un borrico. Como el Juan Ramón de Platero y yo, Bresson convierte al animal en un símbolo cuyo correlato dentro de la historia es la infortunada Marie (Anne Wiazemsky). De modo que la suerte de ambos discurrirá por senderos paralelos, la muchacha padeciendo los atropellos del grupo de gamberros del pueblo liderados por el maligno Gérard (François Lafarge) y la acémila pagando con su vida las injusticias de una vida al servicio de los hombres.

Por lo tanto, Balthazar no es, únicamente, un burro que pasa por las manos de distintos propietarios, según el modelo clásico que fijara Apuleyo en El asno de oro. Es, por encima de todo, una metáfora de la santidad: el ejemplo palpable de cómo los seres más puros reciben martirio, en este caso en forma de estacazos, en pago a su abnegado servicio hacia los demás. Lo cual conecta esta película con la temática de buena parte de la filmografía de su autor.


jueves, 22 de marzo de 2018

El proceso de Juana de Arco (1962)




Título original: Procès de Jeanne d'Arc
Director: Robert Bresson
Francia, 1962, 62 minutos

El proceso de Juana de Arco (1962)


Los azares del destino han querido que la siguiente película comentada en este blog sea la austera recreación bressoniana de los últimos instantes de la vida de la Doncella de Orléans. Lo cual no deja de ser curioso, teniendo en cuenta que nuestra anterior entrada estuvo dedicada al un tanto sacrílego acercamiento que Bruno Dumont ha realizado a propósito de la infancia del mismo personaje.

Procès de Jeanne d'Arc, como su propio título indica, partía del testimonio que Juana de Arco expuso ante los severos jueces de Ruan durante el juicio sumarísimo que la acabaría condenando a morir quemada en la hoguera. Se trata, por tanto, de un ejercicio de sobriedad en el que Bresson, consciente o involuntariamente, establece un claro paralelismo entre la presencia inglesa en territorio francés a principios del XV con la ocupación nazi y el régimen colaboracionista de Vichy. En ese sentido, el obispo Cauchon podría considerarse un trasunto evidente del mariscal Pétain, ya que su inflexibilidad conlleva la ejecución del símbolo de la resistencia frente al invasor extranjero.



La literalidad de los diálogos, centrados en cuestiones tan "trascendentales" como qué ropas vestían San Miguel, Santa Margarita y Santa Catalina cuando se le aparecieron o a qué hora suele escuchar la acusada la voz del ángel que la guía, otorga al filme una apariencia de realismo que el realizador subrayará después con insertos de los pies de los personajes al desplazarse desde el tribunal hasta las celdas del presidio: más que por el vestuario, Bresson intenta, desde el plano inicial, situarnos en la época a través del calzado. Un verismo que se consigue, por otra parte, recurriendo a actores no profesionales, si bien la debutante Florence Delay tendría una cierta continuidad posteriormente, participando en cuatro títulos más (su último trabajo, El juego del poder, a las órdenes del argentino Hugo Santiago, data de 1979).

En definitiva, El proceso de Juana de Arco se inscribe, tanto temáticamente como por la frugalidad de su blanco y negro, en la misma nómina que obras cumbre de la historia del cine como Dies irae (1943) de Dreyer, cuyo trabajo más célebre del período mudo ya había abordado el mismo litigio contra la futura santa vestida de hombre.


jueves, 2 de marzo de 2017

En la oscuridad (2007)




Título original: Dans l'obscurité
Directores: Luc y Jean-Pierre Dardenne
Bélgica, 2007, 3 minutos

Breve (y notable) aportación de los hermanos Dardenne para el filme colectivo Chacun son cinéma ou Ce petit coup au coeur quand la lumière s'éteint et que le film commence (2007). Aunque inicialmente no estaba previsto en el programa, la Filmoteca ha querido premiar a los asistentes con este cortometraje en el que los directores, a su vez, rendían tributo a Robert Bresson y, más concretamente, a Au hasard Balthazar (1966), cuya banda sonora con música de Schubert y bullicio campestre puede escucharse de fondo: de hecho, ésa es la película que está viendo en un cine de Lieja (Bélgica) la protagonista del corto.