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martes, 15 de noviembre de 2022

As bestas (2022)




Título en español: Las bestias
Director: Rodrigo Sorogoyen
España/Francia, 2022, 137 minutos

As bestas (2022) de Rodrigo Sorogoyen


Ya Cervantes dejó constancia de cómo un soñador puede llegar a estrellarse contra unos simples molinos de viento. Que, en el caso que nos ocupa, representan, además, motivo de discordia entre los escasos vecinos de un modesto villorrio galaico. Pocos y mal avenidos desde que un matrimonio francés, residente en la zona, se negara a firmar para que una compañía eólica instalase sus aerogeneradores en los terrenos del concejo. Lo cual dará pie a que los hermanos Xan (Luis Zahera) y Lorenzo (Diego Anido) hostiguen permanentemente a quienes ellos consideran unos intrusos que vinieron a estorbar sus planes de futuro.

La aureola de la que llega precedida As bestas (2022) no sólo confirma el talento de su director, el mismo Rodrigo Sorogoyen que anteriormente había deslumbrado con títulos como Madre (2019) o El reino (2018), sino que pone también de manifiesto el carácter de película de culto de una cinta que aborda las miserias de la España negra en tiempos de las telecomunicaciones. En ese sentido, el drama que se cierne sobre Antoine (Denis Ménochet) y Olga (Marina Foïs) es el de unos forasteros, cargados de buenas intenciones, cuyo proyecto de restaurar los pazos en ruinas de una comarca condenada a la despoblación choca de pleno con los intereses económicos de los lugareños.



Asimismo, hay latente en esta historia un conflicto familiar a propósito de los riesgos que comporta idealizar la vida campestre o, incluso, sobre cómo los hijos ponen en tela de juicio los ideales de sus padres cuando éstos entran en contradicción con los avatares del progreso. De ahí que la actitud individualista de Marie (Marie Colomb) contraste con la obstinación de su madre en esclarecer los hechos a pesar de la aparente indolencia de la Guardia Civil.

Por último, conviene llamar la atención sobre un par de premisas (una consecuencia de la otra) a propósito de la particular puesta en escena del filme. De entrada, sorprende la enorme contención de los intérpretes a pesar de la creciente tirantez que se respira en el ambiente, tal vez porque lo que se pretende evitar a toda costa (he ahí la segunda característica relevante) es cualquier tipo de ensañamiento. Así pues, y por más odiosas que se nos hagan las continuas provocaciones a las que deben hacer frente los protagonistas, lo que acaba prevaleciendo no es el revanchismo sino la serenidad: la misma que distingue a las personas de las bestias.



lunes, 27 de abril de 2020

¡¡¡Caverrrrnícola!!! (2004)




Título original: RRRrrrr!!!
Director: Alain Chabat
Francia, 2004, 94 minutos

¡¡¡Caverrrrnícola!!! (2004) de Alain Chabat


Son muchos los elementos de esta insólita comedia francesa que remiten, en clave paródica, a La guerre du feu (1981). Con ese sentido del humor, a menudo intraducible, del grupo Les Robins des Bois, troupe satírica, pasada a mejor vida, y de cuyas filas salieron notables intérpretes de la actual escena gala como Marina Foïs o Jean-Paul Rouve. Dirigió el cotarro Alain Chabat, otro de los nombres destacados del cine más taquillero de aquel país, que se reservó el papel de chamán de la tribu. Y como guinda, la presencia de dos ilustres actores que no necesitan presentación: Gérard Depardieu y Jean Rochefort.

El making off de la película revela una laboriosa fase de producción, sobre todo en lo concerniente a decorados, maquillaje, vestuario y localizaciones: soberbio esfuerzo artesanal que contrasta con las encarnizadas críticas que, tras su estreno, recibió la cinta por parte de algunos sectores de la crítica. Lo cual no impidió que, aun así, acumulara hasta tres millones de espectadores durante su explotación comercial.



Y es que las ocurrencias que aquí se gastan, entre absurdas y facilonas, no siempre son bien recibidas en un país acostumbrado a productos de mucha mayor qualité. Así, por ejemplo, eso de que todos los miembros del clan se llamen Pierre (que, además de Pedro, también significa "piedra") o el desfile de animalejos dotados de colmillos de mamut (entre ellos un vermut, otro juego de palabras, resultante de unir el término ver ("lombriz") con el paquidérmico sufijo -mut) suscitó las iras de publicaciones como Le Parisien, desde cuya portada se calificó al filme con un elocuente "Nul !"

Sin embargo, y a pesar de lo impronunciable de su título, quien esté dispuesto a pasar hora y media en compañía de estas dos facciones enfrentadas, la del "pelo limpio" y la del "pelo sucio", acabará forzosamente por reírse en algún momento u otro, aunque sólo sea por la facha tan disparatadamente estrambótica que lucen estos trogloditas de hace 35.000 años.


lunes, 26 de agosto de 2019

Una íntima convicción (2018)




Título original: Une intime conviction
Director: Antoine Raimbault
Francia/Bélgica, 2018, 110 minutos

Una íntima convicción (2018) de Antoine Raimbault


Una película de juicios a la antigua usanza, pero con el aliciente de que muestra las interioridades del aparato judicial francés a partir de un caso verídico, algo no muy frecuente en comparación con la acostumbrada presencia en el cine de Hollywood de la maquinaria procesal norteamericana. En todo caso, de un tiempo a esta parte no son pocos los títulos de la cinematografía gala en los que el poder persuasivo de la palabra posee un papel preponderante: Una razón brillante (Le brio, 2017), A viva voz (À voix haute, 2016), etc., etc.

De ser cierto lo que indican los créditos finales, Nora (Marina Foïs) es el único personaje ficticio de cuantos intervienen en Une intime conviction. Todos los demás, incluido el letrado Eric Dupond-Moretti (Olivier Gourmet), aparecen con los mismos nombres que en la vida real, lo cual da una idea del grado de implicación del debutante Antoine Raimbault a la hora de documentarse para el que ha sido su primer largometraje.



Éste es un filme en el que se emplea muy a menudo el vocablo verdad, esa criatura escurridiza tras la que media humanidad anda a vueltas y que es tan cambiante como el parecer de cada cual. En ese sentido, Nora está convencida de la inocencia de Viguier (Laurent Lucas) y removerá Roma con Santiago hasta conseguir que se repita el juicio. Queda claro, pues, que para esta cocinera con vocación de abogada defensora no hay más certeza que el hecho de que el acusado no mató a su mujer, por lo que no se arredrará ni ante la incomprensión de su entorno familiar y laboral ni ante cualquier otro impedimento con tal de que se haga justicia.

Lo preocupante vendrá cuando la obsesión por el tema adquiera tintes enfermizos, llegando a poner en peligro no sólo su estabilidad personal (es madre soltera de un menor y mantiene una relación con un compañero de trabajo), sino incluso su integridad física. Y es que tantas horas escuchando, en busca de alguna pista, las cintas con los centenares de conversaciones telefónicas de los encausados son capaces de desquiciar a cualquiera. Con todo, y tras arduos esfuerzos, servirán para que el discurso final del letrado, en la más pura tradición de los clásicos del género, sea un soberbio ejercicio de elocuencia de los que hacen historia.


viernes, 3 de mayo de 2019

Non ma fille, tu n'iras pas danser (2009)




Título en español: No, hija mía: tú no irás a bailar
Director: Christophe Honoré
Francia, 2009, 105 minutos

Non ma fille, tu n'iras pas danser (2009)
de Christophe Honoré


Adentrarse en las escabrosas interioridades que pueblan el extravagante universo de Christophe Honoré lo mismo puede acarrear repulsa visceral que adhesiones inquebrantables, dependiendo de lo convencional que sea el espectador. Porque si hay una constante en la filmografía del cineasta francés es su continuo empeño en dinamitar la institución familiar en tanto que fuente de vínculos potencialmente perversos entre sus miembros.

Enfoque que no es exclusivo, ni mucho menos, del director de Ma mère (2004), sino que puede encontrarse en un puñado de películas que el cine galo ha producido en lo que llevamos de siglo y aun puede que antes. Títulos como: Un air de famille (1996) de Cédric Klapisch, Nue propriété (2006) de Joachim Lafosse o la más reciente Custodia compartida (Jusqu'à la garde, 2017) de Xavier Legrand.



Non ma fille, tu n'iras pas danser plantea la disyuntiva en la que se haya inmersa Léna (Chiara Mastroianni): separada y madre de dos niños, deberá decidirse entre si seguir los dictados de su propio instinto o, en cambio, acabar acatando la rutina que el sentido común parece reservar para las mujeres que se encuentran en su misma tesitura. Situación que, por si no fuera suficiente, se ve agravada cuando Léna decide pasar unos días junto a sus padres y hermanos (a cuál más neurótico) en la casa que éstos tienen en Bretaña.

Indecisa y voluble, no puede decirse que Léna sea precisamente un dechado de virtudes. Hay determinados momentos en los que, como sucedía con el personajes de Gena Rowlands en A Woman Under the Influence (1974) de John Cassavetes, casi casi se podría dudar incluso de su salud mental, abrumada por la inesperada presencia del ex marido, el flirteo con el joven Simon (Louis Garrel) y unos padres gamberros cuya falta de tacto la supera por completo.


lunes, 14 de enero de 2019

El gran baño (2018)




Título original: Le grand bain
Director: Gilles Lellouche
Francia/Bélgica, 2018, 122 minutos

El gran baño (2018) de Gilles Lellouche


Con mejor o peor criterio, los carteles que anuncian esta película en el metro de Barcelona se refieren a ella como "un Full Monty a la francesa". En realidad, y al margen de que tales comparaciones vayan más encaminadas a hacer taquilla que no a hacer justicia, lo cierto es que la cinematografía de nuestro país vecino posee una larga tradición de filmes protagonizados por patanes que se marcan objetivos a priori inalcanzables. 

Sin ir más lejos, Le concert (2009) de Radu Mihaileanu planteaba, hace justo una década, la posibilidad de que una orquesta de aficionados triunfase en el mundo entero. Y así podríamos ir tirando hacia atrás hasta llegar a Les bronzés (1978) de Patrice Leconte, Les visiteurs (1993) de Jean-Marie Poiré o hasta las genialidades de Jacques Tati. Títulos, todos ellos, muy dispares entre sí, pero unidos por un mismo denominador común: la heroicidad del torpe.

Ciertamente, el adjetivo torpe se queda más bien corto para referirse a los protagonistas de Le grand bain (última incursión tras las cámaras del actor Gilles Lellouche), pues atreverse a montar un equipo masculino de natación sincronizada cuyos miembros, en su mayoría, sobrepasan ampliamente los cuarenta es una idea tan quijotesca como entrañable. Sobre todo a medida que vayamos conociendo los entresijos de la historia personal de cada uno de sus integrantes, incluidas las dos entrenadoras.



Aun así, y ello es lo peor, le acaba de faltar algo de gancho a una historia que, en principio, lo tenía todo para conectar con el público, comenzando por actores de la talla de Mathieu Amalric. Y aunque en teoría no tenga por qué ser un defecto, pero la verdad es que se le nota un cierto aire de reunión de amigos, algo que ya sucedía en Pequeñas mentiras sin importancia (Les petits mouchoirs, 2010), donde, contrariamente a lo que aquí sucede, el que dirigía era Guillaume Canet, mientras que Lellouche interpretaba un pequeño papel. Además de que, tanto en la una como en la otra, se percibe un exceso de música incidental (lo cual se nos antoja que debe de ser una tentación muy propia de actores que se pasan a la dirección: la de incluir algunas de tus canciones favoritas en la banda sonora).

Con todo, merece la pena defender, pese a sus carencias, un filme que apuesta por la libertad de elección del individuo frente a la indiferencia de los demás; que nos invita a que seamos nosotros mismos, sin complejos, antes que dejarse arrastrar por los sinsabores de una tediosa vida convencional.


lunes, 28 de mayo de 2018

El taller de escritura (2017)




Título original: L'atelier
Director: Laurent Cantet
Francia, 2017, 113 minutos

El taller de escritura (2017) de Laurent Cantet


Si ya de por sí la educación es uno de los temas predilectos del cine francés, en el caso del realizador Laurent Cantet (responsable, una década atrás, de la aclamada Entre les murs) el asunto adquiere una dimensión muchísimo más profunda. 

Su última película, centrada en el taller de escritura que una célebre novelista lleva a cabo durante las vacaciones de verano con jóvenes en riesgo de exclusión social de La Ciotat (localidad cercana a Marsella con una larga tradición proletaria vinculada a los hoy cerrados astilleros), dibuja un panorama marcado por las tensiones raciales, el desempleo y la falta de ideales entre una juventud que, con demasiada frecuencia, camina peligrosamente a la deriva.



De entre todos ellos, destaca con poderosa personalidad Antoine (el debutante Matthieu Lucci), a veces solitario, un tanto provocador y simpatizante de grupos de extrema derecha en auge a los que sigue a través de las redes sociales. El suyo es, pues, un perfil frecuente en la Francia de hoy en día, de la que este grupo de adolescentes, con orígenes culturales muy diversos pero unidos por la tarea común de sacar algo adelante juntos (en este caso, una novela policíaca), es una clara metáfora.

Ya lo hemos dicho, por activa y por pasiva, al comentar en entradas anteriores las últimas novedades de un determinado cine galo: la huella que los atentados yihadistas han dejado en el seno de aquella sociedad tardará mucho tiempo en borrarse. Y estos muchachos, reunidos en torno a la creación literaria, abordan el tema sin ambages, por lo que las alusiones a la sala Bataclan o al miedo a salir a la calle estarán presentes en sus diálogos. Precisamente es ahí donde radica el mérito del planteamiento que Cantet y Robin Campillo llevan a cabo en su guion: esbozar con la suficiente equidistancia la necesidad de, por un lado, sumar esfuerzos para afrontar los retos del futuro y, por otro, la atracción que los radicalismos pueden ejercer sobre nosotros en tiempos de crisis.


jueves, 20 de agosto de 2015

Astérix y Obélix: Misión Cleopatra (2002)




Título original: Astérix & Obélix: Mission Cléopâtre
Director: Alain Chabat
Francia/Alemania, 2002, 107 minutos

Astérix y Obélix: Misión Cleopatra (2002)


Domingo 9 de agosto. Tediosa noche de estío. Sopor veraniego en pleno secarral almeriense. Ni un solo cine en muchos kilómetros a la redonda. En un canal perdido de la TDT ponen Astérix y Obélix: Misión Cleopatra. Nada mejor que hacer (ni que ver). Y como siempre viene bien practicar algo de francés (merced al sistema Dual), pues allá que me lanzo.

Al margen del mérito indiscutible que poseen los personajes creados por Albert Uderzo, las sucesivas adaptaciones para la gran pantalla  que de ellos se han realizado distan mucho de igualar al original. Ni los filmes de animación ni Astérix y Obélix contra César (Claude Zidi, 1999), Astérix en los juegos olímpicos (Frédéric Forestier y Thomas Langmann, 2008) o Astérix & Obélix: Al servicio de Su Majestad (Laurent Tirard, 2012) destacan más que como meros productos de consumo destinados a un público de masas.

En lo que a Misión Cleopatra se refiere, dirigida por el cómico Alain Chabat (quien se reserva, además, el papel de Julio César), cabe mencionar las múltiples  referencias de todo tipo que contiene, ya sean pictóricas (La balsa de la Medusa o la Gioconda), televisivas (La mujer biónica), musicales ("Alexandrie, Alexandra" de Claude François) o incluso literarias: cuando Obélix (Gérard Depardieu) se carga la enorme nariz de la esfinge, está aludiendo a Cyrano de Bergerac por partida doble, ya que la frase que pronuncia el galo es a la vez un verso de la obra de Rostand que el propio Depardieu encarnó en la versión dirigida por Jean-Paul Rappeneau en 1990.



Por descontado que también son innumerables las alusiones cinematográficas: las carreras de cuádrigas de Ben-Hur, la voz metálica de Darth Vader o la inconfundible banda sonora de Star Wars son algunos de los ejemplos más evidentes.

Queda claro, pues, que el anacronismo es una de las principales armas sobre las que reside la comicidad de Misión Cleopatra, así como, por otra parte, los continuos juegos de palabras, algunos de ellos intraducibles o difíciles de captar para el público no francófono (como la retahíla de nombres galos acabados en -ix a la que se añaden los de Mathieu Kassovitz o Malcolm X...)

Puede que Jamel Debbouze o Christian Clavier no interpreten los papeles de su vida, aunque siempre es digna de admirar la belleza de Monica Bellucci en esta insólita apuesta que la enfrenta contra el hombre más poderoso de Roma.