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sábado, 12 de mayo de 2018

Aventuras del barbero de Sevilla (1954)




Director: Ladislao Vajda
España/Francia, 1954, 89 minutos



¡Ay, barbero, barbero, barbero...!
Fígaro me puso un Monsieur no sé qué... 
Y al nacer un primero de enero 
mi padrino quiso ponerme Manuel.

Retomando el espíritu de las coproducciones hispanoalemanas de los años treinta, en Aventuras del barbero de Sevilla el productor Benito Perojo quiso llevar a cabo una comedia musical cuyo pintoresquismo estuviese por encima de la acción y los diálogos. A tal efecto, el guionista Jesús María de Arozamena (a la sazón en los inicios de su carrera: ésta fue su tercera película) concibió un batiburrillo de tópicos de inspiración dieciochesca hecho a medida del cantante Luis Mariano.

Este último, nacido en Irún y naturalizado francés tras la guerra civil, volvía a trabajar con el compositor Francis López, con quien formó un exitoso tándem a lo largo de su carrera. Y para acentuar el elemento folclórico de lo que estaba llamado a ser una superproducción Cifesa, el protagonismo femenino recayó sobre Lolita Sevilla, que venía de participar, un año antes, en la mítica ¡Bienvenido, Míster Marshall!



Decir que los decorados fueron obra del siempre excelente Burmann no hace sino añadirle interés a un filme en el que lo trivial del tema contrasta vivamente con la calidad de los profesionales del apartado técnico que en él trabajaron y de las estrellas de su reparto.

Por último, el director Ladislao Vajda supo darle al conjunto ese toque cosmopolita tan habitual en su filmografía, subrayado esta vez por el hecho de que la acción se traslada momentáneamente a Puerto Rico, donde un grupo de bandoleros redime su condena luchando contra los ingleses. Se trata, en general, de situaciones que tienen su origen en el wéstern hollywoodense (el asalto a la diligencia, la toma del fuerte o presidio...), pero que, debidamente adaptadas al imaginario local, harían fortuna hasta desembocar, ya a mediados de los setenta y en el medio televisivo, en productos de consumo masivo como la serie Curro Jiménez.


lunes, 11 de mayo de 2015

¡Bienvenido, Mister Marshall! (1953)




Director: Luis García Berlanga
España, 1953, 78 minutos

¡Bienvenido, Mister Marshall! (1953) de Berlanga

Llegar a las cien entradas de este blog y hacerlo con Bienvenido Mister Marshall (1953) supone un doble placer y una alegría doble. Y aunque poco o nada quede ya de aquella España mísera a la par que profundamente entrañable, sin embargo cada vez que se vuelve a ver de nuevo esta película a uno le da por pensar que quizá lo que hemos ganado en progreso material lo hayamos perdido en afabilidad: la inocente campechanía de los vecinos de Villar del Río quedará para siempre como símbolo amable del subdesarrollo patrio y, a la vez, como testamento del candor que nos fuimos dejando por el camino.

El filme (el primero que García Berlanga dirigía en solitario, aunque Juan Antonio Bardem figurase esta vez como coguionista) recibió dos premios en el Festival de Cannes por su sentido del humor, si bien fue asimismo objeto de polémica debido a las quejas que suscitó en el actor Edward G. Robinson (miembro del jurado) el plano que muestra una bandera americana arrastrada por la corriente de una acequia.

Casi con toda probabilidad, el discurso del alcalde es una caricatura de los de Franco

También la censura española procuró hacer de las suyas (célebre es el caso del sueño de la maestra, que su director no podría rodar hasta el 2002), lo cual demuestra el potencial subversivo que albergaba una historia como esta: el viejo alcalde sordo (un, como siempre, genial Pepe Isbert haciéndose un lío en el pregón con el que pretende arengar a su pueblo desde el balcón del Ayuntamiento: "¡Como alcalde vuestro que soy os debo una explicación, y esa explicación que os debo os la voy a pagar!"), el cura metomentodo, el engreído Secretario general... El retrato que de las fuerzas vivas de la aldea se lleva a cabo es profundamente demoledor.

Como demoledor ha sido el paso del tiempo con la hoy, en tantos aspectos, decadente sociedad española: ¡Bienvenido, Mister Marshall! se rodó en Guadalix de la Sierra, precisamente la misma localidad madrileña en la que se encuentra la casa de Gran Hermano. Los parajes que inspiraron hace más de sesenta años una obra maestra propician en la actualidad la telebasura más abyecta.


"¡Americanoooos, os saludamos con alegríaaaaa!"