Mostrando entradas con la etiqueta Pepón Nieto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pepón Nieto. Mostrar todas las entradas

jueves, 23 de marzo de 2023

Pepe Guindo (1999)




Director: Manuel Iborra
España, 1999, 93 minutos

Pepe Guindo (1999) de Manuel Iborra


La dedicatoria con la que se cierra Pepe Guindo (1999), "A mi padre, que admiraba a Fernando Fernán Gómez", resulta tan sintomática como la elección de «La muerte de Åase», perteneciente a la suite Peer Gynt, del noruego Edvard Grieg, como tema central de la banda sonora. Porque, si bien durante los primeros compases se incluye algún que otro guiño cómico, lo cierto es que la película está concebida en unos términos eminentemente dramáticos: los del soliloquio de un veterano músico, decrépito y patético en la misma medida que el actor que se mete en la piel del personaje sobre el escenario del madrileño Teatro de La Abadía.

Distintos planos de realidad que convergen en un mismo denominador común: el del viejo cascarrabias que debe hacer frente al paso inexorable del tiempo. En ese sentido, el protagonista de la obra representada se aferra al recuerdo de un supuesto pasado esplendoroso, cuando actuaba junto a su orquesta en los mejores locales de Oriente Próximo, con la esperanza de que "la gente del cine" convierta el rico anecdotario de su trayectoria vital en guion cinematográfico.



La magistral actuación de Fernán-Gómez, en el que quizá fue, conjuntamente con La lengua de las mariposas (1999), uno de los últimos grandes papeles de su extensa carrera, queda, sin embargo, un tanto deslucida por culpa de los continuos (e innecesarios) insertos que el director, Manuel Iborra, intercala a cada momento con apostillas de algunos secundarios (entre ellos la que entonces era su esposa: Verónica Forqué). Con todo y con eso, el planteamiento implica un desafío escénico de grandes proporciones mediante el que queda patente la sabiduría del artista en el momento previo a su ocaso.

Por último, no cabe duda de que, en el plano estrictamente musical, éste es un filme que destaca por la presencia del compositor Santi Arisa, quien, además de encargarse de la música incidental, colaboró también en el guion de la cinta junto con Francisco Gisbert y el propio Manuel Iborra.



martes, 1 de marzo de 2022

Un efecto óptico (2020)




Director: Juan Cavestany
España, 2020, 80 minutos

Un efecto óptico (2020) de Juan Cavestany


Viendo Un efecto óptico (2020) es fácil que al espectador avezado le vengan de inmediato a la mente referencias como Charlie Kaufman, Wes Anderson o incluso algún que otro cineasta francés de última hornada en la línea del Serge Bozon de Madame Hyde (2017) o el Michel Gondry de La ciencia del sueño (2006). Es decir, autores, en todos los casos, dotados de una especial sensibilidad para el relato de inspiración surrealista, partiendo siempre de una base cotidiana que constituye su principal seña de identidad.

Al igual que en los casos anteriores, el universo del madrileño Juan Cavestany gira en torno a lo real maravilloso. Véase, a modo de ejemplo, el argumento del filme que nos ocupa: Teresa (Carmen Machi) y Alfredo (Pepón Nieto) son un típico matrimonio de Burgos que parte rumbo a Nueva York con el objetivo de ver cumplido su sueño de conocer los lugares más emblemáticos de la ciudad de los rascacielos. Sin embargo, una vez allí, comienzan a sospechar que tal vez no estén exactamente en la Gran Manzana, sino atrapados en el interior de una película que se repite en bucle.



No puede negarse que la extraordinaria banda sonora de Nick Powell contribuye enormemente a subrayar esa sensación onírica que recorre de principio a fin los hechos narrados. Aunque también hay mucho, en otro orden de cosas, de un sutil humor absurdo, ya presente en títulos anteriores de la filmografía del director, cuyos rasgos más reconocibles afloran en la imagen de Teresa comiendo mortadela a escondidas en el cuarto de baño o en la estupefacción de la pareja al buscar la Estatua de la Libertad por las calles de Madrid.

Todo es posible, por lo tanto, en una cinta de tales características. Por ejemplo, que la hija de los protagonistas se les aparezca en sueños para advertirles de cuál es su verdadera situación o salir indemnes de los disparos de un fornido individuo afroamericano que los acecha tras cada esquina. Nada sorprendente cuando Las Meninas se exhiben en el Metropolitan y los taxistas de la Quinta Avenida hablan un castellano correctísimo. Total: según la "lógica" de lo hasta aquí expuesto, bastaría con armarse de valor para, superando nuestros miedos más profundos, atravesar un simple y oscuro pasadizo que nos llevase del centro de Malasaña al corazón de Manhattan en cuestión de segundos.



sábado, 12 de agosto de 2017

Las brujas de Zugarramurdi (2013)




Director: Álex de la Iglesia
España/Francia, 2013, 112 minutos

Las brujas de Zugarramurdi (2013)


Al incorregible y siempre excesivo Álex de la Iglesia le dio por arrancar Las brujas de Zugarramurdi (2013) con una escena que recuerda al inicio de Macbeth: un grupo de nigrománticas arrojando ingredientes al interior de una negra marmita pestilente. Pero ni de la Iglesia es Orson Welles ni sus películas obras maestras indiscutibles. Tendrán momentos más o menos acertados, podrán ser todo lo divertidas que se quiera (eso nadie se lo discute), pero el cine, el CINE con mayúsculas, debería ser otra cosa.

A la vista de los diálogos, de la estética o incluso de algunos actores de los que se rodea, queda claro que con una película de estas características buscaba un perfil de espectador muy de la calle (o muy de bar: no en vano, su último filme estrenado se titula precisamente así). Todo ello absolutamente respetable. Lo malo es que, en este país, cuando se busca de forma tan deliberada conectar con los sectores del público más populares se corre el riesgo de que el resultado final se parezca peligrosamente a las parodias televisivas de Los Morancos o de José Mota (quien, por cierto, trabajó a las órdenes del director en La chispa de la vida, 2011). Ése es el tono en Las brujas de Zugarramurdi, por lo menos el del humor utilizado.



Ahora bien: si el objetivo era dotar a la peli de un ritmo trepidante, sin duda que lo consigue. Por lo menos hasta la escena del aquelarre, momento en el que la canción "Baga biga higa" de Mikel Laboa interrumpe un tanto la acción. Con todo, hay que reconocer que es impactantemente soberbia la irrupción de la venus de Willendorf gigante (los efectos especiales de Arenas, Molina y Rodríguez lo son en general), poniéndose a la altura de títulos como El laberinto del Fauno (2006).

En fin, es lo que tiene Álex de la Iglesia: un estilo muy definido que o te chifla o no lo soportas. Así, sin término medio. Le pasa como a Tarantino (otro que tal baila), seguramente uno de sus directores de referencia. En cualquier caso, y obviando lo hasta aquí expuesto, ver a Carmen Maura o a la recientemente desaparecida Terele Pávez subirse por las paredes o caminar por los techos como si nada ya sería suficiente motivo para darle una oportunidad a una película que, quizá por algo, se llevó en su momento ocho Goyas de diez nominaciones.

Terele Pávez (1939-2017)