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viernes, 24 de abril de 2026

Los muertos no mueren (2019)




Título original: The Dead Don't Die
Director: Jim Jarmusch
EE.UU./Japón/Suecia, 2019, 104 minutos

Los muertos no mueren (2019) de Jim Jarmusch


Cuando a un autor le da por hacer cine de género, lo más probable es que su película no guste ni a unos ni a otros. Algo así debió de sucederle a Jim Jarmusch al presentar The Dead Don't Die (2019), cinta de temática a priori tan alejada del resto de su filmografía como lo son los zombis. Unos muertos vivientes, por cierto, que en su apariencia y forma de salir de las tumbas recordaban enormemente a los del videoclip "Thriller" (1983) de Michael Jackson, dirigido por John Landis y recreación en clave cómica, a su vez, del imaginario concebido por George A. Romero a finales de los sesenta.

No obstante, salta en seguida a la vista la intencionalidad paródica de un filme que, como ya sucediera con el wéstern en Dead Man (1995), la figura del samurái en Ghost Dog (1999) o los vampiros de Sólo los amantes sobreviven (2013), revierte las convenciones del género con el objetivo de desmitificar el American Way of Life. Así pues, la apacible Centerville (al igual que Akron, la ciudad natal de Jarmusch) constituye el paradigma de una comunidad en la que nunca ocurre nada y cuyos habitantes, hastiados por el tedio que les devora, asisten impasibles a la irrupción de unas criaturas a las que hay que cortarles la cabeza para neutralizarlas.



De la misma manera que en Flores rotas (2005), le viene muy bien a la cinta la cara de chiste de Bill Murray, encargado de interpretar al parsimonioso y pragmático sheriff Cliff Robertson, si bien es el oficial Peterson (Adam Driver) quien parece saber que están en una película de Jim Jarmusch. De hecho, el recurso de la metaficción no hace sino subrayar la inevitabilidad del desastre, consecuencia del fracking polar que altera la rotación de la Tierra, detiene los relojes, vuelve locos a los animales y, por último, reanima a los muertos.

Envuelta en el particular ritmo lacónico del cineasta, esta pieza de nihilismo autoconsciente no escapa a sus habituales guiños mitómanos (buen ejemplo de ello es esa lápida del cementerio local en la que puede leerse el nombre de Samuel Fuller, uno de los ídolos de juventud de Jarmusch), como tampoco renuncia a la sátira mordaz sobre el consumismo salvaje de nuestra era cuando muestra a cadáveres deambulando en busca de Chardonnay o señal de Wi-Fi y Bluetooth, en lo que supone una forma de sugerir que ya estamos muertos por dentro, pegados a las pantallas y a las posesiones materiales.



miércoles, 27 de agosto de 2025

Weapons (2025)




Título en español: Armas
Director: Zach Cregger
EE.UU., 2025, 128 minutos

Weapons (2025) de Zach Cregger


Ni es perfecta ni tampoco aspira a serlo, pero Weapons (2025) posee la habilidad, como toda buena película de género, de mantener al espectador en vilo de principio a fin de una trama milimétricamente calculada a tal efecto. Los amantes del cine de terror reconocerán en ella referencias puntuales, ya hacia el final, a, por ejemplo, El resplandor (1980), si bien sus modelos más evidentes serían el M. Night Shyamalan de La visita (2015) o incluso las atmósferas inquietantes que ya estaban presentes, hace una década, en It Follows (2014).

No cabe duda de que colocar a la infancia en el centro del argumento constituye un recurso habitual en muchas cintas de las mismas características, desde Poltergeist (1982) hasta ésta que nos ocupa, hábil ejercicio de estilo a cargo de un director, Zach Cregger (Arlington, Virginia, 1981), que, después de apuntar maneras con Barbarian (2022), vuelve ahora a la carga con su efectiva forma de contar la inexplicable desaparición de toda una clase de alumnos de primaria.



La estructura episódica con la que se articula el relato permite establecer un juego de miradas en el que el punto de vista sobre unos mismos hechos varía en función de quién sea el personaje protagonista. Así pues, la acción vuelve una y otra vez a los extraños sucesos que perturban la apacible existencia en una típica zona residencial donde se va a desarrollar esta especie de versión moderna del flautista de Hamelín.

En resumidas cuentas, se trata de una fórmula que consiste, entre otras cosas, en puertas que se abren aparentemente solas, sótanos que albergan terribles secretos o conjuros a base de ramas, cabellos y gotas de sangre... Como se ve, todo un surtido de recurrentes elementos sobrenaturales, a cuál más común, hasta completar un repertorio que no por trillado deja de resultar efectivo, a veces más por la vía humorística que por la del propio terror.



miércoles, 25 de junio de 2025

28 años después (2025)




Título original: 28 Years Later
Director: Danny Boyle
Reino Unido/EE.UU./Canadá, 2025, 115 minutos

28 años después (2025) de Danny Boyle


Tercera entrega de una saga que ha terminado adquiriendo tics que rozan lo paródico. Porque si la fundacional 28 días después (2002) tenía su encanto y 28 semanas después (2007), dirigida por el canario Juan Carlos Fresnadillo, por cierto, ahondaba en el mismo enfoque distópico, 28 Years Later (2025), de nuevo con Danny Boyle al frente del proyecto, ha sido rodada con un iPhone 15, lo cual ya indica la deriva mainstream de un producto menos autoral y tal vez más comercial.

Visualmente, la cinta que nos ocupa denota la influencia de títulos a priori tan dispares y alejados de éste como En busca del fuego (1981), en lo que se refiere a la apariencia de los infectados, que se parecen a los cavernícolas del filme de Jean-Jacques Annaud, e incluso Apocalypse Now (1979), habida cuenta de que Ralph Fiennes aparece caracterizado con un look que pudiera recordar remotamente al de Marlon Brando haciendo de coronel Kurtz en el clásico de Coppola. En ese aspecto, también la destreza de los protagonistas con el arco y las flechas remite a la puntería de Robin Hood, por ejemplo en la versión protagonizada por Jamie Foxx en 2018.



Con guion de Alex Garland, las altas dosis de violencia gore contribuyen a mantener la tensión constante, ofreciendo un drama post-apocalíptico brutal y conmovedor en el que destaca la profundidad emocional, así como la exploración de la moralidad y la supervivencia en un mundo devastado. Y aunque el final queda abierto (algo hasta cierto punto lógico, tratándose de una franquicia), la película logra expandir el universo de la saga de forma coherente y con entidad propia, explorando la convivencia de los supervivientes con el miedo décadas después del colapso, lo cual explica el desconocimiento de los más jóvenes respecto a tantísimas cosas anteriores a la expansión del virus.

Por lo demás estamos ante una propuesta impactante, ambientada en Escocia, en la que los interminables cúmulos de calaveras o la imponente presencia de los machos alfa, arrancando de cuajo las cabezas de sus víctimas (con espinazo incluido), quedarán probablemente grabadas durante bastante tiempo en la retina de los espectadores más aprensivos.



sábado, 1 de abril de 2023

Robin Hood: Ghosts of Sherwood (2012)




Título en español: Robin Hood: fantasmas de Sherwood
Director: Oliver Krekel
Alemania/EE.UU., 2012, 116 minutos

Robin Hood: Ghosts of Sherwood (2012)


Lo que nos faltaba por ver: zombis y ritos satánicos en el bosque de Sherwood… ¡Y además en 3D! El alemán Oliver Krekel (Kassel, 1967), especialista en este tipo de productos de serie Z, se atrevió a filmar la enésima incursión en el universo robinhoodesco dotándola de un enfoque que haría las delicias de cualquier cinéfilo friki en las sesiones golfas del Festival de Sitges.

Puestos a destacar sus peores defectos (porque virtudes, propiamente dichas, ya se sabe que no cabe esperarlas en una cinta de tales características), a uno se le plantea la duda de si la banda sonora a base de sintetizadores que pretenden sonar como una orquesta sinfónica, perpetrada por Michael Donner, es más cutre que el acento yanqui del doblaje de unos actores teutones que interpretan a ingleses de pura cepa del siglo XII. Aunque mejor dejarlo en tablas y pasar adelante con esta crónica informal.

Little John (Kane Hodder) y Maid Marian (Ramona Kuen)


El caso es que en Robin Hood: Ghosts of Sherwood (2012), y perdón por el spoiler, al legendario arquero se lo cargan dos veces (huelga decir que en ambas ocasiones resucita). Porque resulta que en las profundidades de la arboleda habita una bruja con la cara llena de churretes que fabrica unas pócimas fetén. Y esa colección de potingues lo mismo sirve para reanimar a los muertos que para fabricar explosivos y hasta misiles chinos (les prometo que no exagero).

Resultado: un bodrio incontestable de casi dos horas de duración que ostenta un meritorio 1'8 sobre 10 en el ranking de IMDb. La cifra habla por sí sola y es muy probable que para los responsables de semejante engendro ello represente "motivo de orgullo y satisfacción", que diría el Emérito. A mí, por cierto (y no tengo reparos en admitirlo), me ha gustado. Sobre todo en su tramo final, cuando, de tan mala que es, acaba resultando hasta divertida.



sábado, 5 de octubre de 2019

Little Monsters (2019)




Director: Abe Forsythe
Australia/EE.UU./Reino Unido, 2019, 93 minutos

Little Monsters (2019) de Abe Forsythe


Nadie diría, a priori, que niños de parvulario y zombis pudieran ser la combinación ideal para llevar a cabo una comedia. Y, sin embargo, eso es lo que sucede en Little Monsters, coproducción australiana que se proyectaba esta tarde en el auditorio del Hotel Melià de Sitges y que es una de las firmes candidatas del certamen de este año para alzarse con el galardón a mejor película. Algo que, a juzgar por cómo ha aplaudido el público las escenas más hilarantes, no tendría nada de extraño, sobre todo porque la cinta cuenta con un reparto encabezado por la ganadora de un Óscar Lupita Nyong'o.

Durante sus primeros compases, Little Monsters es una trepidante screwball-comedy de ritmo frenético a propósito de un tardoadolescente llamado Dave (Alexander England) quien, harto de discutir con su pareja a causa de sus muchas e insalvables discrepancias (ella: ejecutiva en una inmobiliaria que se muere de ganas por tener hijos; él: guitarrista de una banda de Thrash metal que ya no existe y alérgico a asumir responsabilidades) decide hacer las maletas y refugiarse en casa de su hermana mayor, enfermera y madre de un niño adorable.



Hasta que uno cae en la cuenta y se pregunta: "¿Pero yo no había venido a ver una peli de zombis?" Es entonces cuando la trama pega un inesperado giro de guion: Dave, quien se ha quedado prendado de Miss Caroline (Nyong'o), la profesora de su sobrino Felix, se las ingenia para acudir de excursión con la clase a un parque temático en cuyas inmediaciones se ha producido un accidente en una base militar norteamericana...

Probablemente, una historia así no tenga ni pies ni cabeza. Como tampoco parece razonable que un grupo de críos logre zafarse de las incontroladas hordas de muertos vivientes mediante el auxilio de armas tan dispares como un tractor, un ukelele o una canción de Taylor Swift. Pero así son las cosas y es gracias a este tipo de excentricidades que Little Monsters (entendiéndose por "monstruitos" tanto a los zombis como a los propios niños) consigue meterse al espectador en el bolsillo.


domingo, 20 de agosto de 2017

Juan de los muertos (2011)




Director: Alejandro Brugués
Cuba/España, 2011, 92 minutos

Juan de los muertos (2011) de Alejandro Brugués


"Aquí Juan de los muertos: matamos a sus seres queridos. ¿En qué puedo ayudarle?" Quien considere que situar una comedia sobre muertos vivientes en la capital de Cuba es una idea de lo más original anda sin duda equivocado, puesto que, en 1985, los hermanos Juan y Ernesto Padrón idearon la genial película de dibujos animados Vampiros en La Habana. Ni siquiera el hecho de bromear sobre el tema es nuevo: ya Polanski lo hizo en el 67 con El baile de los vampiros.

Por lo tanto, si algo hace especial a Juan de los muertos (2011) no es tanto su originalidad, sino ese aire de pastiche irreverente que supone una puesta al día de los tópicos habituales del género, pero en clave de sátira política. Porque la hueca retórica antiimperialista de los medios oficiales de la isla es ridiculizada desde el minuto uno, de eso no cabe la menor duda: llamar disidentes a los zombis o achacar la más mínima anomalía a injerencias de los yanquis serían sólo algunos ejemplos.



Y, sin embargo, está rodada, en buena parte, en el país caribeño (que se haya podido ver allí con cierta regularidad ya es otro cantar...), con ayuda, lógicamente, de la reconstrucción virtual de varios espacios, como el Capitolio o la Plaza de la Revolución. La dirigió, además, un argentino y el proyecto surgió fruto de una coproducción con España.

De todos modos, y al margen de la aparente frivolidad tras tanta sangre y criaturas decapitadas, la película encierra lecturas mucho más profundas: tal vez, se nos ocurre a bote pronto, el inmovilismo de una sociedad que, de tan habituada al mismo discurso combativo de siempre, hace ya mucho que se adormeció. O, por contra, quizá se trate de ridiculizar a quienes creen que el país está enfermo y que la única solución ante la carestía sea agarrar una balsa rumbo a Miami... En cualquier caso, los amantes del género gore también pueden ver Juan de los muertos prescindiendo del más mínimo atisbo crítico y como si únicamente se tratase de una agradable parodia para pasar el rato.


sábado, 5 de marzo de 2016

It Follows (2014)




Director: David Robert Mitchell
EE.UU., 2014, 100 minutos

It Follows (2014) de David Robert Mitchell


Probablemente, una película en la línea de It Follows (2014) nunca se habría rodado en un país mediterráneo como el nuestro. Porque, al margen de la influencia confesada de John Carpenter y el cine de terror de los ochenta, lo cierto es que la historia que narra nace de una moral puritana marcada por un hondo sentimiento de culpabilidad. No de otra forma puede entenderse ese algo tan aterrador que los adolescentes se transmiten unos a otros y que podría simbolizar el pánico a contraer una enfermedad venérea.

En ese sentido, la película de David Robert Mitchell sería la versión actualizada de cintas como La invasión de los ladrones de cuerpos (Don Siegel, 1956), en las que la caza de brujas del Macarthismo o la lucha de bloques de la Guerra fría eran el verdadero trasfondo ideológico de sus tramas de terror o de ciencia ficción. No en vano, son estos antiguos filmes de serie B los que los protagonistas están viendo por televisión en varias escenas. Así pues, en el caso de It follows dicho sustrato sería el contagio del sida, con algún tímido apunte (voluntariamente sin resolver) sobre la violencia en el seno familiar.

Aunque los guiños cinéfilos no se paran ahí. Al margen de la inquietante banda sonora de Disasterpeace (nombre artístico del compositor Rich Vreeland, Nueva York, 29 de junio de 1986), y su clara evocación del ya mencionado imaginario de John Carpenter (si bien un poco pasado por el tamiz de Brian Eno, todo sea dicho), la escena de la piscina cubierta remite inevitablemente a El beso de la pantera (Paul Schrader, 1982).



Por no hablar de los "espíritus" (¿cómo llamarlos si no?) que solo ven Jay —Maika Monroe— y los demás "infectados" (mismo dilema). Son una clara referencia al cine de zombis surgido a partir de George A. Romero y que, por otra parte, en varias ocasiones se utiliza para jugar con el espectador: vemos avanzar lentamente a alguien desde el fondo del plano sin que la cámara repare en él o ella y parece inevitable esperar lo peor...

A buen seguro que el guion, obra del propio David Robert Mitchell, incurre en no pocas incongruencias, pero lo más importante es que sabe crear una atmósfera de intriga que mantenga la tensión narrativa, aparte de que su película también capta, de paso, las consecuencias de la recesión económica en el área de Detroit y el estado de Michigan, con esos fantasmales e interminables barrios residenciales de chalés adosados abandonados.

Solo nos queda por último, y tras analizar detenidamente bastantes escenas de It Follows, un único reparo: ¡hay que ver qué mal nos comen estos adolescentes americanos!: palomitas, helados, hamburguesas, refrescos de cola... ¿A ver si tanta visión y tanto susto van a ser en realidad un efecto secundario de la mala dieta...?



sábado, 28 de noviembre de 2015

Zombi. El regreso de los muertos vivientes (1978)




Título original: Dawn of the Dead
Director: George A. Romero
Italia/EE.UU., 1978, 115 minutos

"When there is no more room in Hell, the dead will walk the earth"

Zombi. El regreso de los muertos vivientes
(1978) de George A. Romero


Tras el éxito de La noche de los muertos vivientes diez años atrás, George A. Romero acometía la segunda parte del film bajo los auspicios del italiano Dario Argento. En esta ocasión, al encontrarse todo el país en estado de alarma, la acción se traslada a un centro comercial de Monroeville, Pasadena, donde los zombis, amén de aterrorizar al personal, podrán dar rienda suelta a su consumismo...

Eso sí: problemas para aparcar no tienen, no


Resulta más que curioso constatar cómo en una película como esta hay de todo menos terror. Por lo menos esa es nuestra opinión. El espectador podrá reírse (si le hace gracia) y, de hecho, son mayoría los que reaccionan así cuando se proyecta en salas. Porque esos "zombis" o extras de cara pintada podrían dar mucho miedo en su momento, pero viéndolos hoy día uno se plantea hasta qué punto era esa la voluntad de su director. Me da a mí que la cosa iba más de parodia, de autoparodia incluso, y de crítica (muchísima) a una sociedad en la que hasta los muertos vivientes acuden en masa a los centros comerciales.

Y ya solo faltaba, en el tramo final de la peli, que se presenten allí unos moteros (¡esos sí que tienen peligro de verdad y no los zombis!) Cuando los primeros se lían a pastelazos con los segundos, se produce la apoteosis y llegamos al summum del delirio cinéfilo: Chaplin y Romero se dan la mano para lograr la cuadratura del círculo. De hecho, en Tiempos modernos (1936) la pareja protagonista también pasa la noche en un centro comercial vacío en el que arman la de San Quintín, pero sin tanta sangre.

Los protagonistas esperando el envite de los zombis

miércoles, 16 de septiembre de 2015

No profanar el sueño de los muertos (1974)




Título original: Non si deve profanare il sonno dei morti
Director: Jorge Grau
España/Italia, 1974, 93 minutos

No profanar el sueño de los muertos (1974)


Se la ha comparado a menudo con La noche de los muertos vivientes, de la que se dijo que era prácticamente una versión en color, pero No profanar el sueño de los muertos es por méritos propios uno de los films de terror de culto más recordados del cine español. Muy en la línea de las producciones de zombis de la época, la película contó con la participación de Juan Cobos (colaborador habitual de Orson Welles) como coguionista y de José Lifante (secundario de rostro habitual en infinidad de producciones españolas, que interpreta a Martin West) y Fernando Hilbeck (el vagabundo ahogado Guthrie Wilson) en el reparto, aunque también con estrellas internacionales como Arthur Kennedy en el papel de inspector de policía.

Quizá porque su director, Jorge Grau, es catalán, No profanar el sueño de los muertos corresponde literalmente a lo que en aquella lengua se denomina película de sang i fetge (es decir, de "sangre e hígado"), a juzgar por cómo tratan e incluso devoran los resucitados a sus víctimas. Es este, pues, un film visualmente impactante, rodado en Inglaterra y continuador de una tradición de cine de terror que nace con Frankenstein y que basa su efectismo en elementos de tipo seudocientífico. En este caso, el desencadenante de los hechos serán unas vibraciones ultrasónicas emitidas en fase experimental con la finalidad de acabar con todos los insectos parásitos en varios kilómetros a la redonda, pero con unos imprevisibles y devastadores efectos secundarios.

Cristina Galbó y Ray Lovelock