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martes, 21 de septiembre de 2021

Más fina que las gallinas (1977)




Director: Jesús Yagüe
España, 1977, 87 minutos

Más fina que las gallinas (1977) de Jesús Yagüe


Uno escucha un título como Más fina que las gallinas (1977) y se pone en lo peor... Sin embargo, quien supere esos prejuicios iniciales se encontrará con una película mucho más entrañable de lo que a simple vista pudiera parecer: la historia de dos antiguos paisanos (él ex sacerdote y ella mujer de la vida) que se reencuentran al cabo de los años en Madrid cuando ambos se hallan en un momento crítico de sus respectivas existencias. Aunque, para ser exactos, la reaparición de Lorenzo (Pepe Sacristán) no tiene nada de casual, puesto que, en realidad, él nunca ha podido olvidar a la que fue su compañera de juegos (e incluso novia) durante la infancia.

Pero las cosas no son tan sencillas como plantarse en el apartamento de Alicia (María Luisa San José) y ya está. Porque resulta que la que fuera vecina del pueblo es ahora una reputada prostituta de lujo que no sólo reniega de sus orígenes humildes, sino que, además, sueña con montar su propia boutique de modas gracias al dinero que ahorre vendiendo su cuerpo. Y, claro: Lorenzo —esmirriado, casto y más bien corto de luces— se lleva un chasco monumental cuando tiene noticia de las andanzas puteriles de su adorada musa. Lo cual no será óbice, por cierto, para que renazca momentáneamente entre ellos la antigua chispa que los unió cuando eran apenas unos críos.



Para acabar de redondear semejante embrollo entra en liza don Enrique (Fernando Fernán-Gómez), hombre de negocios que, como a él le gusta recalcar, supera ya los cincuenta tacos. Su relación con Alicia oscila entre la de pretendiente y cliente. De modo que, pese a que aspira a casarse con ella, no tiene reparos en acostarse con Adela (Teresa Gimpera) cuando su querida está ausente. Lo cual tampoco supone mayor problema, ya que, como queda dicho arriba, Alicia hace lo propio por dinero o, en el caso de Lorenzo, por placer.

Ni que decir tiene que la anatomía femenina (un seno por aquí, una nalga por allá) juega un papel importante en no pocas escenas de la película, si bien es el carácter desinhibido de los personajes, en materia carnal, lo que pretende pasar por moderno. No obstante, es ahí precisamente donde radica ese rescoldo reaccionario con el que a menudo se topa a la hora de comentar y/o analizar los filmes de la era inmediatamente anterior al destape: el convencimiento (lo hemos dicho ya en repetidas ocasiones) de que la prostitución es la única vía posible para la independencia económica de una mujer. Eso o, como también sucede aquí, la solución hipócrita de acatar el matrimonio como tapadera para que, en este caso, Alicia y Lorenzo se conviertan en amantes a expensas del idiota de Enrique, absorto en la contemplación de sus peces tropicales.



domingo, 17 de junio de 2018

Los Flamencos (1968)




Director: Jesús Yagüe
España, 1968, 93 minutos

Los Flamencos (1968) de Jesús Yagüe


Filmada en un sobrio blanco y negro, Los Flamencos transcurre en los suburbios madrileños, radio de acción del atormentado Diego (Julián Mateos), quien no ha podido superar que Antonia Jiménez (Pilar Cansino) haya triunfado artísticamente tras abandonarlo. De modo que cuando se anuncie a bombo y platillo su regreso de América, en cuyos escenarios la hermosa bailaora ha llevado a cabo una exitosa gira, el hombre hará lo imposible por abordarla, pese a que Antonia haya rehecho su vida sentimental en brazos de Luis (Eduardo Fajardo). 

A pesar de su título y año de producción, que podrían hacer pensar en cualquiera de las españoladas al uso por aquel entonces, Los Flamencos representó, sin embargo, una nueva aproximación a personajes y ambientes de los que el cine patrio ya se había ocupado una década antes. Una veta que, a finales de los cincuenta, había sido inaugurada por Los chicos de Ferreri y Los golfos de Saura y que ahora exploraba de nuevo esta película: la de la sordidez de las chabolas, así como los anhelos de unos personajes que aspiran a llegar a más en sus miserables existencias.



Aunque, por el enfoque trágico empleado en el tratamiento del asunto, la cinta de Jesús Yagüe parecía anunciar, a su vez, el mito de Carmen tal y como lo abordarían, en años venideros, Julio Diamante (1976, también con Julián Mateos como protagonista) y, de un modo especial, el ya mencionado Carlos Saura (1983) en la versión interpretada por Antonio Gades. 

Asistimos, pues, a un submundo de tablaos y oscuras tabernas abiertas hasta el amanecer, adonde se canta y se baila, sí, pero también se bebe y se urden dudosos trapicheos al son de una guitarra flamenca. En dicho contexto, unos soñarán con salir a hombros de la plaza (caso del Chirlo, el personaje que interpreta Juan Diego) mientras que otros, como el desdichado protagonista de esta historia, se dejarán arrastrar por una pasión enfermiza.


sábado, 25 de junio de 2016

Megatón Ye-Ye (1965)




Director: Jesús Yagüe
España, 1965, 77 minutos

Megatón Ye-Ye (1965) de Jesús Yagüe


Las comedias musicales al servicio de grupos y cantantes de moda fueron un fenómeno habitual en el cine de los sesenta, empezando por las películas de Richard Lester sobre los Beatles, que en seguida se convertirían en el modelo a imitar. También aquí llegó esta costumbre, quizá con producciones más modestas que no han logrado resistir el paso del tiempo pero que conservan intacto todo el valor de un documento de época.

Megatón Ye-Ye, dirigida por el debutante Jesús Yagüe en 1965, se inscribe en ese tipo de películas. Las estrellas promocionadas fueron, en este caso, el solista Juan Erasmo 'Mochi' y la banda Micky y Los Tonys. El argumento, que es lo de menos en filmes como este, muestra por una parte la relación amorosa que Juan entabla con la rubia Elena (María José Goyanes) antes de que esta se marche una temporada a París, más los devaneos que en su ausencia mantiene con la morena Isabel (Gloria Cámara) y, por otro lado, la llegada al estrellato del conjunto liderado por el alocado Micky y su mánager Fausto (Álvaro de Luna).

Entre las sorpresas que nos deparan los casi setenta y siete minutos de metraje, el cinéfilo observador tendrá ocasión de reconocer a más de un personaje célebre de aquel entonces. Son, al respecto, dignos de mención los cameos del eurovisivo José Luis Uribarri, haciendo las veces de presentador del concurso de jóvenes promesas en el que participan Los Tonys, o de Luis Sánchez Polack (el Tip de Tip y Coll) interpretando a un ¿censor? (por lo menos lleva unas tijeras en las manos) que junto a Emilio Laguna y otros enfervorecidos energúmenos se abalanza sobre los músicos con motivo de su primera incursión cinematográfica (curioso ejemplo de cine dentro del cine).

Aunque el protagonismo absoluto se lo llevan, ¿cómo no?, las canciones: en la era previa a la aparición del videoclip se entiende que la película debía servir de plataforma de lanzamiento del repertorio de los intérpretes. La acción arranca, pues, directamente con "Ivonne", tema melódico en francés cantado por 'Mochi'. Después vendrán los títulos de crédito con un instrumental de Los Tonys y así irán llegando el resto de piezas, que a continuación detallamos:



Micky y Los Tonys - "Sulfer Soap"
Micky y Los Tonys - "I'm Over"
Mochi - "No comprendo"
Micky y Los Tonys - "Zorongo gitano" (interpretado en un bus turístico)
Micky y Los Tonys - "Pretty Baby"
Micky y Los Tonys - "Tú serás muy feliz"
Mochi - "Pediré"
Micky y Los Tonys - "Ya no estás"
Mochi - "Mi Verdad"
Micky y Los Tonys - "Un bel amour"
Micky y Los Tonys y Mochi  - "Sha La La"

Como se ve, no tenían ningún inconveniente en cantar lo mismo en castellano, que en inglés o incluso en francés. Porque si algo querían transmitir estos jóvenes del 65 era atrevimiento. E indirectamente algo de "apertura" (la que permitían las circunstancias, claro). Conviene, sin embargo, entrecomillar la palabra porque a nadie se le escapa que, en realidad, la intención última de la censura del régimen al permitir el estreno de películas como Megatón Ye-Ye era mostrar una imagen de modernidad, sobre todo de cara al exterior.

Mochi y Elena (María José Goyanes)