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domingo, 6 de septiembre de 2026

El nadador (1968)




Título original: The Swimmer
Directores: Frank Perry y Sydney Pollack
EE.UU., 1968, 95 minutos

El nadador (2018) de Frank Perry y Sydney Pollack


El cuento de John Cheever en el que se basa The Swimmer (1968), probablemente el más célebre de cuantos escribiera el gran autor estadounidense ("Chéjov norteamericano", como a veces se le denomina), posee la particularidad de estar narrado desde el punto de vista de un alcohólico, lo cual explica esa particular atmósfera casi onírica que flota en el ambiente de principio a fin del relato. Circunstancia que su adaptación cinematográfica, a pesar de que el guion de Eleanor Perry añade varios elementos que originalmente no estaban en el texto, mantiene en buena medida.

En cualquier caso, no cabe duda de que la efigie atlética de Burt Lancaster en bañador permanece en el recuerdo cinéfilo tantísimos años después del estreno de una película que, admitámoslo, es hija de su tiempo. No en vano, ese mismo aire lisérgico al que anteriormente aludíamos responde a las coordenadas de una época que, tras haber vivido el mítico verano del amor, se hallaba inmersa en pleno delirio psicodélico.



Lancaster, quien ya superaba por aquel entonces la cincuentena, se preparó a conciencia con la finalidad de lucir una impecable forma física en un papel que le exigía aparecer en bañador durante todo el metraje. Y a buena fe que lo logró, motivo por el que el actor lo consideraba uno de sus trabajos preferidos para la gran pantalla. Aun así, parece ser que la primera opción de Columbia Pictures no era él sino William Holden, más un largo etcétera de galanes de Hollywood entre los que sobresalen Glenn Ford, Paul Newman y George C. Scott.

Aunque esa particular odisea del protagonista, rumbo hacia la ruina personal, no es otra cosa sino una alegoría del fracaso del sueño americano. En efecto, no hay más que escuchar la superficialidad de las conversaciones para darse cuenta de que todo el confort de las lujosas villas con piscina esconde, en realidad, un profundo vacío existencial del que Ned Merrill sea quizá el mejor ejemplo.



miércoles, 27 de julio de 2016

De repente, el último verano (1959)




Título original: Suddenly, Last Summer
Director: Joseph L. Mankiewicz
EE.UU., 1959, 114 minutos

De repente, el último verano (1959) de J.L. Mankiewicz


Palabras mayores: una película cuyos protagonistas demuestran poseer una psicología densa y compleja. En realidad, todo ello obedece a un subterfugio de guionistas y productores para evitar la estricta censura del Código Hays. Porque de lo que habla en realidad Suddenly, Last Summer (1959), aunque el término no se llegue a mencionar en ningún momento, es de homosexualidad. Puede que hasta de relaciones incestuosas. Y de cómo la madre y la prima del malogrado Sebastian le proporcionaban contactos durante sus viajes...

Tiene la historia, como todo lo concebido por Tennessee Williams, un halo impenetrable de trauma no resuelto, máxime si su colaborador en esta ocasión fue Gore Vidal. De ahí que las alusiones al canibalismo y otros extraños elementos presentes en el relato de la atormentada Catherine (Elizabeth Taylor) deban ser interpretados, en realidad, en clave sexual.



Pero es que el reparto también se las trae: Clift, Taylor, Hepburn... Apellidos con tanto peso como los traumas que martirizan a los personajes que interpretan: trastornos obsesivos que sólo podrán ser curados gracias a las lobotomías que practica el dulce doctor Cukrowicz (su apellido significa "azúcar" en polaco).

Un aire de pesadilla flota en el sanatorio de Nueva Orleans en el que transcurren los hechos, pero también en la mansión de la viuda Violet Venable: es antológica la escena en la que la vieja dama desciende de las alturas en un ascensor, siempre hablando antes de que los demás la vean...

Algunas secuencias de De repente, el último verano se rodaron en la Costa Brava, concretamente en Begur y S'Agaró, y otras en Mallorca, aunque en la ficción representa que se encuentran en un lugar llamado Cabeza de Lobo, donde el sol abrasa con el mismo brío que el hambre que azuza a las cuadrillas de muchachos.


martes, 14 de abril de 2015

El extraño (1946)










Título original: The Stranger
Director: Orson Welles
EE.UU., 1946, 95 minutos

El extraño (1946)

El agente Wilson (Edward G. Robinson), de la Comisión de Crímenes de Guerra, está buscando al prófugo alemán Franz Kindler, uno de los autores intelectuales del Holocausto nazi que, habiendo cambiado de identidad, vive tranquilamente en una pequeña localidad de la América profunda y está a punto de casarse con la candorosa hija del fiscal. Wilson lanza tras Kindler a su antiguo camarada Konrad Meineke, quien, tras buscarlo infructuosamente en un indeterminado país sudamericano, acaba dando con él en Harper, Connecticut, donde será asesinado por el mismo Kindler para evitar que pueda delatarlo. Ahora la única pista de Wilson será la fascinación de Kindler por los relojes antiguos; pero, a pesar de que Kindler parece seguro bajo su nueva identidad como profesor Charles Rankin, se siente acosado por su pasado...

Tal y como suele ocurrir con muchos títulos del Cine Negro americano, a menudo se ha señalado el notable influjo expresionista en esta y en otras de las primeras películas de Orson Welles. Los ambientes oscuros y opresivos, el predominio de las sombras y su utilización dramática son perfectamente reconocibles en El extraño (1946). De la misma manera, en la secuencia final, ambientada en la torre del reloj, se puede apreciar la influencia de Metrópolis (1927) de Fritz Lang, donde los personajes también luchaban y se arriesgaban a caer desde lo alto de un edificio religioso.

Producida por Sam Spiegel (en los créditos aparece como S.P. Eagle), al parecer el papel de agente caza nazis debía ser interpretado en un principio por la actriz Agnes Moorehead, aunque la RKO impuso al ya consagrado Edward G. Robinson al considerarlo más convincente. Puede que el propio Welles no tuviese en mucha estima esta película en comparación con otros proyectos suyos más personales, pero lo cierto es que en El extraño se pueden apreciar igualmente detalles de su maestría. Así, por ejemplo, en cómo utiliza la profundidad de campo en el momento en el que vemos entrar en la iglesia al personaje de Noah Longstreet (interpretado por Richard Long): Franz Kindler (Orson Welles) está sentado en primer plano en la cafetería y basta que gire la cabeza apenas un instante para dejarnos libre el campo de visión y ver al fondo la fachada y la escalinata por la que accede el hermano de la ingenua Mary (Loretta Young).