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lunes, 3 de agosto de 2026

¿Pena de muerte? (1961)




Director: Josep Maria Forn
España, 1961, 82 minutos

¿Pena de muerte? (1961) de Josep Maria Forn


Como en tantas producciones locales de los años cincuenta y sesenta, uno de los atractivos de la cinta de intriga criminal ¿Pena de muerte? (1961) consiste en identificar sus exteriores, filmados en enclaves tan reconocibles para el espectador como las Ramblas de Barcelona o el monasterio de Montserrat. Aunque la acción se traslada enseguida a la apacible localidad de Monistrol, donde se ha cometido el crimen que servirá de eje central de la trama.

A grandes rasgos, la puesta en escena ideada por Josep Maria Forn, a partir de una historia concebida por José Luis Dibildos y Noel Clarasó, se enmarca en los cauces de lo que suele conocerse en el argot como whodunit, subgénero cuya finalidad principal pasa por descubrir al culpable entre un grupo reducido de sospechosos, en un espacio cerrado o aislado y mediante las pesquisas de un detective (en este caso un abogado con vocación de novelista) que reúne y analiza una serie de indicios.



Los primeros minutos de la película se articulan en forma de reconstrucción de los hechos, mientras una voz en off reproduce lo que serían los pormenores de ese mismo crimen según cualquier crónica de sucesos. De modo que se visualiza cómo Carlos Castillo forcejea con Eduardo Arnáez antes de que éste muera asesinado, con lo cual se infringe aparentemente una de las reglas de oro del cine de suspense, que dice que lo que vemos en pantalla es "verdad", ya que el posterior devenir de la acción demostrará quién es el verdadero homicida...

El apuesto y fornido Pablo (interpretado por Fernando León) se encarga de indagar cuanto allí sucedió, no sin antes vencer las resistencias de unos y de otros, a veces a puñetazo limpio. Como también vivirá un conato de romance con la telefonista local (María del Sol Arce) y conocerá de primera mano las malas artes de la seductora, y antigua vedette de revista, Lina (Mireille Darc). Elementos, en definitiva, que configuran un interesante thriller de regusto catalán, típica producción modesta pero efectiva surgida de la factoría IFI (acrónimo del prolífico Ignacio Farrés Iquino).



domingo, 26 de julio de 2026

La vida privada de Fulano de Tal (1960)




Director: Josep Maria Forn
España, 1960, 90 minutos

La vida privada de Fulano de Tal (1960)


El propio título de la cinta que nos ocupa, cuarto largometraje que dirigía el barcelonés Josep Maria Forn (1928-2021), aporta ya bastantes pistas sobre el contenido de una historia que gira en torno a uno de tantos individuos de aquella España gris de letras impagadas y compras a plazos que, en plena vorágine desarrollista, luchaban por dejar atrás las antiguas estrecheces de la posguerra. Porque ese Fulano de Tal no es otro sino Miguel (Fernando Fernán-Gómez), fundador y director de la revista para amas de casa Eva y el hogar y ahogado en un mar de deudas que amenaza con condenarlo irremisiblemente a la bancarrota e incluso al fracaso de su matrimonio con la bella y un tanto caprichosa Eva (Susana Campos).

Aunque, para darle más comicidad al asunto, la suegra y la cuñada soltera del susodicho se plantan en el domicilio conyugal con el objetivo de pasar allí unos días, circunstancia que dará pie a no pocos equívocos y situaciones hilarantes a lo largo de una película repleta de momentos tan divertidos como la escena en la que la señora de marras (interpretada por la mítica Matilde Muñoz Sampedro) no para de parlotear mientras Miguel y sus invitados intentan en vano escuchar la emisión radiofónica con los consejos del consultorio sentimental de Violette Florelle.



También esto último se traduce en otro malentendido, toda vez que el personaje (una pura invención de Miguel que, sin embargo, posee enorme predicamento entre el público femenino, ajeno a la farsa) se llama igual que una sensual actriz francesa, la cual, como no podía ser de otra manera, se presentará en las oficinas de la revista para pedir explicaciones (y daños y perjuicios) por lo que ella considera una suplantación de identidad...

Por otra parte, la estructura del relato, basado en un guion en el que, entre otros, intervinieron el propio Forn y Francisco Rovira Beleta, arranca con el nacimiento del protagonista para, acto seguido, resumir brevemente los pormenores de su infancia y juventud, siempre mediante la voz en off de Fernán-Gómez, quien detalla en primera persona el poco o nulo éxito de su personaje con las mujeres, a las que describe como interesadas y superficiales. Trasfondo misógino, en resumidas cuentas, muy propio de aquellos tiempos, sobre el que se construyen la mayoría de situaciones satíricas de una cinta que no deja de ser el fiel reflejo de una época.



domingo, 13 de enero de 2019

Juventud a la intemperie (1961)




Director: Ignacio F. Iquino
España, 1961, 91 minutos

Juventud a la intemperie (1961) de Iquino


He aquí el escenario, la urdidumbre de cualquier gran ciudad del mundo. Entre sus tentáculos de cemento, entre el humo y el estrépito, la aglomeración y el desasosiego, acosada y tentada por las más bajas solicitudes de la corrupción espiritual, alientan extensos núcleos de una juventud sin ideales. Los esfuerzos realizados por los estadistas y las entidades seculares para arropar el desangelamiento moral de las nuevas generaciones sin amor al pasado ni fe en el futuro, que viven como en un estado de angustia nacido del caos que provocó la última contienda universal, no han bastado para evitar que, junto a una juventud que se prepara animosa para construir un mundo mejor, enardecida de nobles ambiciones, se agite y se consuma, en el nirvana de su desaliento y en los percances morbosos de cada día, otra juventud que vive a la intemperie.

No contento con la farragosa alocución que sigue a los títulos de crédito, el bueno de Iquino todavía consideró necesario añadir una cita atribuida al mismísimo fundador de la Falange Española: 

"A los pueblos no los han movido nunca más que los poetas, y ¡ay del que no sepa levantar frente a la poesía que destruye la poesía que promete!" 
JOSÉ ANTONIO

Ante semejantes premisas, pocas dudas pueden quedar respecto al posicionamiento ideológico de un filme que se inscribe en la vertiente más tendenciosa del prolífico cineasta catalán: disfrazado de drama social, Juventud a la intemperie es un panfleto reaccionario ya desde su propio título, concebido con el objetivo de que fuese calando entre la población un discurso victimista y agorero en lo relativo a determinados sectores de las nuevas generaciones (sobre todo los yeyés). Justamente, los que no fueron a la guerra y que son vistos con recelo por la vieja guardia, temerosa de que tanto niñato ocioso y gamberro eche a perder el legado de la victoria franquista.



En dicho sentido, resulta enormemente revelador el hecho de que el comisario Torres (Adriano Rimoldi) se vea en la tesitura de tener que afrontar una investigación en la que el principal sospechoso es su propio hijo Alberto (Manuel Gil). No en vano, las paredes del club Bongos, local de moda en el que se produce el apuñalamiento de Susana (Marisol Ayuso), aparecen cubiertas de proclamas que no tienen desperdicio: "Tenemos un himno, el rock and roll... y un objetivo: la luna. ¿No es bastante?"; "¡Inventemos fórmulas nuevas!"; "El trabajo es anatema. ¡Queremos divertirnos! ¡Que trabajen las máquinas!"; "No queremos saber nada de lo ocurrido por culpa de nuestros padres..."

En oposición a la rebeldía juvenil, el paternalismo redentor del comisario se verá reforzado a partir del encuentro casual en plena calle con Carlos (Luis Induni), un antiguo camarada de la Legión. Juntos, los veteranos irán en pos del asesino mientras rememoran sus viejos tiempos de teniente y capitán repartiendo algún que otro guantazo con vistas a espabilar a los mozalbetes impertinentes que se interpongan en sus pesquisas.

Por último, la "cabaña" de Mauricio (Joan Capri) representa un antro de juego y de perdición al que van a parar las almas cándidas antes de condenarse definitivamente. Que Alberto irrumpa en ese espacio dispuesto a medir sus puños con el macarra Toni (Julián Mateos) no es más que la prueba final y definitiva que lo redima a ojos de su padre.