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viernes, 24 de junio de 2022

7 días de enero (1979)




Director: Juan Antonio Bardem
España/Francia, 1979, 124 minutos

7 días de enero (1979) de J. A. Bardem


Los hechos descritos en 7 días de enero (1979) sobrepasan con creces el ámbito cinematográfico dada su enorme relevancia en el contexto de un período convulso de la historia de España. De ahí que Juan Antonio Bardem, reconocido militante comunista, se sintiera especialmente conmovido por la cruenta matanza de los abogados laboralistas de Atocha. En ese sentido, la cinta que nos ocupa se enmarca en un tipo de cine que, como en el caso de Operación Ogro (1979), del italiano Gillo Pontecorvo, pretendía dejar constancia de lo ocurrido amparándose en una voluntad más documental que artística.

Asimismo, el guion de la película, obra del propio Bardem y del periodista Gregorio Morán, tiene mucho de denuncia contra los sectores involucionistas que aspiraban a torpedear el proceso de la transición democrática. Hasta el extremo de que buena parte del protagonismo se lo llevan los personajes vinculados a la órbita franquista, hijos de buena familia dispuestos a rendir servicio a la patria mediante el uso de las armas.



Y así, de forma minuciosa, se diseccionan las maquinaciones llevadas a cabo desde las más altas esferas en pro de restablecer los rancios valores sobre los que se había sustentado el régimen militar. Intrigas encarnadas por oscuros e inquietantes individuos como el circunspecto don Tomás (Jacques François) o el no menos turbador cabecilla de los facciosos, un ser arrogante y engominado que se hace llamar Cisco Kid (Alberto Alonso) y al que, en vista de cómo le obedecen todos (incluidos los grises), cabe presuponer conexiones con altas instancias del poder.

En líneas generales, puede concluirse que estamos ante un filme bienintencionado cuyos diálogos, un tanto impostados, denotan su carácter panfletario. Lo cual no significa forzosamente que se trate de una mala película, ni mucho menos, sino más bien del inevitable sarampión que había que pasar tras tantísimos años de censura.



lunes, 11 de octubre de 2021

Apaga... y vámonos (1981)




Director: Antonio Hernández
España, 1981, 105 minutos

Apaga... y vámonos (1981) de Antonio Hernández


La irregular trayectoria del director Antonio Hernández depara sorpresas de todo tipo. Desde espléndidos dramas familiares como En la ciudad sin límites (2002), soporíferas recreaciones históricas al estilo de Los Borgia (2006), trepidantes road-movies en la línea de Lisboa (1999), olvidables productos televisivos tipo El gran marciano (2001) y hasta una magnífica ópera prima, titulada F.E.N. (1980), en la que se analizaban las consecuencias de haber padecido la educación nacionalcatólica del régimen franquista.

Currículum de lo más dispar, así pues, cuya segunda entrega había sido la estrambótica comedia Apaga... y vámonos (1981), coescrita junto a su hermano Avelino y protagonizada por él mismo. Gustavo, el personaje al que da vida, es un antihéroe en toda regla, inventor por más señas, al que unos agentes confunden con un terrorista, motivo por el que será conducido a dependencias policiales para que preste declaración. La cual se acaba convirtiendo en un larguísimo flashback que ocupa la mayor parte del metraje.

Aunque parezca Frank Zappa, éste es Antonio Hernández...


La acción se retrotrae entonces hasta 1961, momento en el que el niño Gustavo inicia su despertar en el seno de la típica familia tronada. De la madre (Amparo Baró), mujer con vocación militar y más sorda que una tapia, se nos dice que intentó por tres veces ingresar en el regimiento de zapadores, si bien fue rechazada en todas ellas a causa "de un pequeño defecto físico". El padre, en cambio, responde al mismo perfil de sabio despistado que heredará el protagonista. De hecho, el hombre falleció una noche aciaga a consecuencia del despegue fallido de la nave espacial, construida con sus propias manos, con la que pretendía viajar a un rincón indeterminado de la galaxia llamado Vesta...

Aparte del bigotazo que luce Antonio Hernández (y de sus escasas dotes para la interpretación...), lo más llamativo de la cinta es una heterogeneidad de registros que hacen de ella un producto inclasificable, a medio camino entre demasiadas cosas, casi ninguna convincente. Tiene su poco de parodia, con ribetes de ciencia ficción, y mucho de comedia romántica, sobre todo en lo tocante a la relación fallida de Gustavo con Betty (Virginia Mataix). Y también un breve papel de Fernando Fernán-Gómez, ya en el tramo final, encarnando a un viejo erudito amnésico.



domingo, 27 de junio de 2021

Carne apaleada (1978)




Director: Javier Aguirre
España, 1978, 102 minutos

Carne apaleada (1978) de Javier Aguirre


El ser humano es como es. La voluntad y la carne, débiles. Yo, entonces, me encontraba en la cárcel. Triste y sola. Senta, también. El ambiente y las circunstancias encendieron la mecha. No importa el nombre con que el mundo bautice esos sentimientos. No se les puede exigir carné de identidad a las razones del corazón. No importa cómo se llamen, sino lo que nos dan. A mí me han dado muchísimo. Me ayudan a sobrevivir. Lo que siento es algo maravilloso. Acaso se llame amor y me conduzca hacia un continuo INRI de carne crucificada.

Inés Palou
Carne apaleada

El desgarrador testimonio del que dejó constancia Inés Palou (1923-1975) en sus memorias carcelarias daría pie a una adaptación cinematográfica no menos impactante. Por varios motivos, Carne apaleada (1978) merece ser objeto de una revisión a fondo, comenzando por la valentía de su director, Javier Aguirre, quien, dejando momentáneamente de lado las producciones comerciales que le reportaban fama y dinero, optó en esta ocasión por una puesta en escena a medio camino entre aquéllas y su "anticine" de marcado corte experimental. En ese sentido, y sin llegar a ser un típico producto de la época del destape, la película aúna con pericia el morbo y la denuncia social, abordando el lesbianismo de la pareja protagonista desde una óptica insólitamente moderna para lo que se estilaba entonces.

No obstante, aparte de la relación sentimental entre Berta (Esperanza Roy) y Senta (Bárbara Rey), plantea especial interés el análisis que se lleva a cabo a propósito de lo que supone la vida en el presidio, un entorno inhóspito al que van a parar reclusas de todo tipo ("piculinas" o prostitutas, presas políticas, delincuentes comunes...) y donde la violencia más brutal, ejercida por las funcionarias o por las propias internas, convive al mismo tiempo con una camaradería inquebrantable.

Berta Costaleda (Esperanza Roy), trasunto literario de Inés Palou


Pese a tratarse de un drama penitenciario, los títulos de crédito iniciales nos sitúan en una solitaria estación de tren cuyos vagones vacíos se muestran con insistencia mientras suena de fondo una triste melodía de flauta: claro ejemplo de flash-forward, en alusión directa al desenlace que tendrá el filme así como al fatídico suicidio de la propia Inés Palou. Por lo demás, la cinta se mantiene bastante fiel a su fuente literaria, si bien condensa la profusa galería de personajes que desfilan por las páginas del libro, amén de recurrir al manido recurso de la voz en off para dejar que sea Berta quien resuma sus andanzas en primera persona.

La larga lista de secundarias que integran el reparto (Julieta Serrano, Pilar Bardem, las hermanas Terele Pávez y Elisa Montés, Yelena Samarina, Virginia Mataix haciendo de francesa...) nos deja alguna que otra curiosidad reseñable. Como, por ejemplo, el último papel para la gran pantalla de la veterana Tota Alba, aquí María Cinta, una de las dos sifilíticas de la celda (la otra es La Andaluza, interpretada por Carmen de Lirio). O el hecho de que Esperanza Roy y Enriqueta Carballeira (Arantxa, una de las presas políticas), las dos actrices que fueron pareja de Javier Aguirre en la vida real, compartan varias escenas en el patio de la prisión.



sábado, 6 de febrero de 2021

Pares y nones (1982)




Director: José Luis Cuerda
España, 1982, 95 minutos

Pares y nones (1982) de José Luis Cuerda


El primer largometraje que dirigiera José Luis Cuerda, un encargo del productor Félix Tusell para Estela Films, responde plenamente a los parámetros de lo que fue la comedia madrileña por aquellos años: una historia de enredos amorosos en la que, como reza el eslogan publicitario que aparece en el cartel de la película, "hay parejas, tríos, quintetos..." Vamos, que la promiscuidad de sus personajes es la tónica general en una cinta marcada por ese despelote frívolo tan característico de un cierto tipo de cine que respondía así a cuarenta años de puritanismo franquista.

Fresca, despreocupada, vitalista... la trama concebida por el propio Cuerda desentona, sin embargo, con su posterior trayectoria como cineasta responsable de grandes hitos del humor absurdo entre los que sobresale la celebérrima Amanece, que no es poco (1989). En ese sentido, Pares y nones, con la habitual verborrea de Antonio Resines en el papel protagonista, parece más un típico vodevil ochentero de Trueba o Colomo que no la ópera prima de quien, andando el tiempo, llegaría a consolidarse como uno de los autores más personales de nuestra cinematografía.

Resines (Paco), Mataix (Montse) y Velat (Víctor)


Sí que hay, no obstante, algún que otro elemento autobiográfico en un guion cuyo principal vínculo con la vida del director reside en la pertenencia del personaje de Silvia Munt, una periodista encargada de presentar el magacín televisivo cultural, al cuerpo de funcionarios de RTVE. Por lo demás, el hecho de que el marido de ésta (Resines) decida reemprender su carrera como pintor abstracto o que un amigo de ambos (Carles Velat) sea poeta y crítico de arte aporta un cierto pedigrí posmoderno al conjunto, que entonces debía de pasar por muy intelectual y el no va más de la progresía.

En realidad, los óleos de gran formato que aparecen a lo largo de la película fueron obra del malogrado Alberto Solsona (1947-1988) quien interviene en un fugaz cameo junto a su compañero sentimental, el también artista Fernando Almela (1943-2009). Ambos hacen de críticos que, en el transcurso de la inauguración de la muestra que organiza el protagonista, le son presentados por Fernando Méndez Leite, quien hacía sus pinitos como actor en esta cinta.

De izquierda a derecha: Almela, Méndez Leite, Solsona y Resines


domingo, 18 de marzo de 2018

La mano negra (1980)




Director: Fernando Colomo
España, 1980, 93 minutos

La mano negra (1980) de Fernando Colomo


La mano negra (1980) es una de esas películas míticas que uno vio por la tele cuando crío: ni la entendí ni me gustó, pero la escena en la que Virginia Mataix se desnuda me marcó profundamente. A mí, para quien dicha actriz no pasaba de ser sino la simpática presentadora, junto a Jordi Hurtado, de Si lo sé no vengo. Eso y una divertida palabra, Macguffin, que entonces me atrajo por su sonoridad, aún desconocedor de las connotaciones cinematográficas (concretamente hitchcockianas) que poseía.

Vista con ojos de adulto, debo decir que me ha sorprendido muy gratamente, pues, a pesar de los treinta y ocho años transcurridos desde su estreno, sigue desprendiendo una frescura que se ha mantenido intacta a lo largo de tanto tiempo. Debe de ser el toque Colomo o el estilo desenfadado de aquella comedia madrileña (la de los Trueba, Matji y compañía, que aquí también colaboraron en el guion), avezada en recurrir a actores no profesionales, como el arquitecto Íñigo Gurrea (Falceto), o las continuas referencias cinéfilas, literarias y musicales.



Enlazando con esto último, las alusiones a Charles Mingus (1922-1979) son constantes, no sólo porque el protagonista compra un disco suyo en la escena inicial, sino porque también toca el contrabajo, instrumento del que el jazzman afroamericano fue un consumado intérprete.

Entre una cosa u otra, La mano negra acaba siendo indirectamente uno de esos retratos generacionales, una parodia, sí, de novela policíaca o de filme de espías, pero, al mismo tiempo, un compendio de los muchos y heteróclitos elementos (a menudo procedentes de la denominada cultura popular) que convergieron en la educación sentimental de aquellos "niños de 30 años" a los que aludía el eslogan promocional de la película y que hoy son ya venerables septuagenarios.


domingo, 29 de octubre de 2017

La larga noche de los bastones blancos (1979)




Director: Javier Elorrieta
España, 1979, 88 minutos



Mejor que nacer muerto, 
ciego más vales; 
mejor negros los senderos 
que blancos los funerales...

La ópera prima de Javier Elorrieta (Madrid, 1950) tenía algo de La cabina (1972) de Mercero, en el sentido de que un elemento tan cotidiano como el metro puede convertirse en una absurda y laberíntica trampa para dos invidentes. Que aunque ni Enrique San Francisco ni José María Rodero eran ciegos, lo cierto es que ambos bordaban sus respectivos papeles: uno, casi un debutante como protagonista; el otro, interpretando el que sería su último trabajo para el cine.

Son, literariamente hablando, los herederos directos de Max Estrella y don Latino de Hispalis, la pareja protagonista del esperpento Luces de bohemia de Valle-Inclán, puesto que, al igual que ellos, recorren su particular odisea por un inhóspito Madrid nocturno y subterráneo que los ignora completamente.

También el tema "Tonight, Tonight", una pequeña joya a cargo de Crystal Bird que sirve de leitmotiv, contribuía a generar, a través de las numerosas variaciones que componen la banda sonora del filme, esa atmósfera entre alegórica y terrorífica gracias a un ligero toque del rock progresivo tan en boga por aquellas fechas.

Escrita por el barcelonés Joaquín Amichatis, La larga noche de los bastones blancos es, sin ningún género de dudas, una de las más fascinantes películas de culto que dio el cine español de finales de los setenta, junto con títulos ya míticos como Arrebato de Iván Zulueta o Mater amatísima (1980) de Josep Antoni Salgot.


domingo, 5 de marzo de 2017

La fuga de Segovia (1981)




Título original: Segoviako ihesa
Director: Imanol Uribe
España, 1981, 109 minutos

La fuga de Segovia (1981) de Imanol Uribe


Como si de La gran evasión o la Fuga de Alcatraz se tratase, el vasco Imanol Uribe se atrevía a plantear una película sobre la huida de un grupo de presos etarras de la cárcel de Segovia que tuvo lugar en 1976. Es condición casi obligada de este tipo de filmes que los internos se las apañen para excavar laboriosamente un túnel con las herramientas más rudimentarias. Y en este caso dicha galería conectaba uno de los lavabos comunes con la red local de alcantarillado: intrincada vía de escape que conduce a treinta de ellos hacia la libertad, aunque, una vez en el exterior, deberán aún enfrentarse con las fuerzas de orden público.

Narrada con pulso firme, mediante diálogos lo mismo en castellano que en euskera, es La fuga de Segovia una cinta que, lejos de envejecer, con el paso de los años ha ganado en atractivo. Al respecto, son interesantísimas, por ejemplo, las canciones que con valor simbólico se utilizan en determinados instantes clave, como la desgarradora jota que acompaña los créditos iniciales o la tradicional "Rossinyol que vas a França", interpretada por Ovidi Montllor y uno de los leitmotiv de la fuga.

Dotados de una capacidad organizativa encomiable, Uribe no muestra a estos hombres como terroristas sino como a patriotas vascos firmemente convencidos de la causa por la que luchan. Lo cual pone, asimismo, de manifiesto una valentía considerable por su parte, habida cuenta del convulso momento político que se estaba viviendo en aquel entonces. En ese particular, Segoviako ihesa entronca directamente con la vía abierta un par de años antes por Operación Ogro (1979) de Pontecorvo, otro de los títulos de referencia a la hora de revisar cómo fue tratado el mundo aberzale en el cine de la transición.


miércoles, 1 de junio de 2016

Remando al viento (1988)




Título en inglés: Rowing with the Wind
Director: Gonzalo Suárez
España/Noruega, 1988, 96 minutos

Remando al viento (1988) de Gonzalo Suárez


El cineasta y escritor Gonzalo Suárez (Oviedo, 1934) visita estos días la sede de la Filmoteca de Catalunya en Barcelona. En la tarde de hoy miércoles 1 de junio ha presentado Remando al viento, uno de los títulos más emblemáticos de su filmografía, y mañana jueves hará lo propio con Ditirambo, película que en 1969 supuso su debut en el largometraje.

Acompañado antes de la proyección por Esteve Riambau (director de la Filmoteca) y en el coloquio posterior por el editor Salvador Forasté, Suárez ha ido desvelando algunos de los entresijos que marcaron el rodaje de un filme que intenta recrear lo que debió ser la génesis de la novela Frankenstein durante la célebre estancia del matrimonio Shelley en el suizo lago Léman junto a Lord Byron en 1816.

Ya nadie parece recordarlo (de hecho, ni siquiera Gonzalo Suárez lo ha comentado), pero en su momento esta película, cuyo título surgió de una mala traducción de Antonio Saura, logró hacerse con seis premios Goya (incluido el de mejor director) y fue nominada en otras seis categorías, ganando, además, aquel mismo año la Concha de plata en San Sebastián.

Lord Byron - Hugh Grant

En esencia, Remando al viento es más una formulación de lo que fue el Romanticismo que no una adaptación literaria al uso. Son muchas las anécdotas que encierra la filmación de un proyecto en el que tuvieron ocasión de participar un grupo de actores británicos, jóvenes promesas a finales de los ochenta, y que con el tiempo acabarían convirtiéndose en estrellas de renombre internacional: Hugh Grant (Lord Byron) y Elizabeth Hurley (Claire Clermont) se conocieron precisamente allí. "Esta es tonta...", confiesa el realizador que le susurró el galán. El resto de la historia, sin embargo, es de sobras conocido por todos... También en Noruega se vivieron momentos difíciles, debido a las inclemencias meteorológicas que debió soportar el equipo de producción. Aunque lo más divertido fue habérselas con esa jirafa que aparece en el interior del palacio veneciano y que debido a lo arisco de su carácter ocasionó más de un contratiempo.

Entre los miembros nacionales del reparto es fácil identificar rostros familiares para el espectador español: José Luis Gómez (Polidori), Aitana Sánchez-Gijón, Bibí Andersen (Fornarina), Virginia Mataix, Josep Maria Pou o el recientemente desaparecido Miguel Picazo en un breve cameo como sacerdote italiano.

Por lo demás, Suárez se ha mostrado de lo más ocurrente, bromeando sobre el pesimismo de los autores románticos y sobre lo absurdo de la condición humana ya desde los albores de su existencia: "Parece ser que es el quinto espermatozoide el que logra fecundar al óvulo", ha comentado Suárez divertido. De hecho, hay un momento de la película en el que Lord Byron afirma: "Do you really believe that men invented horror? I believe it is rather that men are a horrifying invention. What existed before men? Horror. What will still exist when men are gone? Horror. Believe me, my dear Shelley; horror is the only reality which sustains our existence." Interrogado por una de las asistentes sobre el sentido de dicha frase, Gonzalo Suárez ha aprovechado para explayarse a propósito de cómo nos encanta seguir creyendo que la tierra es plana y que los niños los trae la cigüeña de París: comodidades muy ligadas al aquí y ahora, pero fuera de las cuales acecha la terrible verdad, el horror al que aludía el poeta inglés.

Pero como el tiempo apremiaba, ha sido necesario acabar el acto un poco precipitadamente (o aplazarlo para seguir mañana). A lo que el veterano cineasta, sin duda ávido de continuar contando batallitas, ha añadido: "¡Deberíamos organizar un simposio de quince días a orillas del mar!" Genial broche que ha sido premiado con un sentido aplauso por parte del público.

Gonzalo Suárez (izquierda), acompañado por Salvador Forasté