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lunes, 19 de agosto de 2019

La casa de verano (2018)




Título original: Les estivants
Directora: Valeria Bruni Tedeschi
Francia/Italia, 2018, 127 minutos

La casa de verano (2018) de Valeria Bruni Tedeschi


Las vacaciones veraniegas en familia —entendiendo por ésta, en sentido amplio, el conjunto de ascendientes, descendientes, colaterales y afines de un linaje— son algo típico (y casi me atrevería a decir que exclusivo) de la cultura mediterránea. Porque eso de juntarse en una misma casa los miembros de varias generaciones para pasar unos días parece que en otras latitudes no se estila tanto, por lo menos en el mundo anglosajón. E incluso aquí es ya costumbre antigua que tiene los días contados.

En una de sus periódicas incursiones como directora, la actriz Valeria Bruni Tedeschi plantea en Les estivants un escenario de estas características con el objetivo de mostrar las interioridades de un clan aparentemente bien avenido. Pero las discrepancias enseguida empezarán a aflorar y lo que prometía ser un remanso de paz acaba convirtiéndose en un ajuste de cuentas en el que unos y otros aprovechan la convivencia para reprocharse mutuamente alguna que otra mala pasada.



Paralelamente, los miembros que integran el servicio de la villa de la Côte d'Azur donde se desarrolla la acción experimentan, a su vez, sus propias disensiones, entre ellos o contra los señores, a quienes llegan a emplazar, sin demasiado éxito, para negociar sus condiciones salariales.

Mezclando hechos reales y ficticios, diálogos en francés e italiano, Bruni Tedeschi construye un drama coral burgués con tintes de comedia autobiográfica (o viceversa) en el que asistimos, en tiempo real, a la génesis de una película escrita y dirigida por ella misma. En ese sentido, no deja de ser curioso que la niña que interpreta a su hija en la ficción (Célia) lo sea también en la vida real (Oumy). De hecho, la adoptó junto con el también actor Louis Garrel, del que fue pareja entre 2007 y 2012, y cuyo trasunto en Les estivants es el italiano Riccardo Scamarcio.


viernes, 12 de abril de 2019

Un pueblo y su rey (2018)




Título original: Un peuple et son roi
Director: Pierre Schoeller
Francia/Bélgica, 2018, 121 minutos

Un pueblo y su rey (2018) de Pierre Schoeller


Demasiada solemnidad y poca realidad. O lo que viene a ser lo mismo: mucho Delacroix y apenas nada de Bresson. Porque a pesar de un cuidado diseño de vestuario y de sus localizaciones esmeradamente elegidas y/o reconstruidas, Un peuple et son roi no pasa de ser, sin embargo, un simple cromo histórico lastrado por las interpretaciones excesivamente enfáticas de su prestigioso elenco de actores. Con esto no se pretende desmerecer el trabajo del director Pierre Schoeller, sino simplemente recordar que el cine es (debería ser) otra cosa.

A buen seguro que los profesores de Historia, a la hora de ilustrar en sus clases lo que supuso la Revolución Francesa, sacarán un enorme partido de los vehementes discursos de Robespierre (Louis Garrel) o de Marat (Denis Lavant) en la recién inaugurada Asamblea Nacional. Pero, aun así, el simple espectador, el cinéfilo que, todavía en 2019, se adentra en la penumbra de la sala de proyecciones en busca de un ápice de verdad, difícilmente puede, tras dos horas de recreación reverencial y marmórea, salir del todo satisfecho.

Louis Garrel caracterizado como Robespierre


Hay, eso sí, determinados momentos en los que se produce algún que otro hallazgo. Como la escena en la que los protagonistas, miembros del Tercer Estado, contemplan absortos la demolición de la Bastilla: al sentir sobre sus rostros los rayos de sol, hasta entonces ocultos por las torres de la fortaleza, experimentan una fascinación similar a la de los simios de 2001 frente al monolito. Un influjo, el de Kubrick, que, por extraño que parezca, volvemos a percibir en escenas de interior, iluminadas con velas, un poco a lo Barry Lyndon. A fin de cuentas, ¿no fue precisamente Kubrick quien pasó décadas preparando un megalómano proyecto, que nunca llegaría a materializarse, sobre Napoleón?

Titular Un pueblo y su rey una película que versa, entre otras cosas, sobre la ejecución de Luis XVI deja la puerta abierta a posibles interpretaciones sobre la simpatía que, a día de hoy, algunos franceses puedan sentir hacia la figura del monarca guillotinado. En cualquier caso, las calles de París se llenan últimamente de otro tipo de "revolucionarios", los gilets jaunes ("chalecos amarillos") cuyas reivindicaciones, como las de los sans culottes de hace más de dos siglos, aspiran a saciar la sed de justicia social de los sectores más desfavorecidos de la sociedad.


sábado, 6 de abril de 2019

Las invisibles (2018)




Título original: Les invisibles
Director: Louis-Julien Petit
Francia, 2018, 102 minutos

Las invisibles (2018) de Louis-Julien Petit


Más allá del ámbito estrictamente británico, el cine social de Ken Loach ha terminado creando escuela en la vecina Francia. Bastaría pensar, a tal efecto, en títulos como Ressources humaines (1999) de Laurent Cantet o en la más reciente La loi du marché (2015) de Stéphane Brizé para darse cuenta de inmediato de la clara filiación existente entre uno y otros.

Impronta que de nuevo hallamos presente en Les invisibles, la nueva película del joven realizador Louis-Julien Petit (Salisbury, Reino Unido, 1983). En realidad, se trata de una comedia a lo Full Monty (1997) rodada, en su mayor parte, con actrices no profesionales que vivieron en la calle. Un tema que la guionista Claire Lajeunie ya había abordado doblemente con anterioridad, dirigiendo para la cadena France 5 el episodio "Femmes invisibles, survivre dans la rue" del programa Le monde en face, emitido en septiembre de 2015, y mediante la publicación de su libro Sur la route des Invisibles.



Con un marcado tono documental, Petit y la productora Liza Benguigui llevaron a cabo un casting en el que más de ciento cincuenta aspirantes optaron a completar el reparto encabezado por Audrey Lamy, Corinne Masiero, Noémie Lvovsky y Déborah Lukumuena. El resultado final es un filme bienintencionado y hasta cierto punto crítico con el sistema, en el que las invisibles que le dan título optan por rebautizarse irónicamente tomando su alias de celebridades como "Édtih Piaf", "Salma Hayek", "Lady Di" o "La Cicciolina".

Al desmarcarse de las directrices oficiales y acogerlas por su cuenta, las trabajadoras sociales que luchan por rehabilitar a estas mujeres tendrán la oportunidad de descubrir que sus respectivas trayectorias vitales no difieren excesivamente de las suyas, ya que tanto las unas como las otras, si bien en planos distintos, deben afrontar, sin embargo, el reto de enfrentarse a un mundo diseñado por los hombres.


sábado, 2 de junio de 2018

Basada en hechos reales (2017)




Título original: D'après une histoire vraie
Director: Roman Polanski
Francia/Polonia/Bélgica, 2017, 100 minutos

Basada en hechos reales (2017)


Para unos, inadmisiblemente previsible; para otros, la última genialidad de un cineasta autorreferencial. En cualquier caso, D'après une histoire vraie llega avalada por el aura  que sólo Polanski sabe conferir a todo lo que sale de sus manos. Que, en esta ocasión, no es ni más ni menos que la adaptación de un best seller de la francesa Delphine de Vigan (directora ocasional, por cierto, como lo prueba la comedia À coup sûr, estrenada en 2014, aunque inédita por estos lares).

Protagonizada una vez más por su esposa, la actriz Emmanuelle Seigner, la película se centra en la crisis creativa que padece una novelista de éxito, repentinamente aterrada por el horror vacui de la página en blanco y que, poco a poco, irá cayendo en las redes de una misteriosa joven llamada Elle: Elle comme Elizabeth ? Ou Elle comme Emmanuelle... ? Las conexiones con la obra y la vida del director francopolaco son constantes y fácilmente identificables. De hecho, uno de sus últimos trabajos (The Ghost Writer, 2010) giraba en torno a un tema bastante similar.



Por otra parte, la presencia en el guion del también realizador Olivier Assayas confiere al conjunto un toque ligeramente fantasmagórico muy cercano al de la reciente Personal Shopper (2016), si bien en este caso la problemática de la protagonista parece obedecer más bien a algún tipo de desorden mental que la lleva a desdoblarse en una amiga imaginaria tan solícita como dañina y que sólo ella puede ver. Aun así, no deja de ser llamativa la coincidencia de que tanto el último filme de Assayas como Basada en hechos reales giren en torno a la relación entre una afamada mujer madura y una joven arribista (por no hablar de que, hace un par de años, el holandés Paul Verhoeven también se sirvió del nombre Elle como título para su largometraje con Isabelle Huppert).

Quizá porque Polanski es desde hace mucho un autor consagrado (o, mejor dicho, porque el muy astuto ya está de vuelta de todo), es, asimismo, llamativo el hecho de que a lo largo de la película se mencionen tantos nombres de escritores vivos: ¿homenaje? ¿Publicidad? Vista la tendencia a incluir determinadas marcas en algunos planos (como la manzanita de Apple, visible en dos o tres ocasiones) no sería descabellado pensar en lo segundo. Aunque en el caso de Catherine Deneuve podría tratarse de un guiño hacia la actriz de Repulsión (1965), cuya protagonista padecía un trastorno similar al de la escritora de D'après une histoire vraie. Paranoia a la que sin duda obedecen las escenas oníricas que atenazan los sueños de Delphine y que son una de las constantes de la película.


miércoles, 12 de abril de 2017

Rosalie Blum (2015)




Director: Julien Rappeneau
Francia, 2015, 95 minutos

Rosalie Blum (2015) de Julien Rappeneau


Debut en la dirección del hijo del cineasta Jean-Paul Rappeneau (Cyrano de Bergerac, Bon voyage...), adaptando la novela gráfica homónima de Camille Jourdy. Su argumento gira en torno a Rosalie Blum (Noémie Lvovsky), mujer un tanto misteriosa de vida solitaria que trabaja en el colmado de una pequeña localidad de provincias. Cuando el protagonista (Kyan Khojandi) entre en su tienda, éste tendrá la sensación de haberla visto antes, aunque, por más que intenta hacer memoria, no llega a saber dónde. Lo cual le llevará a obsesionarse con ella y seguirla a todas partes.

Por lo que tiene de fábula a propósito de la felicidad vinculada a pequeños gestos de una vida cotidiana no siempre tan gris como parece, Rosalie Blum entroncaría con una tradición de comedias francesas en las que un personaje femenino posee, a menudo sin saberlo, la clave para hacer mejor la vida de los otros y la suya propia. Estamos pensando en títulos como Odette Toulemonde (Eric-Emmanuel Schmitt, 2006) o la a estas alturas tan manida Amélie (Jean-Pierre Jeunet, 2001).

Anémone: la madre pirada


Aunque, por otra parte, al centrarse en la vida anodina de un peluquero un tanto inmaduro y excesivamente apegado a su posesiva madre (Anémone), conecta con otra rama del reciente cine francés, a saber: la de esos personajes más bien inocentes, incapaces de cortar el cordón con el seno familiar. En ese sentido, los referentes serían Tanguy (Étienne Chatiliez, 2001), el Bruno que interpretaba Dany Boon en Mon meilleur ami (Patrice Leconte, 2006), Les garçons et Guillaume, à table ! (Guillaume Gallienne, 2013) o la más reciente Retour chez ma mère (Éric Lavaine, 2016).

En todo caso, lo interesante del filme que nos ocupa, además de la presencia de la joven Alice Isaaz, valor en alza de la cinematografía francesa, es cómo, a lo largo de las tres o cuatro partes en las que éste se divide, se deshace el camino para mostrarnos dos tramas que hasta un cierto momento habían discurrido en paralelo y así ayudarnos a atar cabos. Recurso éste del que recientemente también se servía la multipremiada La La Land.

Y, hablando de musicales, no está de más terminar haciendo alusión a la canción "Get Me Away from Here, I'm Dying", original de los escoceses Belle & Sebastian y que aquí sirve de leitmotiv en la interpretación de Luna Picoli-Truffaut, apenas una cantante que pasa desapercibida en la penumbra de un pub, pero a la que delata su segundo apellido: efectivamente, se trata de la nieta del director de Les quatre cents coups.

Laurent, el primo ligón (Nicolas Bridet) y Vincent (Kyan Khojandi)

lunes, 11 de julio de 2016

Un amor de verano (2015)




Título original: La belle saison
Directora: Catherine Corsini
Francia/Bélgica, 2015, 105 minutos

Un amor de verano (2015)

Nous, qui sommes sans passé, les femmes,
Nous qui n'avons pas d'histoire,
Depuis la nuit des temps, les femmes,
Nous sommes le continent noir.

Debout, femmes esclaves,
Et brisons nos entraves
Debout ! Debout ! Debout !

Que nadie se llame a engaño: a pesar de lo que pueda parecer viendo el cartel de la película, la historia de Carole y Delphine tiene poco de la morbosidad que rodeó al estreno de La vida de Adèle. En La belle saison, en cambio, lo que prima es el componente feminista, la recreación histórica de los movimientos de liberación de la mujer en la Francia del 71, al compás de proclamas como "mon corps m'appartient !" En ese sentido, puede ser calificado de filme de época y engagé a partes iguales. Posee, además, el atractivo de trasladar dicho espíritu reivindicativo al ámbito rural, a menudo ajeno a determinadas protestas que se desarrollaron esencialmente en los ambientes universitarios parisinos.

"Debout ! Debout ! Debout !"


Desde el principio, la relación que mantienen las protagonistas está condenada a fracasar, puesto que tanto la una como la otra pertenecen a mundos radicalmente opuestos: ni Delphine (Izïa Higelin) está dispuesta a deshacerse de la granja familiar ni Carole (Cécile de France) a cohibir ciertos impulsos a los que sería más fácil dar rienda suelta en la capital. Pero quizá por eso mismo se atraen. En ese aspecto, son más bien los convencionalismos sociales de sus respectivos entornos los que acabarán lastrando su historia de amor.

Sobre todo en el caso de Delphine, quien deberá hacer frente a la enfermedad de su padre y a la incomprensión de su madre (Noémie Lvovsky) y de sus vecinos. Carole es, por contra, quizá un poco más libre, aunque deberá superar igualmente el mal trago de dejar a su compañero Manuel: alguien muy progre en lo político, pero extremadamente retrógrado en lo sentimental.

Hay, a pesar de todo y siempre dentro de la lógica combativa de la película, una nota de esperanza al final de la misma, ya que, si bien cada una seguirá caminos separados, al menos ambas se habrán influido mutuamente: cinco años más tarde, Carole ha aceptado su verdadera sexualidad y Delphine, lejos de sucumbir al tradicionalismo de su aldea, ha sido capaz de independizarse.

Carole (Cécile de France) y Delphine (Izïa Higelin)