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lunes, 24 de febrero de 2020

Casanova, su último amor (2019)




Título original: Dernier amour
Director: Benoît Jacquot
Francia, 2019, 98 minutos

Casanova, su último amor (2019) de Benoît Jacquot


En las antípodas de como lo imaginara Fellini, la lectura que el francés Benoît Jacquot (París, 1947) propone de Casanova humaniza al personaje a fuer de insistir en un episodio poco conocido de sus memorias que desmitifica la inveterada fama de seductor que siempre lo ha venido acompañando. Exilado en Londres, ajeno a una ciudad y un ambiente cuyos entresijos se le escapan, el hombre maduro afrontará la frustración de sentirse "rechazado" por una joven meretriz (Stacy Martin) que se resiste a corresponder la poderosa atracción que el susodicho siente hacia ella.

Aunque, en puridad, asistimos a un flashback: la confesión del anciano a la nieta de su mecenas desde su retiro dorado como bibliotecario en Bohemia. De lo que se infiere que, a pesar de los años transcurridos, la vivencia le marcó profundamente.



Muchos dirán que la película se aparta del mínimo rigor histórico con tal de ofrecer una imagen inédita del seductor por antonomasia o incluso pondrán en duda la idoneidad de Vincent Lindon para encarnar el refinamiento dieciochesco de Casanova. De acuerdo. Pero, al mismo tiempo, hay que admitir que ni los estereotipos son intocables ni la ficción tiene por qué estar sujeta a prerrogativas de obligado cumplimiento.

A este respecto, un Casanova romántico, cuasi depresivo, es tan válido como la estampa más divulgada del libertino incorregible. Máxime cuando la fotografía tenebrista de Christophe Beaucarne o un excelente diseño de vestuario contribuyen a redefinir la figura del aventurero hasta el punto de presentarlo mejor de lo que fue.


lunes, 4 de noviembre de 2019

Comportarse como adultos (2019)




Título original: Adults in the Room
Director: Costa-Gavras
Francia/Grecia, 2019, 124 minutos

Comportarse como adultos (2019) de Costa-Gavras


La guionización de hechos reales no suele comportar resultados excesivamente notables... De ahí que el incendiario Michael Moore, por poner un ejemplo célebre, haya optado por el documental como método exclusivo de trabajo a la hora de denunciar todo aquello que no le gusta de la sociedad actual, sobre todo de la norteamericana.

Ahora bien: ¿qué ocurre cuando a un cineasta consagrado como Costa-Gavras le da por convertir la crisis financiera griega en argumento de una película? Tomando, además, como base el testimonio del controvertido Yanis Varoufakis, ex ministro de economía del país heleno. Pues que Adults in the Room, que así se titula el experimento, roza en demasiados instantes lo panfletario. Aunque no por ello deja de ser loable lo que se propone el veterano director, griego de nacimiento y asentado desde hace décadas en Francia. A fin de cuentas, el compromiso político es la nota predominante en una filmografía que supera la veintena larga de títulos y que cuenta con obras maestras de la categoría de Z (1969) o Missing (1982).



Pero lo que es digno de aplauso en política plantea serias dudas cuando pasa a ser una historia interpretada por actores (algunos de ellos, como el que hace de Macron, de gran parecido físico con el modelo original). Por lo que urge separar el grano de la paja y hablar bien a las claras. ¿Fue una injusticia lo que ocurrió (y sigue ocurriendo) en Grecia? Rotundamente sí. Pero, al mismo tiempo, ¿resulta maniquea la puesta en escena de Costa-Gavras? Lamentablemente, hay que decir que también. Porque presentando a los personajes como buenos o malos se pierden los matices de una realidad (la económica, nada más y nada menos) infinitamente más compleja que la pugna que se recrea en pantalla entre organismos internacionales a propósito del tan anunciado rescate.

Es decir, que cuando el público aplaude al final de la película, como sucedía esta tarde en los cines Verdi de Barcelona, lo que se vitorea poco o nada tiene que ver con el buen hacer del director y de sus actores, sino más bien con la ideología que alienta tras la trama y/o los atropellos que se pretenden denunciar valiéndose del filme como pretexto. Algunos objetarán que eso es precisamente lo que Costa-Gavras lleva haciendo toda la vida. Ya: pero es que antes, cuando estaba en plena forma, lo hacía con más gracia...


sábado, 26 de octubre de 2019

Retrato de una mujer en llamas (2019)




Título original: Portrait de la jeune fille en feu
Directora: Céline Sciamma
Francia, 2019, 119 minutos

Retrato de una mujer en llamas (2019)
de Céline Sciamma


Portrait de la jeune fille en feu rezuma una sensorialidad a flor de piel cuya manifestación más evidente e inmediata nos llega a través del uso que hace su directora, la francesa Céline Sciamma, del color: el verde del vestido de Héloïse (Adèle Haenel), el rojo del de Marianne (Noémie Merlant), el azul del mar, el amarillo tostado de la arena de las playas de Bretaña... A lo que cabría añadir un segundo factor, algo más sutil, concerniente a la iluminación: natural en exteriores y mediante la ayuda de velas o de una chimenea cuando la acción transcurre de noche.

Tratándose de un filme que tiene la pintura como telón de fondo se diría que la cámara pretende captar la esencia de lo que dicho arte representa y que no es sino una lucha constante por atrapar la vida en un lienzo. Algo con lo que el cine, al fin y al cabo, conecta de pleno, por lo que cabría pensar si Marianne no es un trasunto de la propia Sciamma, autora del guion y que en el pasado estuvo unida sentimentalmente con la actriz protagonista.



Hay, sin embargo, un toque fantasmagórico en la puesta en escena de la película, ligado al mito de Orfeo, como esas apariciones nocturnas de Hèloïse, vestida de blanco al fondo de un pasillo, que se esfuma de inmediato cuando Marianne se gira para mirarla. Inteligente metáfora del misterio que todo artista se propone apresar en su obra y que se resiste a ser aprehendido. Como ese retrato que dará título a la cinta y alrededor del cual gira toda la trama.

Por último, y aunque esto sea ya un rasgo de estilo habitual en la práctica totalidad de la filmografía de la realizadora, la historia se articula en torno a un universo exclusivamente femenino, dieciochesco y refinado en esta ocasión, y con incursiones nocturnas a lo que parece una suerte de aquelarre, tal vez un guiño a los antiguos ritos órficos. Momento mágico, uno más, en el que las participantes se arrancan a cantar y que es el preludio de la apoteosis final, cuando Marianne, gracias a la música de Vivaldi, vivirá un último clímax con la sola contemplación del ser amado.


lunes, 19 de agosto de 2019

La casa de verano (2018)




Título original: Les estivants
Directora: Valeria Bruni Tedeschi
Francia/Italia, 2018, 127 minutos

La casa de verano (2018) de Valeria Bruni Tedeschi


Las vacaciones veraniegas en familia —entendiendo por ésta, en sentido amplio, el conjunto de ascendientes, descendientes, colaterales y afines de un linaje— son algo típico (y casi me atrevería a decir que exclusivo) de la cultura mediterránea. Porque eso de juntarse en una misma casa los miembros de varias generaciones para pasar unos días parece que en otras latitudes no se estila tanto, por lo menos en el mundo anglosajón. E incluso aquí es ya costumbre antigua que tiene los días contados.

En una de sus periódicas incursiones como directora, la actriz Valeria Bruni Tedeschi plantea en Les estivants un escenario de estas características con el objetivo de mostrar las interioridades de un clan aparentemente bien avenido. Pero las discrepancias enseguida empezarán a aflorar y lo que prometía ser un remanso de paz acaba convirtiéndose en un ajuste de cuentas en el que unos y otros aprovechan la convivencia para reprocharse mutuamente alguna que otra mala pasada.



Paralelamente, los miembros que integran el servicio de la villa de la Côte d'Azur donde se desarrolla la acción experimentan, a su vez, sus propias disensiones, entre ellos o contra los señores, a quienes llegan a emplazar, sin demasiado éxito, para negociar sus condiciones salariales.

Mezclando hechos reales y ficticios, diálogos en francés e italiano, Bruni Tedeschi construye un drama coral burgués con tintes de comedia autobiográfica (o viceversa) en el que asistimos, en tiempo real, a la génesis de una película escrita y dirigida por ella misma. En ese sentido, no deja de ser curioso que la niña que interpreta a su hija en la ficción (Célia) lo sea también en la vida real (Oumy). De hecho, la adoptó junto con el también actor Louis Garrel, del que fue pareja entre 2007 y 2012, y cuyo trasunto en Les estivants es el italiano Riccardo Scamarcio.