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viernes, 27 de marzo de 2020

La residencia (1969)




Título internacional: The House That Screamed
Director: Narciso Ibáñez Serrador
España, 1969, 99 minutos

La residencia (1969) de N. Ibáñez Serrador

Residencia... Otra de esas palabras que han terminado adquiriendo unas connotaciones de lo más tétrico en los últimos tiempos. Sin embargo, la residencia en la que transcurren los hechos de la ópera prima de Ibáñez Serrador (1935-2019) no era ningún geriátrico, sino un estricto reformatorio para señoritas descarriadas. Además de una excelente cinta de terror gótico, con actores internacionales y exteriores rodados en Comillas (Cantabria), que, curiosamente, sería también, muchos años después, la región elegida por Amenábar para filmar Los otros (2001), película, al igual que la que nos ocupa, de innegable regusto victoriano.

De entre los muchos atractivos de La residencia, amén de la fotografía de Manuel Berenguer o la banda sonora de Waldo de los Ríos, conviene destacar un erotismo latente que anuncia, si bien con delicadeza, lo que en la década siguiente hará Jess Franco, pero con un tratamiento hitchcockiano de la puesta en escena que llega a su punto álgido en la célebre secuencia en la que asistimos al sutil montaje paralelo de un encuentro sexual en el pajar y la simultánea clase de costura de las internas.



Sadismo e insinuaciones de amor sáfico que tienen en la escena de la ducha otro de los momentos más recordados, quien sabe si fuente de inspiración para cineastas posteriores como, por ejemplo, el Brian De Palma de Carrie (1976). Lo cual contrasta vivamente con el hecho de que Ibáñez Serrador, quizá absorbido por el éxito televisivo de los programas por él creados, no volviese a dirigir hasta la muy notable ¿Quién puede matar a un niño? (1976), segunda y última entrega de su exigua carrera como director cinematográfico.

Con todo y con eso, el personaje interpretado por Lili Palmer (la rígida madame Fourneau) quedará para la posteridad como paradigma de madre castradora e institutriz moralmente ambigua, seguido muy de cerca por ese niño de expresión "angelical" (John Moulder-Brown) que preludia, con su sonrisa malévola, el mismo rol perturbadoramente inquietante de Damien en La profecía (The Omen, 1976) de Richard Donner.


domingo, 13 de agosto de 2017

País, S.A. (1975)




Director: Antonio Fraguas, 'Forges'
España, 1975, 84 minutos

País, S.A. (1975) de Forges


Hay películas que nacieron fruto de una coyuntura muy específica y que, precisamente por ello, resultan del todo irrepetibles. O incluso inconcebibles a día de hoy (por lo menos, en lo que al cine se refiere, porque en Telecinco ya sabemos que no hay límites...). Pero en la España del 75 estas cosas no sólo eran posibles, sino que además (y eso es lo fuerte) pasaban. Una película dirigida por Forges, con un argumento tan delirante como sus viñetas y un montón de actores y celebridades de la época haciendo apariciones estelares: Concha Velasco vestida de monja, José Luis López Vázquez saliendo de una cabina telefónica al tiempo que grita: "¡Si se llega a enterar Mercero!", Juan Diego haciendo de mendigo, Sancho Gracia aparcando su coche frente a la discoteca Boccaccio (la de Madrid, en Marqués de la Ensenada), Chicho Ibáñez Serrador y Alfredo Amestoy haciendo de abogados... En fin, que hasta el Dúo Dinámico andaban por allí.

La diversificación del sector audiovisual en las últimas décadas ha hecho que productos como País, S.A. sólo tengan cabida en la televisión (y no en todas las cadenas) o en internet. Sin embargo, cuando no había tanta variedad de canales para la difusión no era tan extraño que un humorista gráfico diese el salto a la gran pantalla. En todo caso, esta gamberrada que ahora a muchos les parecerá infumable posee un enorme valor como documento histórico, testimonio de una etapa muy particular de nuestro pasado o como quiera llamársele.

ARRIBA (Izquierda a derecha): San José-Delgado-Zarzo
ABAJO (Izquierda a derecha): Algora-Font-Gamero


Y el estilo inconfundible de Forges, que aún puede seguirse a diario desde las páginas de El País, está muy presente en la película. Sobre todo ese gusto tan suyo por el inglés macarrónico o la ironía sarcástica para denunciar la corrupción (en esto no hemos cambiado tanto: más bien se ha ido a peor). Incluso los nombres parlantes de sus personajes denotan el sentido del humor que le ha hecho célebre, siendo el caso más llamativo el de Don Luis Pesón Muchapast (Fernando Delgado), un cínico empresario millonario al que una panda de infelices gánsters aficionados decide secuestrar.

El tono general es deliberadamente chapucero e irreverente (on 'pórpous', of 'cors') y hasta en el arranque se supone que los proyeccionistas la lían metiendo el rollo que no toca, por lo que lo primero que vemos son los títulos de crédito de El amor del capitán Brando (1974) de Jaime de Armiñán (detalle que, por cierto, no recogen las versiones de País, S.A. que hay colgadas en YouTube). Bueno, os dejamos con ella. Si sois capaces de aguantar hasta el final, os habréis ganado el Cielo (y parte del extranjero).


miércoles, 29 de julio de 2015

¿Quién puede matar a un niño? (1976)




Director: Narciso Ibáñez Serrador
España, 1976, 107 minutos

¿Quién puede matar a un niño? de Ibáñez Serrador


Para muchos el nombre de Narciso Ibáñez Serrador ("Chicho") quizá se asocie únicamente con el director del celebérrimo concurso televisivo Un, dos, tres... responda otra vez, que durante tantos años se mantuvo en antena. Sin embargo, en su faceta de entusiasta adepto al género del horror dirigió un par de largometrajes para la gran pantalla hoy considerados de culto: La residencia (1969) y ¿Quién puede matar a un niño? (1976). Ambos comparten un inquietante nexo: utilizar a la infancia, supuestamente depositaria de la más tierna inocencia, como ingrediente principal de una historia de terror.

Para la segunda de ellas, Ibáñez Serrador partió de una idea original de Juan José Plans (y que más tarde el propio Plans convertiría en novela): de manera totalmente incomprensible, los niños de la pequeña isla de Almanzora se acaban rebelando contra los adultos, a los que irán exterminando de forma progresiva. Así que cuando una pareja de turistas ingleses llegue a la isla procedente de Benavís, se encontrará con las calles desiertas y un perturbador peligro acechando tras las puertas de las casas.

Cualquiera les dice nada a éstos...


La película arranca con un innecesario prólogo tremendista confeccionado a base de imágenes de archivo que muestran cómo es la infancia la primera en padecer las consecuencias de cualquier conflicto en el mundo. Ibáñez Serrador ha admitido en alguna ocasión que quizá habría sido mejor relegar esa parte al final, como aclaración de por qué se han comportado tan violentamente los menores durante el film.

Contrariamente a lo que cabría esperar de una película de terror convencional, la acción sucede a plena luz del sol y, en lugar de monstruitos deformes, los que siembran el pánico son chicos y chicas sonrientes. Los referentes indiscutibles en los que se inspira ¿Quién puede matar a un niño? son, por una parte, Los pájaros (1963) de Hitchcock y, por otra, la pareja de La semilla del diablo (1968) de Polanski (tanto Rosemary como Evelyn están embarazadas).

Entre los muchos alicientes que posee la película, uno que no se suele tener en cuenta pero que a buen seguro tiene su peso es que en ella podemos ver una España que ya no existe: esos pueblos de tapias enjalbegadas, ventanas con rejas negras y calles sin asfaltar... Quizá por eso mismo sigan teniendo su audiencia las sucesivas reposiciones de Verano azul, serie también terrorífica aunque por otros motivos y en otra acepción del término...

En cuanto a Juego de niños (Come Out and Play, 2012), el intrascendente remake mejicano de ¿Quién puede matar a un niño?, casi mejor no decir nada.

La película se rodó en Sitges, Granada, Toledo y Menorca