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martes, 1 de abril de 2025

Recuerdos (1980)




Título original: Stardust Memories
Director: Woody Allen
EE.UU., 1980, 89 minutos

Recuerdos (1980) de Woody Allen


Por más que Woody Allen haya asegurado, por activa y por pasiva, que Stardust Memories (1980) no es un filme autobiográfico, se hace difícil no reconocer en su protagonista a un alter ego del cineasta neoyorquino. Entre otras cosas porque, como él, Sandy Bates manifiesta las mismas filias y fobias. Como dato curioso, llama poderosamente la atención que la partenaire femenina no fuese esta vez Diane Keaton o Mia Farrow, sino una estupenda Charlotte Rampling que se mete en la piel del gran amor/obsesión de un hombre que, pese al éxito y reconocimiento profesional de los que goza, pese a la atracción que siente hacia otras mujeres (Jessica Harper, Marie-Christine Barrault), no ha logrado superar aún la ruptura sentimental con la que fuese su musa.

Aunque, a decir verdad, si por algo destaca esta excelente comedia en blanco y negro es por el homenaje, rozando la parodia, que rinde al Fellini de (1963). Y es que la crisis creativa en la que se halla inmerso el susodicho Bates, a vueltas con los inconvenientes que comporta la fama, entronca de pleno con la que vivía en aquella película el personaje interpretado por Marcello Mastroianni. Asimismo, el primer cuarto de hora, sin diálogos (la supuesta obra maestra de un genio incomprendido), remite también al cine de Bergman o Antonioni, con esos viajeros encerrados en vagones de tren que conducen a un vertedero.



Relato de un director un tanto neurótico al que los fans acosan allá adonde va y cuya presencia en festivales levanta verdadera expectación, el origen de semejante planteamiento cabe buscarlo en la recepción que habían obtenido títulos anteriores de Allen cuando éste, a finales de la década de los setenta, había decidido ponerse "serio" con obras de la altura de Annie Hall (1977) o Interiores (1978). Lo cual convertía a la cinta que nos ocupa en una suerte de réplica cínica contra la industria y la crítica que siempre esperan del cineasta que los deleite con los mismos chistes.

Y, sin embargo, toda la carga existencial que se intuye en el trasfondo, todas las secuencias oníricas de inspiración surrealista, repletas de saltos temporales en el marco de la difusa línea entre realidad y fantasía que ello comporta, no impiden que los diálogos contengan réplicas divertidísimas mediante las que Woody Allen satiriza la obsesión del público por las celebridades, así como la constante invasión de su privacidad por parte de esos mismos cinéfilos ávidos de autógrafos. Definitivamente, una de las producciones más inspiradas del siempre genial Allan Stewart Konigsberg.



miércoles, 9 de octubre de 2024

El dormilón (1973)




Título original: Sleeper
Director: Woody Allen
EE.UU., 1973, 90 minutos

El dormilón (1973) de Woody Allen


Dos son las referencias paródicas que enseguida saltan a la vista como principales fuentes de inspiración de Sleeper (1973): La naranja mecánica (1971) de Kubrick y Fahrenheit 451 (1966) de Truffaut. A las que podría añadirse una tercera, considerando que el robot que tutoriza la clonación de la nariz del Líder Supremo parece claramente un remedo del HAL 9000 de 2001: Una odisea del espacio (1968). Ingeniosa sátira, por tanto, de las películas de ciencia ficción, cuyo protagonista despierta al cabo de doscientos años de letargo para encontrarse con un mundo radicalmente distinto al suyo.

Entre la distopía futurista y la diatriba social y política en clave humorística, la película de Woody Allen pasará a la historia por su crítica implícita a la tecnología y los avances científicos. Así pues, el guion plantea una sociedad de individuos que recurren al placer artificial, ya sea mediante el uso del orgasmatrón o a través del tacto de unas misteriosas bolas metálicas de efecto lisérgico. Aunque también se trata de un mundo orwelliano a lo 1984 en el que los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado perseguirán sin tregua a Miles Monroe (Allen) por considerarlo un peligroso infiltrado.



Es esa pérdida de libertades individuales la que marca el punto de inflexión en una comedia recordada por el divertido papel de autómata que interpreta su director en el contexto de una puesta en escena muy slapstick repleta de alusiones al humor del cine mudo o incluso de los hermanos Marx (como en la secuencia del espejo) que la jazzística banda sonora, con el clarinete del propio Woody a todo ritmo, no hace sino intensificar.

Por lo demás, la imagen del protagonista embutido en un aparatoso traje hinchable que lo mismo le sirve para volar a trompicones que para deslizarse vertiginosamente sobre la superficie de un estanque con su compañera Luna (Diane Keaton) a cuestas resulta divertidísima pese a que deja traslucir temas de más hondo calado como serían la figura del individuo que se rebela contra el sistema o la ridiculización de un orden mundial consumista y cada vez más tecnificado.



sábado, 5 de octubre de 2024

Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el sexo* pero nunca se atrevió a preguntar (1972)




Título original: Everything You Always Wanted to Know About Sex * But Were Afraid to Ask
Director: Woody Allen
EE.UU., 1972, 88 minutos

Todo lo que usted siempre quiso saber... (1973)


Everything You Always Wanted to Know About Sex * But Were Afraid to Ask (1972) responde a la irreverencia de un Woody Allen iconoclasta dispuesto a no dejar títere con cabeza. Y qué mejor temática que la sexualidad y sus desviaciones para articular un filme de episodios tan divertido como delirante. Siete historias en clave surrealista, como la del hombre (Gene Wilder) que se enamora de una oveja armenia, o abiertamente blasfemas como la del rabino que acude a un concurso televisivo con la finalidad de confesar sus perversiones mientras la esposa se sienta a sus pies para devorar unas chuletas de cerdo.

Queda claro, pues, el carácter transgresor de un cineasta que lo mismo ridiculiza a la realeza del medievo en "¿Funcionan los afrodisíacos?" que la doble moral burguesa en "¿Son homosexuales los travestis?" Preguntas retóricas que, en el caso de "¿Por qué algunas mujeres tienen dificultades para llegar al orgasmo?", adquiere la forma de homenaje explícito al cine italiano, hasta el extremo de que la pareja protagonista (el propio Woody y la que fuera su esposa, Louise Lasser), así como el resto de personajes de dicho fragmento, se expresan enteramente en la lengua de Fellini y Antonioni.



Aparte de recurrir por primera vez al tipo de letra Windsor Light Condensed para los títulos de crédito, que Allen utilizaría en lo sucesivo en todas sus películas, la cinta que nos ocupa pasa también por ser la única adaptación, en toda su filmografía, de un libro ajeno. Aunque, en honor a la verdad, lo único que el cómico aprovechó de la obra homónima del doctor David Reuben fueron algunos epígrafes de los distintos episodios que integran el filme.

Y así, al abordar de manera abierta y cómica cuestiones sexuales que en su época eran consideradas tabú, Allen parodia los libros de autoayuda sobre dicha temática, desenmascarando mitos y prejuicios. Un ejercicio humorístico, a menudo sarcástico y provocador (como los espermatozoides en "¿Qué sucede durante la eyaculación?" o la teta gigante y asesina de otro de los sketches), no exento de controversia, toda vez que la película fue objeto de censura en no pocos países, siendo el caso de Irlanda, donde el metraje original sufrió varias mutilaciones, uno de los más célebres.



lunes, 23 de septiembre de 2024

Días de radio (1987)




Título original: Radio Days
Director: Woody Allen
EE.UU., 1987, 89 minutos

Días de radio (1987) de Woody Allen


Se ha especulado enormemente sobre la posibilidad de que Woody Allen plagiase uno de los episodios de Historias de la radio (1955), concretamente el del ladrón que, en plena rapiña, responde al teléfono y gana un concurso radiofónico. Algo que, a la vista de cómo arranca Radio Days (1987), parece más que probable. No obstante, el ejercicio que el cineasta lleva a cabo en dicho filme supone mucho más que un simple homenaje nostálgico a la época dorada del medio de comunicación que marcó su infancia. De hecho, y hasta cierto punto, la película encierra sobre todo una profunda y sutil reflexión sobre el paso del tiempo y el modo en que idealizamos nuestros recuerdos.

Antes de eso, la voz en off del director neoyorquino habrá ido rememorando decenas de anécdotas que conforman el paisaje de toda una generación, la educación sentimental de cuantos crecieron al son de una banda sonora cuyos protagonistas principales fueron Carmen Miranda o Cole Porter. Y no sólo en lo tocante a música, sino que cada miembro de la familia protagonista tiene un programa preferido, ya sean los desayunos glamurosos que le gustan a la madre (Julie Kavner) o las aventuras del Vengador Enmascarado que hacen las delicias de los chavales del barrio.



Episodios, muchos de ellos, basados en sucesos reales y perfectamente documentados, desde la historia del estoico bateador de béisbol que continuaba al pie del cañón pese a los gravísimos impedimentos físicos que le iban sobreviniendo hasta el mediático accidente de Polly Phelps, la niña que cayó en un pozo. Acontecimientos que, por otra parte, permiten datar con exactitud el período descrito en pantalla, un lapso temporal que abarcaría desde el 30 de octubre del 38 (fecha de emisión de la histórica versión de Orson Welles a propósito de La guerra de los mundos) hasta la nochevieja de 1943, con lo que la acción concluye, ya el 1 de enero del 44, con los personajes sobre la azotea del King Cole Room de Manhattan haciéndose preguntas metafísicas en torno al carácter pasajero de la fama.

Y es que la cinta que nos ocupa forma un díptico con su predecesora, La rosa púrpura de El Cairo (1985), por lo que tienen ambas de ejercicio melancólico en torno a una época (los días de gloria del cine y la radio, respectivamente) que se recuerda con cariño por coincidir en el tiempo con los años de aprendizaje del futuro director, pero también con tristeza al saber que aquellos instantes no regresarán jamás. Lo cual explica, en cierta manera, que Woody Allen opte deliberadamente por embellecerlos en su memoria y de ahí que evoque Rockaway como un lugar donde siempre llueve y a los miembros de su propia familia como si, más que personas de carne y hueso, hubiesen sido los personajes de algún divertido cartoon.



domingo, 22 de septiembre de 2024

Bananas (1971)




Director: Woody Allen
EE.UU., 1971, 82 minutos

Bananas (1971) de Woody Allen


Aunque hoy se haya convertido en un venerable cineasta con aires de intelectual, hubo un tiempo en el que Woody Allen formaba parte de eso que, de manera más o menos imprecisa, dio en llamarse la Contracultura. No en vano, su corrosivo sentido del humor, heredero en buena medida del de los Hermanos Marx, arremetía contra todo lo establecido, ya fuese en materia social, política o incluso religiosa. A este respecto, uno de los títulos que mejor ejemplifican esos inicios irreverentes es, sin lugar a dudas, Bananas (1971).

Situada en la imaginaria República de San Marcos, la acción arranca con la transmisión en riguroso directo, como si de un acontecimiento deportivo se tratase, del enésimo golpe de Estado que la administración estadounidense auspicia en territorio sudamericano. Circunstancia que presagiaba, con apenas dos años de antelación, lo que acabaría ocurriendo en Chile, esta vez de verdad y con el abominable resultado que todos sabemos.



Sin embargo, cuando el nuevo dictador es a su vez depuesto, la caricatura que el comediante lleva a cabo de los guerrilleros insurrectos, claramente inspirada en Fidel Castro y sus barbudos, demuestra que para él no hay nada sagrado y que el objetivo de su película no es otro sino burlarse de todo y de todos, comenzando por él mismo.

Y es que la puesta en escena de Woody Allen, repleta de gags y demás humoradas, rinde homenaje al slapstick y, de modo explícito, al Chaplin de Tiempos modernos (1936) o El gran dictador (1940). De la primera, toma la escena en la que el protagonista, Fielding Mellish, prueba una máquina que permite a los trabajadores ejercitarse al tiempo que atienden a sus labores; de la segunda, en cambio, procede el hecho de que lo confundan con el propio presidente de San Marcos. Lo cual no deja de ser curioso considerando cómo, posteriormente, será esta misma película la que sirva de inspiración a otros directores, por ejemplo el Patrice Leconte de Mon meilleur ami (2006), quien calca un par de secuencias en dicho filme: la del metro y los matones (ojo al cameo de un jovencísimo Stallone) y la de las revistas eróticas en la librería.



sábado, 21 de septiembre de 2024

Toma el dinero y corre (1969)




Título original: Take the Money and Run
Director: Woody Allen
EE.UU., 1969, 85 minutos

Toma el dinero y corre (1969) de Woody Allen


Concebida como falso documental a propósito de un delincuente cuya trayectoria guarda no pocos paralelismos con la del propio Woody Allen, Take the Money and Run (1969) representó el verdadero debut del humorista en la dirección tras el inclasificable experimento (véase la entrada anterior) de What's Up, Tiger Lily? (1966). En todo caso, lo cierto es que su extraordinaria vis cómica proporciona momentos tan desternillantes como el de la pistola de jabón bajo la lluvia o el testimonio enmascarado de unos padres que se avergüenzan de haberlo traído al mundo.

Su alter ego en la pantalla, el inefable Virgil Starkwell, es un tipo debilucho y algo neurótico, acostumbrado desde pequeño a que le pisoteen sus aparatosas gafas de pasta, que, sin embargo, y a pesar de lo patoso que resulta en cuantas empresas acomete (por ejemplo, la antológica secuencia del atraco), hallará también el amor cuando se cruce en su camino la cándida Louise (Janet Margolin).



Aunque, más allá de su vertiente burlesca, la verdadera importancia del filme reside en el carácter fundacional de una prolífica franquicia cuyas señas de identidad más destacables serían la figura del antihéroe y una mirada irónica sobre la existencia en términos generales. También las réplicas ingeniosas de muchos diálogos, a base de humor absurdo y referencias culturales, constituirán el sello distintivo de un estilo entre sarcástico e intelectual que caracteriza buena parte de su extensa filmografía.

Por otra parte, al asumir las funciones de guionista, director y actor principal, Allen demostraba desde el principio su voluntad de ejercer un control absoluto sobre sus proyectos, lo cual le permitiría desarrollar, en lo sucesivo, una voz cinematográfica única y coherente que se ha prolongado hasta nuestros días dejando para la posteridad un buen puñado de obras maestras.



viernes, 20 de septiembre de 2024

What's Up, Tiger Lily? (1966)




Título en español: Lily, la tigresa
Directores: Woody Allen y Senkichi Taniguchi
Japón/EE.UU., 1966, 80 minutos

Lily, la tigresa (1966) de Woody Allen


La primera película dirigida por Woody Allen no pasaba de ser, en realidad, un curioso engendro, fruto de tomar un filme japonés de serie B y cambiarle de arriba a abajo los diálogos hasta convertirlo en algo completamente distinto: de trepidante cinta de espías a comedia en torno a la búsqueda de una codiciada receta de ensalada de huevo. Se incluyen además breves insertos en los que Allen, interpretándose a sí mismo, responde a las preguntas de un periodista para aclarar (o no) el significado de lo que estamos viendo.

Aunque la productora de Henry G. Saperstein, lejos de conformarse con los hilarantes chistes del humorista ("Saben el de la serpiente miope que se enamoró de una soga..."), decidió por su cuenta añadir varias actuaciones musicales de los Lovin' Spoonful, mítica formación de folk-rock que por aquel entonces se hallaba en el momento álgido de su carrera. Circunstancia ésta que no gustó nada al futuro director de Manhattan (1979), quien, en lo sucesivo, procuraría hacerse siempre con el control total de su obra y así no llevarse sorpresas desagradables a última hora.

Portada de la banda sonora


Tratándose de una locura premeditada de tal calibre, poco más puede añadirse a propósito de What's Up, Tiger Lily? (1966) y su "argumento" si no es que narra los percances del agente secreto Phil Moskowitz, contratado por la máxima autoridad del imaginario y exótico reino de Rashpur ("un país inexistente, pero que suena real") para que recupere la secretísima y ya mencionada receta que, según parece, alguien les ha sustraído.

Rebosante de estereotipos en torno al mundo asiático que hoy resultan políticamente incorrectos, el propio Woody Allen se ha desmarcado bastante en los últimos años de lo que el ahora reputado cineasta considera una gamberrada de juventud y poco más. Sirva de muestra el sensual estriptis, durante los créditos finales, que lleva a cabo la chica Playboy China Lee ante la atenta mirada de Woody, cómodamente estirado sobre un sofá mientras devora una manzana.



domingo, 15 de septiembre de 2024

La rosa púrpura de El Cairo (1985)




Título original: The Purple Rose of Cairo
Director: Woody Allen
EE.UU., 1985, 82 minutos

La rosa púrpura de El Cairo (1985) de Woody Allen


Decía François Truffaut, de cuyo fallecimiento se cumplirá en breve el cuadragésimo aniversario, que las películas son más armoniosas que la vida, puesto que no hay atascos en ellas ni tiempo de inactividad. Y eso es un poco lo que siente la protagonista de The Purple Rose of Cairo (1985), hastiada como está de una existencia gris, consecuencia directa de la Gran Depresión, en la que nada luce tan bonito como las historias que transcurren en la oscuridad de una sala de cine.

Aunque antes que cinéfila empedernida, que también lo es a su manera, Cecilia (Mia Farrow) responde sobre todo a un perfil mucho más escapista, el de una mujer infeliz que se evade de la realidad refugiándose en esos mundos de fantasía que le llegan del otro lado de la pantalla. De ahí que se pase el día entero absorta, rememorando el argumento de los filmes que ha visto recientemente o especulando sobre lo que estarán haciendo los actores y actrices que tanto admira en sus lujosas mansiones hollywoodenses.



Sin embargo, y ahí radica el encanto del guion de Woody Allen, cuando Tom Baxter, de los Baxter de Chicago, decide traspasar la frontera que separa la ficción de la realidad, son todos los habitantes de Nueva Jersey quienes asisten atónitos al acto de rebelión del personaje, en lugar de haber optado por convertir la situación, como habría sido lo más lógico, en el delirio de una pobre chica que enloquece al no soportar las circunstancias que la rodean.

Ejercicio pirandelliano donde los haya, la impecable puesta en escena ideada por Allen constituye al mismo tiempo un homenaje entrañable y repleto de nostalgia al cine clásico de su niñez, con aquellos musicales de Fred Astaire y Ginger Rogers que marcaron la época dorada del séptimo arte. Nada tiene de extraño, por tanto, que el cineasta la considerase durante muchos años como la preferida de entre las numerosas películas que ha dirigido a lo largo de su prolífica carrera.



martes, 10 de octubre de 2023

Golpe de suerte (2023)




Título original: Coup de chance
Director: Woody Allen
Francia/EE.UU., 2023, 93 minutos

Golpe de suerte (2023) de Woody Allen


Independientemente de que Coup de chance (2023), quincuagésima película dirigida por Woody Allen, adquiera relevancia por ser (como él mismo ha insinuado) la que cierre su extensa filmografía, el hecho de haberla rodado en París y en francés le otorga una credibilidad que a veces se echaba en falta en su producción anterior. Entre otras cosas porque esa burguesía ilustrada que invariablemente protagoniza todos sus filmes parece más auténtica si se expresa en la lengua de Molière que no cuando reside en las populosas avenidas neoyorquinas. Calidez a la que también contribuye, en buena medida, la vivaz fotografía del maestro Storaro.

Como ya sucediera en Match Point (2005), a veces el destino de los personajes depende del más puro azar, de una posibilidad entre un millón, hasta el extremo de que el encuentro casual de Fanny (Lou de Laâge) y Alain (Niels Schneider) desencadena la pasión que en su día no vivieron en el instituto, cuando eran apenas dos adolescentes, y los celos de un marido ridículamente posesivo al que da vida Melvil Poupaud.



Añádase una suegra un poco metomentodo (Valérie Lemercier) y lo que a priori parecía una comedia ligera de costumbres en torno a una típica crisis matrimonial termina convirtiéndose en un drama detectivesco un tanto previsible, pero no por ello menos encantador. Sobre todo si ese París de postal a lo Jacques Prévert, de terrazas a orillas del Sena y parques solitarios, viene aderezado con una selecta banda sonora jazzística cuyo leitmotiv es el "Cantaloupe Island" de Herbie Hancock.

Así pues, ni los tópicos más manidos ni las fórmulas más trilladas impiden que el octogenario Woody Allen ofrezca la enésima versión de sí mismo, destilando la fina ironía de quien conoce a la perfección su oficio, además del alma humana, y, por ende, no duda en jugar al cazador cazado mediante oportunos giros de guion a la altura de su excepcional talento como narrador.



miércoles, 26 de diciembre de 2018

Wonder Wheel (2017)




Título en español: La rueda de la maravilla
Director: Woody Allen
EE.UU., 2017, 101 minutos

Wonder Wheel (2017) de Woody Allen


La vida como tiovivo, contada por un apolíneo vigilante de la playa... Desde luego, lo que no se le haya ocurrido ya a Woody Allen, que a estas alturas de su carrera lleva dirigidas la friolera de cincuenta y cinco películas, es difícil que se lo invente nadie más. Un año ha transcurrido desde que se estrenara Wonder Wheel y, entre una cosa y otra, aún no habíamos tenido ocasión de verla. Suerte que los Cines Texas del incombustible Ventura Pons (en muchos aspectos, el Woody Allen catalán) están siempre alerta rescatando títulos para espectadores rezagados.

Y ¿qué nos encontramos? Pues, de entrada, una dirección de fotografía portentosa a cargo de Vittorio Storaro, cuya paleta va desde los atardeceres azafranados hasta una variada gama de tonalidades azulinas según qué actriz se adueñe del encuadre, si la madura Ginny (Kate Winslet) o la advenediza Carolina (Juno Temple). Que el italiano es un genio en su disciplina está tan fuera de dudas como que el Coney Island filmado por Allen parece verdaderamente el de los años cincuenta.



Pero, volviendo a la metáfora inicial, contemplar la existencia desde lo alto de una noria o encaramado en el puesto de vigilancia de un socorrista es algo propio de esas tragedias que Mickey (Justin Timberlake) sueña con escribir algún día. Quizá por ello, como buen conocedor de Hamlet, Chéjov y, sobre todo, Eugene O'Neill, cumple la función de narrador, aunque al tener una aventura con Ginny y seducir a Carolina ejerce también de motor que hace que la historia avance y se precipiten los acontecimientos.

Sin embargo, no hay que llamarse a engaño: Wonder Wheel, con su final ¿abierto?, ese niño pirómano y el cornudo Humpty (Jim Belushi), nos esta hablando, en realidad, de la insignificancia de los destinos humanos. En ese sentido, no deja de ser irónico que buena parte de los personajes padezca algún tipo de frustración: Ginny como actriz, Mickey como dramaturgo, Carolina como glamurosa esposa de un gánster, Humpty como marido y hermano... "Y en el mundo, en conclusión, / todos sueñan lo que son, / pero ninguno lo entiende". Salvo Woody Allen, of course, que, a fuerza de escribir sus propios guiones, conoce como pocos el alma humana.


domingo, 21 de octubre de 2018

Stanley Kubrick: Una vida en imágenes (2001)




Título original: Stanley Kubrick: A Life in Pictures
Director: Jan Harlan
EE.UU., 2001, 142 minutos

Una vida en imágenes (2001)

A punto de inaugurarse la exposición que organizará el CCCB sobre Kubrick, la Filmoteca proyectaba esta tarde el documental A Life in Pictures, con la presencia de su cuñado y director de la película (Jan Harlan), así como de Katharina Kubrick, una de las hijas del homenajeado.

Narrado por Tom Cruise, el filme posee el mérito de condensar en apenas dos horas y media la trayectoria de uno de los cineastas más influyentes de todos los tiempos. Ya hacia el final del mismo, Woody Allen tiene la ocurrencia de compararlo con Orson Welles, lo cual está muy bien visto, ya que, en cierta manera, no sólo les unía un carácter temperamental (y hasta un ligero parecido físico), sino que podría decirse que el director de 2001 logró obtener de la industria todo aquello que  Hollywood había previamente negado al genio de Citizen Kane. Era tanto el poder de Kubrick que incluso logró que, en el Reino Unido, los estudios retirasen de la circulación A Clockwork Orange (La naranja mecánica, 1971) dadas las amenazas que él y su familia recibieron tras el estreno.

Katharina Kubrick y Jan Harlan

Scorsese, otro mito del séptimo arte, da la clave al definir cómo el cineasta se avanzaba a su tiempo: "Ni uno solo de sus títulos se libró de la polémica o de la incomprensión, pero diez años después ya eran considerados clásicos". Y así irán vertiendo sus opiniones a propósito del realizador Spielberg, Alan Parker, Sydney Pollack y otras personalidades que tuvieron la ocasión de trabajar con él.

Ya durante el coloquio, Harlan desvela algunas curiosidades menos conocidas sobre el director, que el pasado mes de julio habría cumplido noventa años, como el hecho de que era un apasionado de la obra de directores españoles como Carlos Saura, Jaime de Armiñán o Víctor Erice. De hecho, en cierta ocasión solicitó una copia de Cría cuervos (1976) para verla en compañía de los suyos en su retiro de Hertfordshire. Y aclara Harlan que, pese a que carecía de subtítulos en inglés, se quedaron todos a verla hasta el final, lo cual da buena cuenta de la calidad de la película. En fin, "¿a qué se habría dedicado Kubrick de no haber sido cineasta?" Harlan titubea antes de responder: "No lo sé. Tal vez fotógrafo o jugador profesional de ajedrez" Su hija, en cambio, lo tiene más claro: "¡Preparaba unas hamburguesas excelentes!" Y Riambau, siempre atento y oportuno, apostilla: "¡Has hecho caer un mito!"


sábado, 10 de septiembre de 2016

Delitos y faltas (1989)




Título original: Crimes and Misdemeanors
Director: Woody Allen
EE.UU., 1989, 104 minutos

Delitos y faltas (1989) de Woody Allen


La entrega anual de Woody Allen para 1989 fue este díptico en el que unía dos historias diferentes, una protagonizada por un prestigioso oftalmólogo que contrata los servicios de un sicario y la otra por un desmañado aunque tierno director de cine, pero con el denominador común del tema de la culpabilidad. Se trata de un método de trabajo que, años más tarde, volvería a ser utilizado por el neoyorquino en Melinda y Melinda (2004), en esta ocasión contando alternativamente la misma historia desde un punto de vista cómico y trágico.

En el caso de Crimes and Misdemeanors, sin embargo, la relación entre ambas tramas no parece, en principio, tan clara y probablemente no lo sea: quizá se trate de dos guiones que Allen había ido modelando por separado y que al final decidió convertir en una sola película. De ahí que la escena final, en la que los personajes interpretados por el propio Allen y por Martin Landau coinciden en una fiesta, parezca un tanto forzada.

Lester (Alan Alda), en el centro, es el típico triunfador insoportable
y pagado de sí mismo, en oposición a Cliff (Woody Allen), derecha,
que sería el perdedor entrañable

En todo caso, el filme contiene los mismos elementos y lugares comunes que, a modo de constante, se repiten obsesivamente a lo largo de toda su filmografía: la ciudad de Nueva York, la burguesía ilustrada, diálogos brillantes plagados de réplicas humorísticas, continuas referencias literarias, musicales y cinéfilas... Estas últimas no sólo se limitan a los insertos de escenas de películas clásicas que Cliff (Woody Allen) devora en un viejo cine de reposiciones en compañía de su sobrina o de Halley (Mia Farrow) sino que a veces son más sutiles, como cuando Judah (Martin Landau) visita la antigua casa familiar y contempla, compartiendo encuadre y diálogo, un ágape con su parentela judía que en realidad es parte de sus recuerdos. Dicho recurso es una referencia y un homenaje más que evidente a Fresas salvajes de Bergman (1957), donde el sueco revivía la infancia del doctor Isak Borg (Victor Sjöström) mediante el mismo sistema.

En conclusión, la moraleja de Delitos y faltas (expresada en las palabras del viejo filósofo sobre el que Cliff preparaba un documental) es que vivimos en un mundo frío y hostil que solamente se ve revestido de afecto por los sentimientos que nosotros mismos seamos capaces de proyectar en él. Algo que parece igualmente válido en el caso de la culpa que asalta a Judah Rosenthal: si aflora es porque de pequeño le inculcaron que los ojos de Dios nos vigilan continuamente.

martes, 12 de julio de 2016

Irrational Man (2015)




Director: Woody Allen
EE.UU., 2015, 95 minutos

Irrational Man (2015) de Woody Allen


No hay nada peor que un americano superficial intentando parecer profundo. Si partimos de dicha premisa habría que cargarse la mayor parte de películas de Woody Allen. Y, sin embargo, no se puede negar el encanto que tienen todas ellas, hasta las que le salen menos redondas. De todas formas, y puestos a criticar, ¿acaso ha existido alguna vez esa burguesía ilustrada que en sus últimas entregas insiste en retratar una y otra vez? En Francia puede que sí, ¿pero en el mundo anglosajón? Bien, no importa: aceptemos que el cine de Woody Allen no es realista y asunto resuelto. Ahora ya no tiene nada de extraño que sus personajes lean a Dostoievski o que se comporten como si hubiesen salido de un drama de Chéjov.

Tampoco que se interesen por la filosofía: sobre todo si el prototipo de profesor es un Joaquin Phoenix que se mola a sí mismo más que nunca, alcohólico, garañón en horas bajas (lo cual no es óbice para que una profesora y una alumna caigan rendidas a sus pies) y asesino aficionado. Por cierto que este hombre irracional en la película responde al nombre de Abe, pero eso es lo de menos. Lo principal es que ni él ni el argumento poseen la más mínima verosimilitud. Ni maldita la falta que hace: ¡a ver si uno no puede permitirse el lujo de ser Woody Allen!

A decir verdad, siempre será mejor una peli americana en la que se cite a Kant o a Kierkegaard, aunque los citen mal (no se puede tener todo), que no una de esas de tiros, explosiones y clímax cada treinta segundos. Así que a ver quién se atreve a decir que Irrational man no vale la pena, con ese campus universitario que parece una urbanización de chalés adosados y unos estudiantes que no estudian (valga la rebuznancia, pero es que los vemos más en escenas de bar, cócteles o equitación que no hincando los codos).

Bueno. Y ahora llega el momento del spoiler, así que tápense los oídos: si narrativamente Irrational man se estructura en secuencias comentadas por la voz en off de los protagonistas y sabemos que Abe se acaba cayendo por el hueco del ascensor (en este caso, parafraseando la frase que nunca dijo Chéjov, no es un clavo sino una linterna el elemento que facilita el desenlace), ¿cómo debemos interpretar el hecho de que el profesor sea uno de los narradores? Varias son las opciones que podemos barajar al respecto, a saber:

a) Que la película la narra (parcialmente) un difunto, al estilo de El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard) de Billy Wilder. O...

b) Que, en realidad, Abe no muere a pesar del tremendo cebollazo o que sí que la diña pero que, en fin, no importa la incongruencia porque se trata de darle a la conclusión un toque tragicómico. Total: si tampoco nadie se traga que alguien como Abe pueda ser profesor de filosofía ni que mate a un juez...

Pues nada: esto es lo que hay. Esperando que Woody Allen vuelva a ser algún día el humorista que solía y que se canse ya de una vez de interpretar al intelectual que en realidad nunca fue, nos despedimos de vosotros hasta la próxima, no sin antes desearos buenas noches (si leéis esto por la noche) o buenos días (si lo hacéis cuando os dé la gana).

Roy ( Jamie Blackley) y Jill (Emma Stone) reciben
las instrucciones del maestro durante el rodaje

viernes, 29 de mayo de 2015

Hannah y sus hermanas (1986)




Título original: Hannah and Her Sisters
Director: Woody Allen
EE.UU., 1986, 106 minutos

Hannah y sus hermanas (1986)


Siempre genial y divertido, Woody Allen plantea una historia de enredos sentimentales entre las parejas de tres hermanas en un guion que a punto estuvo de ser nominado al premio Pulitzer. Los elementos habituales de su universo están presentes: Nueva York, hipocondría (Mickey, el personaje interpretado por Woody Allen, está obsesionado con la posibilidad de padecer un tumor cerebral), religión (Mickey, también, se debate entre si dejar el judaísmo para convertirse al catolicismo o bien hacerse hare krishna), crisis matrimoniales, psicoanálisis, intelectualismo (la poesía de E. E. Cummings, la música de Bach), el jazz, sexo, miedo a la muerte, monólogo interior de los personajes, un sentido del humor afiladísimo...

Y, como también es habitual desde hace tiempo, el reparto del que se rodeó Woody Allen es espectacular: Michael Caine, Mia Farrow, Max von Sydow, John Turturro, Dianne Wiest o Maureen O'Sullivan (madre de Mia Farrow en la película y en la vida real, por cierto, además de novia de Tarzán muchos años antes).

En sucesivas cenas de Acción de Gracias la familia al completo se reunirá en el apartamento de los padres (una veterana pareja de actores) y nosotros, entre tanto, habremos tenido ocasión de asistir a cómo se han hecho y deshecho diversas relaciones entre ellos.

domingo, 1 de febrero de 2015

Alice (1990)




Director: Woody Allen
EE.UU., 1990, 100 minutos

Alice (1990) de Woody Allen


Alice Tate (Mia Farrow), perteneciente a la alta sociedad neoyorquina, casada durante dieciséis años con el aburrido Doug (William Hurt) y madre de dos criaturas, cree llevar una vida feliz, hasta que un buen día se enamora de Joe (interpretado por Joe Mantegna), un saxofonista de jazz al que conoce por casualidad cuando acompaña a sus hijos al colegio. Aquejada de un dolor de espalda, Alice acudirá a la consulta del misterioso doctor Yang, un herbolario oriental que enseguida advierte que los problemas de Alice no están relacionados exactamente con su espalda, sino con su mente y, sobre todo, con su corazón. Las hierbas mágicas del doctor Yang le darán a Alice poderes maravillosos (incluido el de la invisibilidad), sacándola de su rutina cotidiana y haciéndole descubrir alguna que otra verdad incómoda...

Evidente versión paródica, en muchos aspectos, de Alicia en el país de las maravillas, la Alice de Woody Allen es, al mismo tiempo, un homenaje relativo a algunos elementos del cine de Federico Fellini.

Mia Farrow es Alice Tate