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miércoles, 1 de abril de 2026

Proyecto Salvación (2026)




Título original: Project Hail Mary
Directores: Phil Lord y Christopher Miller
EE.UU., 2026, 156 minutos

Proyecto Salvación (2026) de Lord y Miller


Son muchos los guiños cinéfilos que contiene Project Hail Mary (2026), estupenda cinta de ciencia ficción en la que no faltan alusiones a clásicos del género como 2001: Una odisea del espacio (1968) o Encuentros en la tercera fase (1977). Así pues, su protagonista, Ryland Grace, interpretado por Ryan Gosling, despierta en el otro confín del universo tras una travesía de años luz. Y lo hace sin recordar siquiera qué es lo que le llevó hasta allí o incluso cuál es su propia identidad, de modo que buena parte de las dos horas y media de metraje consisten en reconstruir el pasado y el sentido último de una misión trascendental.

De lo anteriormente expuesto se desprende que el guion de Drew Goddard, según la novela de Andy Weir, transcurre en tres ámbitos distintos. Por una parte, la supervivencia de Grace en el interior de la nave, luchando por dominar cuestiones técnicas para las que nunca recibió la formación necesaria; en segundo lugar, todo el proceso que, años atrás, le llevó a implicarse, de la mano de Eva Stratt (Sandra Hüller), en un proyecto internacional de vital importancia para el futuro de la humanidad; por último, cómo contacta con el representante de una civilización extraterrestre...



Ese tercer elemento supone, sin duda alguna, la parte más entrañable de la trama. Y no porque la apariencia de Rocky (una especie de "cangrejo" de piedra, por llamarlo de alguna manera) sea precisamente atractiva, sino porque la relación que se establece entre ambos personajes, el humano desorientado y vulnerable y el alienígena tierno e inocente, resulta cuando menos entrañable. De hecho, la representación visual de este insólito aliado y su nave de larguísimas varitas constituye un hito en el diseño de criaturas extraterrestres, ya que se aleja de los rasgos humanoides para presentarnos algo verdaderamente extraño, pero profundamente empático. Tanto es así que la química entre uno y otro, basada en el aprendizaje mutuo, termina siendo el núcleo emocional del filme.

En ese mismo orden de cosas, resulta igualmente originalísimo que la amenaza externa se plantee en términos de desastre ecológico a escala cósmica debido a unos supuestas partículas astrófagas que hacen enfermar a las estrellas apagándolas gradualmente. Planteamiento nada frecuente en el cine de ciencia ficción y que tiene su correlato en otros enfoques, igualmente rompedores, como el hecho de que Grace sea un héroe "a la fuerza" o concebir la lógica matemática como un lenguaje universal que propicia el entendimiento entre civilizaciones por muy dispares que éstas sean. Interesantes reflexiones que nos recuerdan que vivimos a bordo de una nave espacial natural (la Tierra) que, en definitiva, requiere del mismo cuidado técnico y cooperativo que la Hail Mary.



viernes, 24 de noviembre de 2017

Song to Song (2017)




Director: Terrence Malick
EE.UU., 2017, 129 minutos

Song to Song (2017)


La enésima entrega de la película que Terrence Malick se empeña en rodar una y otra vez, inédita (de momento) en salas comerciales, se presentaba esta tarde en la Filmoteca de Catalunya. Con una cola para entrar, por cierto, que rodeaba el edificio, lo cual indica la expectación que despierta, a pesar de todo, el cineasta norteamericano.

Rodada a la par que Knight of Cups, en Song to Song ha vuelto a quedarse alguna que otra estrella fuera del montaje final, algo que ya no nos sorprende tratándose de un director tan excéntrico como excesivo. En este caso el sacrificado ha sido Christian Bale, paradójicamente el protagonista indiscutible de su anterior filme (tan caprichoso es el tal Malick).



Y vuelta a desfilar ante la cámara de unas celebridades (Michael Fassbender, Ryan Gosling, Rooney Mara, Natalie Portman, Cate Blanchett, Val Kilmer...) que, a fuerza de improvisar, acaban repitiendo la misma sarta de idioteces vacías de contenido para dar a entender la falta de rumbo que afecta a la vida de sus respectivos personajes. En esta ocasión, los excesos giran en torno al sexo, las relaciones de pareja y la música, sustrato sobre el que pretende sustentarse el filme y pretexto para que Patti Smith o Iggy Pop hagan de sí mismos.

Ya lo apuntábamos hace unos días en una entrada anterior: rodar tan seguido no le sienta nada bien a la obra de un hombre acostumbrado a que pasaran décadas entre la producción de cada uno de sus proyectos.


sábado, 18 de marzo de 2017

La ciudad de las estrellas (La La Land) (2016)




Título original: La La Land
Director: Damien Chazelle
EE.UU./Hong Kong

La ciudad de las estrellas (2016)

¿Qué podemos añadir después de lo mucho que ya se ha dicho a propósito de La La Land? Y, sin embargo, la pregunta que por de pronto nos asalta es otra muy distinta: ¿qué sentido tiene rodar un emotivo homenaje al Hollywood clásico (en especial a los musicales) y al jazz si para la inmensa mayoría de espectadores esos referentes son prácticamente desconocidos? Y la respuesta es tan cruda como demoledora: la operación La La Land (porque operación de mercadotecnia es, a fin de cuentas) viene a ser la misma que se llevó a cabo con The Artist (Michel Hazanavicius, 2011).

Así que nadie se llame a engaño: por más Óscar que haya recibido (fuese montaje o no la pifia de los sobres), por muchos millones que recaude, La ciudad de las estrellas no va a hacer que se revalorice la época dorada del séptimo arte, del mismo modo que el triunfo de la francesa The Artist no supuso que la gente se precipitase a descubrir el cine mudo. La clave, al respecto, nos la da Sebastian (Ryan Gosling) cuando afirma aquello de "That's LA.: They worship everything and they value nothing". Sólo que en lugar de Los Ángeles debiéramos decir el público, que todo lo adora sin valorar nada.



Dicho lo cual, hay que reconocer la habilidad del mitómano Damien Chazelle a la hora de convertir su monomanía en buenas películas. Porque, de momento, y a pesar de su juventud, los tres largometrajes que ha dirigido giran en torno al mundo del jazz. Y no sólo eso, sino que, además, en La La Land hay varios guiños en relación a Whiplash, su anterior película, siendo la intervención de J.K. Simmons en un breve papel el más destacable.

Pero La La Land es, sin embargo, mucho más que jazz y musicales: por encima de todo es un filme sobre la feroz competitividad en el implacable camino hacia el estrellato. Para acabar descubriendo, una vez alcanzada la cumbre, que en realidad el éxito no es ninguna ganga. También es la historia de una pareja condenada al desencuentro, de lo que pudo haber sido y no fue: de cómo, al igual que acontecía en Les parapluies de Cherbourg, una de las fuentes de inspiración de Chazelle (hijo, por cierto, de francófonos), el destino a veces se alía en contra de los enamorados.

La estructura, por último, con la que el director dota a su guion es digna de ser tenida en cuenta, con tramas que discurren en paralelo hasta converger en un mismo punto para luego rebobinar y mostrar los sueños de los personajes a la vez que se enfrentan a la realidad despiadada: un perfecto engranaje, milimetrado hasta el más mínimo detalle con la finalidad de tocarnos la fibra.