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sábado, 21 de febrero de 2026

Time Table (1956)




Título en español: Plan horario
Director: Mark Stevens
EE.UU., 1956, 80 minutos

Time Table (1956) de Mark Stevens


Son tantos los giros de guion en Time Table (1956) que el espectador, sin apenas tiempo material para digerirlos, recibe una sorpresa tras otra casi con estupefacción. Así las cosas, el médico que viaja a bordo de un tren puede convertirse, en cuestión de segundos, en saqueador del botín de la caja fuerte; en la misma medida que uno de los inspectores de la compañía aseguradora encargados de la investigación, pese a su apariencia de buen mozo, a puntito de casarse, resulta estar implicado en un asalto milimétricamente calculado.

Productor y director de la cinta, Mark Stevens (1916-1994) protagoniza también esta interesantísima muestra de cine negro cuya teórica condición de serie B, unida a una apariencia más bien televisiva, no es óbice para que su engranaje resulte cuando menos entretenido, independientemente de que el argumento, obra de Robert Angus y Aben Kandel, carezca por completo de verosimilitud.



De su cuidada puesta en escena llama la atención, eso sí, la predilección de Stevens por jugar continuamente con las angulaciones, tanto en picado como en contrapicado, traduciendo así en imágenes la intrincada realidad de unos personajes atrapados en un mundo eminentemente corrupto. Joya oculta del film noir tardío, con ella se demuestra que no es necesario un presupuesto millonario para construir un relato de tensión milimétrica, verdadero ejercicio de eficiencia narrativa que subvierte el tópico del "crimen perfecto".

Puede que el mayor acierto de Stevens radique en la construcción de su propio personaje. Y es que, a diferencia de los héroes clásicos, Charlie Norman representa la corrupción de la clase media. En ese sentido, no se trata de un gánster de bajos fondos, sino de un profesional respetado, con todo a su favor, que simplemente sucumbe a la avaricia y a la desilusión ante la perspectiva de una vida rutinaria. De ahí el desenlace moralizante, con su compañero Joe (King Calder), inspector de ferrocarriles, pasando gradualmente de colega, durante la investigación, a ejercer, por último, funciones de némesis justiciera.



miércoles, 11 de septiembre de 2019

¿Es usted mi padre? (1971)




Director: Antonio Giménez Rico
España, 1971, 81 minutos

¿Es usted mi padre? (1971)
de Antonio Giménez Rico


De ser ciertos los datos que constan en IMDb a propósito de las fechas de estreno de esta película (Bilbao: 18 de febrero de 1971; Barcelona: 16 de agosto de 1971; Madrid: 15 de julio de 1974), salta enseguida a la vista su difícil relación con la censura franquista, toda vez que en los títulos de crédito se indica que el rodaje tuvo lugar en... 1969. Lo cual no tiene nada de sorprendente a tenor de su insólito argumento: un maduro marqués en horas bajas, don Sebastián Sánchez-Solanas (Mark Stevens), se saca algún que otro dinerillo legitimando con sus apellidos a criaturas nacidas de madre soltera que, dada la obtusa moral nacionalcatólica imperante, se veían abocadas al indecoroso estigma de la bastardía.

Único inquilino de la vetusta casona familiar, donde es atendido por su viejo y fiel criado Federico (Jesús Tordesillas), Sebastián recibe un buen día la inesperada noticia de la muerte de un pariente lejano, afincado en Argentina, que no sólo le deja en herencia un nuevo título nobiliario, el de Conde de Cardeña, sino también una cuantiosa fortuna con la condición de que la dedique a cuidar de sus hijos hasta que éstos cumplan la mayoría de edad.



De modo que al maduro aristócrata se le llena la casa de criaturas en un abrir y cerrar de ojos. Aunque eso no es lo peor: el verdadero dilema se producirá cuando dos de sus "vástagos", María (Maribel Martín) y José (Tony Isbert), se enamoren perdidamente el uno del otro, dando lugar a un supuesto caso de incesto, por lo menos ante los ojos de la ley y de la Iglesia.

Típico producto del tardofranquismo, ¿Es usted mi padre? plantea una situación que posee algunos paralelismos con otro filme español estrenado por aquellas mismas fechas: Adiós, cigüeña, adiós (1971) de Summers. Más que nada porque ambos títulos, además de atreverse a cuestionar, medio en broma medio en serio, el carácter intocable de la familia, es decir, de una de las instituciones sacrosantas de la dictadura, abordaban el todavía más espinoso asunto de la paternidad fuera del matrimonio. No obstante, la circunstancia de un hombre legalmente padre de una prolija descendencia no es exclusiva de la España de hace cinco décadas: tanto la producción quebequesa Starbuck (2011), así como su correspondiente remake hollywoodense de dos años después ¡Menudo fenómeno! (Delivery Man, 2013), las dos dirigidas por Ken Scott, se valían de un similar punto de partida para advertir, en clave de comedia, de los posibles inconvenientes derivados de ser donante de esperma.

Sebastián (Mark Stevens)

lunes, 21 de mayo de 2018

España otra vez (1968)




Director: Jaime Camino
España, 1968, 105 minutos

España otra vez (1968) de Jaime Camino

Han pasado treinta años. Una parte de mí mismo quedó enterrada en estas ruinas...

Volver, con la frente marchita y demás pertrechos que cantaba Gardel, nunca fue fácil. Pero menos aún si el que regresa al cabo de media vida es un médico que vino como voluntario a luchar por la república en las filas de la Brigada Lincoln. España otra vez, coescrita por Jaime Camino, Romà Gubern y Alvah Bessie, planteaba sin ambages una historia en la que el protagonismo recaía precisamente sobre los vencidos en la contienda. Hombres que, como el propio Bessie, cruzaron el Atlántico para dejarse la piel (y el corazón) en una guerra fratricida de la que la mayoría de democracias occidentales, tras la firma del "Pacto de no intervención", se había desentendido por completo.

En su afán por presentar al doctor David Foster (Mark Stevens) como un individuo de total confianza, incapaz de levantar las sospechas de una censura aún obsesionada con aquello del contubernio judeo-masónico, lo veremos disertar en varias escenas sobre la especialidad médica en la que es una eminencia, ya sea entrevistado por Paco Rabal en un taxi, pronunciando su ponencia en el congreso en el que participa en Barcelona o, incluso, disertando con un viejo camarada (Luis Ciges) ahora metido a cura.



También hubo que hacer alguna que otra concesión para facilitar la carrera internacional de una película que fue seleccionada para los Oscar y que optó a la Palma de Oro en Cannes. No de otra manera cabe entender los innecesarios números flamencos de Manuela Vargas o los diálogos en inglés que mantienen Foster, Thompson (de nuevo Alvah Bessie) y la esposa del primero (Marianne Koch).

En definitiva, y de la misma manera que el tema de la guerra civil prefigura otros títulos de la posterior filmografía del director, la inserción de imágenes de archivo en blanco y negro anuncia, asimismo, su futura vocación documentalista, plasmada en el monumental La vieja memoria (1978). Aunque, por de pronto, España otra vez debía conformarse con abrir camino para que, en lo sucesivo, otras producciones, caso de El amor del capitán Brando (1974) de Jaime de Armiñán, se atrevieran a abordar el mismo asunto: el de aquellos viejos exiliados que, tantísimos años después, se reencontraban con un país que ya no reconocían para acabar experimentando el mismo regusto amargo que Neruda supo condensar en un verso genial: "Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos".