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viernes, 21 de enero de 2022

Oviedo Express (2007)




Director: Gonzalo Suárez
España, 2007, 109 minutos

Oviedo Express (2007) de Gonzalo Suárez


Fiel al estilo extravagante de buena parte de su producción cinematográfica y literaria, Gonzalo Suárez regresaba con Oviedo Express (2007), como el asesino que vuelve al escenario del crimen, a la ciudad que lo había visto nacer y, de paso, a algunos de los temas que ya abordara en anteriores títulos de una filmografía en la que conviven experimentación y tradición artística. 

De ahí que retome, tangencialmente, algunos motivos de La Regenta de Clarín, novela de la que el director asturiano realizó una versión fílmica en 1974. Curiosamente, Aitana Sánchez-Gijón y Carmelo Gómez, cuyos respectivos personajes en la película van a encarnar a Ana Ozores y Fermín de Pas sobre las tablas del Teatro Campoamor, ya habían interpretado a esa misma pareja en la serie televisiva dirigida por Fernando Méndez-Leite a mediados de los noventa.



Y, al igual que en el texto decimonónico, la mayor parte de la trama gira en torno a la infidelidad conyugal: la que une al seductor Benjamín Olmo (Carmelo Gómez) con "la alcaldesa" (Bárbara Goenaga) o la del presidente de la corporación municipal (Alberto Jiménez) con la cronista de la villa (Najwa Nimri).

Aunque Suárez, cineasta dotado de un especial gusto por lo novelesco (y viceversa), no se conforma con limitar su inspiración a los cauces marcados por Leopoldo Alas, sino que extiende sus referencias a la Emma flaubertiana o al universo centroeuropeo de Stefan Zweig (autor del relato "Angst", en el que se inspira vagamente el guion de la película).



viernes, 11 de septiembre de 2015

Ya no creo en el amor (1954)












Título original: Non credo più all'amore (La paura)/Angst
Director: Roberto Rossellini
Alemania/Italia, 1954, 82 minutos



La última película en la que trabajaron juntos Ingrid Bergman y Roberto Rossellini antes de su divorcio en 1957 fue Ya no creo en el amor. Aunque basado en una novela de Stefan Zweig originariamente escrita en 1910, el film parece anunciar la inevitable ruptura de la pareja, ya que se centra en la historia de una mujer que sufre el chantaje de otra que la amenaza con revelar que tiene un amante. Lo que no puede imaginar Irene Wagner es que, en realidad, todo es un ardid organizado por su propio marido...

La historia del cine está plagada de odiosos chantajistas de turbadora mirada que un buen día aparecen para amargarle la vida al protagonista. Así, a bote pronto, se nos ocurren varios ejemplos: como el detestable Rafa de Muerte de un ciclista (Juan Antonio Bardem, 1955) o el mefistofélico Raimundo Conti (interpretado por Miguel Ángel Solá) que acosa a Leonardo Sbaraglia en El corredor nocturno (Gerardo Herrero, 2009). En el caso de La paura, la chantajista se llama Luisa Vidor, alias Johann Schultze (la actriz alemana Renate Mannhardt) y había sido novia del amante de Irene.

El ambiente creado por Rossellini, en especial a partir de la inquietante banda sonora compuesta por su hermano Renzo, recuerda un poco a la atmósfera de suspense de las películas de Hitchcock. Sin embargo, quizá por lo inverosímil de su desenlace, la película no obtuvo una acogida excesivamente entusiasta en el momento de su estreno, de ahí los cambios introducidos por los productores y que hacen que las versiones alemana, italiana e inglesa contengan notables diferencias de montaje.

En todo caso, lo que queda claro es que la química entre el director y la intérprete sueca estaba tocando a su fin y que probablemente debido a ello se resienta el resultado final de una película llamada a ser premonitoria.

Renate Mannhardt e Ingrid Bergman

viernes, 31 de julio de 2015

Carta de una desconocida (1948)




Título original: Letter from an Unknown Woman
Director: Max Ophüls
EE.UU., 1948, 86 minutos

Carta de una desconocida (1948) de Max Ophüls

Después de una excursión de tres días por la montaña, el famoso novelista R. volvió a Viena por la mañana temprano, compró un diario en la estación y, al hojearlo, se dio cuenta de que era el día de su cumpleaños. “Cuarenta y uno” pensó, y el hecho no le produjo ni frío ni calor. Volvió a hojear ligeramente el diario y se dirigió a su casa en un taxi. El criado le informó de las visitas que había tenido durante su ausencia, así como de las llamadas telefónicas, y le entregó la correspondencia sobre una bandeja. Él la miró distraído, abrió algunos sobres, cuyos remitentes le interesaban, y dejó a un lado uno de letra desconocida, que le pareció muy voluminoso...

Traducción de Berta Conill

Así comienza Carta de una desconocida, la novela corta publicada por Stefan Zweig en 1922 y que Max Ophüls llevaría a la gran pantalla años más tarde. Ya en la primera línea, se observa que el destinatario de la misiva es novelista y no pianista como acontece en la película. Es uno de los cambios que introdujo Howard Koch (el mítico guionista que ya había trabajado en Casablanca), sin duda para dotar a la historia de un mayor aliciente romántico de cara al público.

Lisa (Joan Fontaine) siente verdadera veneración por Stefan

Lo cierto es que Ophüls era el director ideal para adaptar a Zweig, escritor muy dado a recrear los elegantes ambientes vieneses y cuyo estilo refinado encajaba a la perfección con la exquisitez de Ophüls para filmar argumentos de regusto decimonónico. No en vano, ambos procedían del mismo mundo.

De los muchos momentos memorables de esta larga "carta" cabe destacar, por ejemplo, el paralelismo que Ophüls (maestro de la puesta en escena) lleva a cabo mediante sendos adioses en el andén de la estación de tren. Primero será Stefan (Louis Jourdan) quien se despida de Lisa (Joan Fontaine) desde la ventanilla: "¡Dos semanas! ¡Dos semanas!" Cuando tiempo después la escena se repita exactamente igual, pero siendo ahora Stefan junior el que se marcha, Lisa (y el espectador con ella) presentirá los peores augurios. ¿Se puede expresar más con menos?

Los padres de Lisa intentarán, en vano, casarla con este mozalbete

También es digna de ser mencionada la interpretación de Joan Fontaine, sobre todo su facultad para encarnar a la niña que fue Lisa (y que parezca realmente una niña, cuando en la vida real ya había cumplido los treinta años) y después verla evolucionar hasta convertirse en mujer.

La película está narrada a través de un larguísimo flash-back en el que Stefan, al tiempo que lee la epístola, tendrá conocimiento de la secreta pasión que Lisa albergó por él y que él, a su vez, ignoraba completamente. De hecho, el pianista y la modelo poseen caracteres divergentes: él, despreocupado y vividor; ella, leal y ardiente. Como diría Gustavo Adolfo Bécquer en la rima XLI:

Tú eras el huracán y yo la alta
torre que desafía su poder:
¡tenías que estrellarte o que abatirme!...
¡No pudo ser!

Tú eras el océano y yo la enhiesta
roca que firme aguarda su vaivén:
¡tenías que romperte o que arrancarme!...
¡No pudo ser!

Hermosa tú, yo altivo: acostumbrados
uno a arrollar, el otro a no ceder;
la senda estrecha, inevitable el choque...
¡No pudo ser!

Stefan (Louis Jourdan) leyendo la carta de la olvidada Lisa