Mostrando entradas con la etiqueta Ronald Colman. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ronald Colman. Mostrar todas las entradas

viernes, 30 de septiembre de 2016

Doble vida (1947)












Título original: A Double Life
Director: George Cukor
EE.UU., 1947, 104 minutos

Doble vida (1947) de George Cukor

Un actor está dividido en dos partes al actuar. Ustedes recordarán la forma en que lo explicaba Tommaso Salvini: "un actor vive, llora, ríe, en el escenario, pero al llorar y reír observa sus propias lágrimas y alegría. Esta doble existencia, este equilibrio entre la vida y la interpretación es lo que crea el arte".

Como ven ustedes, esta división no hace ningún daño a la inspiración. Por el contrario, la una alienta a la otra. Por otra parte, también en la vida real llevamos una doble existencia. Pero eso no nos impide vivir y experimentar emociones fuertes.

Constantin Stanislavski
La construcción del personaje
Traducción de Bernardo Fernández

Cualquiera diría que la cita de Stanislavski que precede a estas líneas fue escrita expresamente pensando en la película que ahora nos ocupa. Porque es precisamente esa doble existencia de la que habla el teórico ruso la que inspiró al matrimonio de guionistas Ruth Gordon y Garson Kanin la escritura de una historia que es a la vez un homenaje a la profesión de actor y a los riesgos que comporta. 

En el caso del Anthony John que de forma tan magistral encarna Ronald Colman (y que le valió el Óscar) se rompe dicho equilibrio hasta el punto de que su propia personalidad se ve totalmente invadida por el arrollador ímpetu de Otelo. No es que se meta en el personaje: es el personaje el que se mete en él. Tanto es el brío del celoso moro de Venecia y de los héroes shakespearianos en general, como quedaría patente en años sucesivos con las periódicas incursiones que hiciera en el universo del vate inglés Orson Welles, otro portento de la naturaleza.

Aunque Colman no fue la primera opción para protagonizar A double life: antes que él, habían rechazado el papel Laurence Olivier y Cary Grant. De modo que, a pesar del respeto que le imponía interpretar un clásico, supo aprovechar una ocasión que acabaría valiéndole el reconocimiento de la Academia.

Otro de los atractivos de Doble vida es ver a Shelley Winters en los inicios de su carrera. De hecho, su recreación de la camarera Pat Kroll la catapultaría a la fama. También aparece fugazmente Betsy Blair, pese a carecer de diálogo. Del resto del reparto destacan la sueca Signe Hasso (Brita) y Edmond O'Brien como Bill Friend.

Mezclar los celos enfermizos de un arquetipo de la literatura universal con el competitivo mundo de Broadway más la compleja psicología de una estrella de los escenarios es sin duda un acierto, aparte de una auténtica bomba de relojería que acaba dando pie a todo un tour de force pasional e interpretativo: el del beso de la muerte.

viernes, 2 de octubre de 2015

El mundo de George Apley (1947)




Título original: The Late George Apley
Director: Joseph L. Mankiewicz
EE.UU., 1947, 93 minutos

El mundo de George Apley (1947)


Basada en la célebre novela de John P. Marquand (1893–1960), El mundo de George Apley fue la tercera película dirigida por Mankiewicz. De un modo similar a lo que se relata en El cuarto mandamiento de Orson Welles, nos muestra el retrato crepuscular de la decimonónica sociedad de Boston, sofisticada y decadente, y que, sin saberlo, tiene los días contados. La diferencia, sin embargo, es que, si en el caso de Welles la historia está narrada en clave dramática, aquí los hechos van a ser contados bajo el prisma de una ligera comedia vodevilesca.

Y todo porque Myrtle y John, los hijos del matrimonio Apley, anuncian su intención de casarse con un muchacho de Nueva York y una chica de Worcester, respectivamente. Con ellos llegarán nuevas ideas, como las de Sigmund Freud, lo cual será considerado por el patriarca George, más partidario de las teorías de Emerson y temeroso de cualquier atisbo de radicalismo, un escandaloso atentado contra el estilo de vida que la familia ha llevado desde siempre en su hogar de Beacon Street.

El mundo de George Apley destila un sutil sentido del humor muy británico en su afán por reflejar qué supuso el despegue definitivo del progreso capitalista para un determinado sector de las clases pudientes americanas que veía peligrar sus privilegios. De ahí que se ridiculice la figura encarnada por Ronald Colman, teniendo en cuenta que, analizada a posteriori, su actitud se ve como una absurda voluntad de frenar el avance imparable que experimentaría la economía mundial con la llegada del siglo XX.

Los Apley sienten que su mundo se desmorona