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miércoles, 27 de noviembre de 2024

Marco (2024)




Directores: Aitor Arregi y Jon Garaño
España, 2024, 108 minutos

Marco (2024) Aitor Arregi y Jon Garaño


Aun a sabiendas de cuál fue el desenlace de la historia (basta con tirar de hemeroteca), Marco (2024) recrea la trayectoria de su protagonista haciendo especial hincapié en la psicología de un impostor que se creía sus propias mentiras. O al menos eso es lo que se desprende de la sublime interpretación de Eduard Fernández, otra más que añadir a su ya larga lista de trabajos memorables.

A este respecto, el retrato que aquí se lleva a cabo de quien se hiciera pasar por antiguo deportado y víctima de los campos de exterminio nazi arroja la impronta de un individuo narcisista cuya máxima prioridad en la vida no fue otra sino reinventarse, siempre con el objetivo de aparecer ante el mundo como el héroe que nunca fue. Y a fe que lo consiguió, engañando a propios y extraños (incluida su familia), hasta que un historiador, Benito Bermejo (Chani Martín), lo desenmascaró para sorpresa de la atónita opinión pública.



Pero antes de que los vascos Arregi y Garaño decidieran llevar a la pantalla tales hechos, lo cierto es que los mismos ya habían suscitado el interés del novelista, y flamante académico de la lengua, Javier Cercas, quien inmortalizó al susodicho Marco en una excelente docuficción titulada simple y llanamente El impostor (Random House, 2014). Como también lo hicieron Santiago Fillol y Lucas Vermal en el interesante documental Ich bin Enric Marco (2009). Elementos que, junto con otras imágenes de archivo, aprovecha ahora esta película para recrear la repercusión mediática que en su momento mereció el caso.

Aunque, realmente, si por algo resulta atractiva la verdad incómoda que aquí se pone sobre la mesa es más bien porque saca a relucir la falta de escrúpulos de quien en su día iba por los colegios dando charlas educativas o incluso hizo llorar a algún que otro diputado con motivo de las conmovedoras palabras que pronunció en el Congreso. Hoy sabemos que todo aquello era falso y que Marco, en realidad un farsante de tres al cuarto, jamás estuvo en Flössenburg. Circunstancia con la que, por cierto, ironiza constantemente el guion de una cinta en la que los personajes apelan a menudo a la falsedad que suscitan determinadas situaciones.



miércoles, 18 de septiembre de 2024

El 47 (2024)




Director: Marcel Barrena
España, 2024, 110 minutos

El 47 (2024) de Marcel Barrena


Comencemos por el final: una película que acaba como Senderos de gloria (1957) está llamada a ser una gran película. Aunque la produzca Mediapro (pero ése ya sería otro tema). Indudablemente, los hechos en los que se basa El 47 (2024) resultan lo suficientemente emotivos como para fabricar con ellos una historia capaz de tocarle la fibra al más pintado. Un filme que habla de heroicidades personales y luchas colectivas, solidaridad obrera y justicia social.

Las protestas vecinales en la periferia barcelonesa durante los años setenta constituyen el telón de fondo para que Eduard Fernández se luzca en una de las actuaciones más memorables de su carrera, que ya es decir. Un papel, el de conductor dispuesto a secuestrar un autobús público para hacerlo llegar a su barrio, que parece hecho a medida del intérprete. En dicho sentido, Manolo Vital pertenece a esa categoría de personajes épicos que tan buen efecto provocan en pantalla, un hombre humilde, fiel a sus principios y dispuesto a luchar por un ideal por más que las circunstancias resulten adversas.



La tenacidad con la que el modesto autobusero se enfrenta a los burócratas de unas instituciones que ningunean al ciudadano da fe de la altura moral de quien prefirió no abandonar nunca las calles empinadas de su vecindario, el de Torre Baró, por convicciones ideológicas, pero sobre todo porque entre él y otros vecinos, todos ellos emigrantes llegados del sur de la Península, lo construyeron con sus propias manos para, posteriormente, tener algo que dejar en herencia a unos hijos que merecían mejores condiciones de vida.

Aparte del ya mencionado Fernández, los roles femeninos juegan también un importante papel en la trama. Carmen (Clara Segura) es la monja maestra que, además de enseñarle catalán al protagonista, colgará más tarde los hábitos por amor, mientras que Joana (Zoe Bonafonte) interpreta a la hija rebelde que, sin embargo, irá gradualmente descubriendo una conciencia social tan combativa como la del padre. Pintadas reivindicativas, conatos de huelga y oscuros funcionarios del ayuntamiento completan los ingredientes de una cinta que, en los momentos de mayor intensidad dramática, arranca más de un aplauso entre la concurrencia.



viernes, 31 de marzo de 2023

La hija de un ladrón (2019)




Directora: Belén Funes
España, 2019, 102 minutos

La hija de un ladrón (2019) de Belén Funes


Si uno se toma la molestia de revisar a fondo los créditos finales de María (y los demás) (2016), comprobará que las funciones de script fueron llevadas a cabo por Belén Funes. Mientras que si se hace lo propio con La hija de un ladrón (2019), hallaremos acreditada a Nely Reguera (directora del primero de dichos títulos) en esa misma labor. Curioso detalle, sin mayor trascendencia, pero que demuestra, no obstante, el estrecho vínculo entre una generación de cineastas, surgidas de la ESCAC (Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña), a la hora de afrontar sus respectivas óperas primas.

La cinta que nos ocupa aborda un doloroso conflicto familiar en el contexto de la dura (y diaria) lucha por la vida a la que deben hacer frente las clases humildes del extrarradio de Barcelona. En ese sentido, su protagonista, Sara (Greta Fernández), responde a un perfil cuyos rasgos principales vendrían a ser los siguientes: 22 años, sin estudios, sorda del oído derecho y madre soltera de un bebé de pocos meses, mantiene una tensa relación de amor-odio con su padre (Eduard Fernández), recién salido de la cárcel, y con Dani (Àlex Monner), el padre biológico de su niño.



Pero, por encima de todo, Sara es una luchadora, alguien dispuesto a sobreponerse a las agobiantes condiciones ambientales que han determinado hasta la fecha su trayectoria vital. De ahí que busque afanosamente el puesto de trabajo que le aporte la estabilidad económica y personal necesaria para lograr la custodia de su hermano pequeño, un chaval de carácter difícil, víctima de esas mismas circunstancias y al que la joven quisiera evitarle tantísimos sufrimientos.

Con unos medios tan sencillos como eficientes, Belén Funes retoma los personajes de su propio corto Sara a la fuga (2015) para levantar una soberbia puesta en escena (laureada con tres Premios Gaudí y un Goya a la Mejor Dirección Novel, Concha de Plata a la Mejor Actriz en Donosti) que es, simultáneamente, documento social de los tiempos que corren y ejemplo paradigmático del camino a seguir por los nuevos realizadores de un cine (el español, por más señas) que será combativo o no será. Así de simple.

Eduard y Greta Fernández: padre e hija en la ficción y en la vida real


lunes, 28 de febrero de 2022

Gente en sitios (2013)




Director: Juan Cavestany
España, 2013, 79 minutos

Gente en sitios (2013) de Juan Cavestany


Escenas inconexas de la vida cotidiana con un ligero toque de humor absurdo: casi una década después del estreno de Gente en sitios (2013) la película del madrileño Juan Cavestany mantiene intacta la chispa que en su momento la hizo convertirse en título de culto del cine español de los últimos años. La fórmula, consistente en reclutar a lo bueno y mejor de entre los intérpretes nacionales para rodar, a salto de mata, un proyecto alternativo, coral y sin un argumento definido, dio sus frutos en forma de premios y éxito de crítica.

Procedente del mundo teatral, Cavestany coquetea en su puesta en escena con un abanico de posibilidades que van desde el simple gag (el tipo que acaba en el interior del maletero de un coche; el padre obligado por un cámara de televisión a repetir, una y otra vez, cómo recoge a su hijo de la guardería...) hasta intrincadas e inquietantes atmósferas a lo David Lynch. No en vano, una de las secuencias ("El puente") está basada en un relato de Kafka.



Por momentos se roza, asimismo, el suspense de un cuento de terror, como en el caso de la joven pareja (Irene Escolar y Martiño Rivas) que se ve envuelta en los extraños tejemanejes de un falso agente inmobiliario (Ernesto Alterio), aunque hay también espacio para la disertación filosófica gracias a la presencia de un por entonces desconocido Juan Carlos Monedero, quien habla de esto, de lo otro y de lo de más allá desde el asiento trasero de un taxi.

¿Y qué decir de la esposa desconsolada (Nuria Gallardo) que opta por un trasplante de rostro para llamar la atención de su marido? ¿O de la pareja que acude a la consulta de un cirujano plástico interesándose por unos implantes mamarios? ¿Qué, pensar, por último, de esos tipos que han olvidado cómo se camina, cómo beber de un vaso o simplemente cómo conciliar el sueño? ¿De verdad estamos ante una comedia? ¿O se trata, más bien, de un filme tan espeluznante como la vida misma?



domingo, 16 de enero de 2022

El portero (2000)




Director: Gonzalo Suárez
España, 2000, 88 minutos

El portero (2000) de Gonzalo Suárez


Cuando mi hermana Sylvia y yo, cada mañana, atravesábamos de la mano el parque del Retiro camino del colegio, soñábamos andando para hacer más corto el recorrido y más soportable el frío. Ella se veía bailando un pizzicato con su blanco tutú, como en las clases de ballet a las que la llevaba nuestra madre los sábados del Liceo Francés. Yo daba patadas a las castañas caídas y, tomando los troncos de árbol por hipotéticas porterías, metía imaginarios goles. De pronto, años después, en los campos de entrenamiento del Inter de Milán, ininterrumpidamente sobrevolados por los aviones del aeropuerto de Linate, bajo una fina y constante lluvia, marqué al guardameta Sarti, desde fuera del área, con la zurda y por la escuadra, el más fabuloso gol de mi vida, a pase raso y profundo del argentino Angelillo, y comprendí hasta qué punto los goles no los marca uno mismo sino la confluencia, repentina e irrepetible, de un cúmulo de circunstancias entre las que la conexión del pie con el balón es solo un tropiezo afortunado.

Gonzalo Suárez
El hombre que soñaba demasiado

De todos es conocida la enorme vinculación del cineasta Gonzalo Suárez con el fútbol. Y no sólo porque su madre fuese pareja sentimental de Helenio Herrera, sino porque, además, antes de dedicarse a la literatura "seria", el asturiano probó fortuna como periodista deportivo bajo el seudónimo de Martín Girard. También redactó informes técnicos para el Inter cuando al equipo italiano lo entrenaba el ya mencionado HH. Con estos antecedentes, nada tiene de insólito, por tanto, que el director de cintas tan audazmente transgresoras como El extraño caso del doctor Fausto (1969) o Aoom (1970) decidiese adaptar un cuento de Manuel Hidalgo a propósito de un atípico guardameta itinerante en la España de la posguerra.

Son muchos los alicientes que hacen de El portero (2000) una película notable. De entrada, la portentosa banda sonora de Carles Cases, así como los parajes naturales de Llanes y Ribadedeva donde se rodaron sus exteriores. Asimismo, la historia de Forteza (Carmelo Gómez), una vieja gloria del Real Madrid venida a menos, tiene su punto entrañable. Y es que la llegada del ex futbolista al microcosmos de una aldea asturiana, en el contexto de la resistencia armada contra el régimen, constituye un verdadero revulsivo para las gentes del lugar.



Por ejemplo para Manuela (Maribel Verdú), madre soltera de un niño mulato llamado Tito al que dio a luz tras haber sido violada por un grupo de rifeños durante la Guerra Civil. O la muchacha de la posada, que ensaya conjuros con la sopa para que el forastero se la lleve con él lejos de aquel antro de perdición.

A su vez, las fuerzas vivas del pueblo, encabezadas por el sargento Andrade (Antonio Resines), aprovecharán la presencia en el municipio del Rey del Penalti para organizar un torneo que enfrente a una pareja de la Benemérita contra dos "fornidos" lugareños. El desenlace, un poco en la línea de Espartaco (1960) o ¡Viva Zapata! (1952), muestra la solidaridad de los aldeanos, quienes defienden con sus cuerpos la portería de Forteza mientras los maquis intimidan a las autoridades allí presentes golpeando las culatas de sus fusiles.



martes, 27 de julio de 2021

El embrujo de Shanghái (2002)




Director: Fernando Trueba
España/Francia/Reino Unido, 2002, 119 minutos

El embrujo de Shanghái (2002) de Fernando Trueba


Un atardecer inhóspito que pasé por la calle de las Camelias cuando los Chacón ya se habían ido, seguramente atosigados por el frío y la neblina que invadía la calle y desdibujaba el jardín y la torre, me pareció ver una mancha rosada girando como una peonza detrás de la vidriera, junto a la cama, y era la niña tísica que bailaba abrazada a su almohada. Fue sólo un momento, enseguida se dejó caer de espaldas sobre el lecho, luego se incorporó y vi con claridad su mano limpiando el vaho del cristal y seguidamente su cara pegada a él, pálida y remota, mirándome como si flotara en el interior de una burbuja. Pero creo que no me vio, porque agité mi mano y no respondió al saludo, y la cálida atmósfera de la galería no tardó en empañar nuevamente el cristal hasta emborronar su rostro.

Juan Marsé
El embrujo de Shanghái

Nunca llegaremos a saber cómo habría sido la adaptación de El embrujo de Shanghái que Víctor Erice no pudo rodar por desavenencias irreconciliables con el productor Andrés Vicente Gómez. Lo que sí está claro es que sobre la película de Fernando Trueba, que es quien finalmente afrontó el desafío de sacar adelante el proyecto, ha pesado siempre el estigma de ser un producto convencional muy por debajo de lo que se conjetura que su predecesor habría sido capaz de lograr. Apreciación tan absurda como injusta, pero que sin duda tuvo un peso decisivo en la indiferencia con la que el resultado final fue acogido en el momento de su estreno.

Al margen de hasta qué punto pueda traicionarnos el subconsciente al compararla con un fantasma, lo cierto es que esta superproducción contó con un reparto excepcional en el que la sola presencia de Fernán Gómez encarnando al quijotesco capitán Blay bastaría por sí sola para salvar una cinta en la que también brillaron con luz propia Rosa Maria Sardà (doña Conxa, la Betibú), Eduard Fernández (Forcat), Ariadna Gil (Anita), Antonio Resines (Kim) y Jorge Sanz (el Denis). Por no hablar de los niños Fernando Tielve (Dani), Aida Folch (Susana) y Juanjo Ballesta (Finito Chacón), todos ellos excelentes en sus respectivos papeles de chicos de la posguerra.



La afición de Marsé por las aventis adquiere aquí una magnitud casi legendaria, verdadera dimensión paralela en la que los jóvenes protagonistas se refugian, acuciados por el anhelo de creer en algo más que no sea la sordidez del ambiente que los rodea. En ese sentido, tanto Daniel como la tísica Susanita se recrean ante los relatos del fantasioso Forcat con la misma fruición con la que devoran novelas de quiosco o un buen programa doble en cualquier cine de barrio. De ahí que Trueba optara, con muy buen criterio, por filmar en blanco y negro toda la ensoñación oriental de la que el Kim es héroe indiscutible. Secuencias, por cierto, planificadas con esmero y en las que el espíritu de von Sternberg se intuye a la vuelta de cada esquina.

Hasta que irrumpe en escena el hosco Denis dando al traste con el frágil paraíso de vidrio que los muchachos han ido erigiendo en la galería al calor de las historias de Nandu Forcat. Un baño de realidad contra el que de poco sirven los dibujos de Dani o los kimonos de seda: las informaciones que este individuo trae desde Toulouse hablan de traiciones entre antiguos camaradas, de promesas rotas... En definitiva, de la muerte de los ideales. Razón de más para seguir evadiéndose, en lo sucesivo y a falta de ilusiones, en la oscuridad de un patio de butacas.



jueves, 8 de julio de 2021

La piel que habito (2011)




Director: Pedro Almodóvar
España, 2011, 120 minutos

La piel que habito (2011) de Almodóvar


Quien haya visto la película Les yeux sans visage (1960), del francés Georges Franju, hallará no pocas similitudes con La piel que habito (2011). De hecho, el propio Almodóvar la reconoce abiertamente como su principal fuente de inspiración junto con la novela Mygale ("Tarántula", en su traducción castellana) del también francés Thierry Jonquet (1954–2009). Y, sin embargo, nadie puede poner en tela de juicio que, pese a esos referentes externos, el cineasta manchego hizo suya la historia hasta convertirla en uno de sus trabajos más personales.

Repleto, como no podía ser de otra manera, de las acostumbradas conexiones con otros títulos de su ya extensa filmografía. En esta ocasión, quizá porque el proyecto supuso su reencuentro con Antonio Banderas tras el periplo americano del intérprete malagueño, la más evidente remite al rapto que el mismo actor protagonizaba en ¡Átame! (1989). Aunque ahora el encierro contra la voluntad de la víctima comportara otra vuelta de tuerca muchísimo más cruenta...



De todas formas, conviene señalar que este Banderas ya no es aquel muchacho con un punto de inocencia de las primeras incursiones fílmicas almodovarianas. Muy al contrario, su paso por Hollywood le aporta una serie de tics que le vienen estupendamente al personaje: un cirujano plástico (medio perverso, medio loco) dispuesto a llegar hasta donde haga falta con tal de saciar una sed de venganza sin límites. Le acompaña, por cierto, otra vieja conocida del clan Almodóvar: Marisa Paredes (Marilia), fiel guardiana del inexpugnable cigarral. A Elena Anaya, en cambio, le tocó encarnar el papel que, en un principio, había sido concebido para Penélope Cruz (¿quizá por ello su personaje responde al nombre de Vera Cruz?).

Líneas depuradas, ambientación toledana y gallega (con un punto brasileño, inclusive), la presencia de Concha Buika cantando un par de canciones... Ingredientes de lo más variopinto, con el sello inconfundible de El Deseo, dan lugar a un delirio trepidante que oscila entre el noir y la ciencia ficción. Y todo para desembocar en la enésima entrega de una idea fija: el tantas veces mencionado amour fou que, en definitiva, sigue siendo el tema predilecto de Pedro Almodóvar.



martes, 22 de diciembre de 2020

Alatriste (2006)




Director: Agustín Díaz Yanes
España, 2006, 145 minutos

Alatriste (2006) de Agustín Díaz Yanes


No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente. Se llamaba Diego Alatriste y Tenorio, y había luchado como soldado de los tercios viejos en las guerras de Flandes. Cuando lo conocí malvivía en Madrid, alquilándose por cuatro maravedís en trabajos de poco lustre, a menudo en calidad de espadachín por cuenta de otros que no tenían la destreza o los arrestos para solventar sus propias querellas. Ya saben: un marido cornudo por aquí, un pleito o una herencia dudosa por allá, deudas de juego pagadas a medias y algunos etcéteras más. Ahora es fácil criticar eso; pero en aquellos tiempos la capital de las Españas era un lugar donde la vida había que buscársela a salto de mata, en una esquina, entre el brillo de dos aceros.

Arturo Pérez-Reverte
El capitán Alatriste

Los veinticuatro millones de euros que costó llevar a cabo Alatriste la convirtieron, en su momento, en una de las producciones más caras de la historia del cine español. Derroche de extras, localizaciones y vestuario más que convincente, unidos a la fotografía tenebrista a cargo de Paco Femenia y un reparto inmejorable. Que estando encabezado por una estrella internacional de la talla de Viggo Mortensen debía garantizar el éxito del filme en todo el mundo.

No obstante, y por mucho que la espléndida partitura de Roque Baños contribuya a subrayar la espectacularidad de la puesta en escena, se percibe en última instancia una cierta sensación de acto fallido. Como si algo en el aparatoso engranaje no hubiese acabado de cuajar. De entrada, porque la dicción susurrante con la que el actor protagonista adorna su particular composición de capitán espadachín de los Tercios de Flandes dista mucho de aportarle verosimilitud al personaje (más que nada por ese improbable acento del que Mortensen no sabe desprenderse).

"Sois bueno como amigo, pero nadie os quiere como enemigo..."


Pero es que además, y ahí radica precisamente la mayor parte del problema, Alatriste se queda un poco en tierra de nadie: no es ni una recreación de base literaria al estilo de El perro del hortelano (1996) de Pilar Miró o el Cyrano de Bergerac (1990) de Jean-Paul Rappeneau —títulos de los que sí que toma, sin embargo, un similar diseño de producción con voluntad de llegar al gran público— ni una cinta de aventuras al uso. En ese sentido, le falta la enjundia de la que ya carece el texto de Pérez-Reverte (apenas una novelita superficial y amable). Tal vez por ello, de las quince nominaciones a las que optó en los Goya de aquel año (que se dice pronto) tan sólo obtuvo el premio en tres categorías, todas ellas relacionadas con el ámbito de la dirección artística.

Aun así, merece la pena destacar el esfuerzo que se lleva a cabo en la recreación del Siglo de Oro, marcado por la incipiente decadencia del imperio de Felipe IV. Un escenario de continuas intrigas palaciegas en el que la sombra alargada del conde-duque de Olivares (Javier Cámara) y la mordacidad de Quevedo (Juan Echanove) conviven con lances de capa y espada o las hostilidades derivadas de querer poner una pica en Flandes.

"Flandes me quita el sueño, pero nunca he estado allí..."


jueves, 10 de septiembre de 2020

14 d'abril. Macià contra Companys (2011)




Director: Manuel Huerga
España, 2011, 84 minutos

14 d'abril. Macià contra Companys (2011)
de Manuel Huerga

Lo que tenían que haber sido unas simples elecciones municipales se terminó convirtiendo en un plebiscito sobre la monarquía que acabó provocando un cambio de régimen político en cuestión de días y casi sin altercados. El advenimiento de la Segunda República quedaría desde entonces ligado a la fecha de su proclamación, el 14 de abril de 1931, y, en el caso específico de Catalunya, a dos hombres predestinados a pasar a la historia: Francesc Macià y Lluís Companys.

Producido para TV3 por Minoria Absoluta y dirigido por Manuel Huerga (Barcelona, 1957), quien ya había abordado la ficcionalización de hechos histórico-políticos en Salvador (Puig Antich) (2006), el telefilme que nos ocupa adopta la forma de un falso documental cuyos protagonistas dan testimonio, un año después de lo ocurrido, de cómo llevaron a cabo, guiados más por instinto que por una estrategia bien delimitada, una proeza trascendental y sin precedentes.



Desde el punto de vista de la puesta en escena, el formato elegido para recrear los hechos remite directamente al que utilizara Jaime Camino en La vieja memoria (1978), con la salvedad de que allí eran los personajes reales quienes intervenían, alternando sus declaraciones con imágenes de archivo. Aun así, tanto la caracterización de los actores como el tratamiento de las imágenes (en sepia cuando los líderes políticos hablan a cámara, y en blanco y negro cada vez que se les muestra en acción, unos meses antes) resultan extraordinariamente fidedignos.

Revisar 14 d'abril. Macià contra Companys (2011) en vísperas de otra fecha señalada para Catalunya, en este caso la diada del 11 de septiembre, no sólo permite tomar conciencia de la lucha de egos entre dos mandatarios de muy distinto temperamento, aunque unidos por las circunstancias, o de las deslealtades que uno y otro pudieran cometer (Companys tomando la iniciativa desde el balcón de la Plaza Sant Jaume, sin encomendarse a nadie; Macià instaurando la República Catalana en el marco de una Federación Ibérica que incomodó enormemente en Madrid), sino, sobre todo, constatar la enorme cantidad de paralelismos entre aquella época y la situación actual.

Macià (Fermí Reixach) y Companys (Pere Ponce)

martes, 15 de octubre de 2019

Mientras dure la guerra (2019)




Director: Alejandro Amenábar
España/Argentina, 2019, 107 minutos

Mientras dure la guerra (2019)
de Alejandro Amenábar


Más allá de los tópicos y prejuicios que abonan el terreno a la controversia, Mientras dure la guerra (enésima relectura de nuestra contienda "incivil") no pasa de ser una superproducción en toda regla, con todo lo bueno y malo que ello comporta. Puntos fuertes serían, a este respecto, la lograda caracterización de Karra Elejalde, Eduard Fernández o Santi Prego en sus respectivos papeles de Unamuno, Millán-Astray y Francisco Franco, así como la dirección artística y los exteriores rodados en tierras salmantinas.

Menos afortunada, en cambio, es esa insufrible tendencia al subrayado de un cierto tipo de cine español que, subestimando la inteligencia de los espectadores, recurre a innecesarios carteles aclaratorios, en este caso al final de la película, para recordarnos cuándo se celebraron las primeras elecciones democráticas o en qué año falleció el dictador.



Un poco en esa misma línea, se ha pretendido esbozar a los personajes principales mediante dos o tres pinceladas definitorias de su carácter. Como, por ejemplo, la afición de don Miguel por la papiroflexia (Unamuno, de hecho, fue el autor de unos Apuntes para un tratado de cocotología). O ese momento, tan poco verosímil, en el que La Collares, agarrando de la mano a su propia hija, suelta aquello de: "¡Nenuca, vámonos!" Improbable dialectalismo que, en boca de doña Carmen Polo, tiene por objetivo recordar que la señora era de Oviedo.

Minucias si se compara con la relevancia de lo que se pretende contar: nada menos que la génesis de cómo ese "pobre hombre" de voz atiplada, curtido en las campañas africanas, lograría en poco tiempo hacerse con el control de la situación por encima del resto de integrantes de la Junta de Defensa Nacional presidida por el general Cabanellas (Tito Valverde). Arribismo que el viejo rector de la universidad, otro personaje cambiante a lo largo de una trayectoria en la que lo mismo fue marxista que devoto católico, no dudará en denunciar pese a haber dado inicialmente su apoyo a la sublevación militar.


martes, 8 de enero de 2019

Murieron por encima de sus posibilidades (2014)




Director: Isaki Lacuesta
España, 2014, 98 minutos

Murieron por encima de sus posibilidades
(2014) de Isaki Lacuesta


Antes de que diese inicio la proyección, bromeaba esta tarde Isaki Lacuesta sobre el hecho de que la Filmoteca de Catalunya haya decidido comenzar la retrospectiva que le dedica precisamente con la que él considera su película más controvertida. Por lo que se ha apresurado a advertir a los asistentes que su filmografía contiene títulos de muy diversa índole y que en el caso de que Murieron... no sea del agrado de alguien ello no implica, forzosamente, que el resto sean igual de malos.

Porque estamos ante un filme que, a fuerza de disparatado, alcanza cotas insólitas de lucidez. Rodado a salto de mata entre 2012 y 2014, Murieron por encima de sus posibilidades reúne a lo más granado de la profesión actoral de este país (y algún que otro cameo de amigos y conocidos) con el objetivo de satirizar las causas y consecuencias de la crisis económica que lo ha llevado a la bancarrota.



Se trata, por tanto, de una comedia coral, heredera, en buena medida, de las de Luis García Berlanga, si bien el grado de acidez y violencia que aquí se utiliza está más en sintonía con el universo, pongamos por caso, de un Álex de la Iglesia.

De todos modos, lo principal es que Lacuesta demostró con Murieron... que era posible levantar una película sin apenas medios cuando el discurso imperante invitaba más bien a la resignación. En ese sentido, su película quedará (lo es ya) como un filme de culto, a la par que documento de época, que los jóvenes del futuro descubrirán con verdadero asombro.


miércoles, 6 de junio de 2018

El método (2005)




Director: Marcelo Piñeyro
España/Argentina/Italia, 2005, 115 minutos

El método (2005) de Marcelo Piñeyro


Bon dia i benvinguts. Com ja els vam avançar, aquesta és la darrera fase del procés de selecció per accedir al càrrec de director comercial de Dekia. Vostès són els últims aspirants. Sabem que aquesta no és una prova habitual. Seguim el protocol establert per la nostra central a Suècia. Si en algun moment consideren que alguna de les propostes que els farem no és acceptable per a vostès poden abandonar el procés. La porta és oberta. Si surten d'aquesta sala, però, sigui pel motiu que sigui, entendrem que renuncien a continuar aspirant al càrrec.

Jordi Galceran
El mètode Grönholm

Recuerdo que un grupo de profesores fuimos a ver El mètode Grönholm al teatro Poliorama el 16 de diciembre de 2005 y que al día siguiente, sábado, le tocó el turno a la película, esta vez en el cine Boliche. Es más: años después, con motivo de su reposición, volvería a ver la obra el 3 de febrero de 2011, ahora con alumnos y de nuevo en el Poliorama.

Lo curioso del caso es que, en aquel entonces, la adaptación cinematográfica no me acabó de convencer, quizá porque, teniendo tan reciente el montaje teatral, uno tiende sin darse cuenta a comparar. Sobre todo tratándose de dos planteamientos tan distintos. Efectivamente, mientras el texto de Jordi Galceran, a pesar de la profundidad implícita en su análisis de los competitivos procesos de selección, no deja de ser una comedia, la película del argentino Marcelo Piñeyro, en cambio, es mucho más despiadada.



Revisada al cabo de los años, sin embargo (y ya sin el condicionante del modelo que la inspiró), compruebo con satisfacción que El método, como el buen vino, ha ganado enteros. De entrada, por haber sabido anticipar no sólo la crisis económica, sino los movimientos ciudadanos de protesta, que en el filme aparecen como trasfondo y que, en la vida real, no cuajarían hasta el 15-M de seis años más tarde. Pero también, y de un modo especial, porque los siete candidatos están magistralmente interpretados por un elenco de actores bastante notable.

Que, como suele suceder con todas las historias que transcurren en el interior de una sala cerrada a cal y canto donde un grupo de personas debe tomar una decisión, terminan por recordarnos a los Doce hombres sin piedad (1957) de Sidney Lumet. O incluso, aunque menos, a aquellos Diez negritos de Agatha Christie, por el hecho de que los aspirantes van siendo gradualmente eliminados. De cualquier modo, la competitividad y la acritud a la que deben hacer frente para ocupar un puesto ejecutivo en Dekia, lo mismo en 2005 que en 2018, no sólo mantiene su vigencia, sino que sigue dando pie a filmes similares, como la francesa Corporate que ayer ya tuvimos ocasión de comentar en la entrada anterior.


domingo, 12 de febrero de 2017

Truman (2015)




Director: Cesc Gay
España/Argentina, 2015, 108 minutos

Truman (2015) de Cesc Gay


Que una película comience con una melodía de Toti Soler es el mejor de los presagios. Que se irán gradualmente confirmando a medida que avanza el metraje de Truman, vencedora en la edición de los premios Goya del año pasado con cinco galardones y un elenco de actores que tira de espaldas: Ricardo Darín, Javier Cámara, Eduard Fernández, Àlex Brendemühl, José Luis Gómez, Pedro Casablanc, Javier Gutiérrez, Àgata Roca, Francesc Orella, Silvia Abascal...

Decir a estas alturas lo bien que actúan Darín y Cámara puede sonar a broma, pero es que realmente es así: qué fácil hacen que parezca y qué complejo, a la vez, meterse en la piel de unos personajes con semejante carga emocional. Y si, por otra parte, ya de por sí resulta complicado definir la verdadera amistad, sobre todo cuando se mezcla con la enfermedad irreversible de uno de los protagonistas, Cesc Gay acierta, sin embargo, a plasmarla en imágenes como si tal cosa.



La mayoría de críticas, elogiosas (por otra parte), que recibió Truman coincidían en señalar la habilidad del realizador catalán a la hora de eludir el drama lacrimógeno en que podría haberse convertido un planteamiento de tales características. Pero a partir del instante en el que se sitúa al perro en el centro de la trama, como testigo mudo del vendaval de emociones suscitado a raíz del diagnóstico de su amo, la cosa se suaviza. Porque ya no se trata tanto de la aflicción motivada por los problemas de salud de Julián (Darín) en su entorno más inmediato, con las consiguientes muestras de afecto (las que se exteriorizan y, más significativas aún, las palabras que no se pronunciarán jamás), sino de la comicidad a que dan pie las situaciones que se viven al intentar buscarle un nuevo hogar al dogo.

Con todo, que nuestra atención se desvíe momentáneamente del amo al perro no es óbice para que la verdad incómoda siga ahí. En ese sentido, quizá sería interesante analizar la actitud de la pareja protagonista desde la perspectiva de la inteligencia emocional: en el caso de Tomás (Javier Cámara), porque considera más sensato desplazarse desde Canadá para apoyar a su mejor amigo; y en el de Julián, porque no le importa ir hasta Ámsterdam para celebrar el cumpleaños de su hijo. Es decir: ambos son capaces, en un momento crítico, de saber priorizar qué cosas valen realmente la pena. Y de ahí el éxito cosechado por la película, ya que el común de los mortales (como tal vez le ocurre a Paula, el personaje encarnado por la argentina Dolores Fonzi) no sabríamos encajar con esa mezcla de humor y filosofía una disyuntiva de dicho calibre.