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jueves, 14 de noviembre de 2024

Los destellos (2024)




Directora: Pilar Palomero
España, 2024, 101 minutos

Los destellos (2024) Pilar Palomero


Viendo Los destellos (2024) se tiene continuamente la sensación de que su directora y guionista, Pilar Palomero, se ha marcado el reto de captar matices tan sutiles como la complicidad entre los miembros de una familia o, más difícil todavía, cómo dicha connivencia fluctúa y evoluciona en función de unas circunstancias particularmente dolorosas. Se trata, sin embargo, de una película que rehúye cualquier tipo de tremendismo o sensiblerías al uso para centrarse, en cambio, en un universo de silencios y recuerdos compartidos, telón de fondo que marcará el reencuentro (literal y simbólico) entre los personajes.

No se aportan, por ejemplo, excesivos detalles sobre la enfermedad del padre (Antonio de la Torre), más allá de su evidente estado terminal, pero sí que se subraya la especial sensibilidad de un hombre, poseedor de una copiosa biblioteca, que hizo de la literatura su principal pasión a lo largo de la vida. No en vano, aunque con ciertos reparos, se declara "escritor", aparte de que su hija Madalen (Marina Guerola) le lee un bellísimo pasaje de Platero y yo.



De qué ocurrió entre Isabel (Patricia López Arnaiz) y él para que llegasen a distanciarse tantísimo no se dice tampoco gran cosa. El caso es que ahora, venciendo sus reticencias iniciales, la mujer accede a estar presente en el tramo final de la existencia de Ramón, aunque sólo sea por la hija que tienen en común. Como tampoco resulta cómoda la situación de Nacho (Julián López), nueva pareja de Isabel, además de profesor de música en un instituto de secundaria, y que realiza un verdadero alarde de paciencia y generosidad al acompañar a madre e hija en semejante tránsito.

Y así, con suma delicadeza, se exponen los pormenores de una obra cuya puesta en escena contemplativa discurre plácidamente en el marco idílico de un enclave rural (los exteriores se filmaron en localizaciones de la provincia de Tarragona como Horta de Sant Joan) donde se suceden momentos tan brillantes y fugaces como el propio título de la cinta. Reflexiones interesantes en torno a la muerte inevitable, pero también cargadas de magia y esperanza. Doblemente premiada en la última edición del Festival de San Sebastián.



viernes, 6 de septiembre de 2024

Soldados de Salamina (2003)




Director: David Trueba
España, 2003, 119 minutos

Soldados de Salamina (2003) de David Trueba


Fue en el verano de 1994, hace ahora más de seis años, cuando oí hablar por primera vez del fusilamiento de Rafael Sánchez Mazas. Tres cosas acababan de ocurrirme por entonces: la primera es que mi padre había muerto; la segunda es que mi mujer me había abandonado; la tercera es que yo había abandonado mi carrera de escritor. Miento. La verdad es que, de esas tres cosas, las dos primeras son exactas, exactísimas; no así la tercera. En realidad, mi carrera de escritor no había acabado de arrancar nunca, así que difícilmente podía abandonarla. Más justo sería decir que la había abandonado apenas iniciada.

Javier Cercas
Soldados de Salamina

¿Qué es un héroe? La protagonista de Soldados de Salamina (2003) no sólo se plantea dicha pregunta a sí misma, sino que la hace extensiva a sus alumnos universitarios, tal vez con el afán de hallar una respuesta que le dé la clave de la investigación que está llevando a cabo en torno a un oscuro episodio de la Guerra Civil e incluso, en último término, de sus más hondas inquietudes íntimas y personales.

Precedida del enorme éxito editorial de la novela, la adaptación cinematográfica de David Trueba introducía algunos cambios sustanciales respecto al texto de Javier Cercas, sobre todo en lo que se refiere a la condición femenina del personaje central, Lola (Ariadna Gil), que en el libro, siguiendo un juego típicamente cervantino, era el propio Cercas. Tampoco queda ni rastro del escritor Roberto Bolaño, si bien el estudiante mejicano Gastón (Diego Luna) cumple un papel remotamente parecido. También Conchi (María Botto) adquiere mayor protagonismo, aparte de una dimensión más frívola al convertirla en vidente televisiva con inclinaciones lésbicas.



Lo que sí se mantiene bastante, y es un gran acierto, es esa mezcla entre ficción y documental que entronca directamente con el carácter metaficcional de la novela. Así pues, además de una trama en la que Ramon Fontserè encarna al falangista Rafael Sánchez Mazas, se incluye al mismo tiempo el testimonio de personas reales, entre ellos el de Chicho Sánchez Ferlosio, fallecido pocos meses después del estreno de la película y que relata las particulares condiciones en las que tuvo lugar el fusilamiento fallido de su padre.

Magnífica fotografía de Aguirresarobe y banda sonora a base de piezas del estonio Arvo Pärt. En cambio, del montaje y puesta en escena, quizá lo menos logrado sean los insertos que en ocasiones pretenden subrayar determinados aspectos o directamente facilitar su comprensión por parte del espectador. Es lo que sucede, por ejemplo, cuando Miquel Aguirre (Lluís Villanueva) hace notar a Lola que el libro Yo fui asesinado por los rojos, de Jesús Pascual, se editó en 1981, momento en el que se aprovecha para incluir fugazmente unas imágenes del 23F y así establecer una conexión entre la intentona golpista y la ideología del autor. Minucias, totalmente comprensibles desde una óptica comercial, que quedan compensadas a partir del momento en el que cobra protagonismo la figura de Miralles (Joan Dalmau) y la incógnita a propósito de cuál pudo ser la causa de que un jovencísimo miliciano optase finalmente por no disparar y así salvarle la vida a Sánchez Mazas.



jueves, 29 de agosto de 2019

Todas las canciones hablan de mí (2010)




Director: Jonás Trueba
España, 2010, 108 minutos

Todas las canciones hablan de mí (2010)
de Jonás Trueba


Fiel a los elementos que componen el universo fílmico de los Trueba —habitualmente delimitado por libros, música de jazz y referencias cinéfilas—, Jonás hacía su debut en la dirección con lo que en apariencia tiene pinta de ser una simple comedia romántica, pero que, a decir verdad, no fue sino la primera entrega de una particular forma de entender y explicar la realidad. Como en las películas de John Cassavetes, los apartamentos, los cafés, las librerías donde transcurre la acción no son decorados, sino lugares auténticos en los que la vida fluye parsimoniosamente. Quizá por eso mismo Ramiro (Oriol Vila) tiene la sensación de que todas las canciones hablan de él...

Licenciado en Filología, Ramiro es el prototipo de joven un tanto cenizo y que, un poco a la manera de los personajes de Truffaut, se dedica a ir de flor en flor porque es incapaz de olvidar a la que de verdad es el amor de su vida. Tal y como nos recuerda la voz en off del propio Jonás Trueba, él y Andrea (Bárbara Lennie) se separaron hace algún tiempo tras seis años de relación. Aunque donde hubo fuego siempre quedan rescoldos y sus pasos parecen predestinados a reencontrarse.



Es ésta una película de primeros planos mirando a cámara. O en la que unos "irrumpen" en la privacidad de los otros, tal vez porque se imaginan cómo será la existencia que lleva cada cual ahora que ya no están juntos. Hay amigos peculiares como Lucas (Bruno Bergonzini), que parecen salidos de una obra de Valle-Inclán. O que, como Luismi (Ramon Fontserè), le echarán un cable a Ramiro para publicar su primer libro, aunque sea con una errata en la portada.

Tiene, por lo demás, una estructura muy literaria, dividida en seis partes con títulos tan ocurrentes como "Las inquietudes de Ramiro Lastra" (de clara raigambre barojiana) o "La paradoja matemática de la nostalgia". De hecho, son muchas las citas que, explícitamente o a través de los diálogos, irán desfilando, desde versos de la argentina Alejandra Pizarnik (1936-1972) hasta aforismos de Pessoa. Como aquel que afirma que: "Todas las cartas de amor son ridículas. No serían cartas de amor si no fueran ridículas. Cuando hay amor, las cartas de amor tienen que ser ridículas. Y es que, en fin, sólo las criaturas que no han escrito jamás cartas de amor son las que son ridículas."


lunes, 8 de abril de 2019

7 razones para huir (de la sociedad) (2019)




Título original: 7 raons per fugir (de la societat)
Directores: Gerard Quinto, Esteve Soler y David Torras
España, 2019, 75 minutos

7 razones para huir (2019)


El foc s'encomanà als mobles i al cap de cinc minuts cremava tota la casa, de la qual escapàrem l'artista i jo per miracle.
Aquell vespre mateix la gent tenia notícies que havia cremat un bloc de cases i que moriren més de tres-centes persones, totes de bona família.

Pere Calders
"Coses aparentment intranscendents"
Cròniques de la veritat oculta (1942)

La cartelera barcelonesa tiene el honor de contar, desde el pasado viernes, con uno de esos títulos que logran que el cine sea algo más que un mero entretenimiento de masas. Afortunadamente. Porque los creadores de 7 raons per fugir (de la societat), todos ellos debutantes en el noble arte de la dirección de largometrajes, se aventuran en ésta su ópera prima por los tortuosos senderos del sarcasmo y de la mala leche que, en el pasado, frecuentaron nombres ilustres como Buñuel, García Berlanga o el mismísimo Marco Ferreri.

Quinto, Soler y Torras podrían haber sido una delantera mítica del Barça (o incluso un afamado trío de compositores de coplas). Pero no: por de pronto son los responsables de estas siete historias con el denominador común de hacer que el absurdo irrumpa en lo cotidiano. Se diría que la sombra de Pere Calders (1912-1994), avezado cronista de lo real maravilloso que compartiera exilio mejicano con el ya mencionado cineasta de Calanda, planea sobre muchas de ellas. Aunque en el turbador epílogo, que aquí no desvelaremos, se deja sentir también la impronta remota y sutil de aquella inquietante alegoría de la soledad humana que fue La cabina (1972) de Mercero.



El proyecto, cuya génesis se remonta al corto Interior. Família. (2014) germen que daría pie al primero de estos siete relatos fue presentado en la última edición del Festival de Málaga, así como en el South by Southwest Film Festival de Austin (Texas). En esencia, y hasta cierto punto, recupera la estructura de aquellos filmes de episodios que durante la década de los sesenta —Boccaccio '70 (1962), Ro.Go.Pa.G. (1963), Historias extraordinarias (1968) supusieron una vuelta de tuerca a la hora de lograr que las películas no sólo divirtieran sino que, sobre todo, incomodasen.

Comedia negra (y aun negrísima por momentos), 7 razones para huir se atreve a cuestionar, mediante la mordacidad sin cortapisas de sus diálogos, los pilares básicos de una sociedad en la que los padres se sublevan contra los hijos, el tercer mundo irrumpe (literalmente) en el salón de casa, las novias se declaran en rebeldía justo antes de dar el "sí quiero" y los vecinos de una comunidad (como sucedía en el buñueliano Ángel exterminador) no sólo son incapaces de cruzar el umbral del rellano, sino que únicamente saben contar hasta seis.


sábado, 3 de noviembre de 2018

El amor y la muerte. Historia de Enrique Granados (2018)




Directora: Arantxa Aguirre
España, 2018, 80 minutos

El amor y la muerte (2018) de Arantxa Aguirre

Per guardar tot ensems amb tes despulles
ta inspiració, tot ideals, ta glòria,
calia una gran tomba.
I aqueixa tomba, el monstre de la guerra
–justicier, malgrat ell–te l’ha donada... 

Apel·les Mestres
«En la mort d’Enric Granados», vv. 1-5
Flors de sang

Un acróstico formado con las letras del título deja leer la palabra mar sobre las apacibles aguas del canal de la Mancha. Arranque poético e impresionista, aderezado por las melodiosas notas de un piano, que prefigura lo que van a ser los siguientes ochenta minutos: la semblanza de una de las personalidades más notables que jamás haya dado la música española.

Fue Enrique Granados (1867-1916) hombre de sensibilidad romántica y carácter emotivo, dotado de un exuberante mundo interior cuya delicada gama de tonalidades acertaría a plasmar sobre el pentagrama con destreza sin igual. Soñador y melancólico, el brío de su legado no sólo resiste incólume el paso del tiempo, sino que anuncia un destino trágico que sesgaría su vida en plena madurez, tanto personal como creativa.

Granados en compañía de Pau Casals (derecha)


Partiendo de un material tan sumamente sugestivo, la directora Arantxa Aguirre consigue recrear en El amor y la muerte (2018) el periplo vital del compositor mediante una habilidosa mezcla de animaciones e imágenes de archivo que alterna con el testimonio de expertos en la obra de Granados y ejecuciones magistrales de su repertorio en los más variados registros, desde la pincelada pianística a cargo de Rosa Torres-Pardo hasta el duende flamenco de Arcángel.

La voz de Jordi Mollà encarnando al protagonista en primera persona o la de Emma Suárez, que se mete en la piel de la esposa, Amparo Gal, a través de las numerosas misivas de su correspondencia epistolar, acaban de perfilar el retrato delicioso de este «poeta del piano», como acertadamente lo llamara el musicólogo estadounidense Walter Aaron Clark en su ya clásica monografía.


martes, 28 de noviembre de 2017

Vivir es fácil con los ojos cerrados (2013)




Director: David Trueba
España, 2013, 108 minutos

Vivir es fácil con los ojos cerrados (2013)


Como sucedía en Vidas rebeldes (1961), a veces los que menos encajan pueden acabar siendo los mejores compañeros de viaje. Para el que, de momento, sigue siendo el último largometraje de David Trueba, sin contar series, telefilmes o documentales, el director decidió reunir a tres misfits en el interior de un SEAT 850 y enviarlos rumbo a Almería en busca de John Lennon, quien, por aquel entonces, se encontraba en pleno rodaje de Cómo gané la guerra (1967) de Richard Lester.

A cada uno de ellos le falta algo para dar pleno sentido a su vida: Antonio San Román (Javier Cámara) imparte clases de inglés y de latín en un colegio de Albacete. Apasionado de los Beatles, se sirve de las letras de sus canciones para enseñar a los alumnos. Sin embargo, vive obsesionado con la idea de entrevistarse con Lennon para convencerlo de que el grupo incluya las letras de sus canciones en los discos.



Afable por naturaleza, Antonio acaba "adoptando" temporalmente a dos jóvenes que han huido de sus respectivos hogares por diferentes motivos. Quizá porque él mismo confiesa que los profesores, a fuerza de tratar con niños, dejan de interesarse por el mundo de los adultos. Así que el hombre conecta la mar de bien con una muchacha embarazada y con un adolescente, hijo de un gris, que se niega a cortarse el pelo.

Acompañada de una banda sonora extraordinaria de Pat Metheny, Vivir es fácil con los ojos cerrados peca un tanto de ese tono edulcorado que a veces se le escapa a su director. Se trata de una road movie poseedora de una fotografía muy colorida, en oposición a la época en la que se ambienta, que suele ser recordada en blanco y negro en el imaginario colectivo. Detalle destinado, tal vez, a remarcar (es otra de las frases del profesor) que la vida es triste y alegre al mismo tiempo.

Trueba junto a Juan Carrión, el profesor que le inspiró el personaje
de Antonio San Román