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martes, 3 de marzo de 2026

Otra ronda (2020)




Título original: Druk
Director: Thomas Vinterberg
Dinamarca/Suecia/Países Bajos/Bélgica/Francia, 2020, 117 minutos

Otra ronda (2020) de Thomas Vinterberg


Cuatro amigos, vinculados al ámbito de la educación, todos ya en la madurez, deciden emprender un experimento pseudocientífico que tiene por objetivo comprobar si la tesis de un polémico sociólogo, según la cual la ingesta de un 0,05 por ciento de alcohol mejora el rendimiento de los individuos, es realmente válida. Y lo cierto es que, en un principio, parece que la cosa da resultado, favoreciendo que unos y otros se sientan más cómodos en sus respectivas y hasta ese momento aburridas existencias.

Salvando las distancias, el punto de partida de Druk (2020) responde al mismo tipo de premisa extrema que hallamos en filmes clásicos como La grande bouffe (1973) de Marco Ferreri o incluso El séptimo continente (1989) de Haneke, filmes en cuyo trasfondo se pone en tela de juicio el aparente confort de las teóricamente prósperas sociedades europeas del bienestar. Sólo que el danés Thomas Vinterberg no llega tan lejos en su crítica al sistema, quedándose en la superficie de lo que pudiera denominarse la crisis existencial de un grupo de cincuentones en horas bajas.



Por lo demás, el retrato que aquí se lleva a cabo del alcoholismo en el seno de la clase media escandinava arroja la impronta de unos personajes profundamente insatisfechos a pesar de todo, en una disección vibrante, melancólica y profundamente humana de la crisis de la mediana edad y la búsqueda de la chispa perdida. A este respecto, la cinta, ganadora del Óscar a la Mejor Película Internacional, logra equilibrar el humor negro con una tristeza desgarradora, recordándonos que, a veces, para volver a encontrarse, hay que perder un poco el equilibrio.

Mediante una exploración honesta de la soledad masculina y de cómo la amistad es, a menudo, el único refugio seguro para expresar el miedo al fracaso, Vinterberg nos muestra a hombres que lloran, que se abrazan y que fracasan. Aun así, la película no pretende ser un alegato moralizante, puesto que no condena el consumo de alcohol de forma simplista ni tampoco lo glorifica sin consecuencias: más bien lo enfoca como una herramienta dual, una puerta a la conexión social y a la alegría, pero también un abismo que puede devorar familias y carreras.



jueves, 27 de febrero de 2020

La comuna (2016)




Título original: Kollektivet
Director: Thomas Vinterberg
Dinamarca/Suecia/Holanda, 2016, 111 minutos

La comuna (2016) de Thomas Vinterberg


Las obras de tesis, y ésta a fe que lo es, adolecen por lo común de una rigidez que las hace especialmente odiosas. Pues, como quien coloca los bueyes delante del carro, primero se decide qué se quiere demostrar y luego se exponen los hechos con la finalidad tendenciosa de convertirlos en mero pretexto que ilustre una premisa.

Quizá por haberse dado a conocer como miembro integrante del movimiento Dogma, aquel engendro tramposo con ínfulas renovadoras que, al cabo de pocos años, quedaría en agua de borrajas, el danés Thomas Vinterberg ensayó con La comuna un intento de relectura histórica no exento de ambigüedad ideológica: evidenciar que la década de los setenta ni fue tan guay como la gente tiende a pensar hoy día ni sus experimentos en lo tocante a amor libre y propiedad colectiva tan idílicos como a veces se los presenta.



Nada que objetar si no fuese porque el propio director pasó su infancia en una comuna como la que se describe y da título a la película, de modo que salta enseguida a la vista que estamos ante un ajuste de cuentas en toda regla. Máxime si se considera que el personaje de Vilads, ese niño triste y enfermizo que amenaza con morirse de un momento a otro y que observa con desafecto el proceder de los adultos que lo rodean, tiene toda la pinta de ser el trasunto del mismísimo Vinterberg.

Según esta visión tan simplista, subrayada por un tratamiento de la imagen que intenta imitar (como en la serie televisiva Cuéntame) las tonalidades sepia de las fotos de la época, la comuna que aquí se muestra es apenas un antro desordenado cuyos alegres componentes se pasan el día bebiendo cerveza y bañándose desnudos en el mar mientras suenan de fondo canciones del folk y rock de aquel entonces. Júbilo que contrasta enormemente con el egoísmo del que harán gala algunos de los habitantes de la casa a medida que la convivencia haga aflorar las primeras disensiones. ¡Vamos, la versión progre de Gran Hermano!