Título original: El gran espectáculo
Director: Miguel Zacarías
Méjico, 1958, 80 minutos
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| Sueños de oro (1958) de Miguel Zacarías |
De nuevo la Faraona hacía las Américas y, una vez más, repitiendo la misma fórmula, con un musical repleto de coreografías exuberantes en el que, además de coplas y su característico estilo flamenco, se atrevió con alguna ranchera ("¡Grítenme, piedras del campo!") y hasta un par de números de ambientación brasileña: "O Siridó" y "Sueño en Bahía".
También su hermana Carmen pululaba por allí, interpretando un breve papelito (Olga) de aspirante a estrella que rivaliza con la protagonista por atraer la atención del apoderado Fernando (Antonio Badú) y que canta un tema de Quiroga, León y Balerio: "Con un pañuelito blanco".
En esta ocasión, dos son los actores que ejercen el rol de donaire: por una parte, como gracioso andaluz, tenemos a Florencio Castelló (El Cascao), comparsa habitual de Lola Flores en su periplo mejicano y célebre actor de doblaje que pusiera su inconfundible voz al servicio del gato de Pixie y Dixie o el dicharachero cuervo de Dumbo. El otro bufón, más en clave charra, es Lalo González, alias Piporro, cuyo personaje, el típico nuevo rico deseoso de alardear de su dinero, convertirá a la humilde Carmela (Lola Flores) en un astro de carrera fulgurante.
Poco importa que el argumento sea más o menos el de siempre. Total: ¿qué más da, si la gente la iba a ver a ella y no la película? Una jovencita que huye, en compañía de un tío suyo, del poblado gitano que la vio crecer, para recalar, tras un accidentado trayecto en autostop y habiéndose colado en la aduana con pasaporte falso, en un nuevo país rebosante de oportunidades.





