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sábado, 26 de diciembre de 2020

El mejor alcalde, el rey (1974)




Director: Rafael Gil
España/Italia, 1974, 95 minutos

El mejor alcalde, el rey (1974) de Rafael Gil


SANCHO      Señor, mirad que no os toca
                  tanto mi bajeza honrar.
                  Enviad, que es justa ley,
                  para que haga justicia,
                  algún alcalde a Galicia.
REY           ¡El mejor alcalde, el rey!

Lope de Vega situó la acción de El mejor alcalde, el rey en la Galicia del siglo XII. Se trata, por tanto, de una de sus comedias de temática histórica, basada en un hecho real que recoge la cuarta parte de la Crónica de España de Florián de Ocampo. Sin embargo, los responsables de esta coproducción hispanoitaliana, dirigida por un ya veterano Rafael Gil, creyeron más oportuno que las localizaciones del filme se rodasen en enclaves medievales de Palencia, León, Guadalajara y Segovia. Sabia decisión, considerando que el atractivo de una cinta de tales características, aparte del reclamo de su fuente literaria, pasaba por entretener al espectador con algunas reliquias de nuestro patrimonio arquitectónico.

Colegiata de San Salvador de Cantamuda (Palencia)


Para suplir el esquematismo del texto original se le encargó la adaptación y los diálogos al guionista (y director ocasional en la década de los cuarenta) José López Rubio, quien introdujo algunos cambios respecto a lo expuesto por Lope. Así pues, el personaje de Felicia (Analía Gade), hermana de don Tello y apenas una presencia benévola en la obra en verso, ganaba ahora en perfidia al intentar seducir, sin éxito, al joven Sancho (Ray Lovelock). En cambio, el hallazgo visual de convertir al lobo en encarnación de la tiranía parece haber sido una idea del director.

Felicia (Analía Gadé) y su hermano el conde (Fernando Sancho)


El resto de la trama respeta, esencialmente, lo escrito por el Fénix de los Ingenios hacia 1620 o 1623, si bien el señor feudal pasa a ser aquí un conde (Fernando Sancho), mientras el donaire Pelayo (Pedro Valentín) resulta mucho menos gracioso (sobre todo en el trágico desenlace concebido por López Rubio) comparado con el ocurrente porquero de la pieza teatral. El rey Alfonso (Andrés Mejuto) continúa desempeñando su providencial papel de deus ex machina, de modo que el buen Sancho y la bella Elvira (Simonetta Stefanelli) verán cumplido su sueño de ser marido y mujer.

Sancho (Ray Lovelock) y Elvira (Simonetta Stefanelli)


Cierto que se percibe un tímido intento de poner al día la fórmula Cifesa mediante un erotismo muy incipiente (palpable, por ejemplo, en la escena inicial en el río) o que el hecho de recuperar para el cine la figura de un monarca redentor tal vez obedeciese, relacionado con la situación política que atravesaba el país, a un más que probable oportunismo ante la inminencia de la sucesión al frente de la Jefatura del Estado. Aunque, por lo demás, la película carece de mayor interés, teniendo en cuenta que responde a unos parámetros que, para aquel entonces, habían quedado por completo obsoletos hacía ya mucho tiempo.

El rey Alfonso VII de León (Andrés Mejuto)


jueves, 24 de diciembre de 2020

Cervantes contra Lope (2016)




Director: Manuel Huerga
España, 2016, 87 minutos

Cervantes contra Lope (2016) de Manuel Huerga


Valiéndose del mismo formato que ya utilizaran en 14 d'abril. Macià contra Companys (2011), el equipo de Minoria Absoluta produjo para RTVE este a modo de "documental" en el que las cámaras del siglo XXI viajan a través del tiempo con la finalidad de recoger el testimonio en primera persona de las viejas glorias literarias del Siglo de Oro.

La rivalidad entre Lope de Vega y Miguel de Cervantes no alcanzó nunca el encarnizamiento de las pullas que, años después, se lanzarían mutuamente Quevedo y Góngora (quienes, por cierto, participan de esta ficción como partidarios del uno y del otro literato, respectivamente). Sin embargo, los guionistas María Jaén y Manel Lucas sitúan la acción en 1614, cuando acaba de salir a la luz el Quijote apócrifo de Avellaneda y aún faltan unos meses para la publicación de la verdadera segunda parte. Momento clave, pues, en el que el anciano manco de Lepanto se muestra convencido de que es Lope quien, a causa de la envidia, anda detrás de semejante afrenta, mientras que el "Fénix de los ingenios" niega cualquier vinculación con la autoría del texto espurio.



Emilio Gutiérrez Caba compone un Cervantes venerable, aunque pesaroso por no haber triunfado como autor de comedias; José Coronado, en cambio, da vida a un Lope maduro, recién ordenado sacerdote, pero aún galante, que no pierde la ocasión de requebrar incluso a la entrevistadora y aun de dedicarle unos versos. Ambos escritores se admiran y se envidian al mismo tiempo. De hecho, hasta fueron amigos en una época lejana...

No puede negarse el talento del que hacen gala los responsables de este producto televisivo a la hora de recrear uno de los episodios más oscuros de las letras castellanas, imaginando qué hubieran respondido o cómo hubiesen reaccionado los protagonistas de haber sido posible entrevistarlos. Se incurre, todo hay que decirlo, en alguna que otra inexactitud (por ejemplo, ni Lope ni Cervantes, que no eran nobles, se habrían atrevido jamás a colocarse el don delante de sus respectivos nombres de pila), si bien, en líneas generales, la ambientación resulta más que notable.



miércoles, 23 de diciembre de 2020

Lope (2010)




Director: Andrucha Waddington
España/Brasil/Francia, 2010, 106 minutos

Lope (2010) de Andrucha Waddington


Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño.
Esto es amor: quien lo probó lo sabe.

Fue tan tumultuosa la vida del "fénix de los ingenios" que daría, sin duda, para rodar varios filmes inspirados en ella. No obstante, los productores de Lope (2010) optaron por centrarse exclusivamente en sus años de juventud. Al fin y a la postre ésta no es tanto una película sobre el poeta, sino un biopic al estilo de Shakespeare in Love (John Madden, 1998). De modo que poco importa si la imagen que se muestra del prolífico autor de comedias difiere sensiblemente de la acuñada por la historiografía oficial. Casi mejor, teniendo en cuenta que la cinta va destinada a un público ávido de aventuras y lances amorosos.

Como resulta también significativo el hecho de que se trate de una coproducción entre varios países dirigida por un brasileño, Andrucha Waddington, lo cual favorece una aproximación al personaje libre de posibles prejuicios o ideas preconcebidas. En esa misma línea, la elección para el papel principal del argentino Alberto Ammann (Córdoba, 1978) añadía otro elemento más que alejaba definitivamente el proyecto de cualquier tentativa de lectura rancia a propósito del que fuera apodado "monstruo de la naturaleza" por Cervantes.



Y es que, al igual que el Amadeus (1984) de Milos Forman, el protagonista de Lope es un hombre apasionado de carne y hueso, sensible al amor y a la belleza y, por ende, algo pendenciero y envuelto en continuas correrías. Así pues, lo veremos oscilar entre dos mujeres: Isabel de Urbina (Leonor Watling) y Elena Osorio (Pilar López de Ayala). Una le abrirá las puertas del éxito, merced a su parentesco con un importante empresario teatral; la otra no dudará en fugarse con él a Portugal, huyendo de los designios de su propia familia.

Lejos aún de los oropeles de la fama, el joven Lope de Vega (1562-1635) lo mismo se enrola en la Armada Invencible que escribe versos por encargo. Su apariencia cochambrosa denota los orígenes humildes de quien aprende bien pronto que "somos lo que la gente cree que somos", idea que se repetirá varias veces a lo largo de la película. De ahí el aplomo con el que insiste en reivindicar su talento frente a propios y extraños, siempre presto a desenvainar la espada si lo que está en juego es su reputación.



jueves, 26 de marzo de 2020

La leyenda del alcalde de Zalamea (1973)




Director: Mario Camus
España/Italia, 1973, 116 minutos

La leyenda del alcalde de Zalamea (1973)
de Mario Camus

Toda la justicia vuestra
es sólo un cuerpo no más;
si éste tiene muchas manos,
decid, ¿qué más se me da
matar con aquésta un hombre
que estotra había de matar?
Y ¿qué importa errar en lo menos
quien acertó lo demás?

Pedro Calderón de la Barca
El alcalde de Zalamea
Jornada III
vv. 917-924

Aunque la versión más célebre y representada sea la de Calderón de la Barca, también Lope de Vega dedicó un drama a ensalzar la figura del labrador pobre pero honrado, dispuesto a enfrentarse al mismísimo rey, si hiciere falta, con tal de defender su honor. Palabra que hoy ha quedado en nada y que, sin embargo, hizo correr mucha sangre hasta épocas no demasiado lejanas de nuestra historia.

Con un guion que bebía de ambas fuentes, a cargo del también cineasta Antonio Drove, el no menos relevante Mario Camus se ponía tras las cámaras, en el verano de 1972, para filmar una de aquellas producciones históricas, tan en boga por aquel entonces, en las que las localizaciones y el reparto constituían el principal atractivo de la película.



No era, ni mucho menos, la primera vez que la osadía del íntegro Pedro Crespo se llevaba a la pantalla (ya tuvimos ocasión de comentar aquí, hace algunos años, la adaptación de El alcalde de Zalamea dirigida por José Gutiérrez Maesso en 1954) y, quizá por ello, para así diferenciar una de otra, se le añadió al título el innecesario epíteto La leyenda de... En cualquier caso, tanto Paco Rabal como Fernando Fernán Gómez bordan sus respectivos papeles de villano (stricto sensu) y general de la armada de Felipe II. Comparten con ellos protagonismo magníficos secundarios: Julio Núnez (don Álvaro de Ataide), Antonio Iranzo o Charo López, así como Teresa Rabal, hija de su padre en la ficción y en la vida real...

Quienes debieron de disfrutar de lo lindo durante el rodaje fueron los vecinos de Garrovillas de Alconétar, en la provincia de Cáceres, enclave privilegiado por su patrimonio arquitectónico y donde, casi medio siglo después, aún recuerdan con cariño aquel acontecimiento (para más información, véase el siguiente enlace, con abundante material fotográfico). Banda sonora del siempre efectivo Antón García Abril. Gregorio Paniagua, en su doble faceta de actor y compositor, interpreta al ciego que va contando la historia, en forma de romance, mientras se acompaña de su zanfoña.


martes, 23 de abril de 2019

Cervantes, la búsqueda (2016)




Director: Javier Balaguer
España, 2016, 79 minutos

Un fracasado genial...

Cervantes, la búsqueda (2016) de Javier Balaguer


Aprovechando que hoy es Sant Jordi, con todo lo que implica una fecha de connotaciones tan elocuentemente literarias, los cines Boliche de Barcelona han tenido a bien programar, en pase único, este documental a propósito de la operación (porque operación fue, al fin y al cabo) para localizar los restos del autor del Quijote. Es más: si hay una cosa que queda bien clara desde un principio, es que el filme toma partido a favor de una iniciativa de esta especie, llegando a considerarla cuestión de Estado. "Todos los grandes escritores del mundo tienen un lugar de culto"; "Sin duda alguna", dice Luis María Ansón, "el personaje más importante que ha producido la historia de España".

Frases lapidarias y, por ende, muy fácilmente refutables. ¿O es que el no haber dado aún con el paradero de los huesos de García Lorca —otro ilustre escritor sin "lugar de culto"— impide que se le considere miembro destacado de nuestro parnaso? Claro que con el poeta granadino entra también en juego la tan traída memoria histórica, por lo que la balanza entre detractores y defensores probablemente se decante más a favor de estos últimos a la hora de poner en marcha una campaña de similares características a la de la búsqueda de Cervantes.



El toque de sensatez —aunque su testimonio, procedente de unas declaraciones a Los Desayunos de TVE, se presente un poco como el del típico aguafiestas— lo pone el profesor Francisco Rico al calificar el proyecto de "tontería" apoyada por "la cultura de la chequera". Pues sí, para qué nos vamos a engañar: de hecho, alguno de los participantes en el documental se apresura a subrayar que la repercusión mediática de la codiciada osamenta podría cuantificarse en unos beneficios de alrededor de ochenta millones de euros...

Pero zanjemos la polémica de una vez por todas y hablemos de la película: que nos brinda la oportunidad de conocer a fondo los secretos que encierra el madrileño Barrio de las Letras, sobre todo en el subsuelo de la cripta de la iglesia de las Trinitarias Descalzas y en esa "reducción número 32" donde supuestamente reposan, desde que fuesen allí reubicados en 1697, los despojos de Cervantes y de su esposa, Catalina de Salazar. Ya sabemos que lo importante es leer su obra, pero, prescindiendo de este tipo de consideraciones y centrándonos en el afán con el que el forense Francisco Etxeberría (y el equipo de colaboradores que encabeza) escudriñan el terreno, no queda más remedio que contagiarse de su entusiasmo. Aunque al pobre manco de Lepanto (Ramón Barea) casi le entra la risa cuando, en la escena final y después de pasar tantos trabajos, descubre una errata en el túmulo que enaltece su memoria.


viernes, 29 de diciembre de 2017

El perro del hortelano (1996)




Directora: Pilar Miró
España/Portugal, 1996, 105 minutos

El perro del hortelano (1996) de Pilar Miró


ANARDA: ¡Válame Dios!
¿Tú quieres?
DIANA: ¿No soy mujer?
ANARDA: Sí, pero imagen de yelo
donde el mismo sol del cielo
podrá tocar y no arder.
DIANA: Pues esos yelos, Anarda,
dieron todos a los pies
de un hombre humilde...

Lope de Vega
El perro del hortelano
Jornada II, vv. 428-436

Cuando los planetas se alinean y todas las circunstancias son favorables, a veces (y, aun en esos casos, sólo en muy contadas ocasiones) se produce el milagro. Porque levantar un proyecto tan caro, basado en una obra clásica y, además, en verso no era empresa nada fácil. Pero ahí está El perro del hortelano, cada año que pasa un poco más hermosa, la película cumbre de una directora irrepetible, conjunción impecable de vestuario, localizaciones, fotografía y varias generaciones de actores, que van desde Blanca Portillo, en un papel muy secundario, hasta Rafael Alonso en el penúltimo trabajo de su carrera.

Es esta misma obra de Lope la que ayer tarde tuvimos ocasión de ver en el TNC (el montaje, a cargo de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, estará en cartel hasta el próximo 7 de enero): a juzgar por los muchos aplausos, vítores y demás ovaciones con que fueron despedidos los actores al término de la misma se diría que el resultado es más que notable, aunque (todo hay que decirlo) es de temer que la actual situación política y social que se está viviendo en Cataluña también tuviese algo que ver en la entusiasta respuesta por parte del público. En cualquier caso, y dejando a un lado cuestiones tan peliagudas, no deja de ser bastante gratuito el hecho de que Álvaro Tato, autor de la versión, haya trasladado la trama al siglo XVIII. En fin... Cosas peores se han visto... Por cierto: montaje y peli comparten un miembro del reparto. Se trata de Fernando Conde, el histriónico actor que diera sus primeros pasos en el seno de Martes y 13: en el celuloide fue el donaire Tristán y ahora (haciendo honor a su apellido) encarna al anciano conde Ludovico.



En lo que se refiere al filme de Pilar Miró, la química que se respira entre Emma Suárez (Diana) y Carmelo Gómez (Teodoro) es sencillamente memorable. Lo cual, unido a una puesta en escena que sabe sacarle un partido extraordinario a los palacios portugueses en los que se rodó la película, hace que los enredos del Siglo de Oro cobren de nuevo vida, más allá de la presunta frialdad retórica de las palabras del texto. Buena culpa de ello la tuvo Javier Aguirresarobe, sin cuya dirección de fotografía ni el colorido de los trajes de época ni los azulejos de Setúbal habrían lucido lo mismo.

¿Y todo este embrollo, por cierto, porque un criado no puede casarse con una condesa? Mucho ha cambiado el mundo desde aquellas rígidas convenciones sociales que condenaron al Fénix de los Ingenios a la servidumbre de secretario al servicio del Duque de Sessa. Baste decir que mucho de lo expuesto en El perro del hortelano debió basarse en las experiencias personales del propio Lope de Vega.


sábado, 21 de mayo de 2016

Doña Francisquita (1952)









Director: Ladislao Vajda
España, 1952, 79 minutos

¡La juventud triunfa!



Un director húngaro (Ladislao Vajda), una actriz argentina (Mirtha Legrand) y un galán mejicano de origen puertoriqueño (Armando Calvo) al frente de la adaptación cinematográfica de una zarzuela genuinamente española. Filmada en delicioso Cinefotocolor, esta versión de Doña Francisquita destaca por la exquisitez de la fotografía de Antonio L. Ballesteros, que recuerda, por la textura de su plasticidad, a la pintura decimonónica. Igualmente notables son los decorados de Sigfrido Burmann, así como el elegante vestuario diseñado para la ocasión por Emilio Burgos y confeccionado en los talleres de Cornejo. Producida bajo la cuidadosa égida de Benito Perojo, hasta el más mínimo detalle en esta película destaca por su delicadeza. 

Y, sin embargo, la versión que se lleva a cabo a partir del libreto y partitura originales de Amadeu Vives, Fernández-Shaw y Romero Sarachaga (quienes, a su vez, se habían inspirado en La discreta enamorada de Lope de Vega) es del todo libérrima. En realidad, los protagonistas de esta historia son perfectamente conscientes de que sus destinos corren paralelos a los de los personajes de la zarzuela y, de hecho, las alusiones a la misma serán constantes a lo largo del filme. Así las cosas, se acaba dando lugar a un curioso anacronismo, toda vez que la obra musical se estrenó en 1923, con lo cual es absolutamente inverosímil que pudiera ser conocida en pleno siglo XIX...

Aparte de los ya mencionados Legrand (Francisquita) y Calvo (Fernando), vale la pena destacar a los secundarios del elenco: Antonio Casal (el leal Cardona), Manolo Morán (sufrido agente de la irascible Aurora, una Emma Penella más bella que nunca en su papel de diva) o la oronda Julia Lajos como madre de la protagonista y propietaria de la pastelería "El buen gusto", cuyo crédulo empleado en interpretado por Antonio Riquelme. Aunque el más entrañable de todos es, sin lugar a dudas, Pepe Isbert encarnando al maestro de canto Lambertini. Hombre: no es que sea Fortunio Bonanova en Ciudadano Kane, pero aun así cumple su cometido con innegable efectividad.

De todos modos, la impresión de conjunto que queda tras el visionado de Doña Francisquita resulta igualmente impecable, cercana en algunos casos a los musicales americanos de los cincuenta o incluso (en el caso de las escenas carnavalescas) a los de Michael Powell y Emeric Pressburger, como lo atestigua la nominación que recibió la labor de Vajda en la edición del Festival de Cannes de 1953.

lunes, 25 de abril de 2016

Fuenteovejuna (1947)








Director: Antonio Román
España, 1947, 74 minutos



Al val de Fuenteovejuna
la niña en cabellos baja;
el caballero la sigue
de la Cruz de Calatrava.
Entre las ramas se esconde,
de vergonzosa e turbada;
fingiendo que no le ha visto,
pone delante las ramas.

¿Para qué te ascondes,
niña gallarda?
Que mis linces deseos
paredes pasan.

Acercóse el caballero,
y ella, confusa y turbada,
hacer quiso celosías
de las intricadas ramas.
Mas, como quien tiene amor
los mares e las montañas
atraviesa fácilmente,
la dice tales palabras:

"¿Para qué te ascondes,
niña gallarda?
Que mis linces deseos
paredes pasan."

Fuenteovejuna
Jornada II, segunda parte
Lope de Vega

No parecía tarea nada fácil adaptar una comedia del Siglo de Oro a la gran pantalla, habida cuenta de las enormes diferencias que median entre uno y otro formato. Sin embargo, el director Antonio Román acometió la empresa rodeándose de un espléndido equipo de profesionales entre los que destacaban Sigfrido Burmann como responsable de los decorados y Heinrich Gärtner (Enrique Guerner) en la fotografía. La enaltecedora banda sonora corrió a cargo del maestro Manuel Parada. La adaptación literaria a partir del texto en verso de Lope se debió a José María Pemán y Francisco Bonmatí de Codecido. El reparto iba encabezado por Amparo Rivelles (Laurencia) y Fernando Rey (Frondoso), siendo Manuel Luna el encargado de dar vida al pérfido Comendador Fernán Gómez. En cuanto al donaire Mengo, ¿quién mejor que Tony Leblanc podía hacerce cargo de un papel tan cómico?

Precisamente, eso de que el populacho se rebele contra el tirano para darle muerte es un tema que sin duda podía plantear más de un problema con la censura franquista. Quizá por ello, en esta versión de apenas hora y cuarto de duración se optó más bien por exaltar la superficialidad folclórica del relato sin ahondar en las causas, lo cual implica dar mayor protagonismo a la espectacularidad de los cientos de extras utilizados durante el rodaje así como a la fastuosidad del vestuario y de los decorados. La apoteosis final, con la entrada providencial de los Reyes Católicos para impartir justicia, ya estaba presente en el original lopeveguesco, de modo que en esta ocasión le venía que ni pintada a las autoridades de la España autárquica para subrayar la exaltación fervorosa de la tríada formada por Dios, patria y trono.

A nivel visual, Antonio Román tuvo el buen criterio de respetar el valor simbólico de determinados objetos sobre los que se reclama la atención del espectador: las flores pisoteadas por los aldeanos (minuto 11:45), el vaso de vino estrujado por el comendador (minuto 13:12), el cuchillo de Laurencia (minuto 19) o la vara rota del alcalde (minuto 57:31). El recurso, ampliamente utilizado tanto por Lope como por los continuadores de la fórmula por él creada, en especial Calderón de la Barca, adquiere mayor efectividad en el medio cinematográfico merced al uso del primer plano.

Ocurre un poco lo mismo con la ya mencionada profusión de figurantes, como se hace evidente en la escena de la batalla campal (minuto 50), en la que, por cierto, se aprecia un uso del montaje similar al que años después utilizará Orson Welles en la célebre contienda rodada en la Casa de Campo para Campanadas a medianoche.

Claro que el buscar el efectismo fácil puede ir en detrimento de la fuerza dramática: en la comedia original de Lope de Vega no se ve cómo torturan a los aldeanos para averiguar quién mató al comendador sino que nos llegan sus lamentos desde un cuarto contiguo. Sabio ardid que, además de agilizar la puesta en escena, favorece que el espectador se lo imagine todo (lo cual siempre es más angustiante). En la película, en cambio, vemos cómo se aplica el suplicio, lo cual, por vía de realismo, le resta vigor a la escena.

Sea como fuere, lo que no se acaba de entender es cómo siendo Lope de Vega el autor más prolífico de la literatura castellana sus obras, en cambio, no se hayan adaptado con mayor frecuencia al cine. En ese sentido, no deja de ser significativo que una película como Lope (Andrucha Waddington, 2010) llegase tan tarde y, lo que tiene incluso un punto cómico, dirigida por un brasileño... Desde luego, chovinistas no somos.

Félix Lope de Vega y Carpio (1562-1635)