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lunes, 28 de julio de 2025

Köln 75 (2025)




Director: Ido Fluk
Alemania/Polonia/Bélgica, 2025, 112 minutos

Köln 75 (2025) de Ido Fluk


Quien se enfrente a la experiencia de ver Köln 75 (2025) tendrá la sensación de estar disfrutando de varias películas a la vez. Comienza como si fuese un documental, después de un falso arranque en el que la protagonista, rompiendo la cuarta pared, decide rebobinar y comenzar de nuevo. Luego se convierte en una especie de biopic sobre Vera Brandes, la adolescente que hace medio siglo logró la proeza de organizar el mítico concierto de Keith Jarrett en Colonia. Pero también es la historia de un reportero freelance que trabaja para una revista de jazz y pretende entrevistar, cueste lo que cueste, al esquivo pianista. Cada una de esas tramas posee entidad propia dentro del conjunto, de modo que la música no es el único tema abordado, sino que también se habla bastante de tensiones familiares, ya sea entre hermanos o entre padres e hijos.

La actriz Mala Emde (Fráncfort, 1996) se mete en la piel de la intrépida promotora que inicia su carrera prácticamente a escondidas, como si de un juego se tratase, en el sótano de la clínica dental de su padre (Ulrich Tukur). Pese a la oposición familiar, la joven demuestra una tenacidad a prueba de bombas hasta salirse con la suya, primero montando una gira para Ronnie Scott (Daniel Betts) y más tarde afrontando el difícil reto de convencer al huraño Jarrett (John Magaro) para que actuase en el Kölner Opernhaus ante un público de casi mil quinientas personas.



Lo insólito de cuanto aquí se relata (y cien por cien verídico, según atestiguan las crónicas) es que el intérprete, por aquel entonces un joven de apenas veinte años, improvisó durante más de una hora tocando un modesto piano que hasta pocos minutos antes de que diese comienzo el recital estaba estropeado. De hecho, buena parte de la tensión dramática del filme que nos ocupa reside en los estresantes preparativos y en las incontables vicisitudes a que debe hacer frente Vera para dar con el ansiado piano de cola Imperial Bösendorfer que el artista había solicitado como condición sine qua non para salir al escenario.

Y, sin embargo, y como ya apuntábamos más arriba, la película es mucho más que eso. Constituye, por ejemplo, un retrato generacional en cuya banda sonora, más que jazz, suenan clásicos del Krautrock alemán como CAN, cuyo hipnótico "Mother Sky" se escucha de fondo durante varios minutos. Asimismo, pudiera decirse que el realizador Ido Fluk rescata del olvido la heroicidad de una mujer, empoderada avant la lettre, que supo hacerse un hueco en un mundo eminentemente masculino. Hasta el extremo de que su determinación dio como resultado uno de los discos más vendidos de la historia.



viernes, 16 de septiembre de 2022

La cinta blanca (2009)




Título original: Das weiße Band - Eine deutsche Kindergeschichte
Director: Michael Haneke
Alemania/Austria/Francia/Italia/Canadá, 2009, 144 minutos

La cinta blanca (2009) de Michael Haneke


La brusquedad de algunos diálogos sólo es comparable a la aspereza del paisaje o el sobrio blanco y negro de las imágenes. Por varias razones, Das weiße Band (2009) puede considerarse la obra maestra de un cineasta que, aunque en años venideros aún nos brindaría dos entregas más, culminaba su trayectoria con un filme en torno al germen del mal en la sociedad alemana. No obstante, lo cierto es que el subtítulo elegido por Haneke, Eine deutsche Kindergeschichte ("Un cuento infantil alemán"), ya apunta en la dirección de una de las constantes más turbadoras a lo largo de su filmografía: el ajuste de cuentas de los niños para con sus mayores.

El microcosmos en el que transcurren los hechos, una pequeña comunidad campestre en los meses previos al estallido de la Primera Guerra Mundial, se caracteriza por la férrea disciplina de un puritanismo cuya cabeza visible es el severo pastor protestante (Burghart Klaußner). A decir verdad, la mayor parte de figuras masculinas, con la excepción del maestro de escuela (Christian Friedel), responde a un perfil autoritario basado en la supremacía del hombre sobre la mujer y los hijos.



Así pues, la represión y los abusos están a la orden del día, dando lugar a un ambiente malsano que será el caldo de cultivo de futuras tendencias extremistas. Porque cabe suponer que estas mismas criaturas que presumiblemente han tenido algo que ver con los atroces sucesos acaecidos en la imaginaria aldea de Eichwald mañana auspiciarán el ascenso del nazismo, perpetuando el odio que un día les fue infligido por sus progenitores.

Narrada en off al cabo de los años por el propio maestro (a quien presta su voz el actor Ernst Jacobi), la película constituye una soberbia alegoría a propósito de cómo, auspiciada por una particular lectura de la moral protestante, se llegó a gestar la barbarie de un régimen militarista que asolaría el corazón de Europa, hasta prácticamente reducirlo a cenizas, en el seno de una nación teóricamente próspera y culta.



lunes, 4 de noviembre de 2019

Comportarse como adultos (2019)




Título original: Adults in the Room
Director: Costa-Gavras
Francia/Grecia, 2019, 124 minutos

Comportarse como adultos (2019) de Costa-Gavras


La guionización de hechos reales no suele comportar resultados excesivamente notables... De ahí que el incendiario Michael Moore, por poner un ejemplo célebre, haya optado por el documental como método exclusivo de trabajo a la hora de denunciar todo aquello que no le gusta de la sociedad actual, sobre todo de la norteamericana.

Ahora bien: ¿qué ocurre cuando a un cineasta consagrado como Costa-Gavras le da por convertir la crisis financiera griega en argumento de una película? Tomando, además, como base el testimonio del controvertido Yanis Varoufakis, ex ministro de economía del país heleno. Pues que Adults in the Room, que así se titula el experimento, roza en demasiados instantes lo panfletario. Aunque no por ello deja de ser loable lo que se propone el veterano director, griego de nacimiento y asentado desde hace décadas en Francia. A fin de cuentas, el compromiso político es la nota predominante en una filmografía que supera la veintena larga de títulos y que cuenta con obras maestras de la categoría de Z (1969) o Missing (1982).



Pero lo que es digno de aplauso en política plantea serias dudas cuando pasa a ser una historia interpretada por actores (algunos de ellos, como el que hace de Macron, de gran parecido físico con el modelo original). Por lo que urge separar el grano de la paja y hablar bien a las claras. ¿Fue una injusticia lo que ocurrió (y sigue ocurriendo) en Grecia? Rotundamente sí. Pero, al mismo tiempo, ¿resulta maniquea la puesta en escena de Costa-Gavras? Lamentablemente, hay que decir que también. Porque presentando a los personajes como buenos o malos se pierden los matices de una realidad (la económica, nada más y nada menos) infinitamente más compleja que la pugna que se recrea en pantalla entre organismos internacionales a propósito del tan anunciado rescate.

Es decir, que cuando el público aplaude al final de la película, como sucedía esta tarde en los cines Verdi de Barcelona, lo que se vitorea poco o nada tiene que ver con el buen hacer del director y de sus actores, sino más bien con la ideología que alienta tras la trama y/o los atropellos que se pretenden denunciar valiéndose del filme como pretexto. Algunos objetarán que eso es precisamente lo que Costa-Gavras lleva haciendo toda la vida. Ya: pero es que antes, cuando estaba en plena forma, lo hacía con más gracia...